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05-06-2017 Versión imprimir
(Fotos: Enrique Cidoncha)
(Fotos: Enrique Cidoncha)
 

La Pili: compañera
y Mamá Grande
 
 
CARLOS BARDEM
Hoy le damos una fiesta a la Bardem, pero, conociéndola, al final seremos todos nosotros los festejados por ella. Pilar es mucha Pilar, y con ella (quien la ama lo sabe) siempre cabe la sorpresa divertida.
 
   Pili, la nena Pili, una madrileña nacida en Sevilla por ser hija de cómicos en gira. ¡Cómicos! A ella le gusta llamarnos y llamarse así. Cómicos de aquellos de repertorio, primeros actores, damas jóvenes, partiquinos y meritorios, de los que si recibían una ovación por una escena la repetían para agrado del respetable público. Rafael y Matilde eran cómicos de raza, descendientes de otros muchos: una sangre prolífica que sigue dando frutos. Rafael y Matilde aún escuchan cada noche a su Pili hablarles de tú a tú para contarles todo, alegrías y penas, ilusiones y preocupaciones. No hay una noche que la Pili no los visite con amor, pues la Bardem no necesita ver para creer sino amar para tenerte cerca, presente, lo estés o no lo estés.
 
   Rafael y Matilde eran padres ya de Juan Antonio y antes de la Bardem tuvieron otra Pili que se fue. De aquello le quedó a Pilar ser siempre la otra, la graciosa, pues al parecer la primera era la guapa. Y le quedó que su tía Guadita la  llamara Pili Pili el resto de su vida. Dos Pilis en una. La graciosa…
 
   Pilar Bardem se lo tomó en serio y, en consecuencia, siempre ha sido muy graciosa. Pero tardó media vida en darse cuenta de lo bella que era. Que es. Muy guapa y muy moderna. ¡Ay, la Bardem! La niña de las monjas, la que recuerda la misa en latín, la que quería ser misionera. Porque la vida de la Bardem no se entiende sin su amor por los demás, por proteger, por ayudar. La niña que aprendió de golpe mucho sobre la dignidad de derrotados que no se rendían en visitas colegiales a la miseria de la Ventilla…
 
 

 
 
 
   Dignidad, lucha. Si has estado a su lado, has escuchado estas palabras. No rendirse. La Bardem nunca se rindió ni permitió que nadie tirara la toalla a su lado. Hizo de la lucha por los derechos, la libertad y la dignidad de todos, una razón de vivir. De la primera huelga de actores a las justas demandas del pueblo saharaui. Ciudadana comprometida, siempre al frente de marchas y reivindicaciones, siempre prestando su voz a los que no la tienen. Sí, la niña de las monjitas se informó y floreció en mujer luchadora, feminista, concienciada. Y roja, muy roja. Pero sobre todo en ser humano empático, capaz de abrigarte en la peor de las tormentas, de ayudarte a levantarte cuando parece imposible hacerlo. De llorar por ti pero, y esto es más importante, de llorar contigo de alegría cuando la felicidad estalla imparable.
 
   Y es que la Bardem es de lágrima fácil porque siente más corazones que arenas en su pecho, porque es capaz de sentir lo que otros sienten, de teñirse con sus colores, de ser ellos, nosotros. “Ser” y no “hacer de” es el sello de los grandes interpretes, y la Bardem lo es. Por eso puede dar humanidad, verdad y riesgo a sus personajes. Quizás los escribieron otros, pero tras pasar por ella son “sus” personajes. Y la lista es tan variada como larga es su carrera en teatro, cine y televisión.
 
   Ha hecho mucho, de todo (crió tres hijos bien hermosos ella sola), y mucho bueno. Aquella niña creció escuchando viejos dichos de la profesión, como “¡Por dios, que lo que me ofrezcan sea bueno porque si es malo lo voy a hacer igual!”. No es este el lugar para enumerar títulos y trabajos. Recordad, y enseguida se os vendrá la Bardem a la memoria en este o aquel personaje.
 
   La Pili, la hija de Rafael y Matilde, de unos cómicos, logró ser lo que siempre quiso: madre, actriz y misionera. Laica, pero misionera. Con la ayuda inestimable de otros compañeros tan guerreros como ella y de personas tan valiosas como Abel Martín, Pilar se tomó como una misión aunar sus dos amores: los cómicos y la justicia. A través de su trabajo como presidenta de AISGE sigue su lucha, una vez más, por su tribu, por su gente, por sus cómicos.
 
   Y, bien pensado, la actriz y misionera se convirtió también en la Mamá Grande y protectora de esta profesión. Así la vemos muchos.
 
   La nena, la Pili, la Bardem, la compañera y el referente. 
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