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05-06-2014 Versión imprimir

 

Alexandra Jiménez
 

“No dejo de hacer el canelo, pero puedo transmitir algo muy serio”


Su aspecto es de comedianta ligera; la gravedad va por dentro. He aquí la historia de una exbailarina que aún no sabe bien por qué se hizo actriz. Pero le encanta



ANTONIO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Una terrible algarabía reina en el bar, junto a la Plaza de los Cubos de Madrid, donde Alexandra se toma un cortado y donde el camarero se declara su “hincha acérrimo”. Pese al ruido, la voz de la actriz se registra sin problemas en la grabadora, quizá porque tiene claro lo que quiere contar. Hija de un ingeniero informático y una profesora de inglés, Alexandra Jiménez (Zaragoza, 1980)  se vio catapultada a la fama hace diez años por su papel de África Sanz en Los Serrano. Hoy su rostro es habitual en títulos de referencia de la nueva comedia española, como Spanish Movie o Promoción fantasma. En este “año raro” –así lo percibe ella–, la vimos presentando la primera gala de los Premios Feroz y actuando en Las brujas de Zugarramurdi. Como buena bailarina, que lo fue durante 13 años, Alexandra sabe acarrear un gran peso y, al tiempo, trasmitir sensación de ligereza. Comedia ligera y gravedad interior, una combinación difícil a la que le va como anillo al dedo la imagen del junco que, en pleno vendaval, se curva pero no se parte. O la imagen de una bailarina.
 
 

 
 
 
– ¿Ha vuelto a bailar?
– Me lo planteo todas las semanas, pero no consigo dar el paso. No sé por qué exactamente. Me sigue gustando muchísimo y disfruto si veo a algún amigo bailar. Sí que puede haber algún momento de nostalgia, pero no lo echo de menos.
 
– Dejó la danza por una lesión y se hizo actriz.
– Aparentemente la dejé por una lesión. Fue una lesión real, no algo somatizado. De hecho no me recuperaba y sigo teniendo la lesión, en un pie y con operación incluida. Lo que pasa es que la lesión me vino de perlas.
 
– ¿Le vino de perlas para ser actriz?
– Para tomar la decisión de dejar la danza, porque, cuando llevas tantos años dedicándote a una disciplina tan fuerte, empezar de cero con otra cosa es muy difícil. Nunca me he arrepentido ni se me ha pasado por la cabeza qué hubiera sido de mí si hubiera continuado. Siempre he sabido que como bailarina llegaba hasta ahí. Como actriz creo que he tenido mucha suerte, pero si vuelve a llegar un momento en mi vida en el que me doy cuenta de que tengo que cambiar de dirección, volvería a hacerlo. Que la vida es muy rápida y hay que hacer muchas cosas: ¡no da tiempo!
 
– La danza le llevó a trabajar en el Ballet Nacional de Cuba siendo muy joven.
– Fui a Cuba en 1997, con 17 años, y viví allí seis meses. Ese fue justo el preámbulo de dejar de bailar. Fue muy difícil pero al mismo tiempo no se me va a olvidar en la vida. En esa compañía fue muy duro sobrevivir.
 
– ¿El mundo de la danza es como lo vimos en la película ‘Cisne negro’?
– El mundo de la danza es muy duro y muy tremendo. Para empezar, desde muy pequeña se asumen unas responsabilidades enormes, con muy poca edad ya eres muy mayor. No siempre sucede como en Cisne negro, pero sí es tremendamente jerárquico. Y en Cuba, imagínese: una chavala española en una compañía en la que para ellos salir de gira es una gran oportunidad, y que venga alguien de fuera a ocupar ese puesto… No era el mejor plan. Me encontré con situaciones complicadas.
 
 

 
 
 
– ¿La exigencia física en el cine es similar a la del ballet?
– La presión de estar a la altura físicamente en el cine también existe. Claro, no te exigen tener un coup de pieds maravilloso o un fouetté triple: solo, que no se te arrugue la frente [risas]. En la danza, hay que ser técnicamente tan perfecto y cada movimiento está calculado tan matemáticamente que, o eres bueno, o eres malo. No es relativo, como pasa con otras disciplinas.
 
– En alguna ocasión ha dicho que aprendió casi todo con la mítica bailarina María de Ávila, su profesora. Cuando decide dejarlo y hacerse actriz llega usted a Madrid y acude a la escuela TAI. ¿Qué aprendió allí que no aprendió bailando?
– En TAI aprendí a que la inseguridad no se me note demasiado. Llegué muy asustada, me temblaban las manos, me temblaba la voz… Sabía que quería ser actriz pero no cómo conseguirlo, porque tengo una timidez enfermiza. Ya simplemente el primer día de clase que te dicen: “sal al centro, di tu nombre y por qué quieres ser actriz”. ¡Es una pregunta tan abstracta!
 
– ¿Y por qué quería usted ser actriz?
– [Risas] Sigo sin saberlo. Desde muy pequeña decía que quería ser actriz. Actriz y bailarina, como Shirley MacLaine.
 
 

 
 
 
– ¿Se ve como una cómica?
– No, pero siempre me han llamado para ese tipo de papeles [risas]. Yo no dejo de hacer el canelo, pero también puedo transmitir algo muy serio. Siempre me he visto como una actriz dramática, pero que muy dramática, y sin embargo luego me han ofrecido más comedia. La primera sorprendida soy yo y agradecida por poder hacerla, porque cogerle el pulso a la comedia es muy difícil.
 
– ¿Qué es para usted el humor?
– El humor en la vida sencillamente es inteligencia. Consiste en colocar las cosas donde corresponden sin darles más importancia de la que tienen, incluso tener una visión externa de lo que te está pasando. Si puedes salirte de ti mismo y eres capaz de analizar una situación que puedas estar viviendo, la gran mayoría de las veces patética, estás consiguiendo algo muy grande.
 
– ¿Se siente usted cómoda en este nuevo tipo de comedia española que combina elementos muy ‘hollywoodienses’ y casticismo español?
– A mí desde pequeña me han encantado películas como Top secret o Hot shots. No sé cuántas veces he podido verlas. La comedia absurda me fascina. A lo mejor, Spanish movie llegó a fuerza de decir que me encantan películas así. Y luego, cuando estaba rodando me decía: “socorro, no voy a volver a trabajar nunca más”. Parece una tontería, pero te planteas muchas cosas porque, para empezar, no tienes ni idea de cómo se hace. Es muy difícil.
 
– ¿Qué opina de la gente que va de purista y piensa que eso no es cultura?
– Probablemente es gente que se toma muy en serio a sí misma. Hay falta de humor y volvemos a lo que decía antes: si no hay humor no hay inteligencia. A veces nos cerramos por intentar identificarnos con algo que nos defina y decimos: “no me puede gustar esto porque le gusta a la masa, y si le gusta a la masa no me puede gustar porque es comercial”. Yo cuando voy al cine o al teatro siempre intento quitarme todas estas losas analíticas que no llevan a ninguna parte. De lo que se trata es de disfrutar.
 
 

 
 
 
– Usted sabe lo que es pasarlas canutas. Se fue a Buenos Aires hace unos años y volvió sin un duro.
– Allí se me cruzó un problema laboral –la serie que estábamos rodando no funcionó– con problemas personales. Y esos problemas se llevaron lo poco que pude ahorrar.
 
– Hasta el punto de que se puso a buscar trabajo en hamburgueserías y tiendas de ropa. ¿Qué le diría a la gente que ahora mismo está en esa situación
– Eché cientos de currículos y no había manera. Ni yo misma sé si me volveré a ver en esa situación. Hay que concentrarse en el día a día y salir airoso. Por un lado, uno debe ser consciente de que cuando está en una situación favorable eso no va a ser así siempre, pero tampoco hay que dejar de confiar en la vida. De pronto uno puede empezar a hacer algo que no se había planteado: cambiar de dirección, generar su propio trabajo...
 
– Mi abuela decía que nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta…
– Sí, la clave es ser flexible, saber aprovechar la corriente sin dejarse arrastrar por ella.
 
 
 
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