twitter instagram facebook
Versión imprimir

ALGO QUE NO SEPA

 

Un Velázquez en la tómbola

 

 

SANTIAGO ALVERÚ

Estos días leo Cuaderno del Prado, de Ximena Maier. Se trata de una inesperada guía del museo, compuesta tanto por textos y análisis repletos de humor como por numerosos dibujos que retratan no solo obras de arte, sino también a visitantes de todo tipo. Sus páginas son una acogedora excusa, bien para volver al Prado, bien para ayudar a educar a niños y mayores en rincones desconocidos de la pinacoteca que no intimiden tanto en una primera visita. 

 

Ximena habla en un capítulo de Velázquez. Confiesa que no cree que mucho de lo que se atribuye al pintor, al que adora, sea totalmente consciente. Vislumbra que la intuición del sevillano haya tenido mucho que ver. Que sus juegos de reflejos, su particular visión de la realidad y personalidad barroca pueden haber sido fruto de algo tan concreto y a la vez tan abstracto como el instinto, el dejarse llevar. Sin “quitarle ni una gota de mérito, al revés”.

 

Si la pintura permite segundas lecturas, el cine y sus vueltas son un banquete para el descifre. Como actor novel, no dejan de perseguirme la infinidad de testimonios dispares sobre de qué depende una interpretación brillante, qué la separa de una mediocre. Christoph Waltz confesaba en una entrevista reciente para Esquireque no consideraba que existiesen actores buenos ni malos. “Eso en realidad no existe. Solo hay que estar en el lugar adecuado en el momento preciso”.Ahora vive en Estados Unidos con dos Óscar, tras años inciertos en Europa hasta topar con un papel afortunado en Malditos bastardos.Hans Landa sabe de lo que habla. 

 

Personalmente, me apasiona leer y escribir críticas y análisis de obras de arte de todo tipo porque creo que es un ejercicio necesario: aportar tranquilidad, reflexión y otorgar o arrebatar peso a un proceso habitualmente tan caótico y frágil como el de la creación. Hace unos días estuve en el Festival de Cine de Nantes. La gran triunfadora fue La enfermedad del domingo, de Ramón Salazar, que se alzó con el Premio del Público y el Premio del Jurado Oficial. Al recoger este último, el brillante director (y un hombre majísimo, calmado, divertido e inteligente) aludió emocionado a un pequeño milagro que, días antes de cancelar el rodaje de esa cinta, permitió que el proyecto siguiese adelante.

 

Una llamada, un mail... no sé qué fue ese milagro. Pero en el cine se agolpan detalles que permiten a profesionales como Ramón dibujar sus propias meninas. Particularidades de un oficio que seguirán siendo necesarias hasta acabar con la ausencia de apoyos o la falta de cohesión entre profesionales. Por supuesto, una vez lograda la oportunidad, luego el talento se encarga de afianzar una carrera. Felipe IV permitió a Juan de Pareja, esclavo de Velázquez y también pintor, ser libre y desarrollar su arte. ¿Les suena Pareja? Fijo que un poquito menos. 

 

Revisen la obra de Ramón Salazar, viajen al Festival de Nantes el año próximo y llamen para dar buenas noticias. Estaré aquí para corregir sus deberes.

                Santiago Alverú (Oviedo, 1992) es bloguero, monologuista y creador de los Premios Yago. Su debut en la faceta de actor fue como protagonista absoluto de ‘Selfie’ (Víctor García León, 2017), trabajo por el que fue finalista a los Goya y las Medallas del CEC

    
Versión imprimir