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‘Belle de jour’ o las perversiones teóricas

JAVIER OCAÑA

 
 
Entre los mayores éxitos de público obtenidos por el genio aragonés en toda su carrera destaca Belle de jour (1967), que ocupa un lugar preponderante en la última etapa de su filmografía: la francesa. Esa cinta sobre el fetichismo –tan repetido en la obra del cineasta– y el masoquismo estaba basada en una novela de Joseph Kessel y protagonizada por Catherine Deneuve, Michel Piccoli, Paco Rabal, Jean Sorel… Contaba las andanzas de una mujer burguesa que, durante las horas de trabajo de su marido, se prostituía. Primero por curiosidad y después por placer. Esas perversiones sexuales, sin embargo, poco tenían que ver con don Luis en su vida privada. Él mismo lo aclara en Mi último suspiro, su libro de memorias: “Solo experimento una atracción teórica y exterior. Me divierte y me interesa, pero yo nada tengo de perverso. Lo contrario sería sorprendente, porque yo creo que a un perverso no le gusta mostrar en público su perversión, su secreto”.

   Tras ganar el León de Oro en el Festival de Venecia, el filme aguantó meses en la cartelera de las principales capitales europeas, según cuenta John Baxter en su biografía sobre Buñuel. Aunque lo mejor de todo ello es la explicación del director a tamaño logro: “Belle de jour fue quizá el mayor éxito comercial de mi vida, lo que atribuyo a las putas de la película más que a mi trabajo…”.

   Capítulo aparte merece el reestreno de Belle de jour en Estados Unidos en el año 1995. Apadrinada por el calor de la opinión de Martin Scorsese, que dijo de la película que era “embelesadora, perversa, hilarante y poética al mismo tiempo”, comenzó a exhibirse en un cine de Nueva York en el mes de junio. Y ya en el mes de agosto ocupaba 69 salas en todas las grandes ciudades del país. Como describe una crónica del hoy director y dramaturgo Juan Cavestany para el periódico El País, cuando tuvo su primer estreno en 1968 “fue despachada por los críticos como una irrisoria muestra de la perversión sexual de la burguesía europea”, pero en esa reposición de 1995 se supo valorar su insólita belleza.   
 
 
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