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12-01-2017 Versión imprimir

 

Ocho rostros nuevos dan color al cuadro

Un año en que los Goya se rinden al cine de acción y policíaco, la nota de disparidad la dibujan los candidatos al premio a mejor actriz y actor revelación
 
FRANCISCO PASTOR
La noche del 4 de febrero, la compositora Silvia Pérez Cruz podría volver a casa con dos premios Goya que sumar al cabezón ya obtenido hace cuatro años. No lo tendrá sencillo: compite en la categoría de actriz mejor revelación contra Ruth Díaz, premiada en el Festival de Venecia. La nominada Belén Cuesta, por su parte, se dejó ver en cinco largometrajes el pasado 2016. Como ella, Anna Castillo llevará pronto de las tablas al cine el ya célebre musical La llamada.
 
   Es probable que a Ricardo Gómez, acostumbrado a la ficción de época con Cuéntame, no le importara viajar hasta 1898 para contar una historia real. Como verdaderos fueron aquellos Diarios de motocicleta (2004) con los que conocimos a Rodrigo de la Serna. Los dos luchan este año por el Goya a mejor actor revelación. Se baten contra Raúl Jiménez, de vasta experiencia como secundario, y Carlos Santos, forjado en el cine a las órdenes de Icíar Bollaín.
 
   Quién sabe: quizá repose sobre alguna de ellas, o de ellos, la nota de disparidad y color en unos Goya copados por el cine policíaco y de acción (Cien años de perdón, Tarde para la ira, El hombre de las mil caras). Y desprovisto de mujeres realizadoras en las candidaturas a mejor película o mejor dirección.
 

 
 
 
Anna Castillo. El olivo
Aunque solo cuenta 23 años, la nominación llega para esta actriz después de un largo recorrido frente a las cámaras de televisión. Tras pasar por Doctor Mateo, la intérprete conoció el trabajo de las series diarias, durante tres temporadas, en Amar es para siempre. Si El olivo concedió a esta barcelonesa uno de sus primeros papeles protagonistas (tras una larga prueba que duró más de un mes y la sorprendió haciendo la maleta para irse de vacaciones), el año que empieza promete no escatimar en triunfos: en él se estrenará la adaptación al cine del musical La llamada, del teatro Lara, a donde Castillo acudía por las noches tras los largos días de rodaje. Y Oro, de Agustín Díaz Yanes, donde también actúa.
 

 
 
 
Belén Cuesta. Kiki, el amor se hace
Sin duda 2016 fue el año de esta sevillana, que llegó a estrenar hasta cinco largometrajes. Y Kiki, el amor se hace, a las órdenes de Paco León, fue visto por más de un millón de espectadores. A punto de cumplir los 33 años, la actriz cuenta entre sus méritos su larga aportación como personaje principal en Bandolera o su trabajo en Buscando el norte y El tiempo entre costuras. Así las cosas, la artista ha revelado alguna vez que hasta teme que el público se canse de ella. En el teatro la vemos actuando a las órdenes de otros intérpretes: frente a Daniel Guzmán en Los tragos de la vida o, como le ocurre a Anna Castillo, en La llamada, firmada por Javier Calvo: el mismo para el que trabaja en la aclamada webserie Paquita Salas.
 
Ruth Díaz
Ruth Díaz
 
 
 
Ruth Díaz. Tarde para la ira
Si ganara el Goya, quizá esta intérprete de 41 años decidiera alojarlo junto al premio Orizzonti a mejor actriz, también por Tarde para la ira, que le proporcionó el Festival de Venecia y en cuya celebración no pudo dejar de llorar. Esta cántabra de Reinosa conoció el terror de Jaume Balagueró en Para entrar a vivir (2005) y la ficción histórica en El Calentito (2005). Más de 20 montajes, además de un premio Moliére, certifican su mayor vocación: actuar sobre las tablas. La actriz apenas era una adolescente cuando conquistó el Teatro Español, de mano de Fortunata y Jacinta, antes de licenciarse en la RESAD. Por ponerse detrás de la cámara le dio, en cambio, hace poco: y firmó el cortometraje Porsiemprejamón (2013), donde dirigió a Asier Etxeandia.
 

 
 
 
Silvia Pérez Cruz. Cerca de tu casa
La cantante de Palafrugell (Girona) no solo aspira al Goya en dos categorías diferentes (actriz y autora de la mejor canción), sino que ya cuenta en casa con un trofeo, como firmante del tema principal de aquella Blancanieves (2012) muda y en blanco y negro. Lo ganaba tras una larga trayectoria como compositora de bandas sonoras para teatro y cine. En sus tres discos en solitario y sus dos trabajos junto a Javier Colina, la autora abarca desde el blues hasta el flamenco. En el arte dramático, el bagaje es algo diferente: la artista de 33 años afrontó en Cerca de tu casa su primer (y único, hasta la fecha) trabajo audiovisual. Y en el papel protagonista. Suerte tuvo de no ceder a la tentación, como confesó después, de rechazarlo.

 
 
 
Ricardo Gómez. 1898. Los últimos de Filipinas
La ficción de época sienta bien a este actor, que lleva más de tres lustros interpretando al benjamín de Cuéntame y mostrando en su peripecia la historia reciente de España. Quizá porque le llaman Carlitos, él sueña, reveló recientemente, con interpretar a un gran villano. La experiencia en el cine de este madrileño es pequeña, pero relevante: ya trabajó con José Luis Garci en Tiovivo c. 1950 (2004). Entonces no existían las redes sociales, en las que es habitual encontrarle hablando de fútbol, ni había actuado a las órdenes de Blanca Portillo, como lo hizo en la obra de teatro Siglo XX que estás en los cielos. Él, que nació hace 22 años, solo pudo tocarlo por los pelos.
 

 
 
 
Raúl Jiménez. Tarde para la ira
El madrileño conoce bien el cine, donde le hemos visto encarnar a toda suerte de personajes secundarios. Estuvo en la cómica Reinas (2005), pero también en la reivindicativa Noviembre (2003) y hasta ejerciendo la violencia en Las 13 rosas (2007). Según cuenta él mismo, descubrió el oficio trabajando como figurante. Y así, hasta que Joaquin Oristrell le descubrió a él y le llamó a filas, como ocurrió en Sin vergüenza (2001) o Los abajo firmantes (2003). A los 40 años, la nominación al Goya reconoce el trabajo de un rostro que también conocimos en Hospital central, Águila roja o El comisario, y que es habitual sobre las tablas del Matadero de Madrid.

 
 
 
Carlos Santos. El hombre de las mil caras
El grupo de teatro del instituto donde estudió este murciano lleva, desde hace dos años, su nombre. No era para menos: había pasado un lustro entrando en las casas de la gente, por la noche, gracias a Los hombres de Paco. A los 39 años, la nominación al Goya le coge en buena compañía: la del premio de la Unión de Actores por su trabajo en El tiempo entre costuras. Antes, la directora Icíar Bollaín le había buscado para Mataharis (2007), colaboración que se reiteró en También la lluvia (2010). Aunque su bautismo en el cine llegara en la cómica Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), él siempre fue más de Shakespeare, y así lo contó en una entrevista con AISGE. Aquel Hamlet con el que soñaba entonces aún se le resiste.  

 
 
 
Rodrigo de la Serna. Cien años de perdón
Aunque este bonaerense entró en el mundo del cine pisando fuerte (El mismo amor, la misma lluvia, 1999), fue contando una historia real, Diarios de motocicleta, cuando conoció los premios. Ganó el Clarín y estuvo nominado al BAFTA. Y los que le propina la pequeña pantalla: cumplidos los 40 años, cuenta ya con tres galardones Martín Fierro. De hecho, la gran fama en Argentina le llegó gracias a Okupas, una serie que llevó la acción hasta los barrios marginales. Ese gran guion que le haga pasarse a la comedia, como ha contado alguna vez, aún no ha caído en sus manos. Cien años de perdón no es el primer trabajo del actor junto a intérpretes españoles: en Tetro (2009), de Francis Ford Coppola, ya había tenido la fortuna de coincidir en el reparto con Maribel Verdú y Carmen Maura. 
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