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ALBA RIBAS
 
 
 
 

 
   En 2011 sufrió los sustos de la paranormal XP3D junto a estrellas juveniles de la televisión de la talla de Maxi Iglesias, Amaia Salamanca, Luis Fernández, Úrsula Corberó u Óscar Sinela. Su Diana secundaba a su hermana mayor y a cuatro compañeros suyos en la Universidad de Salamanca, donde estudiaban Psiquiatría, durante un experimento para demostrar la existencia o inexistencia del Más Allá. Todos se trasladaban hasta el pueblo minero de Susurro, que escondía un terrorífico pasado. Su escepticismo les impedía intuir entonces que algunos de ellos nunca regresarían a casa y que otros lo harían traumatizados. Animals la mantuvo inmersa al año siguiente en el género fantástico con un dramático relato sobre la adolescencia a medio camino entre realidad e imaginación. Si ya al comienzo parecía atípico que el protagonista tuviese como mejor amigo y confidente a un osito de peluche capaz de hablar y moverse, aún más extraños se antojaban los acontecimientos que trastocaban la tranquila rutina del chico cuando empezaba a intimar un enigmático compañero del instituto. El mayor peso de las imágenes sobre los diálogos delegaba en el público la interpretación de la historia, aunque sí existía un tema identificable: el fin de la infancia y la renuncia a la vida adulta.  
 
   La memorable Barcelona nit d’estiu se sumó a su currículum a finales de 2013. En una de sus historias entrelazadas fue Catherine, una estudiante de Erasmus que visitaba a su novia (Laura de la Isla) en la Ciudad Condal. Ambas salían una noche con dos amigos, Adrián (Cristian Valencia) y Oriol (Bernat Saumell), quienes ignoraban el romance entre ellas. Por eso caían rendidos ante su encanto guiri y competían sin tregua. Aunque empleaban distintas estrategias, desde dedicar canciones de karaoke a poner zancadillas en las traducciones del español al inglés, ninguna funcionaba. La parejita solo confesaba su condición lésbica al observar que semejante pique podría romper la complicidad de los muchachos. Después de su presentación en Sitges, en octubre de 2015 llegó a las salas El cadáver de Anna Fritz, su segundo proyecto en compañía del tándem Valencia-Saumell. En este modesto pero alabado thriller se ocupa del personaje central, una guapísima actriz que aparece muerta en una fiesta y a la que depositan en la morgue de un hospital, el espeluznante lugar donde un indiscreto celador cita a sus curiosos colegas. Estos pasan un buen rato contemplando el cuerpo desnudo de la famosa y se les ocurre la idea de violarla. Nadie se enterará y no opondrá resistencia. Hasta que en pleno dislate despierta. En ese instante se desata un infierno: temen las consecuencias si el escándalo sale a la luz, así que se ven en la tesitura de asesinarla.

 
   Su paseo por el mundo del cortometraje comenzó en 2010 con Mi nombre es Alex. Daba vida a Isabel, que se mudaba junto a su novio, atormentado por visualizar constantemente dos imágenes tan irreales como terroríficas: la de un hombre misterioso que no paraba de observar casa desde la calle y la de ella tendida en el suelo sobre un charco de sangre tras haber sido apuñalada por ese tipo. El desconcertante desenlace de esa pieza quedó atrás gracias a su actuación en la comedia Free Acid como Susana, la dependienta de una tienda de cómics donde atendía a un concienzudo coleccionista colado por sus huesos, aunque ya salía con un macarra de barrio. Eso no impedía que el entregado pretendiente la cortejara con un par de entradas para Star Trek pese a odiar esa saga, hasta que ella se enteraba de que la experiencia había supuesto para él un sacrificio insoportable. Con la ayuda de unos cuantos colegas frikis se enfrentaba a su violento adversario, que huía entre insultos, lo cual le brindaba por fin el beso de su amada.

   En 2011 engrosó el elenco de Intereses mundanos – Bar Mut, una ficción creada para promocionar ese local barcelonés, alrededor de cuyas mesas se sentaron entonces rostros populares: Macarena Gómez, Francesc Garrido, Ingrid Rubio, Aldo Comas, Dolo Beltrán, Fermí Reixach… Durante una cena encarnó a una joven alterada ante las extravagancias de su padrastro, con quien mantenía un idilio a escondidas. Ambos discutían luego por la forma en que revelarían su aventura a sus respectivas parejas. La tensa conversación continuaba mientras varias amigas celebraban el cumpleaños de una de ellas, una pareja de vampiros disfrutaba de carne cruda y un cliente se quejaba sobre la barra de la importancia del éxito en el mundo actual. Otro reparto de altura le esperaba en 2013 para plantear la violencia de género como una conducta aprendida desde la infancia en Cicatrices. Aquel rodaje en una casa rural de Guadalajara le permitió codearse con Daniel Grao, Cristina Alcázar, Marc Clotet, Claudia Melo y Guillermo Barrientos.   
 
   El pasado mes de octubre completó su paso por el Festival de Sitges con Formas de jugar, cuyo intrigante relato tiene como punto de partida la aparición de un cadáver en la habitación de un hotel. Desde ese momento esclarece lo ocurrido alternando los puntos de vista de cuatro personajes que estuvieron cerca del difunto inmediatamente antes y después de morir. Su último trabajo en el formato breve lleva por título Elígeme.

 
   A principios de 2014 disfrutó de un sonado debut sobre las tablas con L’onada, que desde el Teatre Lliure de Barcelona saltó al Valle-Inclán de Madrid bajo el título La ola. El montaje recreaba sin florituras el experimento pedagógico que el profesor Ron Jones realizó con estudiantes de un instituto californiano en 1967 para demostrar que nadie era inmune a movimientos totalitarios como el de los nazis en Alemania. Enseguida logró que defensores de la libertad y la igualdad adoptaran comportamientos autoritarios. ¿Cuál fue su estrategia? Erigirse en líder manipulador de un grupo con el que los chavales se identificaran bien para satisfacer así su necesidad de pertenencia y convencerlos de que eran superiores a un enemigo por derrotar. Acabando con él, darían carpetazo a sus miedos. Aquello les condujo a anteponer la mentira a sus convicciones y la seguridad a sus derechos. En mayo de 2015 representó en el Teatre Nacional de Catalunya cuatro funciones de La nostra mort de cada dia. Esa comedia dibuja a una familia burguesa que recibe la visita de la muerte en forma de hombre con una belleza cautivadora. Llega para llevarse consigo a la hija menor, locamente enamorada de él, pero los desesperados padres insisten en ofrecerle a la abuela. Y la anciana no está por la labor de irse al otro barrio… Las sucesivas escenas muestran cómo cada miembro del clan reacciona de una manera ante el fin de la vida.
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
 
¿Se acuerda del momento concreto en que decidió ser actriz?
 − No. Parece que esta es la pregunta obligada para los actores, ¿no? Solo recuerdo que tomé conciencia de que un día me tocaría trabajar para poder vivir, y entonces fue la primera vez que pensé que no debería dejar mis clases extraescolares de teatro y danza.  
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?  
− Segurísimo que fue mi madre la primera en enterarse. Ella admira lo que hago, me apoya en todas mis decisiones, me anima a dedicarme a esto con esfuerzo y tranquilidad. 
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Ah, ¿pero que a mí también me va a tocar ese golpe? La verdad es que no estaba en mis planes, pero me gusta leer esto. Lo esperaré con los brazos abiertos.
 
− ¿A cuál de los papeles de su carrera le tiene especial cariño? ¿Por qué?
− Es difícil elegir. Supongo que como cuando a un padre le preguntan a qué hijo quiere más. Todos tienen lo suyo. Quizás con la perspectiva que da el tiempo, e intentando desvincularme de ellos, me quede con la pequeña Valérie de Diario de una ninfómana. Fue la primera vez que trabajé en cine, o mejor dicho, la primera vez que trabajé en algo. Tenía 17 años, todo era nuevo, tuve esa sensación de precipicio. El proceso fue muy emocionante: el set, la cámara, las marcas, el rácord…

 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Me centraría en escribir. Ahora ya le dedico muchas horas, pero si no tuviera trabajo, le dedicaría muchas más. Desde hace algún tiempo trabajo en un proyecto personal de poesía y microrrelatos. Y si todo va bien…
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Hay momentos en los que me cabreo conmigo misma y con el sistema. Lloro, pataleo. Me dura unas horas o unos días, pero siempre acabo dejando atrás el cabreo atrás y sigo con lo mío. Resulta complicado gestionar todo lo que supone ser actriz. ¡Es un caos de vida! De repente tienes mucho trabajo y cero tiempo libre, y de repente estás en tu casa sin nada. A ello hay que añadir el hecho de estar examinándote casting tras casting.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
El cadáver de Anna Fritz, la última película que he rodado y que estrenamos hace poco en el Festival de Sitges, ha sido uno de los proyectos más complicados y duros en que he participado hasta el momento. La historia que contábamos y las condiciones del rodaje fueron un absoluto reto para todo el equipo. Pero el karma ha sido bueno con nosotros y ahora nos está regalando muchos festivales: el SXSW, BFI, Sitges…
 
− ¿Cuál considera que es el gran lastre del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El problema siempre somos los humanos, parece que tenemos un don para destruir todo lo que tocamos. Nos repiten que atravesamos un momento complejo y que al celuloide le está afectando la crisis. ¡A mí no me la cuelan! No nos afecta la coyuntura económica, sino las políticas de derechas, el poco interés del Gobierno hacia el arte, la falta de subvenciones, el desmesurado IVA… Si todo eso no existiera, otro gallo cantaría. El cine low cost ha sido un arma de doble filo. Hace tiempo que estoy algo ‘obsesionada’ con el tema: esto del bajo coste debía ser un puente provisional durante las obras y ha acabado siendo el puente principal para entrar a la ciudad. Incluso grandes productoras juegan a hacer cintas con poco presupuesto. Me pongo muy triste mientras veo la destrucción de la industria también desde dentro.

 
− ¿Cuál fue el primer intérprete que le conmovió hasta la lágrima?
− No me acuerdo con precisión. Sé que lloré mucho a los 15 años con Marion Cotillard y Guillaume Canet en Jeux d’enfants.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “Si esparces mierda, recoges mierda, es lógico”. Me encanta esa frase de Pequeñas mentiras sin importancia. Que sí, que parece lógico, pero hay que recordarlo.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− Los diálogos ¡y las canciones! de Alabama Monroe. Su director es Felix Van Groeningen.
 
− ¿Puede contarnos alguna anécdota divertida que haya vivido como espectadora?
− Aguantar con mi hombro la cabeza de un señor muy majo en un cine… [risas]. Eso sí, no me acuerdo de cuál era el título.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− A ninguna. Por las noches leo o veo una peli. Tengo una lista de series que me recomiendan buenos amigos, así que a ver si me pongo las pilas…
 
− ¿Cuál ha sido el mejor consejo profesional que le han dado?
− “En este oficio nos hacen creer que el trabajo es la base de nuestra vida, pero lo único que te quedará cuando no haya proyectos será tu familia y tus amigos”. Al entender eso, uno se relaja, se toma la profesión desde otro sitio. Resulta difícil no perder el norte, pues este es un trabajo vocacional, muy intenso y emocional.
 
¿Cuál es su punto fuerte como intérprete?
− La hipersensibilidad.
 
¿Y débil?
− Los nervios.

 
− ¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
Rodéate de tu familia y tus amigos. ¡A partir de ahí todo irá bien!
 
− ¿A qué lugar del planeta le gustaría teletransportarse mañana?
− Me plantaría en Estados Unidos para hacer una buena inmersión en el inglés.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− He estrenado El cadáver de Anna Fritz en Sitges. Me hizo una ilusión… ¡Madre mía! Estar por primera vez allí con película propia y dos buenísimos amigos no tiene precio. Ahora me meteré a fondo con dos proyectos personales que están encima de la mesa y me piden a gritos que los convierta en imágenes.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría cumplir?
− Rodar las cosas que escribo y animarme a dirigir. También me gustaría seguir con mis microrrelatos y poesías y poder publicarlos.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
− Que suene Willie Nelson. ¡Me encanta el country!
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− “Todos los seres humanos tendrán derecho a vivienda, sanidad y educación, pero esta vez lo decimos de verdad”.
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más a gusto?
− Me repiten tanto lo de los ojos que… ¡como para no estar satisfecha! [risas]. Ahora en serio: cada vez estoy más orgullosa de mi cabeza. Y eso conlleva un trabajazo. A medida que creces, vas valorando más lo que haces, lo que eres. Hay días en los que me despierto y me gusta lo que veo, me sonrío y me doy un buen beso. Tengo muy claro lo que no quiero, y es la primera vez que me pasa. Cumplir años quizás no es tan malo como nos hacen creer.
 
− ¿A qué otra época histórica le gustaría regresar?
− Es complicado imaginar algo que no has vivido. Pero de pequeña, cuando mi madre se reunía con sus amigos y charlaban sobre su época de estudiantes y su juventud, me quedaba fascinada al comprobar que ellos habían construido algo. Salían a las calles para manifestarse, creaban grupos estudiantiles y partidos políticos, luchaban por las cosas.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE (si es que hay algo) y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos (si es que hay alguno).
− AISGE es una necesidad. Me gusta cómo trabajáis y vuestra implicación en el colectivo, vuestra lucha constante contra un sistema que intenta anularnos y quitarnos derechos. Me parece estupendo que ofrezcáis cursos a buen precio para que los actores siempre tengamos oportunidad de formarnos, y alabo también la idea de organizar charlas con profesionales de diferentes ámbitos. ¡Hip, hip, hurra por vosotros!
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