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02-08-2018

Bando sonoro

 

Jimmy Barnatán

Un creador polifacético con alma negra de góspel

El madrileño le da a todo desde niño, a la manera renacentista: actor, director, novelista, documentalista… Y músico, claro. La banda sonora de ‘Jefe’ es el nuevo disco de sus Cocooners

 

Fotografía: Iván Martínez Segovia

 

FERNANDO NEIRA (@fneirad)

A Jaime Barnatán Pereda, madrileño del 81, le ha cundido enormemente el tiempo en estos primeros 37 años de vida. A los 11 ya estaba subiéndose a un escenario para la versión de Los Miserablesque dirigió Plácido Domingo, y desde entonces su actividad como actor, músico, compositor y novelista ha resultado frenética, con alguna incursión adicional tras la cámara como director de cortometrajes y documentales. Hijo de dos escritores, Marcos Ricardo Barnatán y Rosa Pereda, su gran estirón en la pantalla grande lo propició Álex de la Iglesia al elegirle en 1995 como niño poseído para El niño de la bestia, mientras que entre sus múltiples trabajos televisivos ninguno le ha hecho tan popular como Los Serrano, donde encarnaba al jocoso y barrial Chucky.

 

En cuanto a su faceta musical, ha estado siempre muy influida por sus conexiones familiares con Nueva York, una ciudad en la que ya desde chiquillo frecuentaba una iglesia en Harlem para descubrir el góspel de primera mano. De ahí se encontró ya a un solo paso para desarrollar su pasión por otros géneros limítrofes, desde el blues al soul o el jazz, ingredientes que confluyen en lo que desde 2013 es su ocupación melómana fundamental, Jimmy Barnatán and the Cocooners. Con ellos acaba de lanzar su más reciente álbum, Jefe, la banda sonora de esta película de Sergio Barrejón que protagonizan Juana Acosta y Luis Callejo. Se trata del cuarto LP de los Cocooners y el sexto de Jimmy, si sumamos sus trabajos anteriores con la San Telmo Music Factory y la Back Door Band. 

 

Así las cosas, Barnatán tenía que asomar, más pronto que tarde, por este Bando Sonoro con el que los actores melómanos se retratan a partir de sus composiciones favoritas. “Es complicado, tremendamente complicado, pescar seis canciones del océano musical”, nos confiesa. Pero, partiendo de esa premisa, he conseguido “rescatar de las aguas algunas de las que cambiaron –o no– mi vida, pero en cualquier caso me acompañarían sí o sí en mi hipotética banda sonora vital”.

 

 

Jevetta Steele “Calling you” (1987)

Cuando vi Bagdad Café por primera vez (la primera de muchas) me quedé enamorado de la voz de Jevetta Steele. Unido a lo preciosista de las secuencias de la peli, construí así una de mis primeras imágenes de lo que, visualmente hablando, es el blues. Un par de años más tarde, esta fue una de las canciones que canté en la prueba para entrar en Los Miserables, mi primera actuación en el mundo del espectáculo.

 

 

Michael Jackson “Man in the mirror” (1988)

Todos los temas de Michael Jackson han entrado en mi casa para quedarse desde que era un niño, pero Man in the mirror siempre me hizo llorar. Lloro aún hoy cuando lo escucho. Me recuerda a mi niñez. Jugábamos mis amigos y yo a disfrazarnos de él cuando estábamos todavía en el jardín de infancia. Éramos muy niños. No había preocupación alguna. Este tema me lleva de la mano y sin remisión a esos momentos.

 

 

The Doors “The Spy” (1970)

Si Michael Jackson marcó mi infancia, The Doors hicieron lo propio con mi adolescencia. Y de ellos también me podría quedar con cualquier canción. The Spy aglutina para mí todo su carácter místico, romántico, lisérgico y a la vez rebelde. Desde el primer día que escuché su música se instalaron en mi casa como la mejor banda de blues. Sí, con una pátina de psicodelia, pero bluespuro al fin y al cabo.

 

 

Elvis Presley “Love Me” (1956)

Creo que Elvis sería quien completar mi triunvirato musical, junto a The Doors y Michael Jackson. Love me, un tema muy especial para mí, muestra ese lado tan meloso y particular del rey del rocanrol: la melodía, la voz tranquila; esa banda que, serena, se mantiene a su espalda. Es una canción de paz y de guerra al mismo tiempo. Es una declaración absoluta. Es Elvis en estado puro.

 

 

Frank Sinatra “New, York, New York” (1980)

La voz de Sinatra, el Rat Pack y Nueva York han sido y son mis grandes debilidades. Me parece el homenaje más bonito y sincero que se le puede hacer a la ciudad que es dueña de la mitad de mi corazón. Todos los viajes que hago anualmente comienzan con esta canción sonando en mis cascos mientras entro en la ciudad con el taxi desde el aeropuerto.

 

 

Albinoni “Adagio”

Recuerdo a mi tía Mariajosé, “My Josefine”, tocándolo en el piano de casa cuando yo no tenía más de cinco años. Es la primera canción que me enseñó el poder de la música, la pasión y la tristeza de la música. Escuchándola, comprendí que la música es capaz de modificar sentimientos, de llevarte a lugares paradisíacos, a estadios sobrenaturales. Años más tarde escuché la versión de The Doors. Los astros terminaron de alinearse.

 

Fotografía: Iván Martínez Segovia
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