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Albert Comas
“Me gusta un poco
 de más que me den
  rienda suelta”
 


Este mallorquín que acaba de cumplir la treintena es un rostro bien conocido en el panorama interpretativo balear. Apenas tenía trece años cuando se subió a las tablas del Teatro Principal de Palma gracias a Ous de somera, un cuento tradicional dirigido por Mauricio Gallardo, que también le dio papeles para las tragedias Macbeth y Doña Rosita la soltera. Las tres obras que presentó después con Sa Nau, la segunda escuela a la que asistió, evidenciaron su versatilidad: fue policía en el musical Hair, malabarista de Los niños harán el circo y ese admirado titán que desafiaba a los dioses en Prometeo encadenado. Su propósito de crecer como actor le llevó hasta la Cuarta Pared madrileña, donde estudió tres cursos y retrató la violencia juvenil con Nunca dije que era una niña buena. Al igual que otros alumnos egresados de esa sala alternativa, en 2005 se sumó a la flamante compañía La Trasera, capitaneada por el bonaerense Marcelo Díaz. La innovadora Estación de juego le permitió concienciar al público sobre el acoso escolar, mientras que la comedia Kick and Rush le convirtió en un futbolista condenado al banquillo y ansioso de protagonismo.
 
   En la capital conoció al que sería su principal maestro, el estadounidense Adam Black, a cuyas órdenes estrenó cinco montajes desde 2006 a 2008. Encarnó al mismísimo San Pedro en Los últimos días de Judas Iscariote, vio cómo el humilde protagonista de Golden boy dudaba entre luchar por el difícil sueño de ser violista o dedicarse al boxeo para ganar dinero fácil y con The Pillowman abordó la torturas propias de los Estados totalitarios. Fool for love le hizo vivir un tormentoso romance ambientado en el oeste americano, lejos de esa casa rusa donde transcurre La gaviota de Chéjov, que también pone al descubierto el lado enfermizo de las relaciones amorosas. Pero su gran proyecto consistió en fundar Microteatre per Doblers, que durante el verano de 2011 llevó piezas breves a las celdas de la antigua cárcel de Palma. Y con un éxito apabullante. Aquella primera tanda, titulada Microteatre per Delicte, incluyó seis historias sobre escándalos flagrantes de los últimos tiempos: la corrupción urbanística, el despilfarro de la SGAE... La asociación cultural, rebautizada como Teatríntim, despachó meses más tarde otros siete textos bajo el rótulo Guerra i Pau.
 
   Todavía era adolescente cuando Enrique Andrés le puso por primera vez ante la cámara con el cortometraje Màgic, cuyo argumento denunciaba la persecución de indigentes por parte de neonazis. Luego fue el turno de 14x9 y, ya en Madrid, le ofrecieron un personaje para La abuela canina. Ahora está a punto de estrenar el apocalíptico Nuclear days, que ha puesto a prueba su instinto de supervivencia. Y es que, tras huir de explosiones atómicas que lo devastan todo, logra refugiarse junto a una misteriosa mujer en un búnker donde la convivencia no será fácil. Apasionado del cine, en 2010 decidió cursar dirección y ya ha alumbrado cuatro cortos, de los que solo dos han visto la luz: Infected y Bonita noche. Tampoco faltan en su currículo videoclips como I lie at least three times at night, interpretado por Still Morris, el nombre artístico de un banquero mallorquín que ya ha lanzado dos discos de rock clásico.
 
   A finales de 2006 llegó a la pequeña pantalla con la telenovela Laberint de passions, emitida por IB3, la cadena autonómica balear. Del archipiélago saltó rápidamente a la ficción nacional con MIR, una serie médica de Telecinco que le brindó una fugaz aparición en su primer capítulo. Salió del hospital y se vistió de policía para El comisario, donde dio vida al secretario Felipe Sánchez a lo largo de las tres últimas temporadas. De vuelta a casa recibió su gran papel, el de Xavier Balaguer en Llágrima de sang, la producción más longeva que ha acogido la parrilla de IB3. Entre 2008 y 2011 se programaron 327 episodios diarios que desvelaban los misterios del clan vinícola Pons. Y a él le tocó hacer de chico infeliz. Al mismo tiempo grabó –de nuevo para Telecinco– la juvenil Un golpe de suerte, pero la propuesta no convenció a la audiencia. Así que su Pep, un hippy que despreciaba el dinero pese a ser de origen acomodado, solo permaneció en antena durante el verano de 2009. Su último trabajo es el culebrón L’anell, sobre la rivalidad entre dos familias vinculadas al trot, un deporte similar a la hípica muy arraigado en Mallorca. Aunque estaba disfrutando de un elevado seguimiento, los recortes hicieron que la televisión insular adelantase su desenlace.   
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Fueron muchas las ocasiones en que me dije a mí mismo que quería ser actor, aunque la más decisiva fue cuando vi con mis padres una obra de teatro titulada Brams o la comedia de los horrores. Es difícil arrancarle una sonrisa a mi padre, pero durante la hora y media que duró la representación no paró de reír, se le saltaban las lágrimas. ¡Ese fue el momento!
 

 
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− No lo recuerdo muy bien, aunque seguro que no se lo dije a mucha gente. Supongo que solo le pedí a mi madre que me metiera en clases de interpretación.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Un buen amigo me comentó que la agencia de representación Mesala Films había convocado un casting para seleccionar caras nuevas: dos chicas y dos chicos. Por lo que tengo entendido, acudieron muchos candidatos, incluidos nosotros. Yo aspiraba al segundo puesto masculino porque mi amigo siempre ha sido un ejemplo a seguir, pero después de todo el proceso eligieron a dos chicas y solo a un chico. ¡Fui yo! El factor suerte estuvo allí.
 
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− Al Xavier de Llàgrima de sang, con el que más tiempo he estado. Además, fue todo un bombón, ya que era el hijo problemático de una familia rota: sufría multitud de desamores y accidentes de tráfico, coqueteaba con las drogas, acababa en la cárcel... ¡Me lo pasé muy bien!
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Ahora no está la cosa como para escoger, pero me encantaría dedicarme a la pintura, sin duda.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Ese pensamiento siempre está ahí, acechando, aunque jamás le he prestado más atención de la que requiere.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En todos los que he dirigido. Lo hago en plan amateur, con colegas, pero me da apuro cuando los veo maquillados de lo que sea o citados a las seis de la mañana. ¡Al menos intento preparar un buen catering como compensación! [Risas]
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Generalmente no, pero es parte del proceso de aprendizaje.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Deberíamos apostar más y hacer que apuesten más por nuestro celuloide. Está demostrado que tenemos muy buenos profesionales en el sector, así que el problema es el presupuesto, como siempre. ¿Nadie ve que un largometraje puede ser muy rentable, crear puestos de trabajo, enriquecer culturalmente y proyectar una buena imagen de España hacia el exterior? Pero para eso hace falta invertir más en promoción. En otros países reservan grandes cantidades de dinero para publicitar cintas que no son gran cosa y, aun así, consiguen que vayamos a verlas.
 
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Con los nuevos smartphones mantendría una conversación a tres, esperando que de ella saliera un gran proyecto [Risas]. Ya me pongo serio: considerando el punto de su carrera en que se encuentran los dos directores, elegiría a Tarantino.  
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Mel Gibson en Braveheart. Su William Wallace al grito de “¡Libertad!” no me dejó al borde de la lágrima, sino que lo rebasó.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
“¡Corre, Forrest!”, de Forrest Gump.
 
 

 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Pulp Fiction.  
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
− No ha habido ninguna. Sí he tenido ganas de tirar alguna por la ventana, pero tengo en cuenta que se trata de una historia completa, de principio a fin. Y alguien que ha logrado reunir todo lo necesario para rodarla se merece un respeto. De todo se aprende algo y, quizá, ese algo esté al final.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− ¡Esta pregunta me hace pensar que mentí en la anterior! [Risas] Fui al cine a ver La Pasión de Cristo y mi pareja de entonces estuvo a punto de vomitar por las palizas y amputaciones explícitas de la película. A mí me estaba pareciendo bastante interesante, así que tuve un conflicto interno. Obviamente, salí de la sala con ella, pero el señor que estaba al lado pudo notar esa pequeña duda en mí y no paraba de reírse. Esperé a la Semana Santa del año siguiente para ver el final.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A Juego de Tronos. Leí los primeros libros y me enganché. Tiene grandes personajes, los actores están muy bien escogidos y técnicamente es impecable. Se adapta, en definitiva, a lo que el público demanda ahora mismo.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “Te necesitan a ti tanto como tú a ellos. Hazles un favor y cúrrate la prueba. Esto es un business”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy intuitivo, capto bien lo que el guionista quiere transmitir con cada escena.
 
− ¿Y débil?
− Me gusta un poco de más que me den rienda suelta.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− No tengo ninguno. ¡Siento aguaros la exclusiva! [Risas].
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Poder vivir exclusivamente de esto, con proyectos que me gusten y junto a gente que admiro. Si además consigo llegar al espectador y tocarle de alguna manera, muchísimo mejor.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Patience, de Guns N’ Roses.
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− Woody Allen ya hace referencia a esta cuestión en su gran película Midnight in Paris. Siempre creemos que cualquier época dorada pasada es mejor que los tiempos que vivimos actualmente. Y otros pensarán lo mismo de nosotros en el futuro. Me quedo con la que me ha tocado.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Muchos intérpretes salimos una vez al año para cenar y brindar por la gestión de nuestros derechos de imagen. Eso está genial, pero lo mejor es las ayudas a actrices embarazadas. Os ruego, por nuestro bien, que sigáis así.
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