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30-11-2012 Versión imprimir
“Perdí a mis padres
y el teatro me salvó la vida”

Tras 20 años de oficio, la andaluza sigue mostrándose versátil frente a la cámara y afronta una incipiente carrera musical  

 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha 
Acababan de finalizar sus vacaciones cuando nos citamos con ella en el centro de Madrid y las arenas de Cádiz ya solo constituían un luminoso recuerdo, pero no le importó. La agenda de Belén López está llena de compromisos y ella es mujer poco propensa a las añoranzas. Este otoño su filmografía alcanzará los diez títulos gracias a los estrenos de Holmes & Watson. Madrid days y 15 años y un día; toda una hazaña en plena crisis del celuloide. José Luis Garci la ha trasladado a la España decimonónica en la piel de Irene Adler, amante del detective más célebre del imaginario universal. “Es el icono de la mujer perfecta. De ella han escrito que es la cosa más bonita que se ha visto bajo un sombrero y que tiene la mente del más decidido de los hombres”, sentencia la actriz. Radicalmente opuesta es Aledo, la inspectora de policía endurecida por la vida que ha construido a las órdenes de Gracia Querejeta en su historia sobre la rebeldía de un adolescente.

   Más adelante llegará a las salas Anesthesia, ópera prima del colombiano Alejandro Ochoa, en la que encarna a una desnortada ejecutiva financiera. Con suerte, su personaje trascenderá nuestras fronteras, ya que la cinta se rodó íntegramente en inglés. La pequeña pantalla –que le ha dado sus papeles más conocidos en series como Motivos personales o Pelotas– tampoco es ajena al dulce momento que atraviesa su carrera. Y es que próximamente volverá a ponerse tras la barra de su taberna en Luna, el misterio de Calenda, que ha renovado por una segunda temporada en Antena 3.

   La conversación transcurre en la Gran Vía madrileña, ciudad con la que esta sevillana de corazón gaditano mantiene una relación de amor-odio: “Hay un cielo espléndido, pero está muy alto y me paso el día mirando hacia arriba para poder verlo. Tener que estar aquí de lunes a domingo me ahoga”. Por eso ha declinado durante años cualquier propuesta sobre las tablas, en las que dio sus primeros pasos como actriz y a las que volverá con Deseos, de Miguel del Arco.

– Aunque se ha prodigado poco en el teatro, tuvo la fortuna de actuar en ‘Troyanas’, dirigida por el aclamado dramaturgo galo Daniel Benoin.
– Ese montaje dispuso de un elenco brutal, con María Galiana o Berta Gómez, pero lo pasé tan mal que incluso se me cayó el pelo. Estaba iniciando mi trayectoria y encarnar a Helena de Troya en el Festival de Mérida fue una responsabilidad tremenda. Además, era un personaje muy duro, me pegaban todas las noches.

– Tampoco fueron fáciles sus comienzos televisivos…
– Debuté con Doña María Coronel, en Canal Sur, y la primera escena que rodé fue de cama. Hacía de Aldonza Coronel, me acostaba con Pedro el Cruel y tuvimos que repetir porque bordamos el movimiento… ¡pero no emitimos un solo sonido! [risas].

– Luego llegaron ‘Plaza alta’ o ‘Esencia de poder’. ¿Temió que intervenir en esos dos culebrones pudiera pasarle factura?
– No. Es un género muy digno y el mejor entrenamiento para el actor: se graban diez secuencias diarias y los resultados se ven casi de inmediato. Nunca he menospreciado esos trabajos porque, como a todos los demás, les puse toda mi alma, mi tiempo y mi esfuerzo.

– Lleva dos décadas entregándose a sus personajes. ¿Siempre tuvo claro que quería dedicarse a esto?
– Interpretar ha sido una necesidad desde que nací. ¡Yo era la estrella de las Salesianas! [risas]. Pero pensaba que de este oficio no se podía comer, así que hice un curso de Periodismo, otro de Empresariales y disfrutaba poniendo guapa a la gente en la peluquería de mi madre. Hasta que me llevó a ver un montón de funciones en Londres y me decidí.

– Arriesgó y ganó…
– El primer día que pisé el Centro Andaluz de Teatro, cuando aún no me habían admitido, fui feliz. En los dos primeros cursos perdí a mis padres y el teatro me salvó la vida: estaba en la escuela desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche estudiando música, canto, danza, acrobacias, pantomima... Por ahora soy afortunada porque no he sufrido largos períodos sin que nadie levante el teléfono y durante los paroncitos he formulado deseos que no han tardado en cumplirse. 

– Uno de aquellos anhelos era cantar ante la cámara y lo consiguió en ‘Hoy quiero confesar’ y ‘Los simuladores’. ¿Se ha planteado ser cantante profesional?
– Entre 2000 y 2006 hice mis pinitos con Rayo y los Trueno, un grupo que también integraban los actores Guillermo Rayo y Manolo Caro. Ahora he emprendido un proyecto con músicos estupendos y el productor Fernando Vacas, que ha trabajado con Russian Red. Ya hemos grabado una maqueta con versiones y dos temas míos, aunque lo que más me apetece es ofrecer directos: si interpretar delante del público es una maravilla, hacerlo con música lo eleva a la enésima potencia.

– Con ‘La distancia’ obtuvo su primer papel relevante en cine y pudo haber optado al Goya como mejor actriz revelación. ¿Qué ocurrió?
– Fue una película maltratada sin motivo por los productores, que ni siquiera la distribuyeron entre los académicos. Quisimos hacer copias para que la vieran porque tenía un guion madurado a lo largo de diez años y la labor del equipo, tanto artístico como técnico, era magnífica. Perder esa supuesta nominación al Goya no me molestó: es indudable que llegar hasta ahí garantiza seguridad y repercusión, pero con trabajar tengo el premio más bonito del mundo.

– ‘Intrusos en Manasés’ es, de momento, el único título que ha protagonizado en la gran pantalla. ¿También supuso su mayor reto?
– Estuvimos casi dos meses sin poder dormir ocho horas diarias, grabando de noche y con un frío espeluznante. ¡Nunca me he visto tan delgada! Además, pasamos auténtico miedo porque era un filme de terror y sucedieron cosas extrañas que no estaban previstas: mientras rodaba una escena cayó un cascote enorme junto a mí y en la postproducción descubrieron una voz en alemán advirtiendo que no jugásemos con la Historia…

– Su presencia en ‘8 citas’ le hizo especial ilusión porque pudo hacer de andaluza sin cortapisas. ¿Persisten los prejuicios hacia ese acento?
– No nos dejan usarlo porque se sigue vinculando con gente graciosa y de poca formación. En R.I.S. Científica quise que la forense que interpretaba procediera del sur. Se lo propuse a Telecinco y a Salvador Calvo, el director de la serie, pero se negaron. Y no lo entendí: si hemos tenido un presidente del gobierno y ministros andaluces, ¿por qué no puede serlo una médica?

– Tras la subida del IVA cultural y la merma de las subvenciones, ¿cuál es su pronóstico sobre el futuro del celuloide?
– Siempre habrá la necesidad de contar historias. Si desapareciera el cine como lo hemos concebido hasta ahora, que habiliten la mejor sala de cada museo para mostrar películas, pues son el séptimo arte. Quizás así, valorándolas más, gozasen de mayor acogida que en las salas. O más sencillo: pongámonos todos en acción para adaptar el sector a las nuevas pautas de consumo.
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