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23-07-2015 Versión imprimir
José Sazatornil, ‘Saza’

 
“Aunque no haga nada, siempre seré parte de esta profesión”
 
 
A sus 84 años, el inolvidable guardia civil de ‘Amanece, que no es poco’ sigue adorando un trabajo “para el que no debes tener nacionalidad, religión, dignidad ni dinero”
 
 
[Reproducimos la entrevista que el intérprete concedió a la revista 'Actúa' en 2009 como homenaje a su figura en el día de su fallecimiento. El texto apareció en el número 25 de la publicación, que corresponde al trimestre abril-junio de 2009] 

 
JUAN LUIS MARTÍN
“¿Es que usted no sabe que en este pueblo hay verdadera devoción por Faulkner?”. Esa frase es ya una de las contraseñas del cine español y voy recordándola camino del Hotel de las Letras, en la Gran Vía de Madrid, donde hemos quedado para charlar con el actor que la pronuncia en la regocijante película de José Luis Cuerda Amanece, que no es poco. Su personaje, igualmente inolvidable: el cabo Gutiérrez. Si me tiene que hacer un control de alcoholemia la Guardia Civil después de una noche de copas, regalo todos mis puntos del carné de conducir a cambio de que José Sazatornil se ponga el uniforme de la Benemérita y me la diga otra vez (y luego me voy en metro a tomarme la penúltima, a la salud de uno de los iconos de nuestra pantalla grande). Le dieron un Goya por su papel como el policía Sinsoles en Espérame en el Cielo, de Antonio Mercero, pero va siendo hora de que se le tribute un gran homenaje a sus 84 años: por todos los buenos ratos que ha hecho pasar al espectador y, de paso, por no haberse afeitado nunca el bigote. Llega a la cita sonriente y canturreando, y cuando ve al fotógrafo, lo primero que pregunta es si el nudo de la corbata lo tiene bien hecho.

– ¿Cuándo se le ocurrió dejarse bigote?
– Yo creo que fue a los veintitantos años. Me tenía que pegar un bigote postizo en muchas funciones y, claro, al quitármelo se me irritaba mucho la piel. Hasta que un compañero actor me sugirió que sería más fácil si no me afeitara. Me convenció y lo dejé crecer. Desde entonces sigue conmigo.

– ¿Le ha ayudado el aspecto físico en su carrera como actor?
– No lo sé. La verdad es que mis papeles eran de galán cuando empecé en esto, pero con el tiempo he ido haciendo otras cosas. No creo que sea tan determinante.
 

– ¿En qué momento se le ocurrió ser actor?
– Desde el primer momento. Yo era el más pequeño de la familia e iba con mi padre a todas partes. Paseábamos por Barcelona, donde crecí, comprábamos un postre en una confitería que nos gustaba mucho y después íbamos con mucha frecuencia a la zarzuela y a ver comedias. Así que la afición al teatro me vino por él. Con 13 años empecé a actuar en una compañía de aficionados. Ensayábamos tres o cuatro veces por semana y hacíamos una función distinta cada domingo.

– ¿Nunca trabajó en otra cosa?
– Empecé a trabajar de casualidad. Fui un viernes a ver a un amigo de mi padre que tenía una camisería y al lunes siguiente ya estaba empleado como aprendiz. A los dos años de ser el chico para todo me mandó a un viaje de trabajo como representante y se quedó tan satisfecho que me nombraron viajante del negocio. Estuve compaginándolo durante un tiempo con el teatro aficionado, hasta que elegí la profesión de actor.

– ¿Siempre tuvo esa excelente dicción?
– El director de la compañía de teatro de aficionados me convenció de la importancia de hablar claro, tanto en el oficio de actor como en la vida diaria. La pronunciación es fundamental. Por eso me sorprende que hoy haya muchos intérpretes a los que no se les entiende cuando hablan.

– ¿Qué cualidades se requieren para ser un buen profesional?
– Hace muchos años un compañero me dijo que para ser actor no debes tener ni nacionalidad, ni religión, ni ideas políticas, ni dignidad, ni dinero, ni años. Al cabo del tiempo me he dado cuenta de que tenía muchísima razón.
– Usted también dirigió una compañía de teatro. ¿Qué recuerdos tiene de aquella etapa como empresario?
– Estuve ocho años con mi propia compañía y la verdad es que se me dio muy bien. La crisis en el teatro no existe cuando la obra funciona. Lo dejé cuando Ignacio F. Iquino me contrató para rodar Goodbye, Sevilla. Además, él fue quién decidió que mi nombre artístico fuera mi apellido paterno, Saza.

– ¿Cree que las películas del destape, en las que fue uno de los actores fundamentales, eran mejores de lo que ha dicho la crítica?
– Algunas sí y otras no, como todo en la vida. Lo que pasa en que en aquella época causaron una gran conmoción porque no se había visto nada igual.

– ¿Siente nostalgia cuando las ve de nuevo en televisión?
– Al revés, siempre me da mucha alegría. La expresión que más empleo es “tenía que ser así”, y eso me ayuda a seguir viviendo muy tranquilo, que es mi mayor aspiración. No tengo ansia por trabajar ni la he tenido nunca. He tenido mucha suerte en mi carrera, he conocido a gente maravillosa, jamás he tenido un problema con nadie.

– ¿Echa de menos algún premio?
– Estoy conforme con lo que me han dado y con lo que se ha dicho de mí. Me encantó que me dieran el Goya: una distinción es siempre una distinción, y más tratándose de algo español, porque yo soy un gran aficionado a España. Además, mi Goya es de los de antes, una figura grande.

– ¿Sabe que tiene un grupo de seguidores en Facebook?
– La verdad es que no soy aficionado a Internet, pero sí le puedo decir que me admiran mucho los jóvenes. Me paran por la calle y me llenan de elogios. Eso me alegra mucho. Es algo muy bonito para un actor.
– ¿Cómo es su vida ahora que no trabaja tanto?
– En realidad nunca estoy sin hacer nada, siempre me busco alguna ocupación. Ordeno las cosas de casa, escribo y salgo mucho con mi mujer al cine, al teatro y a pasear. Me gusta fijarme en los títulos de las obras de teatro y de las películas, es algo muy importante para el éxito de una comedia.

– ¿Y después de tantos años sabe ya cuál es la fórmula para hacer reír?
– Es imprescindible que el texto ayude; si es malo, no hay nada que hacer. Y desde luego, el género cómico hay que tomárselo muy en serio, da igual que sea cine o teatro. En una cinta no sabes si lo que ruedas es divertido hasta que se estrena. En cambio, en una función dices la frase y si el público se ríe, ya está.

– ¿Qué papel le gustaría que le ofrecieran?
– Lo que tiene que ser será, así que no me preocupo. Me llaman mucho para rodar cortometrajes y tengo algún proyecto por ahí, pero procuro seleccionar lo que me interesa. Lo que tengo claro es que jamás dejaré el oficio de actor: aunque no haga nada, siempre seré parte de esta profesión.
De cerca
 
 
- UN RECUERDO DEL COLEGIO: Estudié con los Hermanos de la Doctrina Cristiana y fue una época estupenda de mi vida.
- UN PASATIEMPO: Escribo cuando no tengo nada que hacer.
- UN REFRÁN: Si quieres ser dichoso, dúchate.
- UNA PROFESIÓN QUE ADMIRA: El oficio de mi padre, almacenista de madera.
- UN PUEBLO: Los Alcázares, en Murcia. De allí es mi mujer.
- UN SABOR: Me encanta el dulce.
- UNAS VACACIONES: Aragón siempre me ha gustado mucho.
- UN CÓMIC: He leído mucho el TBO.
- UN DEPORTISTA: No he hecho nunca deporte.
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