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06-04-2017 Versión imprimir

 
 
Álvaro Pérez

“Vida no hay más que una, y quiero consagrarla en la interpretación”
 
 
El actor gaditano interpreta a Julio en ‘Entreolivos’, la nueva serie de Canal Sur, que coproduce por primera vez con México
 
 
LUIS MIGUEL ROJAS NAVAS
Hay ocasiones en las que para saber si algo te gusta de verdad debes recorrer varios caminos que al final desembocan en un mismo lugar. Cuando a Álvaro Pérez (San Fernando, Cádiz, 1989) le llegó el momento de decidir qué haría con su futuro no lo tuvo realmente fácil. La propia experiencia le fue revelando sus inquietudes reales, que se han fraguado entre guiones y el sonido de los platillos de una batería.

   Con su forma de hablar, de expresarse y de moverse, este joven actor irradia la humildad que le caracteriza y que su familia le ha inculcado desde siempre.
 
– ¿Por qué se lanzó al mundo interpretativo si no era su sueño?
– Ya de pequeño me gustaba hacer los teatros del colegio, pero nunca había pensado esto seriamente. Mi familia es de militares y yo aspiraba a oficial del ejército. Aunque mi pasión es tocar la batería: tuve una a los 14 años y tocaba en un grupito. Al entrar en Bachillerato me di cuenta de que mi vida se supeditaría al ejército y no tendría tiempo para la música. Entonces me dije: “Yo no voy a dedicarme a esto. ¿Qué hago para seguir vinculado con el mundo del espectáculo?”. Daba por imposible ser actor o músico. Entonces me decanté por estudiar para técnico de sonido, puesto que me gusta el ambiente que hay detrás de las cámaras. Mientras trabajaba, percibí un vacío grandísimo. No me gustaba esa la profesión y se me ponían los dientes largos con los actores y demás artistas cuando montábamos un espectáculo. Le comenté a mi madre la idea de cursar Arte Dramático. Iba con un desconocimiento total. Después de estar allí dos años hice mi primer casting para la serie Flaman. Y me cogieron.
 
– ¿No llegó a terminar esa formación?
– No. Alumnos de mi promoción sí continuaron los estudios y algunos acabaron muy quemados… Creo que el rodaje me está haciendo crecer.
 
– Y en las escuelas de Arte Dramático se da más prioridad al teatro…
– Totalmente. Recuerdo que el profesor de Literatura Dramática preguntó quién quería hacer teatro. Todos levantaron la mano. Y cuando preguntó por cine o televisión, solo yo lo hice. Lo mejor para mí hubiera sido una escuela de cine, pero en aquel momento me decanté por eso y no me arrepiento, me ha dado una buena base. Aunque eso sí, se aprende en la calle.
 
– ¿El sistema educativo deja de lado la realidad?
– Hay profesores muy buenos cuya labor docente nunca pongo en duda, pero hay muchos otros que trabajan muy poco. Desde el aula no ven cómo funciona un rodaje en estos tiempos, ignoran cómo se mueve la industria… Llevan décadas impartiendo lo mismo y no se molestan en formarse. Allí llegan chavalillos de 18 años que vienen muy flipados: “Que si quiero ser artista, quiero ser bohemio, quiero ser tal”. Y cuando salen se dan cuenta de que es otra la realidad que les espera. También están los que dicen lo de siempre: “Yo quiero hacer teatro, el cine es venderse”. Luego uno se agarra a un clavo ardiendo y decide a base de errores lo que coge o no. Te equivocarás, pero aprenderás.

 
– ¿Lo suyo entonces es vocacional o simplemente fruto de ensayo y error?
– La música y la interpretación son para mí vocacionales. Ahora estoy estudiando Magisterio Infantil a distancia. Me gustan los niños, y cuanto más estudio, más me gusta. Pero es algo que vino de más mayor. De eso que piensas: “¿Y si la interpretación no va bien? Pues tienes ahí una guardería que es un trabajo bonito”. Veo estabilidad en ello. Pero la gran satisfacción de las alegrías, los malos ratos, los viajes a Madrid solo, alojándome en casas ajenas, el sobreponerme con un “yo voy a poder con esto, a mí no me va a ganar nadie”… Eso solo lo hago por la interpretación.
 
– ¿Quiere decir con ello que este mundillo le ha completado como persona?
– [Con rotundidad] Totalmente. Igual que me construye y con los años sumo madurez, no puedo evitar preguntarme: “¿Qué hago aquí?”. Pero no me imagino en otra cosa. Vida no hay más que una y quiero empeñarla en la interpretación.
 
– Antes hablaba del actor como bohemio. ¿Consideraba que debía reunir unas cualidades concretas para dedicarse a un oficio que a priori desconocía?
– Siempre he creído en mis cualidades y he pensado que se me podía dar bien. Al principio yo pensaba en un estereotipo, y como no me consideraba de ese rollo, veía un punto en mí que quizá me diferenciaría.
 
– ¿Eso sería lo que le condujese al éxito?
– Claro. Mi forma de ser y la educación que he recibido de mi familia me han hecho ser así. Tal vez haya influido también el hecho de haberme criado en San Fernando, mucho más pequeño que una gran ciudad.
 
– En las grandes ciudades reina el individualismo…
– Por poner un ejemplo algo radical: nunca he tomado drogas, siempre me han inculcado ese miedo. Sigo teniendo el reparo, y mira que en este mundillo la droga es muy accesible. En los pueblos te dan unos valores distintos que puedes llevar a la interpretación y que te salga algo bonito.
 
– ¿Qué le agradece a la profesión?
– El reconocimiento y la gratitud de la gente. Agradezco cuando me dicen: “Tú eres Álvaro Pérez, te sigo desde hace tiempo”. Y no me mencionan a mi agente Calleja de Malviviendo o al Chiclana de Flaman. Me siento orgulloso porque sé que otras personas carecen de ese reconocimiento. Puede que otros tengan un sueldo estable, pero hay ciertas cosas que no se pagan con dinero. Y ese cariño no está pagado.
 
– ¿Antepone esa forma de calar en el público a la estabilidad económica?
– Lo antepongo porque tengo una familia que me apoya. Si estuviera a dos velas por no contar con ellos, seguramente aprendería a ver las cosas de otra manera.

 
– Irrumpió en la televisión con Flaman. ¿Cómo fue ese salto de la mano de David Sainz?
– En 2012 participé en una escenita de una webserie llamada Caniville. Me llamaron para algunos capítulos más, pero no podía por mi trabajo como monitor en campamentos de verano. Después vi que convocaban un casting para una serie de Canal Sur que realizarían los creadores de Malviviendo. Entregué algunas fotos mías y la escena de la webserie donde aparecí. Me seleccionaron, terminé Flaman, David Sainz contó conmigo para Obra 67 y me habló sobre la gestación de la tercera temporada de Malviviendo. En ese guion había un personaje que David terminaría de definir si lo cogía yo. Y lo hice.
 
Malviviendo cosechó un éxito considerable. ¿Era merecido?
– ¡Por supuesto! Es buenísima, y teniendo en cuenta los pocos medios disponibles para producirla, más valor tiene. Cuenta cosas que ocurren en la vida de todo el mundo y que las series no se atreven a contar. Nunca me imaginé ese impacto en la gente y la posterior repercusión. Algunos espectadores se flipan demasiado al verme y siempre les digo que soy una persona de a pie.
 
– ¿Por qué no se atreven a innovar las series españolas?
– Por la necesidad de ampliar su público, lo cual conlleva una visión muy blanquecina de las historias. En Breaking Bad no hace falta un tío guapo para tener éxito. Aquí sí.
 
– ¿Imagina una serie como House of cards en versión autóctona?
– No se puede. Si las cadenas ya se dejan llevar en cierto modo por la política, no puedes meterte en una batalla a través de la tele.
 
– ¿Se negaría a algún proyecto por el interés económico de la industria?
– No, sinceramente. De algo hay que vivir. No me gusta lo idealizado. Prefiero que el dinero que entre en mi cuenta proceda de la actuación a que lo gane con la construcción de la pared de una casa. Ese oficio es respetable, pero yo tengo otra pretensión. Te puede gustar o no el producto, pero siempre aprendes y creces.
 
– Así que se considera ambicioso.
– En lo económico, no. En mis objetivos, sí. Pienso en ser feliz con la interpretación: que se reconozca mi trabajo por mi esfuerzo y porque verdaderamente sea de calidad.

 
– Llama la atención que hoy, como todos nos podemos expresar, florecen los extremos.
– Últimamente tienes que ir con pies de plomo con lo que dices. Hace poco hice un comentario que no fue acertado y lo interpretaron como machista. Precisamente yo, como persona y por mi profesión, no me lo considero.
 
– ¿Se siente presionado a la hora de dar su opinión?
– He aprendido que es imposible quedar bien con todo el mundo. En esta entrevista estoy siendo sincero. Luego quedará constancia, y si alguien se enfada, lo siento. No puedo medir continuamente mis palabras. Y eso que tengo una imagen que cuidar. Si hago mal diciendo algo, no me cuesta pedir disculpas. Pero otras veces digo las cosas con buena intención y no se reciben así.
 
– Se le nota indignado.
– Es inevitable. Intentar quedar bien con todo el mundo te puede dar quebraderos de cabeza. Es más, en muchas ocasiones, un inexperto como yo piensa: “¿Cómo le voy a decir esto al productor? Quizá le siente mal…”. Y te das cuenta de que la cuestión es hablar, intentar llegar a un acuerdo.

– ¿Quedar bien con las altas esferas de la profesión facilita un enchufe en el futuro?
– Claro. Crees que solo tienes una oportunidad en la vida y que se te va si quedas mal.
 
– ¿Le ha beneficiado eso en alguna ocasión?
– Cuando voy con David Sainz no hago casting. Pero no por enchufe. Yo hice mi prueba para Flaman, luego le he demostrado en sus trabajos todo lo que he podido y ha mantenido su confianza en mí. ¿Soy una apuesta segura como lo es Mario Casas para Antena 3? Pues yo lo soy para David Sainz.
 
– ¿Ha sentido envidia de compañeros que le hayan arrebatado proyectos?
– Sí. He sentido envidia sana de mucha gente. Y eso es bueno: significa que tienes ambiciones y que quieres llegar donde esa persona por satisfacción propia.
 
– ¿El boom de las redes sociales es bueno para la interpretación?
– Me parece positivo, pero hay tanta saturación de youtubers e instagramers, hay tanta basura y tan poco curro de por medio… No me dedico a ello porque no quiero que otros sientan lo mismo que yo. También encuentras gente espectacular en las redes, ¿eh?, pero yo no encajaría.
 
– Ahora emerge la comunidad de los influencers. ¿Llegarán los actores a serlo en un futuro?
– Influir con la interpretación resulta menos cercano. Aporta más cercanía poner fotos de un café y que cualquiera diga al verlo: “¡Se está tomando un café igual que el mío”! Nosotros influimos con algunas historias, pero sobre todo en gente que anhela un futuro en esta profesión. Me da mucha pena y coraje ver los productos en los que se convierten muchos con tal de tener miles de seguidores. Esos miles de seguidores hacen que las marcas se fijen en uno, y al final ese gana más dinero que yo haciendo mucho menos. Igual soy yo el que tengo que adaptarse…
 
– ¿Explotará esta burbuja?
Sospecho que la burbuja que explotó es la nuestra y que la gente ya no busca una interpretación seria y profesional.

 
– Sin embargo, se está apostando por ficciones con toques formativos. El Ministerio del Tiempo es un ejemplo.
– No creo que la serie se entienda por ese camino. Ahora es el producto americano el que vende. En España se ha tentado un poco ese rollo aclamado, pero se acaba tirando de algo más bienqueda. Seguimos con productos para un público que aún recurre mucho a la tele tras la cena… Lo que sí se hace con finalidad formativa son unos documentales buenísimos. Hay algunos guiones que, pensados fríamente, no te los crees. Pero en el momento llegas a pensar que se podrían dar en la realidad. El documental guionizado puede tener ahora tirón. Son documentales llevados al cine, como por ejemplo el de Amy Winehouse, que es maravilloso.
 
– Usted que empezó siendo técnico de sonido, ¿cree que se debería reconocer más la labor que se desarrolla tras las cámaras?
– Totalmente. A nivel de premios, pero también en los propios rodajes, ¿eh? Todos los técnicos merecen mayor reconocimiento. Echan muchas horas. Además, se debería unir a todos en familia, no separar a actores por un lado y a técnicos por otro. Porque vamos todos a una. También los figurantes merecen un trato mejor que el que se les da.
 
– Con quien se lleva bien es con Mercedes Hoyos. ¿Qué nos puede decir de ella?
– Sí. Conocí primero a Lucía Hoyos en Flaman y luego Mercedes me llamó para una película de Canal Sur con Álvaro de Armiñán en la dirección: La Rueda. Me presenté al casting y conseguí un papelito. También se acordó de mí recientemente para la serie Entreolivos, pues Álvaro de Armiñán estaba otra vez interesado en mí. Y ahí estoy, encarnando a Julio. Siempre que hay posibilidades, ella cuenta conmigo.
 
– Y en cuanto a la música, una banda le quita el gusanillo…
– Mi grupo, Nûk. Este año grabamos el segundo disco, tendremos mucho curro.
 
– Si ponemos la actuación y la música en una balanza…
– ¡La música gana! Sin duda. En interpretación disfruto del proceso creativo, pero en mi grupo todo sale de nosotros mismos, tiene un valor añadido. Creamos música de la nada y una energía nos conecta a todos los componentes por igual. Somos uno.
 
– ¿Le satisfacen sus trabajos cuando los ve en pantalla?
– He aprendido a valorarme y a hacerlo con objetividad. Entreolivos siempre lo veo concentrado en mi casa. Y voy haciendo autocrítica.
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