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12-02-2016 Versión imprimir
María León y Jon Plazaola. Tal para cual... a veces
María León y Jon Plazaola. Tal para cual... a veces
 
 
Diferencias (in)salvables


Regresan María León y Jon Plazaola con 'Allí abajo', la comedia televisiva del año. La segunda temporada, prueba del algodón para toda serie, pretende multiplicar nuestras risas en clave euskera-andaluz


NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Belén Vargas
El Palacio de Monsalves de Sevilla, que en su día fue sede de la Junta de Andalucía, acoge desde octubre la nueva temporada de una serie cuya llegada a Antena 3 provocó un enorme estruendo y que este mismo viernes retoma su camino. El primer capítulo cautivó a seis millones largos de espectadores gracias a la difusión multicanal, una práctica cada vez más frecuente entre las cadenas para lanzar a lo grande algunas de sus ficciones. Semejante cifra no se computaba desde el estreno de Aída en 2005.
 
   Asombrosa fue la audiencia registrada aquel martes 7 de abril en Euskadi. Casi la mitad de los vascos, un 46,3%, siguieron las primeras andanzas y tropezones de Iñaki (Jon Plazaola) y Maritxu (Ane Gabarain) por Sevilla. Quizás porque la ciudad se les antojaba a muchos televidentes del norte tan exótica como a esa señorona, la madre del protagonista, una mujer de trato adusto para quien África empieza en Burgos. En Andalucía vio el lanzamiento un 39,4% de la audiencia. “Unos datos brutales”, resumían los intérpretes con los que hablamos el día de nuestra visita. Los siguientes episodios –13 completaron la primera tanda y otros 13 tendrá la segunda– promediaron 22,4 puntos de cuota de pantalla y más de cuatro millones de espectadores.
 
   Allí abajo se había presentado semanas antes en la primera edición del FesTVal de Murcia con gran aceptación entre crítica y público. Por entonces pudieron leerse en blogs y cabeceras especializadas frases premonitorias: “Va a ser la mejor serie del año” o “Antena 3 logra por fin hacer una comedia de calidad a la altura de sus dramas”. La reacción pilló por sorpresa a todos los miembros del equipo, que sabían que estaban ante un buen producto, pero no imaginaban tal repercusión.
 
 
 
Mariano Peña
Mariano Peña
 
 
 
   “Las series son como los melones”, sostiene Mariano Peña, “nunca sabes lo que va a pasar hasta que los abres”. El actor onubense da vida ante las cámaras a Don Benjumea, el inquilino de alta cuna de la clínica Hispalis, donde transcurre buena parte de las tramas. De interpretar a Trini, la directora del centro médico, se encarga Noemí Ruiz. La intuición le decía que el resultado sería más que positivo, sobre todo cuando todos los miembros del equipo se sentaron a visionar el primer capítulo. “Estábamos en mitad de las grabaciones de la temporada anterior”, recuerda, “con las típicas inseguridades al no tener referencias de lo realizado”.
 
   Lejos de relajar, el éxito estimula. “Que exista ese feedback con el público es maravilloso”, apunta Mari Paz Sayago. “Aunque llevo veintitantos años en la profesión, esto es nuevo para mí. Otro código. Con el teatro puedes recorrerte 80 veces España y te acaba conociendo solo la gente de teatro. En televisión se produce de golpe una progresión sideral”. Y celebra que Dolores, su personaje, caiga tan bien. Es una “cotilla de libro” que trabaja en la recepción de la clínica.
 
 
Plazaola y Óscar Terol
Plazaola y Óscar Terol
 
 
 
La trama
Olatz Arroyo y Marta Sánchez coordinan en esta nueva tanda un departamento de guion donde trabajan con dos guionistas más. Óscar Terol y los productores ya dejaron dibujadas las líneas maestras por donde continuaría la complicada relación que comenzó a nacer entre Iñaki y Carmen (María León) en la pasada temporada. Del resto de conflictos que se necesitan para rellenar los 70 minutos que dura cada entrega se ocupan las coordinadoras.
 
   La historia de Allí abajo empezaba con un tímido chaval que sale por primera vez de Euskadi. Allí lo tiene todo: su madre, el bar que heredó de su aita y la cuadrilla con la que comparte tardes de mus. Sin opción a réplica, se ve a bordo de un autobús rumbo a Sevilla junto a su progenitora, ingresada en coma tras una aparatosa caída por las escaleras del hotel. Y en el hospital entra en acción la enfermera Carmen, una andaluza con mucha chispa, para descomponer la apacible vida de Iñaki y los suyos. El sur se encuentra con el norte.   
 
   Lo dispares que a priori resultan vascos y andaluces, así como la percepción que de unos y otros se tiene fuera, es lo que atrajo a Mariano Peña. “Constituye una puerta abierta para empezar a conocernos un poco más”, comenta sobre el proyecto. El personaje de Don Benjumea le inspira ternura. En esta ocasión se explica ante todos aquellos que no entienden su habla, pues este asunto fue capaz de llenar Twitter el día del estreno con un montón de mensajes tanto a favor como en contra: se trata de un homenaje a esos actores que debían aparcar su acento andaluz cuando actuaban fuera de su tierra, y también encierra una ligera crítica a aquellos que lo castellanizaban con unas equis y zetas bien marcadas. Pronunciando fixno. “Si no tenías un acento neutro, no hacías nada en Madrid, donde se cocía todo. Se consideraba que un andaluz no hablaba bien el castellano, y yo digo que hablamos perfectamente el andaluz”, sentencia.
 
 
María León, con Alfonso Sánchez y Mari Paz Sayago
María León, con Alfonso Sánchez y Mari Paz Sayago
 
 
 
   Si irreconciliables se antojaban al principio las relaciones entre los personajes de los dos microcosmos, unos y otros se dieron cuenta poco a poco de que es más lo que les acerca que lo que les aleja. Usar tópicos y estereotipos culturales y territoriales, según Jon Plazaola, ayuda a la actual situación sociopolítica del país. “Parece que estuviera hecho a propósito”. Su Iñaki y la cuadrilla ya desfilaron por la Feria de Abril, así que ahora Carmen hará lo propio en Euskadi. Nada más comenzar la próxima temporada la veremos marchar en la ruidosa tamborrada donostiarra que se celebra cada 20 de enero. Los 60 profesionales del equipo se trasladaron al casco viejo de San Sebastián durante dos semanas del pasado mes de octubre y los actores se integraron entre los 200 miembros del Círculo Riojano y su banda de música incluida. “A mí me gusta mucho reírme de lo que somos. Soy muy andaluza, reivindico de dónde vengo, pero también rechazo mucho”, subraya María León.
 
Sevilla como plató
Centrar el grueso de las operaciones en la capital hispalense era un riesgo en términos económicos, según nos revela David Jareño, el director de producción. “Hubiera sido más fácil y barato rodar en Madrid, pero queríamos apostar fuerte y darle un valor añadido”. Subraya la luz de la ciudad hispalense como elemento clave en esta ficción: “Sevilla es un plató. Cualquier calle, cualquier rincón, resulta espectacular, todo es más luminoso”. Una de las señas de identidad de Plano a Plano, la productora responsable de El Príncipe e inmersa ahora en El caso y La verdad, es asemejar las ficciones televisivas a las cinematográficas. Lo consiguen con la planificación de espacios e iluminación. “Queremos que las series respiren”.
 
   El céntrico Palacio de Monsalves reúne en 6.000 metros cuadrados casi la totalidad de los decorados. No son platós convencionales, sino escenarios naturales. El departamento de arte que capitanea Mercedes Canales transforma los amplios despachos y salones del antiguo edificio en las casas de los protagonistas y la clínica completa. Incluso el patio de las vecinas trianeras y el bar Kaia (ubicado en Donostia en la ficción) se localizan allí. Tras el ventanal del bar, la magia del croma traslada al espectador a la bahía de la Concha.
 
Nueve minutos de emisión al día
La comunicación entre departamentos se percibe fluida hasta la camaradería. En jornadas de nueve horas se graban diariamente entre ocho y nueve secuencias, lo que equivale a 12 páginas de guion y nueve minutos de emisión. El ritmo se ralentiza cuando, dos días de cada siete, la acción transcurre en exteriores.
 
 
Pepo Oliva
Pepo Oliva
 
 
 
   Álvaro Fernández Armero y Alfonso Arandia se suman a un equipo de realizadores que en la tanda inicial contó con Iñaki Mercero, Joaquín Mazón y Jacobo Martos, quien vuelve a dirigir en la segunda. “Trabajar con directores diferentes es otro aliciente. Resulta enriquecedor que nuevos profesionales vengan a aportar otra visión dentro del carril que ya llevamos trazado. Te debes adaptar, ya que cada uno pone énfasis en una cosa, pero eso te va dando unas tablas muy buenas”, nos susurra Mari Paz Sayago mientras en el set finiquita un par de planos de una escena.
 
   Pepo Oliva, una de las flamantes incorporaciones, se ha adaptado bien a este ritmo frenético: “Me han empujado para alcanzar la velocidad que todos ellos ya tenían”. Más relajada está ya Beatriz Cotobal, cuyo papel es el de esa cocinera echada para delante de nombre Isabel. “Ahora todo se vuelve más fácil porque te agarras a tu personaje, ya sabes cómo es”, explica.
 
   Parece que la improvisación es consustancial a la comedia. Mari Paz Sayago imagina situaciones desde que lee los guiones, pero reconoce que siempre hay sorpresas tras el grito de “¡Acción!”. “Pese a que todo está muy pautado, a veces los directores dan la posibilidad de improvisar”.
 
 
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