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30-09-2013 Versión imprimir

 

 
Martí y Criado, la
bisoña pareja española


Para Patrick, su primera vez interpretando a un adulto. Para Arancha, el estreno en la gran pantalla. Actuar en la última obra de Daniel Sánchez Arévalo ha tocado en lo personal a dos jóvenes con muchas ganas de trabajar

 
 
FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Ángela Romero 
Dieciocho años. Los de Patrick Criado, cumplidos la semana pasada, y todavía algo eclipsados por el estreno de La gran familia española, y los de Arancha Martí, cuya vocación de actriz –promete– nunca hará que deje de ver a sus amigos las tardes de los sábados.

   Sobre estos dos madrileños ha recaído el encadenado de la trama en la cuarta y más reciente obra de Daniel Sánchez Arévalo, aquel director que debutó dirigiendo a Marta Etura en AzulOscuroCasiNegro y que hoy logra concitar a la crítica y al público a través de un estilo muy personal, con una narrativa que guarda siempre algún punto de homenaje al cine más español. Con todo, el equipo de esta producción supo hace muy pocos días que su simpática historia no competiría por el Óscar. “Eso no me importa tanto como que le guste a la gente, que es a quien tiene que gustar. Estamos teniendo una acogida buenísima”, relata Arancha, feliz porque la película resistiera durante dos fines de semana como la más vista de nuestra cartelera.

   En cualquier caso, esta joven debutante ante la cámara todavía se encuentra en una nube. “Incluso ahora que la hemos estrenado no he asimilado del todo lo que está ocurriendo”, reconoce. Aquel rodaje en el que tanto tiempo pasó trabajando junto a Patrick vino acompañado de unas cuantas incertidumbres: desde que el director, después de un casting tras otro, les confirmó que los quería a ellos, aún les tocó esperar una semana hasta obtener el visto bueno de la productora, Atresmedia. “Lo pasamos mal, pero Dani me había dicho que él iba a presentar un reparto que no se iba a tocar, que no había más. Y aquellas palabras me tranquilizaban”, cuenta Patrick.

   En las caras de uno y otro reluce la ilusión por una vivencia en la que se han sentido, sobre todo, parte de algo. “Compañerismo: eso fue lo que aprendimos allí como personas”, responden entre los dos. “Me sorprendió lo fácil que fue todo”, recuerda ella. “Hicimos muchos ensayos para coger bien el personaje y, después, las cosas fluían solas”. Sobre la cantidad de intérpretes que desfilan por la cinta, Patrick señala: “cuando estás a solas el director se puede centrar más en ti, pero siempre tiene indicaciones claras y sencillas cuando hay más gente. Las situaciones son diferentes, pero molan igual”. Y, a poco que nos descuidemos, juegan con los diálogos que les tocó encarnar ante la cámara.
 

 
 
Salvando las distancias
En esta ocasión, los personajes más jóvenes sí fueron interpretados por actores de su misma edad, aunque las semejanzas entre unos y otros no fueron mucho más allá de esto. “A mí me gusta cómo Efraín actúa siempre teniendo presente a su padre. Se pregunta lo que sentirá y cómo contar con él”, anota Patrick. Y matiza, entre risas: “Yo siempre consulto al mío antes de hacer las cosas, pero nunca me lanzaría a una boda, por él ni por nadie”. Arancha y la adolescente a la que interpreta comparten la inconsciencia, pero no titubea al salvar las distancias. “Carla y yo no nos parecemos porque ella es, de hecho, una choni. A mí me imponía especialmente saber que tendría que hacer reír a la gente. Lo veo más difícil que el drama”.

   Patrick creció, poco a poco, de plató en plató. Hace solo seis años estaba balbuceando en Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro, que quería un segundo plato de sopa. Ahora que ha dejado atrás la infancia, recuerda las diferencias entre una vida y otra. “Cuando eres niño solo tienes que hacer de niño: lo que buscan en ti es la naturalidad, así que basta con que seas tú mismo y digas bien tu texto”, reflexiona. “Aquí he empezado a trabajar las emociones. Antes me centraba más en la frase, en cómo interpretarla, y no me paraba tanto a pensar en cómo debía encontrarme yo por dentro. En esta película he aprendido a preguntarme en qué situación estaba Efraín, intentar sentirla, vivirla y partir de ahí”.

 

   Ella, que viene de recoger pequeños papeles en alguna que otra serie, atiende a lo que le está ocurriendo como un golpe de suerte. “Salía de la prueba como lo hacía siempre: casting acabado, casting olvidado. Sin embargo, el teléfono sonó…”. Y aquel regalo del destino, para bien o para mal, no llegó solo: “Cuando te eligen de repente para algo así, hay quien quiere pensar que se debe a algo más que al azar o a tu talento. Pero te centras en quienes te rodean, que se alegran por ti y son los que cuentan, y ya está”. Lo más importante, agrega, es que ha obtenido una “formación increíble” como actriz. “No solo interpretando a Carla, sino, sobre todo, aprendiendo de los demás actores”.

   Sus familiares y allegados se encargan de que las burbujas no se les suban a la cabeza, aunque dicen que la fama se ve más desde fuera que desde dentro. “Hay quien me ha parado por la calle para darme la enhorabuena por la película, pero no es que no pueda salir de casa”, aclara Patrick. “Todavía no hay ni rastro del fenómeno fan”, ríe Arancha. Si a ella le tocara recoger un Goya, evitaría meterse en política: “¡qué va, bastante tendría con recibir el premio!”. Su colega asiente: “me parece demasiado pronto. Esas cosas le tocan a Bardem o a Corbacho, que hacen muy bien en no guardarse aquello en lo que creen, siempre desde el respeto. Pero yo no, que soy todavía muy joven”.
 

 
 
Sin cambios
“Puedo hacer mil películas más, porque sé que no voy a cambiar. Mis amigos son mis amigos de toda la vida y siempre van a ser ellos. No creo que porque seas un personaje público tengas que actuar de manera diferente”, relata ella. Ahora mismo se encuentra estudiando dirección, guion e interpretación en la escuela de Natalia Mateo, así que sus planes de futuro pasan por seguir formándose como actriz. Patrick, por su parte, espera entrar en un grado superior de Realización, por si algún día puede pasarse al otro lado de la cámara. “Procuro escuchar el consejo de mi familia, que me pide que no deje los estudios”, concluye.

   La tentación de la moda llama con fuerza a la puerta de la joven desde que los carteles de La gran familia española empezaron a poblar los cines de medio país, pero “cambiarse de bando” no figura entre sus planes. “El mundo de la pasarela y el del actor son muy diferentes. La moda es fachada, una fotografía, mientras que el arte dramático es el mundo de los sentimientos, de buscar lo que hay dentro. Yo me siento actriz antes que modelo. Me resulta mucho más interesante”, sentencia.  

   ¿Qué se le pide al futuro después de haber actuado en una película de Daniel Sánchez Arévalo? “Que los proyectos que vengan me gusten y me hagan ilusión”, contesta Patrick. “Yo quiero trabajo. Tener la suerte de vivir de esto”, responde Arancha, antes de reiterar, una vez más: “Trabajo, trabajo y más trabajo”.
 

 
 
 
La vida por delante de Patrick
Una persona a la que se quiera parecer. Javier Bardem
Un ideal al que no piense renunciar. La sinceridad
Un lugar en el que vivir un tiempo. Hollywood
Un sueño que intentará cumplir. El cine norteamericano
Una costumbre que no quiere perder. Saludar a todos al llegar al plató
Un apoyo al que seguirá recurriendo. Mi padre
 

 
 
 
La vida por delante de Arancha
Una persona a la que se quiera parecer. Meryl Streep
Un ideal al que no piense renunciar. Ser yo misma
Un lugar en el que vivir un tiempo. París
Un sueño que intentará cumplir. Vivir de mi trabajo
Una costumbre que no quiere perder. Quedar con mis amigos los sábados por la tarde
Un apoyo al que seguirá recurriendo. Mi madre
 
 
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