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25-10-2011 Versión imprimir
Asier Zabaleta
 
“Me pasaría horas y horas en una estación, observando a la gente”
El coreógrafo vasco, candidato a los Golden Mask rusos por ‘Next in line’, estrena en septiembre una pieza sobre Dios
La primera vez que el coreógrafo guipuzcoano Asier Zabaleta (Ezkio, 1972) pisó las calles de la ciudad rusa de Cheliabinsk en 2010 casi se da media vuelta: le estremeció el ambiente gris y metalúrgico de aquella vieja ciudad ex soviética. Sin embargo, allí le esperaban la directora del Contemporary Dance Theatre of Chelyabisnk, Olga Pona, con sus 15 bailarines expectantes, para los que Zabaleta iba a crear la coreografía Next in line. Hoy, un año más tarde, los describe como “un oasis en Siberia”.
Mereció la pena quedarse. Con este trabajo, el bailarín ha recibido dos candidaturas a los prestigiosos premios Golden Mask rusos, en las categorías de Mejor Coreógrafo y Mejor obra de Danza Contemporánea. Pero podría decirse que el camino hasta aquí no fue fácil. Al exilio necesario en Suiza con la compañía Alias durante cinco años se suma la crisis que se ha hecho notar también en su propia compañía, Ertza Danza. Sin embargo, Zabaleta no pierde las ganas de experimentar. Incluso con temas polémicos como la religión sobre el escenario.
– ¿Supuso una dificultad añadida trabajar con una compañía de formación rusa como la de Cheliabinsk?
La coreografía que les propuse era muy distinta a lo que estaban acostumbrados a hacer y al principio tenían muchas dudas. No sabían si funcionaría. El primer día que les sugerí que improvisaran se asustaron mucho, porque ellos estaban más acostumbrados a baile clásico. Pero después improvisaban sin darse cuenta y yo les dejaba hacer.
– ¿Por qué escogió el tema del individualismo para crear ‘Next in line’?
– Porque me llamaba mucho la atención ese aspecto de la compañía y de la sociedad rusa en general: lo marcado que tienen el colectivismo. Es increíble la disciplina que reciben desde pequeños. El trabajo en grupo les salía automático, pero me costaba verles como individuos. Por eso quería investigar hasta qué punto elegimos cómo vestimos, lo que escuchamos, cómo estamos influidos por la masa que nos arrastra.
– ¿Y funcionó semejante experimento sociológico en Rusia?
– [Risas] ¡Hombre, la coreografía fue muy bien recibida por el público! Curiosamente los bailarines de la compañía rusa tenían un gran afán por saber más de lo occidental, de lo europeo. Me preguntaban por marcas y tendencias, todo les parecía moderno y bonito, y les gustaba mucho la música que les proponía.
– En otras coreografías, como ‘Where is my mind’ o ‘Ego-tik’, también se cuestiona al individuo en la sociedad. ¿Es un tema recurrente para usted?
– Intento escoger siempre temáticas que a mí me interesan por algo personal, y una cosa que me llama mucho la atención es la psicología humana. Me pasaría horas y horas en una estación, observando a la gente. Creo que la psicología está directamente relacionada con la danza y se puede investigar en las coreografías.
– De Suiza llegó con más propuestas audiovisuales en danza. ¿Va a seguir trabajando en esta línea?
– Sí, pero también tengo en mente hacer coproducciones con compañías de teatro y al mismo tiempo experimentar más con vídeo, porque en ese campo me parece que aún queda mucho por rascar. Quizás no lo use solo como herramienta de trabajo, sino como fin en sí mismo: buscar la combinación entre cuerpo, movimiento y edición de vídeo como producto final.
– ¿Sobre qué trabaja ahora con su compañía Ertza Danza?
– Estamos preparando una coreografía sobre las religiones, que se estrenará en septiembre en GaztEszena y se va a llamar Act of God. El título  hace referencia a una expresión en inglés que aparece en los contratos y se traduce como catástrofes naturales: inundaciones, terremotos… Me interesa saber por qué se definen esas catástrofes como “actos de dios” y cómo lo afrontan las religiones.
– ¿Y de dónde surgió esta idea?
– Fue después de leer Caín, de Saramago, que trata sobre el viaje de Caín a través de distintos pasadizos y contradicciones de la propia Biblia a lo largo del tiempo. Caín discute directamente con Dios sobre cosas que no llegaba a entender. Me parecía interesante coger esa base y aplicarla a la vida para la coreografía. ¿Cuál es la utilidad de las religiones? ¿Cumplen verdaderamente su objetivo? Porque se mata tanto y se manipula tanto en su nombre…
– ¿No le parece un tema arriesgado para llevar a escena?
– Quizás no soy nadie para tratar un tema tan serio, pero sí me gustaría hacer preguntas con la inocencia de un niño. No se trata de hacer críticas, sino preguntas, y desde luego no se hará con la intención de herir a nadie. Simplemente me gustaría proponer que la gente pensara más y diera vueltas al asunto.
– Siempre ha apostado por arriesgar en danza. ¿Cómo le ha afectado la dichosa crisis?
– Los últimos tiempos han sido muy difíciles. Entre 2004 y 2007 se produjo un ascenso considerable, pero el año pasado fue catastrófico en todo el Estado español. Estuve trabajando en Brasil, Rusia y Corea, pero es muy triste tener poco trabajo aquí. Habría que coger ideas de Suiza, donde está muy extendido el concepto de “mecenas privado”, o fomentar el intercambio entre países a través de residencias.
– ¿Qué tipo de intercambio propone?
– En Ertza Danza tenemos un proyecto para incentivar los talleres de danza y crear un caldo de cultivo de bailarines que experimenten con nosotros, sin reclamar un producto final. Tenemos nuestra sede en el ArteLeku y estamos viendo cómo podríamos invitar a alguien de Brasil, donde se hace un trabajo muy interesante, y ofrecerle una residencia temporal con unas condiciones mínimas.
– ¿Y esto no debería ser iniciativa de organismos o instituciones oficiales?
– [Sonríe, apurado] ¿Cómo responder a eso de forma delicada? A ver, quienes reparten las subvenciones de danza son políticos, no técnicos, y tratan de complacer a todos: cosa imposible. Existe cierto desconocimiento del gremio y cierto miedo para mojarse por proyectos concretos. Pero, en fin, se avanza poco a poco y es interesante vivir este momento.
 
DE CERCA
-       Un sueño por cumplir: Me gusta tener muchos sueños e ir cumpliéndolos.
-       Un miedo: Me da pánico el abuso de poder, a pequeña o gran escala.
-       Un vicio confesable: Bailar un sábado por la noche infinitas horas seguidas.
-       Un lugar que inspire: Las montañas de San Sebastián en un día gris y con viento.
-       Una canción para la ducha: Ne me quitte pas o Coisa mais linda.
-       Un referente coreográfico: Alain Platel, de Les Ballets Contemporaine de la Belgique.
-       Un color para danzar: el blanco.
-       Un movimiento de baile: el descoyuntado.
-       Una ciudad para escapar: Salvador de Bahía.
-       Una manía: Lavarme los dientes antes de salir a bailar.
 Entrevista  Beatriz Portinari
25-10-2011 Versión imprimir
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