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11-04-2016 Versión imprimir

 

ARTE Y DISCAPACIDAD


El cine y mi silla de ruedas
 

ROBERTO PÉREZ TOLEDO
¿Cuándo nació tu vocación cinematográfica? ¿De dónde surgen tus historias? ¿Cómo eliges a tus actores? ¿Qué diferencias encuentras entre dirigir un largometraje y un corto? Son algunas de las preguntas que casi siempre me caen cuando me hacen una entrevista sobre mi trayectoria o acerca de un trabajo nuevo a punto de estrenarse. Y luego suele haber otra cuestión, que a veces viene envuelta de ciertos rodeos o que incluso es formulada con un poco de apuro por parte del entrevistador. Pero al final la sueltan: ¿cómo es dirigir cine desde una silla de ruedas?
 
   Vaya por delante que no me molesta en absoluto, que entiendo que me lancen esta pregunta y que, probablemente, yo también la haría si fuera periodista y tuviera ante mí a un tipo que va en silla de ruedas y dirige películas. Supongo que lo noticioso viene de lo poco habitual. Si existiéramos cientos de cineastas en el mundo con una u otra discapacidad, la pregunta se antojaría de lo más anodina. Así que asumo la curiosidad que genero y respondo. Lo que ocurre es que mi respuesta quizás no es la que esperan…
 
 
 
Durante el rodaje de 'Seis puntos sobre Emma'
Durante el rodaje de 'Seis puntos sobre Emma'
 
 
 
   Siempre contesto que es precisamente haciendo cine cuando mi silla de ruedas importa menos, pues los directores suelen dirigir a su equipo y después se sientan junto a un monitor a contemplar el resultado. La diferencia es que yo dirijo a mi equipo sentado y sigo sentado cuando me coloco junto al monitor. Y todo va bien si no me empeño en rodar pelis en terrenos pantanosos en los que se entierren mis ruedas. Mientras cuente historias que tengan lugar en tierra firme, no hay nada que me frene.
 
   Hasta el momento escribo lo que dirijo, así que mi mente de guionista se encarga bien de parir argumentos que puedan ser rodados en localizaciones accesibles, en las que pueda moverme libremente. Si un día de estos se me ocurre algo tipo El renacido, de Alejando González Iñárritu, igual me lo pienso dos veces. O igual no. Todo es ponerse.
 
   También es importante para cualquier director flanquearte de un equipo que te ayude a desempeñar tu labor con comodidad, en todos los sentidos. Y en esto soy afortunado. Mis aliados siempre me lo ponen fácil si a veces toca rodar en espacios muy reducidos o aparece algún escalón por sorpresa. Lo demás, básicamente, consiste en que mis ruedas pasen por encima de los cables esparcidos por el suelo. Eso no es ningún problema.
 
   Y hasta aquí suele llegar mi respuesta ante la pregunta de cómo es dirigir desde una silla de ruedas. Igual es poco morbosa o sensacionalista, pero es que, en gran medida, me parece que es mezclar churras con merinas. Nunca me he sentido un ejemplo de superación y rehúyo ese tipo de enfoques en los que pretenden mostrarme como un “superhéroe” o un espécimen extraordinario. Solo soy yo, Roberto, luchando por hacer lo que quiero hacer: dirigir cine. Mi silla de ruedas no tiene nada que ver con mi vocación. Siento que sería igualmente cineasta aunque mis piernas funcionasen. Y he tenido la suerte de nacer en una familia en la que nadie, nunca, quiso convencerme de que no era buena idea intentarlo.
 
 
 
En 'Al final todos mueren'
En 'Al final todos mueren'
 
 
 
   Hace unos años, alguien sí que se atrevió a opinar. Recuerdo que, tras licenciarme en Comunicación Audiovisual en Salamanca, mi propósito era avanzar con formación expresamente cinematográfica en Madrid. Recabé información sobre varias escuelas de cine y me dediqué a llamar a sus teléfonos de contacto para preguntar algo muy básico: ¿está vuestra escuela adaptada? Era lo primordial que necesitaba saber antes de plantearme indagar siquiera en su programa de estudios. En una de esas llamadas, alguien entendió que yo, de alguna manera, le estaba consultando si creía que era posible que un chico en silla de ruedas pudiera dirigir cine. Y ese alguien comenzó a balbucear su opinión que nadie le había pedido. Le interrumpí. Le aclaré que solo llamaba para preguntar si había escalones en su fachada. Efectivamente, era una escuela inadaptada.
 
   “Me llamo Emma y no soporto que me digan lo que puedo hacer y lo que no”. Es una frase que escribí tiempo después para mi ópera prima en el largometraje, Seis puntos sobre Emma. Esta línea de diálogo la pronuncia Verónica Echegui en la piel de Emma, una joven ciega. Y es una frase que, aunque en su momento me salió de forma inconsciente, hoy creo que ha formado parte esencial de mi propia actitud ante mis metas.
 
   Muchos de mis espectadores tardan en averiguar, o siguen si saberlo, que el director de lo que están viendo va en silla de ruedas. Es un dato intrascendente para disfrutar, o no, de lo que cuento a través de una cámara. Sí que me he encontrado con reacciones de sorpresa cuando me invitan a un festival y, por ejemplo, explico a la organización que necesito la habitación adaptada del hotel de turno en el que me van a alojar. Si no lo sabían, en ese momento descubren que voy en silla de ruedas. Alguna vez, al recoger un premio en alguna gala de clausura, también me he topado con gente que, de forma más o menos disimulada, me mira con cara de “¿en serio eres tú el que ha hecho esto?”. Pero no le doy mayor importancia. Al final solo queda tu trabajo y lo bueno o no que seas capaz de ser. Es lo que intento: crecer, mejorar, avanzar. Porque ir en silla de ruedas, ser obeso o llevar mechas rubias cuenta poco a la hora de valorar la calidad de una obra.
 
 
Junto a David Mora, uno de sus actores habituales, en el rodaje de 'Como la espuma'
Junto a David Mora, uno de sus actores habituales, en el rodaje de 'Como la espuma'
 
 
 
   Lo que mi silla de ruedas sí lleva realmente mal es que en Madrid sigan existiendo, a día de hoy, tantas barreras arquitectónicas, también en edificios de la cultura, con muchos cines inaccesibles (los Cines Ideal, en pleno centro de la ciudad, sin ir más lejos) y aún más teatros (Microteatro por Dinero, el Infanta Isabel, el Alcázar, el Bellas Artes…). Es lo verdaderamente triste e intolerable.
 
   Por lo demás, la locura de materializar dignamente un proyecto en los tiempos que corren es una odisea para todos. Soy solo uno más intentando hacer lo que le apasiona, luchando fuerte, como tantos compañeros. Conseguirlo, rodar un corto o un largo, es un placer, un objetivo cumplido, nunca un obstáculo para mí. Es la realidad lejos de las cámaras la que me complica la vida en un montón de ocasiones. Por eso el cine es mi mejor válvula de escape.
 
 
 
Roberto Pérez Toledo, director y guionista, es colaborador de la revista ACTÚA desde 2014 y estrenará este verano su tercer largometraje, ‘Como la espuma’. El nombre de su perfil en Twitter e Instagram es elocuente: @mividarueda
 
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