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16-05-2017 Versión imprimir

BANDO SONORO
 
 
Javier Godino

La casete del chico que no quería seguir las reglas


El compañero de reparto de José Sacristán en ‘Muñeca de porcelana’ también pisa fuerte al frente de su banda, The Wyest
 
 
FERNANDO NEIRA
Madrileño de 39 años y actorazo que canta de maravilla. Nunca se nos olvidará aquella vez en que nos metió el miedo en el cuerpo con su mirada inquietante. Fue en El secreto de sus ojos, la oscarizada cinta de Juan José Campanella, donde hacía de malo de la película hasta que lo terminaban atrapando en una persecución por todo el campo de fútbol. Aquel personaje es emblemático en su carrera, pero las producciones hispano-argentinas se han convertido en talismán: Todos tenemos un plan, Pasaje de vida, Al final del túnel Su talento como intérprete musical no ha dejado de aflorar en forma de musicales, sobre todo desde que Nacho Cano, uno de los integrantes y compositores de Mecano, se quedase prendado de su voz. El personaje de Colate le acompañó durante las tres primeras temporadas de Hoy no me puedo levantar, al que siguieron otros como 40. El musical o Más de 100 mentiras. Su último gran reto interpretativo acontece también sobre las tablas, pero es de naturaleza bien distinta. Muñeca de porcelana, la inquietante obra número 14 de David Mamet, le ha permitido medirse en un mano a mano con uno de nuestros actores más grandes, José Sacristán, bajo la batuta de otro de los directores y dramaturgos más ilustres de los últimos tiempos: Juan Carlos Rubio. Entre función y función quiso escoger sus canciones más referenciales, una tarea que ha afrontado con minuciosidad. Estas son palabras mayores para Godino: no hablamos solo con un actor de primer nivel, sino también con el jefe de filas de The Wyest, una banda de pop bailable que pisa fuerte para abrirse hueco.
 
 
 
 
Genesis
No son of mine (1991)
Es la primera canción de la primera casete que me compré. Cuenta la historia de un joven rechazado por su padre y al que ha echado de casa. No era mi caso, pero ese argumento me hacía llorar en cada escucha. Tal vez lo provocara la compasión que despertaba mi deseo de ser actor o tal vez proyectara mi propia historia, la de un adolescente que no quería seguir las reglas de casa; como River Phoenix en Un lugar en ninguna parte o ese chico que quiere actuar y se acaba suicidando en El club de los poetas muertos. Todas ellas son referencias decisivas en esa edad en la que decidí luchar por mis sueños.
 
 
 
 
Elton John
 Someone saved my life tonight (1975)
Dicen que Bernie Taupin obligó al señor John a ponerle música a esta letra misteriosa después de salvarle la vida. Encontró al pianista dormido junto a un horno de gas abierto. “Atado a un altar, hipnotizado, la dulce libertad susurrando en mi oído”.  Si no lo hubiese encontrado, nos habríamos perdido toda su inspiración posterior y, en el caso concreto de esta canción, la representación del anhelo imposible y la fascinación del artista por la muerte.
 
 
 
 
 
Queen & David Bowie
 Under pressure (1981)
Mi amigo Luis Callejón y yo escuchábamos sin fin esta canción: ese bajo, esos arpegios, esas voces, ese empaste único de dos artistas tan únicos. Porque “El amor es una palabra tan pasada de moda y el amor te reta a cuidar de la gente en el filo de la noche y el amor te reta a cambiar nuestra manera de cuidarnos a nosotros mismos”. ¿Cómo nacería esa canción? Me dejo llevar. Tal vez sea nuestro último baile.
 
 
 
 
Joaquín Sabina
 Peces de ciudad (2001)
Gente resignada que no piensa en lo que significan las canciones, las letras, las películas y las poesías. Las pirañas, los besugos, los tiburones, los peces payaso, los bonitos, todos esos peces de ciudad que mordieron el anzuelo y que ya no merecen nadar. Y, en contraste, el poeta o la memoria del poeta sin más ley que su propia ley (aunque ahora lo niegue todo). Sabina la escribe con Varona en Lima, Ana Belén y su hijo la convierten en himno, mi hermana Lluca la comparte conmigo y luego la escucho mucho con Sofía Rhei y con Imán Padellano. Qué maravilla.
 
 
 
 
Empire of the Sun
 We are the people (2008)
Una guitarra acústica, una voz torrente de agua, un bombo prometedor, un bajo que transporta, una espiral, una vida que se abre, casi un parto. Psicodelia, olores antiguos, abandono y pertenencia. Se abre el círculo, se amplía y se hace universal; esa emoción se repite en cada escucha. Me recuerda a plantas medicinales. Recomiendo el videoclip: desde que lo vi, quiero visitar Xilitla. 
 
 
 
 
Vetusta Morla
 Los días raros (2011)
El proceso artístico empieza como una nana, nace una mañana fría en un espacio vacío; es un manantial fugaz que brota cuando unas personas afinan juntas. El maestro nos recuerda que sin carbón no hay reyes magos, que sin oscuridad no hay regalo y que aún quedan vicios por perfeccionar. Y de pronto ya está aquí la inspiración, el futuro se viste de ilusión invisible y confiamos en que queden muchas obras por parir. Los últimos cantos de mi admirado Pucho me llegan al corazón y abren esperanzas de públicos entregados que comparten la pasión y armonizan con los artistas. 
 
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