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20-10-2015 Versión imprimir

 
 
Carlos Areces



“Yo de pequeño ya tenía un regusto de abuela”


Fue niño al que le daban miedo los niños. Hoy no para de hacer reír, aunque sea con sonrisa amarga. O a veces quieran impedírselo



TOÑO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
A Leonardo da Vinci le hubiera encantado pintar a Carlos Areces inserto en un círculo con los brazos extendidos; porque este carabanchelero nacido en Madrid, en 1976, representa a la perfección el ideal de hombre renacentista. Todo lo hace bien, ya sea como actor, humorista, dibujante, cantante o seleccionador de gominolas. Las mismas que nos ofrece como detalle de cortesía la cafetería donde se desarrolla la charla. Areces, que se dio a conocer en la troupe televisiva de La hora chanante y Muchachada Nui, es gracioso casi a su pesar. Contesta sin pestañear que nunca supo en qué trabajaba su padre: “Sé que cuando me preguntaban tenía que decir que era profesor mercantil, pero él no daba clase”. Su madre era funcionaria y en su familia nunca hubo una especial veta artística… O él se la quedó todita. Con más de 30 películas a sus espaldas y una sonora trifulca en la última gala de los Goya, en la temporada 2015/2016 va para el sextete con Negociador (de Borja Cobeaga), Sexo fácil, películas tristes (Alejo Flah), Anacleto, agente secreto (Javier Ruiz Caldera), Incidencias (José Corbacho y Juan Cruz), Mi gran noche (Álex de la Iglesia) y Cuerpo de élite: misión Palomares (Joaquín Mazón). Interior, tarde, Carlos Areces entra en una cafetería de hotel donde le aguarda un periodista con la primera pregunta en ristre:
 
 

 
 
 
– Debería preguntarle de dónde le viene la vocación. ¿Se lo pregunto?
– Para mí ser actor siempre ha sido la meta.
 
– ¿Más que la música y más que dibujar?
– Tuve mucha facilidad para el dibujo de pequeño, porque yo crecí leyendo Mortadelo y Filemón...
 
– Pero eso todos…
– Bueno, ya. Pues quizá la facilidad vendrá de que en los huecos que yo aprovechaba para dibujar vosotros os ibais a jugar al fútbol y a desarrollaros físicamente como personas normales. Y yo no. A mí el esfuerzo físico siempre me ha despertado entre pereza y pavor. Soy de las pocas personas a las que le ha quedado gimnasia para septiembre.
 
– ¿Era usted el típico chico solitario?
– Sí, además el resto de los niños me daban miedo. Los chicos de mi barrio me parecían delincuentes. Como ves yo de pequeño ya tenía un regusto de abuela. Supongo que la vocación vino como una forma de escapismo de ese mundo hostil. A mí me fascinaba lo que veía en la pantalla. Todo empieza por imitación. Me metí en un grupo de teatro amateur de la parroquia.
 
 

 
 
 
– ¿Recuerda su primer papel?
Con tres años hice de enanito de Blancanieves. Tengo fotos. La profesora era Blancanieves y éramos unos 25 enanitos. A nadie parecía importarle. Luego, ya con más conciencia, hice Esperando a Godot en una versión un poco libre que montamos en el taller de teatro del colegio.
 
– Pronto le veremos encarnando a un personaje que lleva de nombre Boyero…
– Sí. Yo también me pregunto si tiene algo que ver… [risas]. El personaje es un ministro del Interior que crea un cuerpo de élite español para luchar contra las amenazas que acechan al Estado.
 
– ¿Conoce usted a Carlos Boyero en persona?
– No. Y no me han dado ninguna instrucción desde dirección. Si hay algo, yo no lo he pillado. Como mucho puedo decir que a lo mejor es una broma interna del guionista.
 
 
 

 
 
 
– ¿Le censuraron en la gala del año pasado por llevar un lazo naranja en apoyo a los trabajadores de RTVE?
– Observo con tristeza cómo ha cambiado la gala desde los tiempos en que la presentaba Animalario hasta el año pasado, cuando se nos empieza a pedir que firmemos un papel en el que nos comprometemos a no saltarnos el guion para que supuestamente no se vayan los tiempos. Un papel que, por cierto, muchísima gente no firmó. Solo a mí se me pidió que lo firmara en el último momento, justo antes de entrar en la alfombra roja y poco después de que apareciera en Twitter una foto mía en la que llevo el lazo naranja. Tú imagínate: hay un momento de cierta violencia porque te han hecho llegar hasta allí, perder el tiempo con ensayos y luego, en el último momento, te dicen que o firmas o no sales. Yo reacciono muy mal a los chantajes. No fue problema del guion. En los ensayos ya nos habíamos saltado el guion y a nadie le importó.
 
– ¿Va a acudir a la próxima gala?
– No creo que esté invitado, porque el productor ejecutivo [Emiliano Otegui] creo que va a ser el mismo. Hay una cierta intención de que no se diga en la gala nada que moleste, aunque sea cierto.
 
– ¿Y si le nominan?
– Sería muy bonito de comprobar [risas]. Pero realmente, ¿cuántos personajes de comedia son premiados? Lo de Carmen Machi y Karra Elejalde del año pasado es anecdótico. Tradicionalmente, todo lo humorístico, lo popular, lo mundano, lo dionisíaco está mucho peor visto que lo elevado, lo que tiene que ver con los dioses. Por eso los grandes actores multipremiados se pegan por hacer papeles de discapacitados. Quieren hacer el papel megadramático, el ultradramático, el supradramático… Cuantas más discapacidades tenga el personaje, mejor.
 
 

 
 
 
– ¿Cómo hacer humor en este contexto de censura?
En cuanto trabajas en un medio que vive de la publicidad hay temas que no puedes tocar. Y el problema es que se trata más de autocensura que de censura. Los medios de comunicación que alcanzan a más gente cada vez sucumben más a la censura, pero siempre hay caminos alternativos.
 
– En su calidad de dibujante, ¿qué le parece lo de las viñetas de Mahoma y la decisión de Charlie Hebdo de no publicar más?
– Tiene su lógica, te estás enfrentando a una gente incongruente e irracional. Me da mucha pena. Pero en este tema hay doble moral. Cuando yo estaba en El Jueves sucedió la polémica de la portada de Felipe y Letizia. Y con lo de Charlie Hebdo, cuando la gente se tiró a la calle no solo estaba denunciando los asesinatos, también se pedía libertad de expresión. Unas semanas después en El Jueves aparece una portada del Rey que es censurada y, de repente, algunos de los que defendían esa libertad de expresión justifican que se censure la portada del Rey. Es sospechoso que se retire una portada aduciendo que sea de mal gusto. Ese mal gusto o buen gusto es el mismo de la trayectoria que ha tenido El Jueves toda la vida. Nunca ha habido ningún problema: solo en dos ocasiones puntuales en las que se ha tocado a la familia real. Así que lo siento; entonces no estamos hablando de gustos, sino de censura por motivos políticos.
 
– ¿Al cine también le afecta la censura?
– Sin duda. Un tema que moleste no va a tener el apoyo económico de una televisión y no va a funcionar igual. Sin ese apoyo se tarda mucho más en levantar un proyecto y, aunque se consiga levantarlo, es probable que uno no tenga dónde estrenarlo.
 
 

 
 
 
– ¿Es posible hacer solo humor blanco, por oposición al humor negro?
– Hay un humor blanco que también me hace mucha gracia. No tengo ningún problema con el humor blanco. El problema es cuando solo se permite ese tipo de humor.
 
– Por terminar con toda la panoplia de sus virtudes… ¿Ojete Calor, su proyecto musical, sigue adelante? No se prodigan ustedes dando conciertos.
– Sí, es que no me gusta actuar. Aníbal Gómez [compañero en Ojete Calor], que tiene mucha más formación musical que yo, contaba con los imponderables de ir de gira: no saber dónde vas a actuar, cuánta gente va a ir… A mí todo eso me hacía pasarlo francamente mal. Pero seguiremos sacando canciones, vídeos, discos. Lo de actuar lo veo más difícil.
 
 
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