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22-04-2013 Versión imprimir

 

Candela Peña: "Mi profesión es sagrada
  y la respeto como a nada en el mundo"


 
La actriz catalana defiende con ardor la libertad de expresión
  tras la marejada de su discurso durante los Premios Goya
 


 
FERNANDO NEIRA
“Con nosotras no van a poder”. Se lo dijeron en el avión, rumbo al Festival de Málaga, la directora Isabel Coixet y la actriz Candela Peña, y la frase se ha convertido para esta última en un alegato fundamental, una consigna para encarar las sinrazones cotidianas ahora que los intolerantes vuelven a sacar pecho. La protagonista junto a Javier Cámara de Ayer no termina nunca, la nueva cinta de la realizadora de Mi vida sin mí, llegó a los malagueños Cines Albéniz con las heridas aún supurándole desde los últimos Goya, cuando denunció la mala atención que padeció su padre en un hospital público catalán y fue dilapidada entre los medios más conservadores del panorama periodístico español. Dijo sentirme “con muy poquita boca para hablar, porque si no te dan para el pelo”, pero acabó mostrándose algo más que explícita y defendiendo con ardor la libertad de expresión. “Yo confiaba en la bondad de los desconocidos, pero en este país somos mezquinos y carroñeros”, exclamó a modo de balance demoledor.
 
   ¿Cómo se imagina su vida allá por 2017?, le preguntamos en referencia al año en que transcurre la trama de Ayer no termina nunca. Candela esbozó un ligero gesto de sorpresa y se detuvo un instante, pero disparó: “Quiero pensar que dentro de cinco años no llamarán nazis a quienes se manifiestan y que este Gobierno que ahora padecemos habrá pasado. Quiero pensar que para entonces a la gente de las preferentes le habrán devuelto la pasta o que se proyectarán pelis en las escuelas públicas. Pero, en cualquier caso”, insistió, “con nosotras no van a poder. Mi profesión no es el cementerio de coches de todas las profesiones, no. Es sagrada y la respeto como a nada en el mundo”.
 
 

 
 
 
   Peña argumentó que el afán del hombre por comunicarse y expresar sus anhelos y preocupaciones a través de la creación artística es superior a cualquier condicionante político o coyuntural. “Si acaban con todo el dinero de la cultura”, exclamó, “me subiré a una caja de cervezas y ese será mi escenario. Yo no pido que me den Goyas ni nada. Solo pido que me den trabajo, ¡coño!”.
 
   La artista que tanto revuelo entre algunos organizó cuando recogió la estatuilla por su trabajo en Una pistola en cada mano (antes ya atesoraba dos cabezones gracias a Te doy mis ojos y Princesas, en 2003 y 2005) fue muy cruda al relatar los momentos que siguieron a la consecución de su tercer Goya. “Pocos días después de recogerlo, estaba en mi cocina bebiendo leche del supermercado Día y contestando unas preguntas que me remitió una revista por correo electrónico. Y yo les escribí que seguía siendo igual de naïf que siempre, tanto como para hacerles el trabajo a una revista donde no hay espacio para el talento”. No quiso especificar Candela a qué cabecera se refería, pero sí desveló el desenlace: “La entrevista no me la han publicado”.
 
 

 
 
 
Sin un duro
Los ataques han dejado un poso amargo en el parlamento de la mujer que da vida a C., la mujer que se reencuentra con J. y su pasado común, tan plagado de pasiones como heridas sin cerrar, en la más reciente entrega de Coixet. “Con Goyas o sin Goyas, ahora estoy sin un duro”, admitió. Y en un tono aún más afilado se explayó: “Me cundiría más si me concedieran el Premio Max Factor porque tuviera 15 centímetros más y cinco kilos menos. Sería mucho más decisivo para mi carrera escribir un blog de moda, tener poco talento o buena mano para protagonizar muchas campañas publicitarias…”.
 
   Pese a todo, Peña se resarce de unos cuantos sinsabores con Ayer no termina nunca, una cinta que representa un intenso duelo interpretativo con Javier Cámara prácticamente desde el primer al último minuto del metraje. “He llegado a lugares que interpretativamente no había alcanzado nunca”, aseguró. “Y ha terminado siendo fácil, pese a esa animalada de sufrimiento que acumula C.”, expresada a lo largo de secuencias que en ocasiones representaban 25 minutos de rodaje ininterrumpido con dos cámaras, una siguiendo a Candela y la otra a Javier, y ninguna marca.
 
   La actriz también admitió la influencia de que este haya sido su primer gran rodaje tras vivir la experiencia de la maternidad, un elemento muy decisivo, como descubrirá el aficionado, en el devenir dramático de C. “Digamos que es un proyecto que nos llegó en un momento muy particular de nuestras vidas”, resumió.
22-04-2013 Versión imprimir
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