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16-07-2014 Versión imprimir

 
 
Ana Diosdado 


“Lo primero que dije fue ‘¡Timbre!’ en el camerino de Margarita Xirgu”


La dramaturga rememora sus años dorados, dice no gustarse como actriz y prepara una novela de amor sobre Sagasta
 
 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Alberto Roldán
Madrid, 16 de junio de 2014
Cuentan que la niña Ana Diosdado no hablaba. Sus padres, los actores exiliados Enrique Diosdado e Isabel Gisbert, la llevaron a un pediatra en Buenos Aires. “No le pasa nada. Ya hablará”, concluyó el médico. Y así transcurrió su primera infancia, entre bambalinas y sin decir ni mu. “Ni papá, ni mamá, ni aba, ni nada. Hasta que un día estaba en el camerino de Margarita Xirgu, que era mi madrina. El regidor dio la primera y nadie le hizo caso. Al cabo, dio la segunda. Todos seguían a lo suyo y yo grité: ¡timbre! Eso fue lo primero que dije”, refiere entre risas.
 
   En 1950, su familia regresó a España y ella completó su formación, primero en el Liceo Francés y después en la facultad de Filosofía y Letras, estudios que no acabó. “Lo que yo quería era irme a la Sorbona (no tenía un pelo de tonta) y estudiar arqueología, algo que entonces no se hacía aquí”.
 

 
 
 
– Escribir fue lo que nunca abandonó.
– Lo hice casi antes que hablar.
 
– En 1957 se estrenó como actriz en una obra de Gironella. ¿Por vocación o por tradición?
– Más bien por narices, porque mi padre no quería de ninguna manera. Después de mi debut estaba hecho un flan y vino a cerciorarse de que no me había gustado la experiencia. Pero me había encantado, aunque debo confesar que nunca tuve verdadera vocación. Siempre que he actuado, la experiencia ha sido impagable. Hoy es impagable porque a lo mejor no cobras…
 
   Y sonríe cómplice, gesto con que suele adornar las pequeñas ocurrencias que salpimientan un discurso pausado y preciso, en el que inequívocamente se transparenta su condición de escritora.
 
– A los veinticuatro años fue finalista del Premio Planeta con su primera novela. Y en 1970 estrenó con éxito su primera obra de teatro, ‘Olvida los tambores’, que incluso tuvo versión televisiva. ¿Quedó contenta con aquel Estudio 1?
– A mí no me gusta el teatro retratado. Me parece casposo. Hay excepciones bien hechas y son las que se recuerdan. La televisión tiene su propio lenguaje, que no es ni teatral ni novelístico. Hice un curso sobre ello con otros escritores en la Escuela de Cine. Algo debí de aprender.
 
 

 
 
 
– Desde entonces se acumularon los triunfos: ‘El okapi’, ‘Usted también podrá disfrutar de ella’, ‘Los comuneros’...
Los comuneros, qué mal título. Fue mi segunda obra, pero estuvo retenida por la censura. En realidad se titulaba Si hubiese buen señor.
 
– Como el verso del Mio Cid: “Qué buen vasallo si hubiese buen señor”.
– Exactamente. El responsable de la Dirección de Teatro despachaba con Franco. Le enumeró los clásicos que se iban a programar. Él contestó si no tenía además algo moderno. Le habló de mi obra, aunque con cautela, porque [imitándolo] “ya sabe Su Excelencia, los jóvenes...”. “Ya. Que hablan, ¿no? Pues deje que hablen. Qué más da”. Franco se leyó mi obra y no quitó nada, solo le cambió el título. La estrenaron en el María Guerrero al tiempo que ajusticiaban a Puig Antich.
 
   En este punto, Diosdado se detiene un instante, sobrecogida por el recuerdo.
 
– Y no cree que fuera casual.
– No. El mensaje era: esta es una obra contra la pena de muerte. Bien, decid lo que queráis, que nosotros tomamos las decisiones.
 
 

 
 
 
Aquellos ochenta, aquellos anillos
– ‘Anillos de oro’ abordaba los problemas de pareja (separaciones, reencuentros, aborto, sexualidad) con la ley del divorcio recién aprobada. ¿La televisión tenía más reflejos en los ochenta?
– Entonces solo había dos canales. Los criterios han cambiado, desde luego; hoy son puramente de mercado y se rigen obsesivamente por las audiencias.
 
– ¿Cómo consiguió vender la idea de una serie de abogados?
– Cuando acabé aquel curso en la Escuela de Cine, presenté dos proyectos: Trece anillos de oro (las series entonces se hacían de 13 capítulos) y Los chicos de la prensa. Me dijeron que no era el momento de tratar esos temas. Pensé que irían a parar a algún archivo o a alguna chimenea, pero años después me llamaron, le quitaron el “trece” al título y adelante.
 
– ¿No les tentaron para hacer más temporadas?
– Querían continuarla como fuera. Pero la serie acababa ahí. Se podían inventar más casos, pero los protagonistas, que son el hilo conductor, no tenían más que contar. El director de la Primera me apretó las tuercas y les dije que siguieran si querían, pero sin mí. Que muriera Lola o la mandaran por ahí de misionera.
 
 

 
 
 
– El “nuevo hombre” que encarnaba Imanol Arias, ¿acabó cuajando o fue un espejismo?
– [Sonríe con un gesto entre escéptico y travieso] Los hay, pero no es la norma. Creo que fue un espejismo, aunque en aquella época existían. Imanol me ayudó mucho con la interpretación, el mejor compañero que se pueda tener, y eso que no era la primera opción. Yo había propuesto a Eusebio Poncela, que lo hubiera hecho igual de bien, pero no se entendía con el director.
 
– El marido era más conservador.
– El personaje de Xabier [Elorriaga] representa la rebeldía de quien ha sido obligado a estudiar algo para lo que no tiene vocación, un hecho muy común entonces. Otra censura. Me gusta que muera justo cuando decide rebelarse contra eso.
 
– ¿Quedó satisfecha con su interpretación?
– Creo que cumplí. Pero yo no me gusto nada. No es que me vea guapa, fea o mediopensionista. Es que me da dentera ver a esa señora, tan tonta y tan pija. Me pasa como cuando uno se oye en un magnetofón y no reconoce su voz.
 
   Anillos de oro se llevó la fama, pero Diosdado prefiere Segunda enseñanza, su siguiente aventura televisiva como actriz y guionista. La historia se desarrolla en un colegio donde ella imparte historia y en el que bullen tramas de conflictos adolescentes. En ella asomaron rostros hoy tan importantes como los de Javier Bardem o Maribel Verdú. “Fue muy valorada fuera de España. Tengo guardadas cartas preciosas de docentes halagando la serie, pero también otras de padres furibundos que querían que se retirase y que a mí me pusieran en la frontera. Ya se lo hicieron a mi padre”, relata la autora con una mezcla de indignación y perplejidad. Y apostilla: “He preguntado por qué no se repone y me dicen que sigue siendo demasiado fuerte. ¡Con lo que se ve hoy en día en televisión!”.
 
– ¿Y ahora está preparando algo?
– Una pieza teatral para el centenario de Santa Teresa de Ávila y una novela sobre la vida sentimental de Sagasta, una historia muy romántica surgida de un artículo que leí en el Diario de Zamora.
 
 
 

 
 
 
‘Anillos de oro’
Los datos. Se emitió entre el 7 de octubre y el 30 de diciembre de 1983, no mucho después de que se aprobara una reforma del código civil que legalizaba el divorcio en España. Recibió el TP de oro (premio votado por el público) a la mejor serie y mejores protagonistas masculino y femenino.
 
El equipo. Dirigida por Pedro Masó y escrita y protagonizada por Ana Diosdado, contó con música de Antón García Abril y un elenco fijo formado por ella, Imanol Arias y Xabier Elorriaga, entre otros, amén de un extenso plantel de figuras en papeles episódicos: Aurora Redondo, Amelia de la Torre, María Isbert, José Bódalo, José María Rodero...
 
El argumento. Después de haber criado a sus tres hijos, Lola (Diosdado) decide retomar su carrera de abogada y montar un bufete matrimonialista con Ramón (Arias), amigo de su marido Enrique (Elorriaga). Atienden a parejas de toda índole. Enrique fallece. Ramón se traslada a Nueva York y el bufete se cierra. Pero el desenlace volverá a unir a los protagonistas.
 
 
 
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