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Beatriz Ros



“Fui a ver ‘Luces rojas’ al cine y tuve al rey Felipe VI en la
butaca de atrás”




El teatro musical de este país no sería lo mismo sin esta madrileña, rostro habitual en las grandes producciones que en los últimos tiempos han conseguido que la Gran Vía sea para muchos una digna réplica de Broadway. Su andadura encima de los escenarios arrancó en 1999 gracias a ese trampolín para jóvenes actores que fue Grease, con un elenco que reunió en el Teatro Lope de Vega a 30 nombres por entonces casi desconocidos. Poco más tarde asumió en ese mismo coliseo el gran reto de protagonizar varias veces (en principio tenía el rol de cover) La bella y la bestia, inspirado en la película homónima de Disney, donde una muchacha se enamoraba de aquel príncipe transformado en un ser horrible tras sufrir una maldición por su conducta. Entre los actores que la rodearon en cada representación se encontraban David Venancio Muro o el pequeño Ricardo Gómez (crecido delante de las cámaras de Cuéntame cómo pasó).
 
   El Teatro Calderón la esperaba con We will rock you, el espectáculo que rescataba los mayores éxitos de Queen para retratar un futuro desolador: la creación musical estaba prohibida y todo el mundo descargaba de Internet las escasas melodías generadas por una sola empresa. Pero en tan anodino planeta despertaban Los Bohemios, un movimiento de resistencia consciente de que en el pasado habían existido grupos memorables y conocedor de una leyenda que hablaba sobre un enorme yacimiento de instrumentos, cuya búsqueda se hacía urgente para devolver la libertad de elección a la gente. Su siguiente escala llevó por título Mamma mia!, la historia de una chica que pretendía descubrir la noche previa a su boda cuál de sus tres posibles padres era el verdadero, todo ello aderezado con hits de la mítica formación sueca ABBA.
 
   Ya iba a terminar 2009 cuando se cruzó en su camino la Stephanie Mangano de Fiebre del sábado noche, esa estirada compañera de baile del conflictivo Tony Manero en la discoteca Odissey 2001. Aunque se mantenía implacable frente a las pretensiones sentimentales del chaval, finalmente era ella quien le servía de motivación para cambiar de vida. Después de unos meses levantando el telón del Teatro Coliseum, a mediados de 2010 se pasó al Rialto con 40. El musical, que hilvanaba las preocupaciones y vivencias propias de unos veinteañeros a través de míticas canciones radiadas por los 40 Principales durante las últimas décadas. Estuvo entonces nominada a varios premios por su personaje de Laura, una estricta opositora a funcionaria de prisiones que se negaba a perder la virginidad hasta casarse con su apocado novio. A finales de 2013 se hizo un hueco en el retorno de Hoy no me puedo levantar, que ya había ocupado la cartelera durante cuatro temporadas en Madrid y otras dos en Barcelona, tiempo suficiente para erigirse en el musical más aclamado de la historia de España. Dicha aventura la ha puesto a las órdenes de Secun de la Rosa, el descacharrante Toni de Aída, director de un elenco formado por rostros eminentemente televisivos: Ana María Polvorosa, Canco Rodríguez, Angy Fernández, Adrián Lastra… Ella da vida a Malena, la presentadora del concurso de grupos celebrado en El 33 y amante de Mario (Daniel Diges), el popular cantante de Rulé. Ambos pasan del sexo puntual a mantener una relación mientras la fama de él no deja de crecer, aunque vuelve a probar suerte con María, esa camarera de la que siempre ha estado enamorado.         
 
   Menos amplia, aunque muy variada, es su experiencia en la pequeña pantalla. A principios de 2009 entró al mercado de A ver si llego para pedir a los arruinados tenderos que apadrinaran un árbol del Amazonas y atajar así la peligrosa deforestación del planeta. Conseguía que el fornido pescadero (Antonio Velázquez) se rascase el bolsillo, un gesto generoso que la empujaba a besarle apasionadamente. Dio marcha atrás en el tiempo de la mano de Cuéntame cómo pasó antes de aparecer en los siete capítulos de la malograda Los exitosos Pells, aquella comedia diaria sobre un matrimonio de periodistas que ocultaba sus miserias tras una fachada de gloria televisiva. Aída la sorprendió en 2012 con el divertido papel episódico de Lara, una aficionada a los tríos que respondía a un anuncio de Luisma (Paco León) y Barajas (Canco Rodríguez) segura de que buscaban sexo, cuando únicamente pretendían fichar a una vocalista para su improvisada formación musical. Y ante semejante malentendido, terminaba entre las sábanas junto al empollón Germán (Rafael Ramos), a quien dejaba con ganas de iniciar un noviazgo. El año pasado le dio la bienvenida Entre amig@s, la veterana webserie que reúne a numerosos actores del teatro musical, con 250 entregas repartidas en tres temporadas.
 
 
 

 
 
 
   La escuela de interpretación Central de Cine, donde cursó un máster entre 2006 y 2007, le brindó un personaje para Amigos. A continuación rodó otra pieza dentro del ámbito académico, Los ojos del vampiro, esta vez para la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM). Tan terrorífico trabajo le supuso un cambio de registro, pues se puso en la piel de una vampiresa que llevaba siglos habitando en un bosque y bebiendo sangre humana sin envejecer un ápice, una inmortalidad transmisible a sus víctimas. Con una de ellas, un muchacho ansioso de vida eterna, iniciaba un idilio de cien años. Pero él moría cuando el pintor que le retrataba, temeroso ante un posible ataque suyo si no le gustaba el cuadro, abría una ventana por la que entraba un chorro de luz capaz de desintegrarle. Ya en 2008 participó en el intrigante Hender como amante de un hombre casado que se negaba a abandonar a su mujer por miedo a perder la excelente posición económica de que disfrutaba. Los espectadores descubrían en el desenlace que ella trabajaba realmente para la suspicaz esposa, que todo se trataba de una trampa para poner a prueba la fidelidad de tan desleal marido. Otro título de su filmografía es Periódico, cuyo director la convirtió en una intratable periodista dispuesta a desprestigiar la labor de un fotógrafo de la redacción. 
 
   Tan dentro lleva Ros la música que incluso es compositora del tema Dame, popularizado entre millones de españoles por Chenoa en 2003. Y no hay duda de que por delante le queda mucho camino, como reza esa frase de Moulin Rouge que tanto le gusta: The show must go on.
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz?
− Ha sido más bien un viaje, no una decisión. Desde pequeña, lo que más llamaba mi atención tenía que ver con este oficio, en mis juegos siempre había actuaciones, canciones y bailes. Ya de más mayor dedicaba todo el tiempo libre que me dejaban los estudios a recibir clases. Mi primer trabajo profesional, mi entrada al mundo del espectáculo, fue como bailarina a los 16 años. Después de eso todo ha sido evolución y aprendizaje.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− Nunca tuve que decirle a nadie que iba a ser actriz. Mis padres también tienen su faceta artística: ella canta flamenco y él pinta. No hicieron de ello su profesión, pero entendieron de forma natural mi sentimiento y dejaron que mi inmersión en este mundillo fuese fluida, según iba creciendo mi interés. Mis amigos y compañeros del colegio estaban tan acostumbrados a mis bailes y actuaciones que tampoco les pilló por sorpresa. Sí hubo un momento en que la interpretación ganó fuerza sobre el canto y la danza: cuando empecé a trabajar en teatro musical. Al reunir todas esas habilidades sobre un escenario sentí que era la interpretación con lo que más disfrutaba y donde más libre me sentía.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Siempre que he sido seleccionada para un papel que me gustaba. Cada uno me ha aportado un aprendizaje nuevo y me ha reafirmado como actriz, tanto de manera personal como de cara al público.
 
− ¿Cuál de los papeles que ha interpretado le ha dejado una huella especial? ¿Por qué motivo?
− El de Bella en el musical La Bella y la Bestia, de Walt Disney, representado en el Teatro Lope de Vega. Fue de las obras más impresionantes en las que he participado, tanto por su despliegue técnico como artístico. Y aunque no era titular, sino cover, hice el personaje las veces suficientes como para sentir la responsabilidad de encarnar un protagonista y llevar el peso de un montaje tan grande.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Estoy muy implicada emocionalmente en la defensa animal y contribuyo con esa causa en la medida lo posible. Hace casi 10 años que soy vegana. Parte importante de la decisión fue culpa del documental Earthlings, narrado por el actor Joaquin Phoenix, que me reafirmó en la idea de que no necesito comer animales para estar sana. Por eso me dedicaría a algo relacionado con los animales y el mundo vegano. De todas formas, uno no deja de ser artista por el hecho de no ganarse la vida con ello, así que seguiría metida en proyectos sin importarme la repercusión mediática que tuviesen. La forma en que percibo las cosas y la necesidad de expresarme artísticamente siempre van a estar conmigo, no son cosas de las que pueda prescindir fácilmente.
 
 
 

 
 
 
 
− ¿Ha querido tirar la toalla?
− Lo he pensado en algún momento, pero siempre de manera vaga, nada profunda. Los segundos que mi mente ha dedicado a barajar esa idea han sido tan amargos que siempre he intentado que se quedaran solo en eso.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Actuar es un regalo. Y si alguna cosa me parece un lío, trato de verla como una oportunidad para descubrir algo nuevo de este oficio o de mí misma, como una buena ocasión para crecer y avanzar.
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Solo al principio, porque así puedo hacer una evaluación de mi trabajo, pero luego no suelo volver sobre ellos.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Estaría bien dejar de centrarse en todo lo malo que le ocurre a nuestro cine y empezar a destacar las cosas buenas que tiene. Si no llegan las medidas necesarias para solucionar el problema de la financiación, tendremos que apostar más que nunca por la creatividad, por hacer un cine modesto pero contundente. En este país hay gente con muchísimo talento que espera su oportunidad. Tampoco nos vendría mal valorar más nuestro producto y darle mayor visibilidad para que alcance el prestigio que se merece como arte: mejor nos iría si los medios de comunicación dedicasen a la cultura la mitad del tiempo que dedican al fútbol.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Sin poder hablar con los dos ni cuadrar fechas... contestaría a Tarantino. Sus historias siempre me sorprenden de alguna manera, me encanta que me saquen de lo establecido. Aunque he de decir que, como actriz, me atraería especialmente interpretar un personaje de Tim Burton: una parte de mi mundo imaginario se parece a su estética.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Emma Thompson en esa escena de Love Actually donde escucha el disco de Joni Mitchell. No es la primera interpretación que me conmovió ni tampoco la que lo hizo con más intensidad, pero reconozco que tengo una memoria pésima y es la primera que me ha venido a la mente. De todos modos, hay muchas: soy de lágrima fácil, de risa fácil y de grito fácil.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
“Impossible to see the future is”, de Yoda en El ataque de los clones. Más que un leit motiv, diría que es una coletilla que en muchas ocasiones me ha venido bien. Lo curioso es que me quedé con ella pese a ver el filme tan solo una vez, no sé por qué, quizás porque me hizo gracia cómo sonó esa frase en particular.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− Me sucede eso con la serie Friends: no puedo contar las veces que he visto determinados capítulos. En la infancia sí me sabía de memoria varias películas, como Dirty Dancing, pero ahora no veo más de una vez la misma cinta. Y aunque en muchas ocasiones me gustaría, siempre hay alguna nueva que se convierte en prioritaria.
 
 

 
 
 
 
− ¿Cuál fue el último título que no fue capaz de ver hasta el final?
− Si estoy en una sala, aunque el filme no me esté gustando, siempre resisto hasta el final. Solo recuerdo una vez que, mientras veía aquel Crash de David Cronenberg, mucha gente se marchó tras dar silbidos. Yo también pensé en irme, pero no lo hice. La historia me estaba descolocando tanto y sentando tan mal que necesité terminar de verla. Y de entre todas las que he visto en casa, ahora me acuerdo de que I love you, Phillip Morris merece otra oportunidad.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectadora?
− No sé si es divertida. Fue en un pase de Luces rojas, dirigida por Rodrigo Cortés. Compramos entradas numeradas y nos dirigimos a nuestro sitio, pero tardamos en entrar a la sala y ya estaba a oscuras. Como había una pareja sentada justo donde nos correspondía, les dije que esas butacas las teníamos nosotros. Y su reacción me desconcertó: hicieron un gesto para que nos fuésemos al fondo, empezaron a comportarse de forma rara, se reían, murmuraban… ¡No entendía nada! Hasta que el rey Felipe VI, entonces príncipe, se asomó desde el asiento de detrás de ellos para pedir silencio. Entonces comprendí la situación, aunque sigo sin entender qué pretendía esa pareja al sentarse ahí. El acomodador vino, les llevó a su sitio y por fin pudimos ver la película.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− Espero impaciente la segunda temporada de True Detective, pero mientras tanto veo Juego de tronos. Tiene personajes atrayentes, muy bien interpretados… ¡y no dejan de surgir nuevos! Además, las tramas y los giros renuevan la emoción constantemente, hacen que estés siempre alerta.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− Los mejores consejos me los han dado los profesores con los que he estudiado y los directores para los que he trabajado. Hay uno que no olvido: “Confía en tu intuición”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Mi sensibilidad y mi disciplina.
 
− ¿Y débil?
− La necesidad de tener todo en orden y bajo control para sentirme segura.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Ahora ensayo con Adam Jezierski y Angy el cabaret La cena de los malditos, cuyo estreno está previsto para octubre.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Trabajar en un largometraje como Antes del amanecer, en una serie al estilo de Friends y llegar a la jubilación como actriz.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que la violencia deja de existir en todas sus manifestaciones y hacia todos los seres que habitan el planeta, ya sean personas o animales.
 
− ¿Qué canciones escogería ahora para ponerle banda sonora a su vida?
− Tengo tres: Love never felt so good (Michael Jackson), Chandelier (Sia) y Addicted to you (Avicci). No sé si tienen algo que ver con mi momento actual, pero me transmiten tanto que ya se encarga mi subconsciente de encontrar alguna parcelita dentro de mí relacionada con esos temas, más con el sentimiento que con la letra.
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− Desde una perspectiva práctica, en cualquier época futura. Soy optimista y pienso que el ser humano va a mejorar. Como ensoñación, elegiría el siglo XVIII: me gusta el pensamiento que surgía por entonces, los modales, el arte y lo romántico de la estética.  
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Me parece sumamente importante que alguien vele por nuestros derechos de imagen. En cuanto a aspectos mejorables, no se me ocurre ninguno.
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