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13-11-2013 Versión imprimir

 


Álvaro Monje

 
“Crecí pensando que actuar era lo más normal del mundo”


Natural, transparente y con los pies en el suelo. Fiel admirador de sus compañeros de trabajo. Actor por vocación, defiende el arte que le ha visto cumplir años
 

FRANCISCO PASTOR
Sus seguidores no escatiman en piropos, pero él asegura que a menudo le toca interpretar a hombres muy poco atractivos. Con Álvaro Monje, un breve intercambio de palabras basta para intuir que no es un habitual de la falsa modestia. La sencillez con la que habla permitiría aventurar, incluso, que no tiene nada que esconder. A sus 28 años, ilumina las noches de los lunes interpretando a Juan II de Portugal en Isabel; cuando se quita la corona, vuelve a Móstoles, la localidad madrileña en la que creció junto a su familia y que él no ha querido dejar. Aunque en el pasado recibió alguna mirada de condescendencia por trabajar en televisión, no se le caen los anillos por actuar allí donde le han reclamado, como continúa ayudando a sus amigos en pequeños proyectos sin ver un duro a cambio. Eso sí: entre rodaje y rodaje, adelanta, será él mismo quien se siente a escribir ficción.
 
Recién coronado rey de Portugal, ¿nota mucho la crisis económica?
– Me temo que más que nunca. Sobre todo, a través de mis familiares directos. Las cosas andan delicadas en la Corte. 
 
En ‘Isabel’ ha dejado de ser adolescente para convertirse en padre. ¿Cómo trabaja con este sentido del paso del tiempo?
– Es complicado. En la serie pasa un año entero entre capítulo y capítulo, así que llegué como un joven príncipe que se divertía con la guerra y, cuando quise darme cuenta, tenía una corona y un hijo adolescente. Como actor, la parte más difícil llega con todas las cosas que han ocurrido y no se han contado: me tengo que montar la película en casa, lo cual también es divertido.
 
– En el papel de Juan II de Portugal, además, le está tocando ser increíblemente perverso. ¿Se divierte siendo el malo de la película?
– ¡Mucho! Es todo un reto, porque sueles esperar que los villanos tengan un buen fondo. Quieres comprenderlos de alguna manera o que sus motivaciones justifiquen sus actos. Pero Juan II es malísimo; es malo porque sí, a secas. Con todo, intentamos que no quedara un personaje plano, y ahí está el meollo del trabajo. Me gustó que acabara teniendo gestos de cariño con su hijo: esos momentos son valiosos.
 

 
 
La televisión ha estado muy presente en su trayectoria. ¿Tiene el actor de series un estilo de vida?
– No muy diferente al de cuando hacía cine, que es en lo que andaba cuando era más pequeño. Sí recuerdo que se veía a la tele como si fuera una segunda división. Visto con perspectiva quizá lo entienda un poco, porque rodábamos de manera más rápida, las historias eran cotidianas y se dirigían a un público de mando a distancia y zapeo. Ahora existe una corriente que quiere hacer y hace las cosas mejor. Hay guiones muy elaborados que han llevado a la ficción a su momento más dulce.
 
– Sus incondicionales se pasan el día piropeándole. ¿Procura no tomárselo en serio o en el fondo le gusta?
– Hay personajes con los que resulto más atractivo y otros con los que nada en absoluto, por lo que no tengo ocasión de tomármelo en serio. Por cada halago viene algún comentario más seco, y tanto unos como otros se quedan a un lado cuando trabajo. ¡Le aseguro que con el rey Juan II no estoy gustando, en ese sentido, a nadie! 
 
– ¿De joven le preferían para la comedia y de adulto para el drama?
– Aunque actuara en comedias, a mí me tocaba la parte de niño llorón. Así fue en mi primera película, Las ratas, en la que mi personaje no dejaba de sollozar, y a partir de allí siempre me fueron llamando para que hiciera pucheros. Me gustaría tocar más la comedia, porque no he hecho casi nada.
 
Habiendo actuado desde los cuatro años, ¿le dio tiempo de soñar con esto?
– He pensado sobre ello muchas veces. Siempre que mis amigos me hablaban de sus estudios de interpretación me entraba la curiosidad, divagaba sobre cómo debían sentirse. A mi hermano Jorge, sin ir más lejos, le dio por esto más tarde que a mí y me dijo que sí, que un día le había llegado la revelación. A mí nunca me dio tiempo de preguntarme si quería otra cosa. Crecí pensando que actuar era lo más normal del mundo.
 

 
 
– Su carrera empezó con personajes episódicos, hasta que le llamaron para darle un papel estable en ‘Compañeros’. ¿Fue este su principal giro en la trama?
– A nivel de reconocimiento del público, sin duda, porque aquello fue un boom. Yo tenía 14 años y hasta lo pasé mal al recibir toda esa atención de repente. Compañeros me dio la fama y el fenómeno, y gracias a ella me salieron muchos proyectos. Sin embargo, reconozco que la primera vez que me sentí actor y me di cuenta de que esto iba en serio fue rodando Sexy beast, una coproducción española y británica. 
 
– ¿Cómo guarda en su memoria aquellas pequeñas primeras veces que tuvo, nada menos, en ‘Farmacia de guardia’?
– Hace muy poco, un tuitero me mencionó en una fotografía en la que aparecía con otros actores de Farmacia de guardia y, literalmente, flipé. Son recuerdos que tengo muy vagos, entre los que aparece Carlos Larrañaga persiguiéndome, porque a mí me tocaba hacer de gamberro. Antonio Mercero le decía a mi madre que los niños éramos niños y no actores, aunque yo repasaba el texto por las noches, en casa, con ella. El equipo de la serie era quien me pedía que me lo tomara como un juego, así que yo lo vivía como tal. Y me lo pasé muy bien. 
 
– Años después volvió a ponerse a las órdenes de Mercero en ‘4ª planta’. ¿Qué significó para usted?
– Mucho, aunque no tanto como actor, porque mi personaje era muy pequeñito, sino por volver a encontrarme con él, que me había dejado un gran recuerdo de cómo trataba a los niños. Cuando volvimos a vernos yo ya había crecido. Cuando le recordé que había estado en Farmacia de guardia, le hizo mucha ilusión.
 

 
 
– ¿Qué le sucede a nuestra industria cinematográfica?
– El cine está francamente mal y sacar adelante un largometraje es muy difícil. La reciente experiencia de la Fiesta del Cine, en la que la asistencia a las salas se multiplicó hasta casi por diez, fue un tortazo para más de uno, porque en los tiempos que corren, y con estos precios, una familia no puede permitirse ver una película. Y los cineastas, en este contexto de falta de medios, nos lanzamos a cosas que de otra manera no haríamos: esa es la parte buena, aunque sea entre amigos y sin cobrar. Ahora que he terminado el rodaje de Isabel y tendré unos meses libres ando dándole vueltas a la cabeza. Es un buen momento para dedicarme a proyectos más personales. Intentaré aprovechar el tiempo que tenga, porque hay mucha gente con ganas de sentarse y crear.
 
Precisamente actuó en ‘Vidas pequeñas’, una película independiente que encontró numerosas dificultades de producción y distribución. ¿Llegó a pensar que nunca la vería?
– De hecho, se estrenó seis años después de que la rodara. Yo llegué a olvidarme por completo, aunque al principio Alicia Borrachero me mandaba algún mensaje para contarme cómo iban las cosas. De repente, cuando menos nos lo esperábamos, volvió a la luz.
 
– Con ella y con Roberto Enríquez, aparte de en este largometraje, ha trabajado en un sinfín de series. ¿Ya han intimado?
– Con Alicia no tanto, porque tiene una vida hecha, una familia y, obviamente, anda escasa de tiempo. Le tengo muchísimo cariño desde que actuamos juntos en De repente los Gómez y me encantó volver a verla en Isabel, por todo lo que he aprendido de ella. Roberto es uno de los mejores compañeros que me puedo echar a la cara. En Hispania, los rodajes en el bosque, con animales y demás, dieron lugar a situaciones muy divertidas y acabamos haciendo piña. Coincidimos unos cuantos actores de una serie a otra, así que tenemos un grupo de Whatsapp y quedamos para cenar de vez en cuando.
 
– Después de todo, ¿le queda algún talento por mostrar a la cámara?
– No sé si talento, pero claro que hay muchas pieles en las que todavía no me he metido. Poco a poco, voy tocando expresiones para las que no me veía preparado y luego me han salido bien. De cada papel vas sacando algo nuevo y, sin más, eso te lleva a la posibilidad de interpretar a otro personaje diferente. Con Juan II me han pasado cosas que usaré para otros, claro. Te das cuenta sobre la marcha, cuando te toca.
 
 
 
Mañana
Un papel que interpretar. Cualquiera de Paul Thomas Anderson
Un género cinematográfico que explorar. La comedia
Un director con el que trabajar. Alejandro Aménabar
Un antagonista al que vencer. A Batman 
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