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27-09-2013

 
 
Carmen Maura, la comedia de la vida


La madrileña se ha convertido esta semana en la primera actriz española que recibe el Premio Donostia. Una ocasión inmejorable para repasar su apasionante periplo artístico
 
JAVIER OCAÑA
Flashback cinematográfico nº 1. Exterior noche. Una mujer camina por la calle con la seguridad que le otorga haber dejado muy atrás la gran decisión de su vida y de haber acertado de pleno. Hubo un tiempo en que fue un hombre. Ya no lo es. Vestido rojo anaranjado apretado al cuerpo, nueva existencia apretada al alma. La calle está desierta, salvo un operario que, manguera en mano, refresca el asfalto de la calina nocturna madrileña. “¡Vamos, riégueme, no se corte!”, pide la mujer, “¡qué calor!, ¡qué sofoco!”. El agua cae a chorro sobre sus rotundas curvas. Es un orgasmo vital, un orgasmo sexual, un orgasmo cinematográfico. La actriz, sexo puro, es Carmen Maura; la película, La ley del deseo, de Pedro Almodóvar; el año, 1987.
 

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'La ley del deseo'

 
   Flashback cinematográfico nº 2. Exterior noche. Una mujer joven conduce su coche, aparca y, de pronto, oye ruidos procedentes del maletero. “¡Ábreme, soy tu madre, no te voy a hacer nada!”, se oye desde el interior. Es la madre muerta. El fantasma, que regresa al mundo de los vivos. “¡Desde luego, mamá, qué cosas se te ocurren!”, replica la hija, con deje almodovariano. El maletero se abre y el plano se inunda con una anciana de pelo blanco, sucio, enredado, zapatillas de andar por casa, medias beige, pueblerinas, con cinta en el borde de la rodilla, toda ella acurrucada y abrazada a un bolso de mercadillo. La actriz es, de nuevo, Maura; la película, Volver; el año, 2006.
 
   Dos hitos del cine español, separados por 20 años, dos hitos en la carrera de Carmen Maura (Madrid, 1945). Y, sin embargo, ninguna de esas dos mujeres de la ficción tiene, tenía, nada que ver con su intérprete. A eso se le llama ser actriz. En el libro de entrevistas 34 actores hablan de su oficio, escrito por Arantxa Aguirre, Maura rememora así el primero de ellos: “Yo tenía un poquito de susto porque no me veía como transexual. Hasta que Pedro me empezó a disfrazar y me pusieron aquellos pelos colorados y las uñas de porcelana (…). De repente te das cuenta de que no solo estás haciendo lo que él pensaba, sino que lo estás haciendo con el puntito de más que le sorprende. Eso es fantástico”. Mientras, sobre su rol de fantasma en vida de Volver, Carmen siempre ha aceptado que cuando se observó por primera vez en la pantalla, a pesar de que su vanidad no sufrió, fue un “auténtico shock” verse de tal modo. Y eso que cuando Almodóvar le ofreció el papel, lo primero que le dijo fue: “¿Estás dispuesta a salir destrozada?”. Giros vitales, mujeres destrozadas, mujeres que regresan del mundo de los muertos, mujeres que encuentran una nueva plenitud dejando atrás una existencia desasosegante. De eso hablamos. En la ficción. Pero, ¿quizá también en la realidad? ¿Tendrían estos dos papeles mucho más que ver con Maura en el plano mental que en el físico?
 

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'Volver'

 
   Flashback vital nº 1. Interior noche. Una madre española cualquiera, que había hecho teatro en la universidad más para divertirse que con el pensamiento de ganarse la vida con ello, y que ahora trabaja como galerista, que tiene un marido, un hijo y anda embarazada del segundo, decide un buen día apuntarse de nuevo al teatro. Sin alharacas de ningún tipo. Hace una función para el Ateneo de Madrid y Alfredo Marqueríe, un crítico respetado, habla con ella. Le dice por primera vez una frase premonitoria, que se repetiría más tarde como una cantinela hacia la fama: “Tú vales para esto”. Ni corto ni perezoso, la madre de familia se va a su casa y le dice a su marido que quiere ser actriz. Tú estás loca, no harás nada nunca, ya eres muy mayor… Los reproches resuenan en la cabeza de aquella mujer. Carmen, sin embargo, más que como una vocación verdadera, lo recuerda “como un desafío” ante la idea de que no iba a poder hacer lo que le viniese en gana. Así lo cuenta en el libro de Aguirre. Eso sí que es un shock. Esa sí que es una decisión. Eso sí que es un giro vital. Y comienzan los papeles. En teatro, en cine. Primero muy pequeños. Luego pequeños. Luego medianos. Y, claro, como es muy buena, grandes. Con sus primeros amigos en el oficio. Con Fernando Colomo: el mítico corto Pomporrutas imperiales (1976), los largos Tigres de papel (1977) y ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? (1978), un título que parece ir más allá de la ficción tratándose de una descendiente de Antonio Maura, cinco veces presidente del Consejo de Ministros en los inicios del siglo XX. Y, cómo no, con Pedro Almodóvar, un hombre en principio muy alejado de su mundo, con el que sin embargo congenia al instante. “Cuando nos conocimos yo misma me sorprendí. Él, supermoderno; yo, recién separada, con hijos, de una familia que nada tenía que ver con este mundo… Le entendía a la perfección y eso era algo mágico”, rememoraba en una entrevista del año 2006. Folle… folle… fólleme… Tim! (1978), Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Entre tinieblas (1983), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Matador (1986), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde un ataque de nervios (1988). Del underground a los Oscar. Casi nada.
 
   Carmen se convierte en una grande de España, en una grande de Europa. Trabaja con Fernando Trueba, José Luis Borau, Carlos Saura, Gonzalo Suárez, Mario Camus, Jaime de Armiñán, Antonio Hernández, Álex de la Iglesia… En comedia, en drama, en tragicomedias. Y no solo en España, también comienza una carrera paralela, que no perpendicular, en Francia. En cine y en teatro. Se va a vivir a París. Alice y Martin, de André Techiné; La alegría está en el campo, de Étienne Chatiliez, por la que llega a ser candidata al César a la mejor actriz secundaria. Son los años noventa. Y, sin embargo, quizá haya dos cármenes. La pública, triunfadora, alegre, feliz, que actúa casi como el que juega. “La mejor comediante viva del cine europeo”, en palabras de José Luis Borau. Y la carmen privada, lejos ya de aquella ilusionada niña que cuando no podía dormir, en lugar de contar ovejitas, se imaginaba a sí misma bailando. 
 

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'Tigres de papel'

 
   Flashback vital nº 2. Tras una serie de circunstancias personales que se traducen en pérdidas económicas, Carmen admite que tendrá que “ir saliendo como pueda”. Y sí: ella es grande y consigue salir a flote. Es de esas estrellas que siempre parece estar por encima del producto en cuestión, aunque este sea malo, pero se acumulan las historias de bajo nivel. También, cómo no, las grandes películas. La vida, el cine. La existencia, que no es una película. Por desgracia. La comedia de la vida. La tragedia de la vida.
 
   De modo que, llegados a este punto, parece un buen momento para unir los cuatro flashbacks, los dos cinematográficos, ficticios, y los dos vitales, reales, y preguntarse cuánto influyen los dos segundos en los dos primeros, cómo una mujer radicalmente alejada de aquel transexual de La ley del deseo o de aquella anciana de pueblo de Volver puede lanzarse al vacío de la interpretación con tal emoción, con tal vehemencia. Una frase, repetida en decenas de entrevistas, con palabras más o menos parecidas aunque con mensaje absolutamente semejante, puede ejercer de respuesta: “Lo único que he buscado desde que empecé es reírme. Cuando decidí se actriz todo el mundo se puso en contra, pero cogí mucha más fuerza. Es que yo de joven era muy cabezona. Ahora la gente es más exigente y hay actores que han hecho sus carreras buscando desde el principio la calidad. A mí, en cambio, en la primera época la calidad me importaba relativamente porque tenía unos problemas personales tan grandes que, con respecto a mi profesión, ya me sorprendía que además de pasármelo superdivertido me diera para pagar la luz y el alquiler. He salido inmune de tantos agujeros que ni me lo creo”.
 

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'Las brujas de Zumarragurdi'

 
   Y ahora, a punto de estrenar Las brujas de Zumarragurdi, su presente más inmediato es un nuevo premio. La primera actriz española en conseguir el Premio Donostia, que otorga el Festival de San Sebastián. El año pasado fue el del César a la mejor actriz de reparto por Les femmes du 6ª etage, dirigida por Philippe LeGuay. La de los galardones es una lista extensa que no para de crecer: cuatro premios Goya (Mujeres al borde un ataque de nervios, ¡Ay, Carmela!, La comunidad y, como actriz de reparto, por Volver); mejor actriz en los premios del Cine Europeo en dos ocasiones (por Mujeres…, y por ¡Ay, Carmela!); mejor actriz en el Festival de Cannes, por Volver, premio compartido por todas las mujeres de la película (Penélope Cruz, Blanca Portillo, Lola Dueñas, Chus Lampreave y Johana Cobo); Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián, por La comunidad; mejor actriz en el Festival de Venecia, por Mujeres…; Premio Nacional de Cinematografía en 1988; título de Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia, en 1996, y Medalla de Oro de las Bellas Artes españolas, en 1999. Incluso un trozo del muro de Berlín, que Pedro Almodóvar le regaló en la ceremonia de los Goya de 1990, para ir limando asperezas tras las desavenencias creadas durante el rodaje de Mujeres… “Si los alemanes han acabado con un muro que les separó durante 40 años, ¿por qué no podemos derribar nosotros el muro que nos separa?”, dijo Pedro desde el escenario. Intento de reconciliación que culminó en el plano profesional, con la reunión, después de 18 años sin trabajar juntos, para el rodaje de Volver. Un éxito para ambos.
 
   Álex de la Iglesia la acaba de convertir en líder (o lideresa) de un peculiar aquelarre. “Ser actriz no era tan guay cuando empecé”, ha dicho estos días en San Sebastián, siempre receptiva a la ironía y el sarcasmo. Por cierto, la retirada es un término que no entra en su diccionario. Ya lo declaró a El País: “Como yo no he entrado en esto por guapa, tengo la ventaja de que puedo trabajar de abuelita, además de que llegará un momento en que abuelitas sin operar sólo habrá dos, Verónica Forqué y yo".
 
   Carmen Maura, cómica de los pies a la cabeza.
 

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