twitter instagram facebook
Versión imprimir
06-05-2019


Descargar'>Marcel Borràs, durante el reciente rodaje de 'Incierta gloria'

Marcel Borràs, durante el reciente rodaje de 'Incierta gloria'


EL LOCALIZADOR

Barones, bombas y porno
en el pueblo viejo de Belchite

La conservación forzosa del desastre que dejó la Guerra Civil en esta localidad zaragozana se torna garantía de subsistencia para sus vecinos gracias a su atractivo como escenario de rodajes
 

SERGIO DEL MOLINO (@sergiodelmolino)
Reportaje gráfico en Belchite: Fernando Neira (@fneirad)
Todo estuvo a punto de irse al carajo en 2008, cuando saltó a la prensa el estreno de la primera superproducción porno española. Mundo perro, catalogada como pornografía de autor, presentaba una sucesión de orgías al aire libre en un futuro postapocalíptico que el director y guionista, Roberto Valtueña, imaginó en los Monegros. ¿Para qué recrear un apocalipsis en un plató cuando el paisaje te lo da hecho? La idea cayó simpática. El porno estaba saliendo del armario con olor a lubricante y culpa donde había vivido desde los tiempos de Pompeya y se volvía artístico, mainstream e incluso, a ratos, feminista (sic). Mundo perro consolidaba la aceptación social del género en todas partes. ¿En todas partes? No. Una aldea poblada por irreductibles aragoneses resistió el embrujo. No es que les pareciera mal el porno ni el postapocalipsis: ambas cosas estaban bien siempre que les pasase a los demás, pero, caray, es que Mundo perro se rodó en gran medida en las ruinas de su pueblo viejo. Y no se habían contentado con andar en pelota por ahí, haciendo sus guarradas en unos restos de memoria dolorosísimamente histórica, sino que se habían atrevido a filmar un polvo en la iglesia. En lo que quedaba de la iglesia, frente a lo que quedaba del altar mayor. Hasta los más laicos convinieron en que aquello era pasarse un poco.
 
   La gente de Belchite se enfadó tanto que durante un tiempo dejaron de concederse permisos de rodaje y se cerró el acceso a las ruinas, lo cual amenazaba el idilio de más de 20 años que el municipio vivía con el mundo del cine, desde que Terry Gilliam lo eligió como localización en 1987 para su delirante y megalomaníaca Las aventuras del barón Munchausen. Desde entonces, el pueblo viejo ha sido un plató muy recurrente para todo tipo de belicismos, fantasías de fin del mundo y derrumbes en general.
 
 

Descargar'>'Las aventuras del barón Munchausen', de 1987

'Las aventuras del barón Munchausen', de 1987

 
 
   Belchite, levantado sobre un páramo arisco y ventoso a 50 kilómetros al sur de Zaragoza, tuvo la mala suerte de quedarse muy cerca de la línea del frente en 1936. Un frente que apenas se movió hasta la primavera de 1938. El ejército republicano intentó romperlo varias veces para conquistar Zaragoza, de la cual Belchite era una de sus defensas. Lograron tomar el pueblo en el verano de 1937, tras una durísima batalla que lleva su nombre y que lo dejó arrasado. A diferencia de otras localidades igualmente destruidas, como Brunete, que fueron reconstruidas ya en los años cuarenta por la Dirección General de Regiones Devastadas, Franco quiso que las ruinas de Belchite quedaran “en el prestigio intacto de su dolor actual”. Por eso en unos terrenos limítrofes se levantó una ciudad de nueva planta: Belchite Nuevo. O Belchite a secas. A partir de entonces, las ruinas empezaron a ser conocidas como el pueblo viejo. Una leyenda a la entrada dice: “Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan los zagales”.
 
   Las ruinas siguen impresionando al visitante 80 años después de la batalla. Aunque se han deteriorado (hay proyectos de restauración, pero tantos inviernos de cierzo han tirado al suelo muchas más paredes que las que ya habían tumbado las bombas), continúan manteniendo el eco del horror. Es uno de los pocos lugares donde la guerra ha seguido intacta, y pasear por las calles abandonadas es hacerlo de verdad por la historia, como si el paseante fuera un soldado que inspecciona el lugar del brutal combate cuando aún humea. Belchite no ha dejado de humear desde 1937, y miles de turistas lo comprueban anualmente.
 
 

Descargar'>Albert Boadella localizó en el viejo Belchite su película 'Buen viaje, Excelencia', de 2002

Albert Boadella localizó en el viejo Belchite su película 'Buen viaje, Excelencia', de 2002

 
 
   Aunque desde muy pronto se rodaron documentales y piezas de propaganda, fue Terry Gilliam quien finalmente descubrió del todo Belchite para el cine. Su barón Munchausen, una superproducción casi hollywoodiense, empleó a todos los vecinos como extras en un rodaje que revolucionó la comarca y hasta la ciudad de Zaragoza. Las ruinas se vistieron con fachadas de cartón-piedra y elementos disparatados, como globos. En Belchite guardan un gratísimo recuerdo de aquellos días en que, quien más, quien menos, hizo un negocio a costa del séptimo arte.
 
   Desde aquella película, las ruinas se han fatigado delante de muchas cámaras. El Ayuntamiento ha adaptado sus ordenanzas, y sus concejales quizá sean los políticos españoles que más al día están en normativa audiovisual. En la actualidad se cobra una tasa de rodaje de 390 euros por jornada si se solicita el uso exclusivo de las ruinas y se tiene que prohibir la entrada de visitantes. Más que recaudar, esa cantidad busca disuadir a amateurs y llevar un control del uso fílmico que se da a las ruinas, para que no se cuelen otros fornicadores profesionales como los de Mundo perro. La cuestión es que no pueda entrar cualquiera con una cámara a hacer lo que le dé la gana.
 
 

El pueblo viejo, en la primavera de 2016 durante el rodaje de Villaronga

El pueblo viejo, en la primavera de 2016 durante el rodaje de Villaronga

 
 
   Aunque un escenario tan poderoso ofrece muchas posibilidades para un espectro muy amplio de argumentos (como bien sabían, por motivos distintos, tanto Gilliam como Valtueña), la Guerra Civil ejerce un monopolio temático tal vez inevitable. Guillermo del Toro filmó aquí secuencias de El laberinto del fauno, mientras que Albert Boadella colocó a su Francisco Franco particular en medio del pueblo viejo para su Buen viaje, excelencia. Más reciente es Incierta gloria, la adaptación de la novela de Joan Sales que rubrica Agustí Villaronga. Buena parte de su metraje transcurre en Belchite, lo cual era casi obligado, pues la novela de Sales se ambienta en el frente de Aragón en 1937, justo en la época en que el pueblo fue destruido.
 
   Todo esto ha hecho de los belchitanos gente acostumbrada al argot y las rutinas gremiales del celuloide. Han visto muchas cámaras, muchos focos, muchos decorados, muchos directores gritando “¡Corten!”. Cualquier vecino tiene una anécdota con un actor, con un cineasta, con un técnico. Hay quien recuerda que conoció a Uma Thurman cuando no era Uma Thurman, y no hay apenas nadie que no pueda señalar con orgullo un plano donde aparece de extra, ya sea con uniforme republicano o boina de paisano o sacándole brillo a un coche de los años treinta. Aunque no solo. Además de largometrajes, infinidad de anuncios, documentales y piezas para televisión se graban aquí. Prácticamente no pasa un mes sin que asome un equipo para sacar unas tomas, y la oficina municipal encargada de atenderlos se ha ganado fama de escrupulosa y eficaz en la resolución de problemas, y para espantar a estrellas mundiales del porno con ganas de hacer acrobacias en suelo santo.
 
   Todo un orgullo para una tierra castigada, muy despoblada, con graves problemas de futuro, envejecida, un poco retirada de autopistas y líneas de AVE, que solo tiene para ofrecer un pasado doloroso que guarda celosamente para que ningún actor del porno lo mancille. El pueblo vecino, por cierto, a unos 20 kilómetros, es Fuendetodos, la localidad donde nació Goya, autor de aquellos desastres que las ruinas de Belchite recuerdan sobre el paisaje. Es esta una comarca dura y extraña, también hermosa, castigada por una antigua guerra que no les han consentido olvidar y que regresa cada dos por tres en forma de luces, cámaras y acciones.
 
 

La misma avenida ruinosa, en una imagen nocturna

La misma avenida ruinosa, en una imagen nocturna

 
 
Cómo ir
Tres horas y media en coche separan Madrid de Belchite. Hay que recorrer 262 kilómetros de la autovía A-2 hasta el municipio zaragozano de La Almunia de Doña Godina, desde donde la carretera autonómica A-220 llega a Belchite después de cubrir 63 kilómetros.

Más información
 

Versión imprimir