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21-06-2017 Versión imprimir

 

Concha Velasco y Arturo Fernández son de oro
(y con butaca
en el Reina Victoria)


El teatro madrileño honra a los grandes de la escena con motivo de su primer centenario
 
TITO ANTÓN
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha 
(@enrique_cidoncha)
La excusa para la celebración era inmejorable: el primer centenario del Teatro Reina Victoria, en el corazón de la madrileña Carrera de San Jerónimo. Y las bromas en torno al paso de los años también fueron recurrentes: unos y otros tendremos que cuidarnos para llegar de buen ver al bicentenario. En clave teatrera y cómico-metafísica, puesto que mala solución tienen nuestras limitaciones existenciales, se desarrolló este martes 20 de junio la fiesta que los grandes de la escena concedieron a dos compañeros no ya enormes, sino gigantescos.
 
   Concha Velasco y Arturo Fernández, intérpretes que llevan casi más horas sobre los escenarios que de sueño, fueron los receptores de las Butacas de Oro del Reina Victoria, el rincón capitalino donde han escrito algunas de sus más memorables páginas artísticas, que darían para un libro bien gordo. Y para ello contaron con un entregador ilustre, el ministro Íñigo Méndez de Vigo, y un anfitrión con don de gentes irrefutable, el actor y presentador televisivo Carlos Sobera. El hombre que el año pasado le echó coraje, o valor, o hasta puede que temeridad, adquirió el mítico inmueble y añadió a sus atribuciones la de empresario.
 
 
Foto de familia con muchos de los titulares de las Butacas de Oro y el ministro Méndez de Vigo
Foto de familia con muchos de los titulares de las Butacas de Oro y el ministro Méndez de Vigo
 
 
 
   Las Butacas de Oro son un reconocimiento simbólico, pero de enorme valor sentimental para quienes han hecho del teatro su segunda casa, incluso quizás la primera. Lola Herrera, María Luisa Merlo, María José Alfonso, Luis Varela, Juan José Alonso Millán, Marisol Ayuso, José Luis Pellicena, Victoria Vera, Manuel Zarzo y Jaime Azpilicueta ya contaban con sus butacas nominales y personalizadas en la platea. Ahora tocaba cerrar el ciclo y llegar al 12, tantos como meses del año en que el Reina Victoria sopló su vela número 100. Y para completar esa nómina de seis grandes mujeres y seis grandes hombres, difícil pensar en nadie mejor que Concha Velasco y Arturo Fernández. Ambos recibieron este premio, y el abrumador aplauso del patio de butacas, echándole unas gotas de memoria y un gran torrente de humor a sus intervenciones.
 
 

 
 
 
Suicidio ante los Reyes
Concha Velasco recordó que los hoy Reyes eméritos y el entonces Príncipe la vieron en el Reina Victoria con una función de Buenas noches, madre. Juan Carlos I había sido alumno del padre de la actriz en la Academia General Militar de Zaragoza. Ella tenía que suicidarse con un disparo al final de la función, pero los guardaespaldas de la Familia Real le decían que no podía. “¡Al final me pegué el tiro como me dio la gana!”, concluyó Velasco entre risas.
 
   Durante su discurso alabó las mejoras acometidas en este coliseo madrileño desde que Carlos Sobera invirtiera en 2016 siete millones de euros para su adquisición: “Lo has pintado de color teatro. Antes lo llamábamos color WC porque era verde…”. Las carcajadas dejaron paso a un tono de agradecimiento cuando comparó la inversión de Sobera con la que realizó Jesús Cimarro en La Latina hace unos años.
 
 

 
 
 
Un ‘chatín’ feliz
Cargado de emoción estuvo el pensamiento de Arturo Fernández al encontrarse de nuevo ante un telón. “Qué maravillosa profesión. Y qué difícil a la vez. Los teatros son nuestra casa: pasamos más horas encima del escenario y en el camerino que en nuestro propio hogar”. Esa declaración de amor a la escena la acompañó con una exageración sobre su avanzada edad, poniendo de manifiesto su incombustible humor: “Me faltaron apenas unos meses para venir a la inauguración del Reina Victoria, que abrió sus puertas hace 100 años”.
 
   El asturiano recogió el testigo de su compañera de homenaje al hablar de Sobera como “un valiente” por haberse convertido en empresario del teatro. Y se despidió del numeroso público que ocupaba el patio de butacas con un apelativo que ya es emblema: “Chatines, sed felices”.
 
   El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, puso el colofón al acto con cálidas alabanzas a Velasco y Fernández, ovacionadas entre los espectadores. “Estos actores han estado tan ocupados cumpliendo sueños que nunca han tenido tiempo de dormir”, sentenció. Por aquello de seguir bromeando con las cosas de la edad, el integrante del Ejecutivo se mostró convencido de que no llegará al bicentenario del teatro “porque esto de la política cansa mucho”. Vaticinó, sin embargo, que Concha y Arturo sí estarían presentes. “Siempre y cuando encuentren un hueco en su agenda de estrenos”, matizó las risas del respetable.
 
   Porque el público es respetable siempre, faltaría más, pero en el evento del Reina Victoria era, además de todo, ilustre. Nombres como los de Pedro Ruiz, Ángel Ruiz, María José Cantudo, Raúl Sender, María Kosty, Kiti Manver, Valentín Paredes, Rosa Valenty, Claudia Gravy, Fernando Chinarro, Lucía Álvarez o David Tortosa aplaudían desde las butacas, donde también podía verse a Paolo Vasile, el presidente de Mediaset. No en vano, Sobera triunfa ahora mismo como presentador de First dates en Cuatro, una de las cadenas del gigante mediático.
 
 
La Joven Compañía
La Joven Compañía
 
 
 
   La fiesta se vio enriquecida por las actuaciones de las exultantes promesas de La Joven Compañía y del monologuista gallego Miguel Lago, que suma cerca de 22.000 espectadores en su primera temporada haciendo reír en el coliseo de la Carrera de San Jerónimo. “Me emociona ver a tanta gente en este teatro. Me emociona incluso ver a alguno que ya estuvo en su inauguración”, se carcajeó, incidiendo en una de las bromas más explotadas de la noche. El Reina Victoria es el noveno teatro madrileño que sobrepasa el siglo de vida en la ciudad, una condición que el Teatro de La Latina también alcanzará de aquí a solo un par de temporadas. Lo recordó el periodista Antonio Castro Jiménez, autor de un libro conmemorativo sobre estos 100 primeros años del coliseo, que recordó la eclosión del teatro comercial en la capital a partir del segundo tercio del siglo XIX y alabó la singularidad de las edificaciones. “En este caso, el patio de butacas en forma de corazón y esa claraboya para que corriera el fresco en verano”.
 
 
 
 
   Carlos Sobera, anfitrión y maestro de ceremonias, aprovechó también para hacer entrega del primer certamen literario Reina Victoria, al que han concurrido 80 libretos y que contó con un prestigioso jurado de expertos en el ámbito teatral. Íñigo Redondo se proclamó ganador con su obra Nosotros, vosotros, ellos. “Es una sensación extraña llegar aquí con una cosa que empezó en casa, con el café, el ordenador y en calzoncillos. Pero gracias al jurado por su criterio, no sé si bueno o malo…”, anotó el autor.
 
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