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Línea de telón


Jota Linares, un Cinexín y 'Animales sin Collar'

ALBERTO CONEJERO

       

Ilustración: Luis Frutos

 

Hay que imaginar ahora al niño que recibe el regalo de un Cinexín:  su asombro ante el artefacto mágico que transforma una pared en maravilla, la fragua de una vocación inesperada en Algodonales, su pueblo de Cádiz. Hay que imaginar luego al chiquillo que, en un cine de Sevilla y  acompañado de su madre, cae en el embrujo de El Rey León, el Hamlet de animación de toda una generación. Hay que imaginar, ya más cerca, al muchacho deslumbrado por Eyes Wide Shut, convirtiéndose desde el trampolín de la admiración en cineasta. Ahora imagínense por último al hombre joven que contempla Animales sin collar,su primera película, en una sala de cine: su emoción, su alegría, los nervios, toda esa selva de emociones. La película está dedicada a su madre. En una profesión tan frágil, tan luminosa y peligrosa a la vez, es necesario recordar que siempre hay una mujer o un hombre detrás del nombre, su cúmulo de esperanzas, sus decepciones, sus alegrías, su necesidad de seguir contando historias.

 

   Conocí a Jota Linares hace ya unos años. No recuerdo ahora si fue tras ver yo su obra teatral ¿A quién te llevarías a una isla desierta?  o él Cliff, mi texto dedicado a Montgomery Clift, una de nuestras pasiones compartidas. Desde entonces he seguido la trayectoria de Javier, un compañero generoso en la mirada, convencido de que el logro ajeno no es una amenaza sino una victoria de todos, y de que el traspiés del otro una ocasión para cuidarnos todos. En definitiva,  Jota es alguien que hace más amable esto que llamamos “la profesión”. Me confió entonces la lectura del guión de esta película. Estas líneas tienen, por tanto, también algo de saludo afectuoso al compañero, de alegría por la alegría de un hombre bueno. 

 

   Hasta Animales sin collar, Jota fue aventando su mirada en los cortos  (recuerdo especialmente Rubita, que exploraba el universo de Marilyn Monroe y cuyos ecos se prolongan en esta película), y también en la publicidad, una escuela de técnica, de resolución, de campo de entrenamiento. Acaba de estrenar su primer largo y ya ha rodado el segundo, la versión cinematográfica de ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, cuyo primer destino siempre fue ese. 

 

   Es Animales sin collar una película profundamente andaluza y a la vez universal. Porque la Andalucía que aquí se muestra es la del tuétano, la de la rabia color albero,  la del pasado con aire de plomo, la del futuro abierto. De repente los cielos despoblados andaluces parecen hermanos de los de la Nevada de Vidas rebeldes.  Una Andalucía en vísperas de elecciones autonómicas, quizá las de 2015, que sirve como un lienzo inesperado pero perfecto para una reescritura de la obra teatralCasa de muñecasde Henrik Ibsen. 

 

   Linares no tiene miedo a no ser explícito, a dejar huecos abiertos para que el espectador los habite; reparte las teselas de un mosaico, con planos personalísimos, hasta configurar la imagen que persigue. En su debut llega acompañado de un grupo de actores forjados tanto en el teatro como en el audiovisual:  Natalia de Molina,  Daniel Grao, Ignacio Mateo, Borja Luna y Natalia Mateo en los papeles principales.

 

   Ahora vuelvan a imaginarse a aquel niño gaditano mirando asombrado un pared llena de magia por el Cinexín. Qué manera tan sabia tienen los sueños de hacerse vida.

 

 

           

           

           

           

           

           

           

           

 
           

Alberto Conejero (Jaén, 1978) es dramaturgo y poeta y acaba de estrenar en Madrid 'Los días de la nieve'. Ganó, entre otros, el Premio Max por 'La piedra oscura'. Otras de sus obras teatrales son 'Ushuaia' o 'Todas las noches de un día', mientras que 'Si descubres un incendio' es el título de su primer poemario

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

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