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26-12-2012 Versión imprimir
Aina Clotet
“Actuar te ayuda a que asimiles
las peculiaridades del ser humano”
La premiaron este año por ‘Els nens salvatges’, pero es alérgica a la ostentación. Prefiere relativizar, aprender y sentirse útil. En pantalla o con el 15-M
  
FERNANDO NEIRA
Una luz de querencias levantinas prende los ojazos marrones de Aina Clotet (Barcelona, 1982) y estos, agradecidos, le chisporrotean a su interlocutor. Las grandes pestañas de la actriz también aletean a cada pregunta, como certificando una y otra vez su curiosidad insaciable por el mundo. Cuentan las crónicas que Aina y su hermano, Marc (otro par de fulminantes pupilas castañas), se asomaron al mundo de interpretación por pura chiripa, porque un productor perspicaz los vio correteando por los pasillos de TV3 y sugirió que hiciesen una prueba para la serie Estació d’enllaç. Corría 1994 y aquel mágico fogonazo de intuición nos ha permitido disfrutar de dos talentos que no quieren dejar de crecer: Marc, con su casi Goya por La voz dormida; y Aina por Elisa K, Los niños salvajes, un prometedor acercamiento a Michel Hazanavicius (El artista) y una larga nómina de aventuras que nos irá desgranando mientras el café se le queda como un témpano.

   Ni Aina ni el otro ilustre Clotet parecían predestinados a la interpretación, pero ahora encarnan a esa nueva hornada de artistas, honestos y sobradamente preparados, que se saben herederos del testigo generacional. Y que no renuncian a vivir en estrecho contacto con el mundo que les rodea: Aina, de equívoco aspecto modoso, despuntó como voz concienciada en el 15-M y respalda con entusiasmo la labor de su padre, Bonaventura Clotet, como presidente de la Fundació Lluita contra la Sida. La pequeña de la familia siempre parece meditar durante un par de segundos cada contestación, pero su palabra es tan firme como esa mirada de mujer resuelta, que tan pronto se pierde durante un mes por Estados Unidos “para aprender de la vida” como dedica los galardones “a mis amigas y mi familia”, con desarmante naturalidad.

– Me cuesta trabajo pensar que ni Marc ni usted diesen indicios de su querencia artística antes de aquella feliz coincidencia de TV3…
– Bueno, a mí siempre me decían que era muy peliculera y mi hermano era la principal víctima de mis invenciones [risas]. Él tenía un carácter más sosegado, pero yo siempre afronté la vida como un drama extremo, sin estados intermedios entre el tormento y la felicidad. Todo aquello era una manera de disimular mi timidez. Me gustaba hacer payasadas, pero en las obras del teatro escolares siempre elegía los personajes secundarios, los que estaban medio escondidos tras las cortinas.

– ¿A estas alturas ya se ha convencido de que la interpretación era lo suyo, sin cortinas de por medio?
– Sí, supongo que llevo algo de eso en el ADN, pero desde pequeña no he dejado de ver esta profesión como una carrera de fondo. Soy una hormiguita que va creciendo poco a poco. Los miedos y las angustias son inherentes al oficio, pero también pienso que algo inventaría si sobreviene una mala racha. Siempre estaré escribiendo o haciendo cosas, seguro.

– Su primera compañera de reparto fue Laia Marull. ¿Qué le decía ella a una canija de doce años?
Fue como una hermana y la sigo queriendo como tal. Me enseñó a querer la profesión, a comprender que no solo era un juego, sino una responsabilidad. Y a que no descuidase los estudios: nunca olvidaré que en los rodajes me tomaba las lecciones de Sociales y de Naturales…

– Curiosamente, en la reciente ‘Los niños salvajes’, de Patricia Ferreira, compartía reparto con actores muy jóvenes. ¿Se le hizo raro ejercer de “la mayor”?
– Un poco. Hace unos meses me encontré a Cesc Gay en un festival y me dijo: “Nos hacemos viejos, Aina: ¡a mí ya me hacen retrospectivas y tú ya encarnas a profesoras!”. Pero una cosa bonita de esta profesión es que haces amigos de todas las edades. Me enriquece comprender la vida de un chico de 16 años igual que me enriquecían las conversaciones con mi amigo Miquel Cors, que se nos murió al mes de acabar Saraband

– Julia, su personaje en esa película, trabaja como orientadora en instituto. ¿Hoy desconocemos la vida de los adolescentes o del prójimo en general?
– Hoy nos falta diálogo por todas partes. Nos quedamos en el titular, en la superficie, y no llegamos a preguntarnos los porqués. Pero he conocido a muchas Julias en la vida real, profesores espectaculares que aman el trabajo bien hecho y nunca miran el reloj. La tolerancia nos cuesta, pero necesitamos esforzarnos, respirar y pararnos a entender al otro. Es un ejercicio muy saludable.

– ¿Usted también fue un trasto en la adolescencia?
– ¡Qué va! Mis padres suelen decir que la adolescencia me está viniendo ahora, quince años tarde… Por entonces ya estaba trabajando y no podía ser muy gamberra. Pero de pronto te haces mayor y dices: ¡a tomar por saco! No es que me haya convertido en una destroyer, pero he perdido el miedo a decir lo que pienso. Algunos me tienen por modosita, pero yo prefiero expresarme con honestidad y sinceridad. Y con toda la educación del mundo.

– ¿Por eso accedió a convertirse en estandarte en aquella Comisión de Cultura del 15-M?
– Sí. Sentí que la sociedad había sobrepasado ciertas líneas y no me sentía cómoda. Me he criado en una familia de gente muy implicada con la sociedad y yo también quiero sentirme útil. El 15-M es una llama que no se ha extinguido: esta sociedad no puede seguir dándole la espalda a la cultura, no puede consentir que el gigante nos siga pisoteando.

– ¿Y cómo evitarlo?
– Protegiendo lo nuestro. Siempre hablamos con cierto desapego de Francia, pero me parece admirable cómo la educación francesa enseña a querer a sus autores, clásicos y contemporáneos, desde los primeros años de escuela.

– En Francia trabajó hace poco con ‘Los infieles’, la nueva película del tándem de ‘El artista’: Michel Hazanavicius y Jean Dujardin. ¿Cómo es Dujardin cuando habla?
– La estampa misma del hombre carismático. Era un lujo rodar junto a él y comprobar cómo concita siempre todas las miradas. Jean y Michel se comportan como hermanos, dejan margen a la improvisación y ayudan a todos. Este trabajo puede ser fácil o casi imposible, y ellos lo hacen muy fácil.

– Si hablamos de dificultades, el personaje de ‘Elisa K’, que fue violada de niña y sufre brotes psicóticos, parece llevarse la palma…
– El proceso de entender y ponerte en la piel de otro siempre requiere un esfuerzo, pero puede que Elisa sea el papel más desnudo, emocional y físicamente, que haya afrontado. Hablé con muchas personas que habían sufrido ataques psicóticos y me conmovió. Este trabajo te permite entender a mucha gente distinta, ayuda a que asimiles las peculiaridades del ser humano.

– Tanto ‘Elisa K’ como ‘Los niños salvajes’ le reportaron premios sonados. ¿Las estatuillas halagan o asustan?
– Las guardo en lugares separados, para que no se noten mucho en casa, porque siempre me resultan ostentosas. Prefiero relativizar, con los premios y con todo. Esta profesión es muy endogámica, como casi todas, así que conviene coger un avión de vez en cuando y descubrir otras geografías, gentes y visiones.

– ¿Y ahora?
– Ahora se avecina la segunda temporada de Gran nord y una tv-movie también en catalán, Te debo una noche de viernes, una comedia romántica con grupos de rock catalán: Mishima, Manel, Love of Lesbian… La música también ayuda a descubrir otras facetas, ¿ve? Cuando estoy haciendo footing y creo que no puedo más, me pongo C’mon people, de Pulp, y aguanto otro cuarto de hora…
 
sumarios
 
concienciada
“No podemos darle la espalda a la cultura y que el gigante nos siga pisoteando”
 
tolerancia
“Cuesta pararse a entender al otro, pero hay que esforzarse. Es un ejercicio saludable”
 
sincera
“No soy una ‘destroyer’, pero he aprendido a decir lo que siento. Con honestidad y educación”
 
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