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10-06-2016 Versión imprimir
Daniel Guzmán y su abuela
Daniel Guzmán y su abuela
 
 
Cuando actuar no es suficiente


Daniel Guzmán, Raúl Arévalo, Leticia Dolera y Paco León integran una quinta de intérpretes reconocidos que dan el salto a escribir y dirigir
 
 
FRANCISCO PASTOR
Allá por febrero, el Goya que Daniel Guzmán obtuvo como mejor director novel por su A cambio de nada condecoró un trabajo en el que, como él mismo contaba, había invertido toda una década de su vida. La dirección de actores del madrileño ayudó a encumbrar también aquella noche la interpretación de Miguel Herrán, premiado con el cabezón como mejor actor revelación pese a carecer de estudios de arte dramático y tratarse de su debut absoluto como intérprete. La obra de Guzmán –su primer y, hasta la fecha, único largometraje como realizador– venció en dos categorías en las que, asimismo, figuraba el trabajo como narradora de una actriz: Requisitos para ser una persona normal, de Leticia Dolera.
 
   Entre las nominaciones alcanzadas por Guzmán figuraba incluso la relativa a la mejor película, aunque sucumbió ante la imparable Truman, de Cesc Gay. Algo quedó patente, sin embargo, aquella noche: existe un nutrido grupo de actores jóvenes que, tras alcanzar reconocimiento como intérpretes, están cruzando al otro lado de la cámara (o, como en el caso de Dolera, permanecen a un lado y al otro). Se trata de una tendencia corroborada pocos meses después cuando Kiki, el amor se hace, firmada por Paco León, alcanzaba 3,5 millones de euros de recaudación. El boca a boca propició que la cinta vendiera más entradas en los fines de semana posteriores a su estreno, algo que no ocurría desde Ocho apellidos vascos (2014).
 
 
Raúl Arévalo
Raúl Arévalo
 
 
 
   Aunque en menor medida, la taquilla también trató bien a los trabajos de Dolera y Guzmán, que rebasaron en ambos casos el medio millón de euros. El veredicto de los premios y el del público parecen casar cuando son los intérpretes quienes se sientan en la silla del director; habrá que ver si Raúl Arévalo refrenda esta norma en septiembre, cuando debute como realizador con Tarde para la ira. “Dirigir es mi primer y verdadero sueño. Si de mí dependiera, rodaría un segundo trabajo y todos los que vinieran. Quisiera firmar largometrajes toda mi vida”, mencionó el actor cuando, en noviembre, recogió el premio Actúa, concedido por AISGE en reconocimiento a su trayectoria como intérprete.
 
   “Yo me hice actriz”, apunta Dolera, “desde la vocación de contar historias. Con el tiempo aprendi que detrás de la cámara podría mojarme más. La historia de Requisitos… era muy personal, así que me pareció lo más natural cubrirla desde los tres flancos: guion, dirección e interpretación”. Si hay un patrón común en el trabajo de estos directores y actores es que, como ellos mismos apuntan, resultan casi autobiográficos. Con todo, León no quiso aparecer en Carmina o revienta (2012), su primer largometraje y un homenaje a su madre, Carmina Barrios, protagonista absoluta del trabajo. Aunque su historia se alejara del realismo, el costumbrismo se apodera de una cinta en la que también actúa María León, hermana del realizador.
 
 
Leticia Dolera, en una escena junto a Manuel Burque
Leticia Dolera, en una escena junto a Manuel Burque
 
 
 
   Antes de protagonizar A cambio de nada, el joven Herrán tuvo que responder una pregunta: si “tenía calle”. Porque Guzmán quería alguien que conociera bien aquella realidad que quería contar y que partía de su propia adolescencia. Aquel joven malagueño estaría acompañado en el reparto por Antonia Guzmán, la abuela del director, de 94 años, a la que este dedicó los premios recogidos en el Festival de Málaga: la Biznaga de Plata a la mejor dirección y la Biznaga de Oro al mejor largometraje. El realizador siempre ha esquivado responder hasta qué punto los acontecimientos narrados en su trabajo le ocurrieron a él o no. La excepción a la autobiografía quizá se encuentre en Tarde para la ira, el thriller en el que Arévalo ha dirigido a Antonio de la Torre (nada menos).
 
Bien acompañados
Como en el caso de Guzmán, los primeros trabajos de León parecieron elegir a intérpretes alejados de la experiencia en el arte dramático: una pauta hecha trizas, en cambio, en Kiki, el amor se hace, en la que el actor se dirige a sí mismo, como parte de un elenco coral en el que figuran, entre otros, Natalia de Molina, Candela Peña y Álex García. Según este último, León, “quizá por ser actor, logró transmitir al reparto aquello que quería contar”. Cuando un actor se sienta en la silla del director, lo hace bien acompañado: y Dolera lo hizo, entre otros, junto a Miki Esparbé o Silvia Munt. Blanca Apilánez y Alexandra Ximénez han trabajado tanto en Requisitos para ser una persona normal como en la última pieza de León.
 
   “Ya con mi primer cortometraje aprendí mucho como actriz, aunque me quedara detrás de la cámara”, relata Dolera. “En la sala de montaje y dirigiendo al reparto, encontré gestos y dejes muy interesantes para el intérprete. Por eso animo a todos los actores a que, alguna vez en su vida, dirijan y monten al menos una pieza breve”. Según cuenta, su truco para dirigirse a sí misma residía en rodar muchas tomas en las que las interpretaciones fueran marcadamente distintas. Así, la artista contaba con un amplio abanico de posibilidades al llegar a la sala de montaje. Con 34 años y algún que otro cortometraje a sus espaldas, la barcelonesa es la más joven de esta quinta; los otros tres destacados intérpretes y directores ya rondan, cuando no rebasan, los 40.
 
   La fama y la trayectoria que estos narradores habían cosechado frente a la cámara, en cualquier caso, no suponían ningún cheque en blanco. A Guzmán le llevó dos años reunir los dos millones de euros de presupuesto para A cambio de nada, a pesar del premio Goya que había recogido por el cortometraje Sueños (2003). León puso de su bolsillo los 40.000 euros que costó Carmina o revienta, rodada en apenas 11 días. Sí se ha visto un apoyo decidido en Tarde para la ira, cuyas cuentas superan el millón de euros gracias al apoyo que Televisión Española ha concedido a Arévalo. Siete años llevaba, en un cajón, el guion que el mostoleño por fin ha materializado en cine.
 
 
Paco León, en 'Kiki, el amor se hace'
Paco León, en 'Kiki, el amor se hace'
 
 
 
Ganas de algo nuevo
La apuesta realizada en Carmina o revienta no resultaba valiente solo en lo relativo a la producción –un rodaje sin apenas presupuesto, una protagonista sin experiencia como actriz, un director novel–, sino también por su peculiar distribución. León estrenó su primer trabajo en las salas de cine, en Internet y en DVD al mismo tiempo. Se trataba de una experiencia pionera en España y obtuvo una buena recompensa: 664.000 euros de recaudación. Consciente de la relevancia de las nuevas comunicaciones, Dolera acompañó su Requisitos para ser una persona normal desde su blog, en el que desgranó cada paso de la producción, promoción y hasta de la elaboración de los extras presentes en el DVD. La directora vivió incluso su particular efecto Manuela en las redes sociales: una oleada de ilustradores le hicieron llegar un sinfín de dibujos inspirados en la película.
 
 
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