twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Noticias
25-07-2017 Versión imprimir

 

EFEMÉRIDES

 
Los ladrillos de
una vida emigrante


50 años después, ‘La piel quemada’ (Josep Maria Forn) brilla como documento único sobre la emigración, el catalanismo y los inicios del turismo en los años sesenta


JAVIER OCAÑA
(@ocanajavier)
En la Costa Brava de mediados de los años sesenta dos tipos se tuestan al sol. Entre los turistas causa furor el biquini, hay rostros satisfechos, marcas de arena, cuerpos distendidos. Entre los obreros de la construcción que trabajan a unos metros se aprecian rostros cansados, cuerpos en tensión y marcas de cemento mientras levantan hoteles, apartamentos y chalets para disfrute de los primeros. Moreno playero, moreno albañil. La piel quemada.
 
   Pocas veces un contraste visual fue, al mismo tiempo, tan social y, en el fondo, tan político. Josep Maria Forn (Barcelona, 1928) lo reflejó a la perfección en su fundamental La piel quemada, cinta sobre la emigración desde el sur peninsular a Cataluña. Hombres y mujeres en busca no tanto de su lugar en el mundo como de un futuro mejor, alejado de caciques y capataces que elegían a dedo cada mañana a sus recolectores. Algunos encontraron lo que pretendían: trabajo, comida, su destino. Otros se toparon con la exclusión. Pronto se cumplirá medio siglo de su estreno en Barcelona, el 20 de noviembre de 1967, y la situación es radicalmente distinta en ciertos aspectos y exactamente igual en otros.
 
 

 
 
 
   Forn llevaba una década creando películas muy interesantes pero poco personales. Al servicio de otros productores. Desde historias cómicas a policiacas: ¿Pena de muerte? (1961), Los culpables (1962). Con La piel quemada, sin embargo, inició una nueva etapa como productor, presidida además por el tema que, desde entonces y hasta sus últimos trabajos, marcó su cine: la identidad catalana. Desde Companys, proceso a Catalunya (1979), en la que rememoraba la figura del presidente de la Generalitat Lluis Companys, condenado a muerte por el ejército de Franco y fusilado en el castillo de Montjuic, hasta el documental El problema catalán (2015), pasando por El coronel Macià (2006), sobre el militar y fundador de Esquerra Republicana de Catalunya. Forn acabaría retratando a las grandes figuras de la historia catalana, pero en realidad empezó hablando de los pequeños nombres, los de los obreros que también forjaron una identidad.
 
30 horas de viaje
“Reflejar la realidad con un sentido crítico y social”. Ese era el objetivo de Forn, así que 16 años después de que la soberbia Surcos (de José Antonio Nieves Conde) dibujara cinematográficamente el trasvase desde el campo a la ciudad, el director barcelonés retomaba un tema tan candente como por entonces. Solo cambió Madrid por la Costa Brava. Lo mismo había hecho Luchino Visconti en 1960 con la realidad italiana en la insigne Rocco y sus hermanos. El tren cargado de bártulos, ilusión y miedo, de gente hambrienta y trabajadora, como hilo conductor entre una vida de la que escapar y una vida con la que soñar. Unas 30 horas de viaje, que era lo que se tardaba entonces, hasta la tierra de incierto acogimiento. Familias granadinas de Guadix y Purullena que huían de la sinrazón para encontrar otro tipo de infierno. El insulto al de fuera con denominación propia: el charnego.
 
   “Tú me conoces”, le dice en el filme un albañil andaluz al dueño de una taberna tras un conato de pelea con un catalán, “tú sabes cómo pienso. Por eso me molesta que vengan esos señoritos idiotas y me llamen charnego. Yo estoy aquí ganándome el pan con mi trabajo”. Es una de las secuencias clave de La piel quemada, donde se verbaliza parcialmente la problemática. A lo que el tabernero responde: “Sí, ya lo sé. ¿Sabes cómo les llamamos aquí? ¡Gamarussos! Por llevar unos cuantos billetes verdes en el bolsillo se creen los amos del mundo”. Quizá el concepto de charnego haya pasado a un lugar mejor con el paso del tiempo y las generaciones.
 
 

 
 
 
Un vaticinio cumplido
“Yo soy hijo y nieto de emigrantes llegados a Cataluña hace 55 años desde Jaén y Granada. Soy charnego y soy independentista”. Así se presentó en el Congreso Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana, en marzo de 2016. Con el orgullo de ser heredero de aquellos seres humanos, de aquellos personajes retratados en La piel quemada. Incluso las fechas están cerca de coincidir. Y es entonces cuando cobra protagonismo otra frase, esta de la ficción y no de la política contemporánea, pero plena de clarividencia, que explica en parte la situación actual: “Los hijos de estos serán más catalanistas que yo”. La pronuncia un catalán en su idioma y en alusión a los que serán vástagos de los charnegos. En lontananza, al mencionado Rufián. De hecho, en un artículo de El Mundo del 19 de noviembre de 2015, el propio Forn afirmaba que solo realizaría un pequeño cambio en caso de volver a escribir de nuevo aquel guion: sustituiría la frase “Los hijos de estos serán más catalanistas que yo” por “Los hijos de estos serán más independentistas que yo”. Círculo cerrado.
 
   Con estilo marcadamente neorrealista, poso del Nuevo Cine Español, y pasajes en tono casi documental, Forn compuso una obra que emociona. Y que además pervive. Solo cambian aquellas habitaciones hacinadas, con cinco personas durmiendo en apenas unos metros, por los actuales pisos donde se refugian inmigrantes. Trabajadores que ya no vienen de Granada o Jaén, sino de Ecuador, Rumanía o Marruecos, pero que llegan a los mismos lugares en busca de un destino mejor. “¿De dónde es uno? ¡Pues de adonde puede ir!”, exclama en el tren de Andalucía un casi anciano, sabio de la existencia, consciente de que el doloroso abismo que separa el calor del origen y la frialdad de la meta no es más que una cuestión de techo y comida. Todo ello entre la intransigencia de un sector de la burguesía catalana, reticente a que el mestizaje acabara con sus privilegios… y con sus históricas reivindicaciones.
 
 

 
 
 
   A Antonio Iranzo, voz cavernosa, rota por la vida, le corresponde el personaje protagonista de La piel quemada, acompañado de Marta May. Iranzo, ilustre secundario del celuloide patrio, condenado a interpretar roles desagradecidos (villanos amenazantes con fuerte personalidad) por su voz y su agrietado rostro de duro de pelar, tiene el papel de su carrera. “La película tuvo el acierto de reflejar un momento de la vida colectiva del país haciendo algo que no se hacía entonces en el cine español: enfrentarse a la realidad, en lugar de responder a la falsa realidad exhibida por el cine de la época", afirmó Forn en 2009, cuando la distribuidora Versus y la sala Alexandra repusieron La piel quemada en Barcelona.
 
   Y sigue tan vigente. Más de medio millón de espectadores volvieron a disfrutar de su emoción gracias al pase por La 2 de TVE. Fue en el programa Historia de nuestro cine en abril de 2016. Han transcurrido 50 años de inmigración y emigración, de hambre y miseria, de catalanismo, de reivindicaciones. De integración al fin. De buscarse la vida donde sea.
 
 
 
25-07-2017 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio