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20-02-2017 Versión imprimir
Arrozales en La Puebla del Río
Arrozales en La Puebla del Río
 

EL LOCALIZADOR
 


MARISMAS DEL GUADALQUIVIR

Silenciosa riqueza para crear ‘La isla mínima’


Un recóndito paraje al sur de Sevilla mimetizado con el río Guadalquivir. Y un ingrediente crucial para el exitoso ‘thriller’


LUIS MIGUEL ROJAS (Texto y fotos)
Silencio. El silencio de las laberínticas marismas del Guadalquivir. Un silencio que solo se rompe por el trabajo de centenares de braceros que recogen la cosecha de una de las extensiones arroceras más importantes de Europa. El silencio y el aparente aislamiento geográfico de esta zona avivaron en Alberto Rodríguez el deseo de filmar aquí La isla mínima. Y es que los enrevesados y apenas señalizados caminos que discurren entre los incontables arrozales aportan esa atmósfera misteriosa que envuelve la desaparición de dos chicas allá por los años ochenta.
 
   Este singular paraje de 2.000 kilómetros cuadrados se sitúa en el antiguo estuario del río Guadalquivir y ocupa parte de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. La geografía andaluza regala aquí paisajes propicios activar nuestro modo zen mientras paseamos o contentamos el paladar con la gastronomía tradicional.
 
Poblado de Alfonso XIII
Poblado de Alfonso XIII
 
 
 
   “Quiero hacer la ruta de Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo en la película”, habrán dicho muchos espectadores. En uno o dos días pueden recorrerse casi todas las localizaciones, repartidas fundamentalmente entre las localidades sevillanas de La Puebla del Río e Isla Mayor.
 
   Caminar por las calles de La Puebla del Río, que ronda los 12.000 habitantes y es cuna de artistas flamencos, nos acerca a un excelente legado artístico. Porque también están arraigadas las sevillanas, con conjuntos de la talla de Los Romeros de La Puebla, además de compositores de este cante idóneo para amenizar las ferias.
 
   La ruta por este pueblo de casas blancas hace paradas en la iglesia de Nuestra Señora de la Granada y la ermita de San Sebastián. Si hay una recomendación que no pasan por alto los cigarreros, como se conoce a los vecinos, es la de que probemos su cocina. Resulta casi una obligación para el visitante, ya que aquí el concepto de sugerencia se queda corto. Arroz con pato, con bogavante, con langosta… Caldereta de venado con salsa de champiñones. Gambas blancas. Setas al ajillo. Las cañitas. Los quemaítos. Lo mejor es sentarse a la mesa y probar recetas hasta saciar estómago.
 
 
Bandadas de gaviotas
Bandadas de gaviotas
 
 
 
   Los campos de arroz constituyen el pilar económico del municipio cigarrero. Mientras avanza el mes de septiembre, cuando quedan dos telediarios para que comience la cosecha, el horizonte dorado de las infinitas hectáreas cultivadas se entremezcla con el color blanquecino de las gaviotas picofinas en desbandada. Y de nuevo, silencio.
 
   Siguiendo los pasos de los dos policías de La isla mínima llegamos a Isla Mayor. Unos 17 kilómetros separan esta localidad de La Puebla del Río, a cuyo ayuntamiento perteneció hasta el año 1994. La tierra convive con el agua, y esta se confunde a su vez con el cielo en una llanura sin fin, cobijo para una de las concentraciones de aves más numerosas que existen en todo  continente.
 
   La fuerte tradición arrocera al sur de la ciudad hispalense nació tras la conversión de la marisma en tierra de cultivo hacia los años treinta. Antes de penetrar en los enmarañados senderos es habitual encontrarse con un buen hombre que dejará de lavar su coche para indicarnos cuál es el mejor camino para no perdernos entre tanto cereal. El dato no es baladí: si queremos observar los campos de arroz a bordo de nuestro vehículo, debemos tener en cuenta que al final del polvoriento paseo bien podrá camuflarse con la tierra de los caminos.
 
 
 
Finca de la Isla Mínima
Finca de la Isla Mínima
 
 
 
   La finca Veta la Palma espera a continuación. El olor a tierra mojada es intenso. Este espacio es el vivo ejemplo de las marismas inundadas, lo cual le convierte en paraíso para las aves en tiempos de sequía. También para los aficionados a la fotografía y los coleccionistas de likes en las redes sociales: aquí es difícil no obtener una estampa perfecta. A Veta La Palma se accede por uno de los dos caminos que nacen de una bifurcación a la salida de Isla Mayor. El otro desemboca precisamente en la finca Isla Mínima después de siete kilómetros. El espacio lo comparten un cortijo que sirve como alojamiento de ensueño y varios edificios para la celebración de eventos. Aunque se llega por Isla Mayor, el enclave se ubica en el término municipal de La Puebla del Río. Si en la entrada miramos a nuestro alrededor, nos sentiremos como un insignificante grano de arroz entre la extensísima alfombra de cereal circundante.
 
   La cosecha se realiza entre octubre y noviembre. Durante los meses previos la vida va desperezándose en el Poblado de Alfonso XIII, donde fueron estableciéndose los braceros que viajaban a las orillas del Guadalquivir para obtener sustento. No podemos marcharnos sin haber probado uno de los reclamos del lugar: el cangrejo rojo.
 
 

 
 
 
   Tanto en La Puebla del Río como en Isla Mayor hay casas rurales donde hospedarse unos días. Si Alberto Rodríguez incluyó este paraje como un personaje omnipresente en su largometraje más laureado es porque conocía el atractivo que traía consigo. Una silenciosa riqueza que hay que visitar.
 
 
 
Cómo llegar
La carretera más directa para llegar desde Sevilla es la A-8053 en dirección Isla Mayor
 
 
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