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25-10-2013 Versión imprimir
Amparo Soler Leal, sonriente el día de celebración de su 80ª onomástica
Amparo Soler Leal, sonriente el día de celebración de su 80ª onomástica
 

La última entrevista a
Amparo Soler Leal 


“Creo que me habría
merecido un Goya de Honor”


Sus padres eran actores y no querían que subiera a las tablas. Fracasaron, por suerte. Afincada en Barcelona, acababa de soplar 80 velas y aceptó el ofrecimiento de AISGE para repasar sus mejores momentos. “Siempre me he sentido una chica Berlanga”, nos dijo
 

Amparo Soler Leal, una de nuestras actrices indiscutibles y socia número 313 de AISGE, ha fallecido esta mañana en Barcelona a los 80 años de edad. Coincidiendo precisamente con su octogésimo aniversario, el pasado 23 de agosto, la revista AISGE ACTÚA propuso a Soler Leal repasar su intensísima trayectoria profesional, que arrancó a finales de la década de los cuarenta. Amparo se encontraba ya debilitada, pero aceptó a responder a mediados de septiembre, pausadamente y por escrito, a lo que ha terminado convirtiéndose en su última entrevista. Adelantamos aquí el contenido de esta conversación, que se publicará dentro de pocos días en el número 36 de la mencionada publicación.
 
 
EDUARDO VALLEJO
He aquí uno de los grandes nombres de la interpretación en nuestro país, de los que resuenan en la mente de muchas generaciones de aficionados al teatro y el cine; una mujer que dio continuidad a una familia de actores, marcó hitos sobre los escenarios y formó parte del mejor cine de maestros como Berlanga. Amparo Soler Leal (Madrid, 1933) acaba de celebrar entre amigos sus 80 años, aniversario emblemático que aprovechamos para repasar con ella su fecunda carrera.

– Con un currículo tan extenso, ¿qué papel diría que le costó más hacer?
– Las funciones en teatro de La Señorita Julia, una obra muy difícil y ácida que exigía un gran esfuerzo día tras día, aunque me dio muchas satisfacciones.
 
 
La tarta de cumpleaños que sus compañeros de profesión le prepararon a Amparo, con carteles de sus principales largometrajes
La tarta de cumpleaños que sus compañeros de profesión le prepararon a Amparo, con carteles de sus principales largometrajes
 
 
 
– ¿Y el más divertido?
– La película Usted puede ser un asesino, indudablemente. Todos los actores tenían un gran sentido del humor que, unido al guion, hizo de ese rodaje algo especial.

   La obra de Strindberg, dirigida por Marsillach y protagonizada por Soler Leal, fue una exitosa producción de la propia actriz estrenada en febrero de 1973 en el Marquina de Madrid. Cabe recordar que contaba con escenografía y figurines de un joven Fabià Puigserver, poco antes de fundar el Teatre Lliure. La película de Forqué, una comedia negra basada en la obra de Alfonso Paso, fue su primer protagonista en cine, encabezando el elenco con Julia Gutiérrez Caba, Closas y López Vázquez. Era 1961, año en que comenzó su larga lista de colaboraciones con Luis García Berlanga con su papel en Plácido.
 
– ¿ Cómo fueron sus primeros momentos en el escenario, con 15 años?
– Uy, de pánico total. ¡Prefiero no acordarme!

– Pero provenía de familia de actores. ¿No pasó su infancia entre camerinos?
– Mis padres [Salvador Soler Marí y Milagros Leal] no querían por nada del mundo que me dedicara a las tablas y casi nunca iba al teatro. Como ellos estaban mucho de tournée, me metieron interna en un colegio de monjas que tampoco quiero recordar.

– Usted tuvo compañía propia. ¿Recomendaría la experiencia?
– Fue maravillosa, pero eran otros tiempos. Tal y como están las cosas, no se lo recomiendo a nadie.

– En sus inicios trabajó en el María Guerrero…
– Allí estuve tres años. Entonces se empezaba de meritoria, cosa que hoy ya no existe. Aprendíamos varios repertorios y realmente casi todo lo que sé lo debo a esa época fantástica de mi vida. Miguel Narros era el galán de la compañía, fue un gran director porque había sido un gran actor.

– Los dirigía Luis Escobar.
– Sí, maravilloso y muy didáctico. Encantador con todos los torpes, entre los que me encontraba yo.

– A mediados de los setenta se alejó del teatro, al que no volvió hasta 1995 con el ‘Zoo de cristal’. ¿Por qué?
– Estuve enferma una larga temporada y en cuanto me recuperé me empezaron a salir ofertas cinematográficas. Por entonces me apetecía más hacer cine y me llegaban papeles que no podía rechazar.

– ¿De qué papel se siente más satisfecha?
– Del de Bearn. ¡Sin dudarlo!

   Aquel personaje de María Antonia en la adaptación de Chávarri del drama histórico de Llorenç Villalonga le valió un Fotogramas de Plata. En 1961, año de publicación de la novela en catalán, Amparo Soler Leal andaba ocupada con sus primeras películas de entidad. Ese año Plácido compitió por un Óscar y salió derrotada ante la estimable Como en un espejo, de Bergman. Sin embargo, en 1972 El discreto encanto de la burguesía, con participación de nuestra actriz y bajo pabellón francés, batió a Mi querida señorita, de Armiñán.
 
 
Un momento de la celebración del cumpleaños de Soler Leal en su domicilio barcelonés
Un momento de la celebración del cumpleaños de Soler Leal en su domicilio barcelonés
 
 
 
– ¿Qué destacaría de los maestros Berlanga y Buñuel?
– Berlanga era un genio, y yo siempre me he sentido chica Berlanga: rodé siete películas a sus órdenes. Buñuel era también un genio, pero de otro estilo.

– ¿Y de aquel Almodóvar que empezaba?
– Creo que me dio el papel en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? porque Julieta Serrano no podía hacerlo. Jamás me ha vuelto a llamar.

– El gran público la recuerda poniendo orden en la caótica casa de ‘La gran familia’ (1962). ¿El rodaje, con tanto actor y tantas marcas, era también caótico?
– Fernando Palacios llevaba un orden y una organización muy estrictos, aunque no lo parezca. Lo que llevé peor es que yo era muy joven y una de mis hijas era mayor que yo. ¡Y a la segunda la debí de parir con tres años! Era algo irreal...

– Escoja a su coprotagonista masculino ideal.
– Siempre me ha encantado Johnny Depp. De los españoles, a mi querido Fernando Guillén y a Bardem (el mayor).

– Compuso un escalofriante protagonista en ‘El crimen de Cuenca’. ¿Fue el papel de cine más exigente?
– Fue duro por muchas razones. Rodamos en Mota del Cuervo, que era triste. La historia era triste, mi papel era triste... Trabajar con un pañuelo en la cabeza todo el día fue triste e incómodo. Y Pilar Miro me perseguía todo el día para ver si llevaba suficientes ojeras.
 
Entre ‘gallifantes’
– Hizo su primera teleserie completa en 1972, ‘Tres eran tres’ de Armiñán. La siguiente fue ‘Querido maestro’, 25 años después. ¿A qué se debe esa escasa presencia?
– No he sido gran fan de trabajar en televisión. La velocidad del medio nunca me ha gustado, porque se pierden todos los matices. Los actores no parecen ni de cine ni de teatro.

– La serie de Telecinco fue un éxito entre 1997 y 1998. ¿Sabe por qué no continuó?
– La productora me dijo que Imanol Arias se había subido a la parra con sus pretensiones económicas y que por eso la suspendieron. No sé si es cierto o no.

– ¿Supuso algún reto el papel de la tía Rita?
– No, en absoluto.

– Su marido, Alfredo Matas, había fallecido poco antes. ¿Trabajar aliviaba el dolor o se le hacía cuesta arriba?
– Cuando trabajas tantas horas parece que se alivia el dolor, pero luego llegas a casa...

– Muchos adultos no perdonan que TVE retirara ‘Juego de niños’. Es un crimen que se perdieran los ‘gallifantes’, ¿no?
– ¡Ni yo lo perdono! Creo que ha sido la única vez que he llorado. Me encantaba presentar ese programa. Nunca supimos qué había pasado. Unos decían que Pilar Miró se lo había cargado; otros, que la dirección de Barcelona, pero nunca llegué a saber la verdad. Ya me gustaría, ya.
En aquel añorado concurso, dos personajes conocidos debían adivinar palabras a partir de las peculiares descripciones que de ellas hacían los niños. También fue presentado por Tina Sainz, Ignacio Salas y un Javier Sardá que debutaba en el medio.

– ¿Qué le pediría hoy Amparo Soler Leal a la vida?
– Que dure. ¡Ah! Y quiero agradecer a la Academia de Cine, que fundó mi marido, que nunca hayan pensado en mí para un Goya de Honor. Creo que con mi carrera me lo merecía.
 
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