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16-05-2018

Algo que no sepa


  Los taxis del cine español (I)


SANTIAGO ALVERÚ
Willy Montesinos en Mujeres al borde de un ataque de nervios: No ha habido un taxista igual en el cine español...

 

Hace unos días, llegaba por casualidad hasta el siguiente fragmento de una entrevista a Bárbara Lennie: “Recuerdo una prueba que no salió como esperaba. Andaba mal de pelas y solo el taxi hasta el polígono donde tenía que ir costaba 50 euros. Ahí me replanteé todo. Para mi sorpresa, me cogieron. Era la segunda opción para el papel. Aquel golpe de suerte me resolvió un año de vida”.

 

Bárbara Lennie (foto: Enrique Cidoncha)

 

   No hacía ni una semana me había pasado al menos dos veces esa misma situación. Barb, I feel you!Casting en polígono alejado de la mano de Dios al que la única forma de acceder es o mediante polvos flu o usando un siempre disponible y habitualmente prohibitivo taxi. Pero si a mí, mindundi, me había pasado, ¿qué anécdotas tendrían intérpretes consagrados, que lleven más tiempo en el mundillo?

 

   Me propuse averiguarlo. Pedí a varias actrices o actores que me hablasen de gastos puntuales que recordasen con mezcla de resignación, humor y dolor punzante; inversiones que su profesión les obliga a realizar mientras empiezan, precisamente en el momento en el que económicamente resulta más doloroso. No les pedí que se extendiesen mucho ni hacía falta que fuesen sucesos dramáticos. Es, digamos, un mapa de decadencia visto con humor.Más o menos.  

 

   Como las máquinas de viento y Eurovisión, el taxi al polígono es un elemento común a la profesión de ser actor. Marta Nieto, no obstante, matiza esta realidad: “cuando empiezas, vas a un castingen taxi para llegar tranquila y estar concentrada y preparada. Pero pase lo que pase te vuelves a tu casa en metro, o andando, porque la cuenta está en mínimos”.Que sin dramas, asegura Marta, pero es cierto que la entrada y salida de dinero es bastante aleatoria. “Otra cosa bastante habitual: comprarte ropa para hacer una prueba… y, en cuanto la haces, devolverla…”.

 

 

Bárbara Santa Cruz (foto: Enrique Cidoncha)

 

   Invertir en un papel sin tener claro si saldrá o no es otro drama frecuente. Bárbara Santa Cruz me cuenta que iba a hacer una película en la que interpretaba a una bailarina contemporánea. Cuando le dieron el papel, se gastó “un dineral en clases de danza, y cuando llevaba varias semanas me dijeron que el personaje lo haría otra persona. Me desapunté de las clases habiendo perdido ya la matrícula”. Poco después, la volverían a llamar para ese papel.“Al final volvió a mí otra vez pero me avisaron con muy poco tiempo y ya no me podía apuntar de nuevo, así que salgo estirando, que no bailando…”.

 

   Al terminar Selfie, me enteré de que al principio de su carrera, Pepe Ocio compaginó su trabajo como dentista con el de actor. Al pedirle alguna anécdota, recuerda: “una vez que me avisaron con muy poco tiempo para una prueba. Yo estaba con un paciente y mentí, dije que se me había inundado la casa. Perdí a ese paciente y a los pocos meses, no sé si por eso [ríe], también el trabajo. En el fondo, el paciente hizo bastante bien en dejarme…”. 

   Entre risas, Andrés Gertrúdix asegura que incluso el momento en el que decides invertir en un algo que te hace ilusión, también se puede torcer. “Fui al rodaje de un anuncio en Barcelona con una camisa nueva que me había comprado con los ahorros que tenía”, relata. “Súper guapa, lo típico que con la emoción del viaje y el rodaje te la pones porque te mola mucho. Bien, pues al llegar, los de vestuario no se aclaran y la directora de casting me propone que salga con mi camisa. Y yo pensando: ‘me vais a joder, esta camisa no me la voy a poder poner porque la va a ver todo el mundo’. Y efectivamente: resultó que el anuncio era de un Ford Fiesta que salió en el intermedio de un Madrid-Barcelona. Lo vio todo el mundo. Hasta tal punto que en el barrio empezaron a conocerme por ‘fiestas otro rollo’, que era la frase del anuncio…”.



Pepe Ocio (foto: Enrique Cidoncha)

   Me siguen llegando anécdotas y por su extensión, les emplazo a la próxima entrega de estas columnas, en las que resumiré todos los testimonios de muchos actores catalanes (el AVE a Madrid es su taxi particular) y alguna sorpresa más. Aunque todo sea ligero, creo que de alguna forma rascar en la superficie del trabajo de intérprete para encontrar otras realidades es necesario. Los inicios duros son comunes a muchos otros oficios, por supuesto, pero no por ello deja de ser significativo. 

 

Ricardo Gómez (foto: Roberto Pérez Toledo)

 

   Para recordarlo y quizá por ser de los más sentidos, me gustaría terminar con este testimonio de Ricardo Gómez

    “Cuando yo tenía seis años, antes de empezar Cuéntame, estaba haciendo La Bella y la Bestia, el musical en el Lope de Vega, en la Gran Vía de Madrid. Yo toda mi vida he vivido en Villalba y los musicales los sábados hacen doblete y la función terminaba a las dos de la mañana. Mi madre no conducía por aquel entonces y para bajar a Madrid me acompañaba en autobús, pero para volver era muy tarde y a ella no le hacía gracia la idea de ir en un búho lleno de borrachos con su niño de seis años [ríe]. Y, bueno, pues muchas veces teníamos que coger un taxi hasta casa, que eran como unos 70 pavos. Al final el trabajo daba casi para cubrir esto y ya, así que sí era una inversión considerable. Es lo primero que se me ha venido a la cabeza”.

    Nos leemos pronto. Gracias a todos. 

 

           

Santiago Alverú (Oviedo, 1992) es bloguero, monologuista y creador de los Premios Yago. Su debut en la faceta de actor fue como protagonista absoluto de ‘Selfie’ (Víctor García León, 2017), trabajo por el que fue finalista a los Goya y las Medallas del CEC

       

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