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04-10-2013 Versión imprimir

 

Aida Folch



“Todo lo que sea marcharme a otro lugar y empezar de cero me parece interesante”


Se escapó de casa para su primer ‘casting’. Hoy es musa de Trueba y estrella televisiva, pero siguen encantándole las producciones pequeñas y los retos cotidianos
 


FRANCISCO PASTOR
Aunque en su trayectoria no faltan los largometrajes, ella es, sobre todo, amante de las pequeñas producciones. Elegantemente sincera y buena amiga de sus amigos, guarda parte de su tiempo para quienes intentan entrar en un mundo del cine cada vez más angosto. Esta natural de Reus, de 26 años, salió de casa un día, sin decírselo a sus padres, para presentarse a una prueba. Hoy, entre película y película, ilumina un sinfín de hogares gracias a Cuéntame, que es el trabajo por el que ha llegado a más gente. Ella, mientras tanto, reivindica las obras más inadvertidas de su trayectoria. Mirando al pasado para saborear mejor el presente, Aida Folch reconoce que ha tenido mucha suerte. Y la que le queda.
 
– Cuando era pequeña no sabía qué quería ser de mayor. ¿Lo va teniendo un poco más claro?
– ¡Uy, clarísimo! Es verdad que, tal y como están ahora las cosas, sí empiezo a plantearme otras posibilidades y eso es nuevo para mí. A veces pienso que me gustaría haber hecho más cosas y, si se acabara esto del cine, me encantaría ser profesora de francés. Ahora bien, no sé si me pondría realmente a estudiar una carrera, de nuevo, desde el principio. Sería un auténtico lío.
 
– ¿Ha cambiado la industria del cine español a lo largo de los trece años que lleva en ella?
– Me temo que mucho. Yo misma he notado que, cuando empecé, todo era muy distinto. Mi primera película, El embrujo de Shanghai, era una superproducción y teníamos más semanas para rodar. Es curioso, porque siempre se ha dicho que el cine español iba mal, pero aquello no tenía nada que ver con lo de ahora. Es verdad que éramos más elitistas, los actores de la televisión iban por un lado y los de cine por otro, y esto también ha cambiado. Nos estamos yendo al modelo de Estados Unidos, donde se cuelan caras bonitas y conocidas para que suba la taquilla, tipo Leonardo DiCaprio. Antes elegían los directores y ahora las productoras, y reconozco que eso me molesta un poco. 

 

– Ahora que ha demostrado su destreza con los idiomas, ¿se plantea cruzar la frontera?
– Por supuesto. De hecho, viajo ahora a París a hacer una prueba. Todo lo que sea marcharme a otro lugar, aunque suponga empezar desde cero, me parece muy interesante. En mis ratos libres intento estudiar todo lo que puedo y mejorar mis idiomas. Me gustaría mucho trabajar en todos los países que pueda.
 
– Incluso cuando se le acumulan los papeles, se la puede ver en cortometrajes, webseries y pequeños proyectos. ¿Qué es lo que más le gusta de este tipo de producciones?
– Es una parte de la industria a la que siempre he apoyado; entre otras cosas porque algún día me gustaría dirigir, pero también por amor al arte y por ayudar a la gente. Me involucro siempre que la idea del corto me interese o suponga algo diferente para mí. Es un género al que me siento muy unida porque está muy relacionado con el mundo de los festivales, a los que también suelo asistir como jurado. Empezar en el mundo del cine es muy difícil y me gusta apoyar las pequeñas producciones. Aterricé en Are you app?, entre otras cosas, porque la directora, Nydia García, es mi mejor amiga. Siempre estamos dándole vueltas a la cabeza a la búsqueda de proyectos nuevos.
 
Ha estado rodando en la India y, además, ha conocido a la mujer de Vicente Ferrer, a la que ha interpretado recientemente. ¿Hay algo que le quede por ver?
– Claro que sí: ¡todo! Interpretar a la viuda de Vicente Ferrer fue muy interesante porque se trataba de alguien que todavía vive y, además, la pude conocer en persona en San Sebastián. También considero que viajar hasta la India ha sido una increíble experiencia, como actriz y como persona. Pero claro que me queda mucho por ver y viajar. Vivencias como esa me ayudan a la hora de interpretar nuevos personajes, y eso es lo que más me gusta.  

– En ‘Marioneta ciega’ se pone usted en la piel de un mimo. ¿Cómo recuerda la experiencia?
– Esta fue otra colaboración en la que acabé metida por mis amigos, aunque me temo que, finalmente, mi escena se quedó fuera. El cortometraje estaba quedando demasiado largo y mi papel allí era secundario. Eso sí, me encantó hacerlo, porque me pusieron en la Plaza Mayor de Madrid a hacer mímica y creo que aprendí muchísimo, sentí lo que sentía la gente que se dedicaba a ello. Me gustó mucho.

¿Hay alguna parte de Aida Folch que haya estado presente, siempre, en cada uno de los papeles que ha interpretado?
– ¡Yo entera! Primero parto de mí misma y luego interpreto. Trabajo a partir de lo que vivo, de lo que intento transmitir, y eso surge de mi cabeza, de mi cuerpo y de mi voz. Todo mío. En ocasiones sí he pensado que alguno de mis personajes no tenía nada que ver conmigo, como el de 25 kilates, pero al final sí, le das una parte de ti misma, siempre, también cuando te toca inventarte las cosas porque no las has vivido. Me ha tocado ser modelo, ladrona, esquizofrénica y asesina: eso es lo más divertido de ser actriz. 

 

Cuando le paran por la calle, ¿le preguntan más por ‘Cuéntame’ o por ‘El artista y la modelo’?
– Indudablemente, por Cuéntame. Es una serie que llega a muchísima más gente y me gusta, porque la gente, por la calle, siempre tiene algo bueno que decirme. Lo ven millones de personas y me ha tocado, por suerte, un personaje genial. Sin embargo, reconozco que me encantan los momentos en los que alguien me pregunta por algún cortometraje o alguna producción que haya pasado más inadvertida. Eso es muy bonito porque significa que conocen bien mi carrera, y me hace mucha ilusión.

¿A qué veredicto suele hacer más caso: al de la crítica o al del público?
– Está mal decirlo, pero atiendo más a la crítica o, mejor dicho, a mis colegas de profesión. Claro que me llena gustar al público y lo mejor sería convencer tanto a unos como a otros, pero hay un público que es menos exigente, por lo menos, que nosotros mismos. Cuando un compañero del gremio me felicita por mi trabajo, lo valoro muchísimo.

Si tuviera que elegir un personaje en concreto del que haya aprendido algo, ¿con cuál se quedaría?
– De todos he aprendido algo, pero tengo que acudir a El artista y la modelo. Me ha aportado mucho porque aprendí sobre arte y aprendí francés. Busqué las obras de arte a las que se refiere la película por París, conocí el trabajo de Matisse, de Picasso y las vanguardias. A mí, hasta ese momento, me gustaban más las artes figurativas, pero ahora voy a todas las exposiciones. Además, he aprendido a posar, un trabajo muy difícil y muy mal pagado, porque te acaba doliendo todo el cuerpo. Ahora, en cambio, conozco lo que hay detrás del trabajo de quienes posan para los demás en los talleres. También he aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas, a pesar de que en mi generación hayamos crecido aburriéndonos enseguida y quitando las películas a la mitad. Esta es la historia de un hombre que pone toda su pasión en sus proyectos, y así es también como se hizo esta obra, con la que llevaba involucrada seis años.

Tanto su primer largometraje como el último han estado dirigidos por Fernando Trueba, ha sido candidata al Goya... ¿Le ha ido siempre tan bien como parece?
– Me ha ido bien. Me podría haber ido peor o mejor, pero lo que cuenta es que estoy bastante orgullosa de las películas en las que he actuado y de los papeles que me ha tocado interpretar. Sin duda, estoy contenta. He cumplido muchísimos sueños, como hacer lo que me gusta y poder vivir de ello. En esta profesión hay gente con vidas muy difíciles y gente a la que esto, tristemente, no le llega nunca, así que estoy muy agradecida. Eso sí, pienso en lo que tengo por delante, cómo hacer más papeles y que sean cada vez más interesantes, o trabajar en el extranjero. Estoy en paz conmigo y con mi trabajo, pero acabo de empezar.
 

 
 
 
Algo personal
Una canción que le anime – Spiritual, de Charlie Haden
Un rasgo del que suela presumir – Ser muy cariñosa
Una persona a la que dar la gracias – A Fernando Trueba
Un momento del día – Cuando llego a casa, por la noche
 
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