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15-03-2018

 
Ana Asensio
 
 
 
“Quiero que mi segunda película tenga el mismo grado de honestidad”
 
 
 
La madrileña sigue recogiendo parabienes por su debut como directora, Most beautiful island. Prepara su segundo largo, también en inglés y también rodado en Nueva York, y anhela firmar el tercero en España. Eso, si se lo permiten todas las ofertas que le tantean para que haga un cine menos indie
 
JAVIER OLIVARES LEÓN
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha.
No puede evitarlo. Cada vez que vuelve a Madrid, la actriz y directora Ana Asensio evoca la primera vez que pisó Nueva York, donde reside: en 2001, cuatro días antes del 11-S, buscando piso para estudiar Arte Dramático, con apenas 23 años. Su ópera prima, Most beautiful island, de la que es también protagonista, recoge precisamente las peripecias de los emigrantes de élite, los de espalda seca y carrera universitaria, que se buscan la vida en la Gran Manzana. Filmada en súper 16 en apenas tres semanas, contó con un presupuesto humilde. “Salió gracias a que todo el equipo técnico y los actores accedieron a trabajar por un mínimo salario lineal: cien dólares por día de rodaje”. Pero está más que satisfecha: “Tengo un largo… sin haber hecho antes ningún corto”, proclama.
 
– ¿Tan hostil es Nueva York con las inmigrantes europeas?
– Todo lo que sucede en la película tiene algo de vivencial, más que autobiográfico. Estaba inspirado en una etapa concreta de mi vida, 2001 y 2002, cuando yo trabajaba de modelo y actriz. Me apetecía contar todo desde esa perspectiva. Estamos hablando de hace 16 años….
 
– Buscaba usted empleos en el periódico, el móvil requería recarga…
– Todo eso ha cambiado, pero quería que se reflejase. Los trabajos no se buscaban en internet, sino en el periódico The Village Voice, donde encontrabas también los apartamentos de alquiler.
 
– Sin llegar al recelo actual de Trump, a raíz del 11-S se radicalizó todo.
– Era una época dura, de transición, por eso mi permiso de trabajo tardó mucho en llegar. No era fácil conseguir empleo.
 
 

 
 
– Fue profesora de español, niñera…
– Sí, sí. Y mis niños eran unos gemelos, niño y niña, aún más rebeldes que los de la película. Eran tremendos, con cinco años. Me preguntaba qué veían y escuchaban en su casa. Rodé en la misma escuela del mismo barrio en el que yo recogía a los míos. En el guión incluso puse sus nombres. Justo antes de la distribución, en postproducción, los cambié con un doblaje. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que era una representación demasiado cercana a su verdadera identidad [risas].
 
– Hay quien ha querido ver en Most beautiful island retazos de Eyes wide shut, la póstuma de Stanley Kubrick.
– Puede recordar en que ambas muestran un lado oscuro funciona la élite neoyorquina. Pero es muy diferente el desarrollo. Por mucho que cambie Nueva York, o sea más o menos peligrosa, tiene ese halo de “cualquier cosa puede pasar en Nueva York”. Hice alguna investigación con detectives de la ciudad, y existen muchas más cosas extrañas de las que imaginamos. Lo mío es totalmente ficción, no existe –espero no dar ideas con esa fiesta [risas]–, pero hay episodios alucinantes. Y alguna brutalidad.
 
– ¿Qué se siente cuando en una ópera prima hay mayoría de críticas favorables?
– Creo que ha sido una obra muy auténtica, apenas escuché a nadie para orientarme. Y quiero que la segunda tenga el mismo grado de honestidad. Esos profesionales que han alabado a la película lo han hecho porque lo han apreciado, creo yo. No he ido a la fórmula segura: he tenido la valentía de tirarme a la piscina.
 
– ¿Es fácil conseguir permisos de rodaje en Nueva York?
– Sí, relativamente. Si entregas la documentación requerida, no hay problema. Rodamos en diferentes partes de la ciudad. La escena principal, la del desenlace, tiene lugar en el cruce de la autopista paralela al río Hudson con la calle 26. Pero el sótano está realmente en Brooklyn. Traté de ser fiel a la geografía de la ciudad, con pequeños apaños, para hacerlo creíble.
 
– ¿No hay que acordonar la zona para prevenir a los peatones?
– Qué va. La gente está tan acostumbrada que ni mira a la cámara por curiosidad. La escena con más tránsito tiene lugar al pie del famoso edificio Flatiron, en la calle 23. Es una zona peatonal, con terrazas, y lo rodamos con un tiro largo, algo que nos daba la perspectiva de un transeúnte más, observando la escena. Ahí, las dos protagonistas entregamos unos flyers sobre una comida para llevar (otro de mis empleos), y no necesitamos extras. Les dábamos la octavilla con una manzana.
 
 
 

 
 
– Esa cámara larga logra el efecto voyeurista que persigue usted en toda la película.
– Esa era la intención. Se rodó íntegramente cámara en mano, y en esos planos se buscaba la obstrucción entre ese ojo y el personaje protagonista. Y de paso, coges a los transeúntes integrados. En las grandes superproducciones, por supuesto, incluso los que pasean rodeando al protagonista en la Quinta Avenida son extras.
 
– ¿Cómo se preserva la intimidad de esas personas?
Con un cartel unos metros antes y después de la escena: “Estamos rodando. Si transitas, es tu responsabilidad”. El problema realmente puede surgir si alguna cara es reconocible, no tanto si están simplemente presentes, por lo que es algo que evitamos al máximo al elegir los planos en la edición. El cine independiente de los años 70 en las calles de la ciudad se hacía así. Traté de recuperar ese espíritu.
 
– Y la gente parece integrarse bien en su ‘papel’.
– Perfectamente. Cuando la protagonista [la propia Ana Asensio] va buscando a la niña que cuida y se ha extraviado, pregunta a las personas con las que se cruza: “¿Ha visto usted a una niña rubia?”. Después tenías que explicarte: “Perdone, estábamos rodando, no se ha extraviado nadie”. Para un actor eso puede ser buenísimo. Y en otra escena, cuando va a preguntar por una dirección en Chinatown, pasea con el cámara al lado.
 
– Ha rodado usted en súper 16, como en el cine de los años 70.
– Me inspiré un poco en películas urbanas como Cowboy de medianoche o Taxi driver. Solo hay alguna incrustación en digital. En el metro, por ejemplo, no se puede rodar tan fácilmente. ¡El permiso costaba más que todo el presupuesto! Nos arriesgamos y grabamos con la cámara digital a la altura del vientre. Podían ponernos una multa o quitarnos la cámara si nos pillaban… Luego se dio un tratamiento en el montaje y se igualó.
 
– ¿Le costó encontrar productores?
– Mucho. Tuve que levantar muchos teléfonos e invertir todos mis ahorros.
 
 

 
 
   Como actriz, Ana Asensio había trabajado en series como Nada es para siempre, Planta 25 o Todo es posible en el bajo, y en largos como El lápiz del carpintero o La Caja Kovak. Cumplidos los 40, en Estados Unidos ha desarrollado su carrera sobre todo en películas de cine independiente y en sus producciones teatrales, con las que ha ganado varios premios.
 
– ¿Tiene usted entomofobia? Sale mucho bicho en la película…
– No tiene nada que ver. Con las cucarachas se convive en Nueva York, hasta en los hoteles de cinco estrellas. Pero en la película tienen una aparición simbólica, que dice mucho de la autoestima del personaje. Representan a las personas que sobreviven en cualquier sitio inhóspito. Me dan más grima las serpientes.
 
– ¿Se le hicieron cortos los 21 días del rodaje?
– Un poco, la verdad. Se ajustó como se pudo. Pero mi historia es sencilla, lineal, y simple en planos. Quise rodar la mayoría en plano-secuencia.
 
 – ¿Cómo va su siguiente proyecto?
– Estoy en fase de escritura. Está centrada también en Nueva York, y el instituto Sundance ha respaldado el guión, lo cual pone un sello de calidad al proyecto. Te ayuda a desarrollarlo hasta que empiezas a rodar.
 
– ¿Es confesable la trama?
– Parte… Una mujer accidentalmente secuestrada da pie a una historia que conduce a muchos equívocos y casualidades. Es una historia que solo puede suceder en el Nueva York urbano. La génesis de los personajes tiene lugar allí.
 
– ¿Se incluirá usted en el reparto, como en Most beautiful island?
– No lo sé todavía. En esta fase no visualizo las personas que encarnarán cada papel.
 
 

 
 
– Lo seguro es que tendrá más facilidad para conseguir financiación.
– Sí, sí. Me han propuesto otras oportunidades, incluso. Y eso resulta más sencillo, sobre el papel. Y es importante que esta película siga una línea de mi personalidad como directora, que marque mi estilo, con mi propio guión. De momento, he dicho no a otras propuestas con guiones ajenos. Pero hay interés. Y todo surgió a raíz de un incidente que tuve tres semanas después del estreno de esta (y prefiero no desvelar). Ahí empecé a desgranar.
 
– ¿Le gustaría rodar en España?
– Me encantaría dar un giro hacia lo rural. Espero hacerlo después de esta. Ahora participo en un taller en el Instituto Sundance, donde hay mentores y apoyos, y no puedo relegarlo. Lo malo/bueno es que las cosas que te llegan escritas suelen estar financiadas, mientras tú estás contando y convenciendo a personas para que crean en tu historia. Y es mucho más árido y difícil.
 
 

 
 
Una controvertida escena eliminada 'in extremis'
 En fase de guion, en postproducción y en montaje, cada director tiene su ritual. Ana Asensio ha contado para su ópera prima con un grupo de personas a quienes mostró diferentes cortes de la película. Quedó una escena fuera, que generaba mucha discrepancia. Y la mutilación le costó, pues era una escena en la que creía y aparecía en su texto desde el principio. ”Luciana, la protagonista, mancha a un transeúnte con un café. Hay un choque de culturas cuando ella se ofrece a limpiarle el traje: ante tanto toque, el caballero interpreta que la joven quiere lío. Mi personaje agarra la tarjeta que él le ofrece. Es una situación algo contradictoria, pero realista. Quería reflejar que, ante el equívoco, ella ve en aquel hombre poderoso la posibilidad de un buen trabajo mientras se busca la vida. Algunas personas no terminaban de creer que esto pudiera suceder realmente, algunas mujeres sí lo veían como algo posible. Generaba demasiado conflicto la credibilidad de esta escena que quizá sacaba a relucir la doble moral americana, con el contraste de culturas y estratos sociales. Me dije: ‘tanto conflicto no es bueno. La elimino”.
 
 

 
 
Exigencias del guion
Durante décadas, y aún hoy, en España se justificaba el desnudo, mayoritariamente femenino, por las “exigencias del guion”. La decisión no parece delicada en el caso de Ana Asensio, directora de su propia historia, que ve la aparición de la Asensio actriz sin ropa como algo natural. “Hay una historia detrás, mucha simbología. Es la primera vez que me pregunta por esto [se pone seria ante la inocente y curiosa pregunta], y sencillamente estaba en el guion que yo misma he escrito. La manera de rodarla es parte del estilo que he elegido para la película. Me pregunto cuándo llegará el día en que hagan ese tipo de consideraciones a los actores varones”.
 
 

 
 
Inspiración y rubor con León de Aranoa
A Asensio le gustan las películas de John Cassavetes (Una mujer bajo la influencia, Faces), un maestro de la cámara en mano, y el naturalismo de los hermanos Dardenne (Rosetta, L’enfant). Pero para Most beautiful island reconoce haberse inspirado, además, en el Polanski iniciático y en pasajes de David Lynch. En España tiene alguna debilidad, que confiesa con un episodio puntual. La primera vez que Asensio pisó el Festival de Sundance fue en 2005. Conversaba con colegas y amigos cuando, en otro punto del hall del hotel, estaba sentado Fernando León de Aranoa, que había acudido como jurado al certamen. “Ese director me encanta”, dijo la madrileña a sus amigos, que la incitaron para que se acercase a departir con él. “Mujer, no es tan normal coincidir dos españoles en Utah”. “Lo hice, con tanto sueño por el jet lag como vergüenza. Y le pregunté si era él, en inglés”, recuerda. “Yes”, contestó. “Pero, ¿qué hacemos hablando en inglés?”. “Lo recuerdo, me río y me ruborizo. Me preguntó por la tristeza de mi rostro. Y lo que tenía era un cansancio inenarrable. Seguro que no se acuerda. O sí”.
 

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