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19-12-2012 Versión imprimir
“Es estupendo reírse
de las cosas que te salen mal”
Músico, comediante y coleccionista de objetos absurdos: la fórmula de un andaluz con sangre francoirlandesa


 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
“Actor y cosas de esas”. Así se presenta Álex O’Dogherty, gaditano atípico –de ascendencia irlandesa y francesa– y artista todoterreno que ejerce como monologuista, cantante, músico, compositor, guionista y director. En la memoria televisiva de millones de españoles aún perdura la mala uva con que su Arturo Cañas intimidaba a los oficinistas de Camera Café y la bondad que desprendía aquel Alfredo Escobar en Doctor Mateo. Su filmografía alterna grandes producciones (El reino de los cielos, Alatriste) con películas independientes por las que siente devoción, pese a su escaso éxito. Sin embargo, su papel más prolongado se lo ha ofrecido la Banda de la María, con la que ha alborotado las calles de toda Europa y cautivado a iconos de la talla de Prince o Viggo Mortensen.

   Aunque ahora preside el cabaret de The Hole y prevé grabar en enero un cuarto largometraje a las órdenes de Santi Amodeo, su padrino cinematográfico, casi toda su atención la acapara Mi imaginación y yo. “Es un proyecto personal que acabo de estrenar junto al grupo La Bizarrería. Iba a ser un concierto con 17 temas míos, pero al final también hago monólogos y juego con el público”, resume. Por si fuera poco, se plantea llenar los huecos libres con Y tú, ¿de qué te ríes?, función que ha representado en más de 600 ocasiones desde 2001. Durante la sesión fotográfica, en el patio de su casa madrileña, se presta a hacer equilibrios sobre un monociclo, repiquetear con su “ukelele heavy metal” o sostener un balón de baloncesto con un solo dedo. “Tuve un idilio con la canasta cuando era adolescente, pero no tenía nivel ni para el equipo de mi pueblo”, bromea bajo su sempiterno sombrero.

– ¿De dónde proviene su amor por ese complemento?
– A los 16 años vi por primera vez El golpe y me fascinó Robert Redford con su gorra. A la mañana siguiente cogí una parecida de mi padre, me planté en el instituto y sufrí el escarnio de todos los cabrones de clase. Me humillaron demasiado, peo no consiguieron que desistiera. Tengo una colección tremenda de sombreros, ¡soy de otra época! [risas]

– ‘The Hole’ es el primer espectáculo de variedades español que se exportará a EE UU. ¿Se siente afortunado?
– Con Y tú, ¿de qué te ríes? pasé una década pegando mis propios carteles en mil sitios, llamando por teléfono o enviando correos para que viniese público. Y gracias a The Hole he logrado en un año lo que por mi cuenta fue imposible: todo el mundo conoce ya mi faceta de showman, que para mí es habitual, pero en la que muy pocos me imaginaban.

– En algunas escenas aparece ligero de ropa. ¿Qué tal?
– Hace años me desnudé en una obra de teatro y sentí pudor porque no tengo el cuerpo de Cristiano Ronaldo. Sin embargo, muchas veces me he quedado en calzoncillos delante de los espectadores, es una broma típica de los payasos. Cuando Boris Izaguirre comenzó a hacerla en Crónicas marcianas pensé: “¡Mierda, lo hago todos los días y ahora va a parecer que le copio!”.

– En el manejo de artilugios hilarantes, algunos adquiridos en el MOMA neoyorquino, no tiene rivales. ¿Cuál es su favorito?
– Adoro el tirapedos y el megáfono que distorsiona la voz, los que más tiempo llevan conmigo. Muchos creen que son absurdos y no reparan en ellos, pero yo los encuentro inmediatamente en cualquier lugar: por un módico precio me entretengo y enriquezco mis actuaciones. ¡Soy el Chuminator King!

– Algunos monólogos y canciones que interpretó en Paramount Comedy abordaban historias de pareja con final amargo. ¿Eran autobiográficas?
– Casi todas. Si no hubiera sufrido ningún fracaso, hoy posiblemente no tendría carrera. Es estupendo poder reírse de las cosas que te salen mal y, además, ganar dinero. De hecho, recuperaré esas piezas en El amor es pa’ ná, mi espectáculo para el próximo año.

– Mientras estudiaba en el Centro Andaluz de Teatro estuvo en Palestina, Sáhara y Sarajevo con Payasos Sin Fronteras. ¿Guarda buenos recuerdos?
– Estaba loco por viajar a esos sitios siendo tan joven, pero no me importaría repetir con Pallasos en Rebeldía. Aquella experiencia ridiculizó mis problemas y me hizo apreciar lo que tenía. Las risas de los niños tenían algo de terapéutico: aunque en esos contextos urge ayuda médica y alimenticia, pasarlo bien no es menos importante.

– Poco después protagonizó ‘El factor Pilgrim’ sin cobrar y costeándose su estancia en Londres durante el rodaje. ¿Tanto ama este oficio?
– De momento estoy pagando por actuar en Mi imaginación y yo, pues he gastado bastante pasta sin tener esperanzas de recuperarla a corto plazo. Y si perdiera todo lo invertido, repetiría; no hay nada que merezca más la pena que cumplir un sueño.

– ¿No es demasiado arriesgado estrenar en un contexto tan adverso?
– Todos los artistas tenemos la obligación de seguir creando muchísimo, hasta desbordar, que la gente no tenga más remedio que ir a vernos. El caché ya ha desaparecido y dependemos de la taquilla, pero no debemos acomodarnos en casa porque estaremos dando la razón a quienes quieren sepultar la cultura. Por mi parte, no lo van a lograr; me mantendré en activo como forma de protesta. No son tiempos para los cobardes, la pasividad ni el conformismo.

– Siempre busca la interacción con los espectadores, así que tendrá una buena colección de anécdotas…
– A menudo busco el móvil que está sonando entre el público y me lo agencio. Unas veces respondo a la llamada poniendo el altavoz para que toda la sala escuche la conversación y otras selecciono un nombre gracioso de la agenda a quien llamar.

– Siendo tan irreverente, ¿alguna vez han intentado cortarle las alas?
– Mi humor no es blanco, pero tampoco muy agresivo, así que casi siempre me he zafado bien de la censura. Sin embargo, los políticos tienen pocas ganas de reírse y en todas las ceremonias dependientes de la Administración que he presentado me han pedido el guion para revisarlo y cortar lo que incomodaba.

– ¿Derrocha comicidad las 24 horas del día?
– Satisfago mi necesidad de ser gracioso sobre el escenario y, una vez abajo, me dedico a escuchar para poder ofrecer cosas nuevas. Sería excesivo provocar carcajadas en el trabajo y luego seguir haciendo bromas, por eso admiro a la gente que es capaz de publicar cuarenta chistes diarios en Twitter.


 
COMIENDO MANZANAS EN LONDRES
El factor… pícaro
O’Dogherty estudió COU en un pequeño pueblo de Kansas y con 19 años se plantó en Londres junto a su amigo Manolo para buscarse la vida. No les fue sencillo: “Llegamos con una guitarra y sin un duro. Aunque ganábamos algo tocando en el metro o doblando camisas, pasábamos hambre y tuvimos que inventar trucos, no todos legales” [risas].
Cuando un lustro después regresó a la capital británica para protagonizar El factor Pilgrim, su debut en el cine, quiso rendir homenaje a aquella aventura juvenil. “En la secuencia que abre la película”, revela, “paso por delante de una frutería y me meto sutilmente una manzana en el bolsillo. Eso hacía cada mañana para poder desayunar antes de empezar mi turno en Benneton”.
Se confiesa simpatizante de Gordillo y su iniciativa de repartir comida entre los necesitados, y solo concibe el robo a punta de pistola en cortos como Bancos o Tocata y fuga. “Siempre me han fascinado los atracos y las cárceles”, admite, “pero me cagaría viviéndolos de verdad”.
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