twitter instagram facebook
Versión imprimir
09-07-2018

Algo que no sepa


Twitter, Zara y el cine español


SANTIAGO ALVERÚ

 

Hay pocas verdades absolutas en el universo, pero una de ellas es que a todos nos da vergüenza nuestro pasado en las redes sociales. 

 

   Yo soy el primero que se esconde debajo de la manta pensando en el bochorno de su historia virtual. Años de Twitter y YouTube han dejado muestra de todos mis complejos habidos y por haber. Opino que lo sano es reírse de ello y no ocultarlo, sino revisarlo para aprender de cada error, desde evidentes machismos hasta simples y llanas chorradas de adolescente infeliz

 

   Sí creo (atentos al old man yells at cloud)que en la primigenia de las redes sociales éramos mucho menos conscientes de nosotros mismos. Queríamos molar, pero el alcance era más reducido. Twitter ha cambiado las reglas, llevando al máximo su capacidad de encumbrar y condenar a cualquiera mediante lo viral. También es verdad que desde hace un año sigo a muchos más perfiles del cine español. Que es algo sencillamente agotador.

 

 

   Es agotador porque parece que nadie se da cuenta de lo primordial: cualquier comentario volcado en las redes está fabricado pensando en la respuesta que se recibe a cambio. Detrás de absolutamente todos y cada uno de los mensajes que vemos día tras día en nuestras pantallas hay alguien, con nombre y apellidos, saboreando la recompensa inmediata que va a obtener. Desde una actriz dando las gracias a sus fans en Instagram hasta un director mencionando a otro, pasando por un periodista que critica en Facebook las prácticas de un gobierno. Sea el mensaje más o menos loable, todos estamos tratando de reafirmarnos ante nuestros seguidores.

 

   Voy a poner un ejemplo. Entiendo que parecen churras y merinas y que la magnitud de este caso es mayor, pero creo que refleja de manera muy gráfica lo que ocurre ante una acción que parece transparente sin serlo. Amancio Ortega y sus famosas donaciones aleatorias a la caridad.¿Son malas las donaciones de Amancio? No. Ese dinero sirve para ayudar a mucha gente. ¿Es consciente Amancio del efecto que tiene en su imagen y en la de su empresa? Es tan consciente que hasta se hace daño. ¿Podría Amancio llevar a cabo otro tipo de acciones, como mejorar las condiciones de sus empleados, y sería esa una forma más efectiva pero menos efectista en la que invertir su desinterés económico? Eso creo.

 

 

 

    Todos somos  Amancios pequeñitos. Señores que prefieren compartir las páginas no publicadas de una revista a admitir que no la compraban, señores que comparten sus fotos en el photocallsacadas con el móvil de una amiga cuando los periodistas ya se han ido y les han dejado posar, señores que desean lo mejor en proyectos a los que jamás acudirán. El resultado suele ser positivo y no hay nada de malo, no hay delito, pero es necesario admitir y recordar que en el momento en el que nuestro mensaje se puede contabilizar en interacciones y ayudar a confirmarnos como héroe de una causa noble, la vanidad pesa lo suficiente como para explicar cualquier altruismo.


  

 Hay muchos más, pero por mencionar a alguien con quien no tengo nada que ver: a mí me mola el perfil de Rodrigo Cortés. Hace dos cosas maravillosas, prácticamente extintas en 2018. La primera: no da su opinión sobre todo. La segunda: cuando opina, lo hace a través de otras plataformas, lo que le permite ser complejo y variado. Twitter es únicamente un medio de difusión. Bueno y además, es comedido en sus promociones. Y paro aquí, que se me va a notar que soy un actor en paro buscando curro. 

           

           

           

           

Santiago Alverú (Oviedo, 1992) es bloguero, monologuista y creador de los Premios Yago. Su debut en la faceta de actor fue como protagonista absoluto de ‘Selfie’ (Víctor García León, 2017), trabajo por el que fue finalista a los Goya y las Medallas del CEC

       

       

       

       

Versión imprimir