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03-01-2018 Versión imprimir

 
En nuestro recuerdo
 
 
Pedro Osinaga
El galán bienamado
 
El actor navarro, fallecido a los 81 años, será recordado por una intensa trayectoria en teatro y televisión, sobre todo por llenar las plateas durante años con ‘Sé infiel y no mires con quién’
 
PEDRO PÉREZ HINOJOS
Un actor de toda la vida. Ningún calificativo le cuadra mejor a Pedro Osinaga, que expiró casi al mismo tiempo que 2017 a sus 81 años recién estrenados. Fue la suya una andadura artística de enorme éxito, de férreo compromiso con su trabajo y de amor incondicional por el teatro y por el público, con la fortuna de ser correspondido por ambos.

No hablaba a humo de pajas el ministro Íñigo Méndez de Vigo cuando, al evocar la figura del intérprete navarro tras conocerse su fallecimiento, insistía en que la Medalla de Oro de las Bellas Artes concedida en 1999 “se la ganó a pulso por su dedicación”. Porque muy pocos actores en todo el mundo pueden presumir de haber participado en 10.000 representaciones de la misma obra durante más de 12 años y de haber llevado a ocho millones de espectadores al teatro.

Ese es el insólito hito que Pedro Osinaga conquistó al frente del elenco de la disparatada Sé infiel y no mires con quién, la adaptación española de la comedia británica Not Now, Darling (de John Chapman y Ray Cooney), que se estrenó bajo la dirección de Jaime Azpilicueta en el Teatro Maravillas de la capital un 11 de agosto de 1972. Y en cartel permaneció hasta 1984, girando por escenarios de toda España. Fue trabajo que mayor popularidad le procuró entre los españoles, sin duda, pese a que en principio no tenía interés en hacerlo. Pero su mujer intuyó que la obra triunfaría y se empeñó en que aceptara el papel. No fue el único de éxito, ni siquiera el mejor, para un actor que indudablemente poseía la versatilidad de la vieja escuela.
En una portada clásica (1986) de la revista 'Teleprograma'
En una portada clásica (1986) de la revista 'Teleprograma'
 
De hecho, cuando Osinaga aceptó ese vodevil y cimentó con él su perfil de galán cómico, contaba con una sólida carrera tanto en el teatro como en la televisión y el cine, medios a los que llegó desde el alejado mundo del canto. Nació el 15 de diciembre de 1936 en Pamplona, donde era profesora de piano su madre, quien le inculcó un profundo amor por la música culta. Y en la capital navarra inició sus estudios, formó parte del orfeón de la ciudad y realizó sus primeras actuaciones, hasta el punto de ganar el Premio Sarasate gracias a su recia voz de barítono.
Su formación prosiguió en el Real Conservatorio de Madrid con la ilustre Lola Rodríguez de Aragón como mentora. Con la zarzuela comenzó a abrirse paso sobre los escenarios.  Debutó en 1957 con la obra de Manuel Parada Río Magdalena, y de la mano de Luis Escobar pasó al Teatro Eslava, donde arrasó en taquilla con Te espero en Eslava o Ven y ven al Eslava.
Paralelamente se estrenó en el celuloide con Amor bajo cero (1960), y aunque llegó a participar en más de una veintena de películas entre los años sesenta y setenta (Siempre es domingo, Tengo 17 años, Las Ibéricas FC, Fulanita y sus menganos, Réquiem por un empleado), apenas brilló. Sí se posicionó entre los intérpretes más apreciados del país con comedias musicales en el teatro, siendo el ‘chico guapo’ en espectáculos de celebridades como Celia Gámez, Nati Mistral o Concha Márquez Piquer. La televisión certificó después su prestigio con Doce lecciones de felicidad conyugal y Vivir para ver (1969).
 
Último jurado superviviente
Precisamente fue en la tele, bregándose en espacios míticos como Novela y Estudios 1, cuando alcanzó una de sus cimas como actor con la histórica e inolvidable versión de Doce hombres sin piedad. El 16 de marzo de 1973 se emitió por la primera cadena de Televisión Española este denso drama judicial con un elenco irrepetible a las órdenes de Gustavo Pérez Puig. Jesús Puente, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Antonio Casal, Sancho Gracia, José María Rodero, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Fernando Delgado y Rafael Alonso componían el implacable jurado, del que también formó parte Osinaga, único superviviente de tan memorable coro hasta hace unos días.
Su mítico papel para '12 hombres sin piedad'
Su mítico papel para '12 hombres sin piedad'
 

Don Juan Tenorio
, El genio alegre, Alta fidelidadCarlo Monte en Montecarlo, El canto de la cigarra o Celos del aire fueron otros títulos de éxito en su carrera televisiva, que incluyó además un concurso, Todo queda en casa (1986), donde derrochó simpatía como presentador. También prestó su poderosa voz a varias antologías de zarzuela.

Y entretanto siguió discurriendo su infatigable trayectoria teatral, haciendo doblete a veces como actor y productor, con montajes que también cosecharon fortuna: Sálvese quien pueda, Hipotecados, Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? o La extraña pareja. Precisamente haciendo esta última obra junto a Joaquín Kremel en 2005, en el teatro Príncipe-Gran Vía de Madrid, sufrió un ictus en plena función. Logró acabarla y solo consintió en subir a la ambulancia de camino al hospital cuando bajó el telón.

Fue un gesto de coraje o de “respeto y amor inmenso al teatro”, como lo describió su amiga Concha Velasco en el velatorio. El mismo que ya había desarrollado años antes, en 1992, cuando subió al escenario para cumplir con la función solo un día después de que su hijo perdiera la vida en accidente de tráfico.

Ese trágico golpe y los problemas de salud que arreciaron tras el ictus lastraron los últimos años de vida y profesión de Pedro Osinaga. Se alejó de los escenarios y los platós para cuidarse en su retiro segoviano, aunque siguió recibiendo reconocimientos por su carrera. Los premios Rojas, Deia, Ercilla, el Pepe Isbert que concede la Asociación de Amigos de los teatros de España, y el de los periodistas de Navarra, además de la medalla de Bellas Artes, fueron algunas de las distinciones más prestigiosas que acumuló.
Con todo, el galardón más codiciado que logró acaparar fue sumar el respeto de la crítica, la admiración de los compañeros y el cariño del público. Un pleno que resulta todo un sueño incluso para un galán tenaz y bienamado como Osinaga.
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