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21-12-2018

“Fascina y aterra a la vez
vivir en la cuerda floja”


Orden. Es una de las palabras clave para Cecilia Gessa porque esta bomba creativa controla el desarrollo completo de sus proyectos. Teatrales y audiovisuales. Triunfa con la obra 'Extafadas' mientras sueña con un "mundo ideal" donde pequeñas empresas culturales como la suya puedan prosperar  





PEDRO PÉREZ HINOJOS (@pedrophinojos)

Reportaje gráfico: Enrique CIdoncha (@enriquecidoncha)

En el bando de los que esperan, desesperando o sin desesperar, nunca busquen a Cecilia Gessa (Madrid, 1977). De naturaleza inquieta, aparte del tirón hereditario de unas hondas raíces artísticas, hace más de una década decidió reinventarse y comenzó a prepararse para no depender de llamadas y esperas. En estos dos últimos y frenéticos años ha empezado a recoger los esperados frutos. Al frente de su propio sello, Gessas Producciones, ha acometido proyectos de microteatro, cortometrajes y obras audiovisuales en los que ha participado como productora, directora o actriz, según ha convenido, con mucha perseverancia y el doble de creatividad. Como broche a esta cosecha, en estos momentos disfruta con Extafadas, una función ideada, producida y protagonizada por ella junto a Alba García, Carolina Bona y Marian Zapico en el Teatro Lara. El éxito habrá de abrirle nuevas puertas. Y si no, ella misma las franqueará. O se fabricará la puerta.

 

¿Qué balance hace de Extafadas?

– Estoy muy feliz porque es mi primera obra en formato largo como productora y ha tenido muy buena acogida. Tanto, que se ha ampliado la programación y vamos a estar desde el 5 de enero hasta el 2 de marzo. Hemos llenado casi todos los días y eso, teniendo en cuenta la enorme competencia que hay en una ciudad como Madrid, está siendo todo un regalo. Como actriz también ha sido maravilloso porque han sido funciones semanales y era casi como afrontar un estreno cada vez. Ha sido increíble la descarga de adrenalina.

 

Es además un montaje cuyo texto partió de una idea suya.

– Es cierto. Y es una experiencia muy bonita ver cómo crece algo que parte de una creación tuya. Aunque fue un amigo, Pedro Pablo Picazo, quien le dio forma.

 

No será fácil establecer una complicidad así. ¿Cómo se fraguó esa alianza?

– Pedro Pablo y yo nos conocemos bien. Hemos trabajado juntos en el pasado y seguiremos colaborando en el futuro. Es una persona muy sensible, un gran escritor y conoce bien a las mujeres. Así que fue relativamente fácil juntar a estas cuatro mujeres, que no se habrían juntado jamás ni para tomar un café, en un lugar cerrado para compartir las estafas y engaños que sufrieron. Extafadas cuenta además que no tienes que ser una mujer débil para ser engañada: siempre tenemos un punto débil. También creo que es importante el papel del director Miguel Ángel Cárcano. Nos conocemos desde hace muchos años y no habíamos trabajado nunca juntos. Soy fiel seguidora de todos sus montajes en teatro y no dudé un segundo en invitarle a formar parte de Extafadas. Le da mucha tierra y verdad a los personajes.



Retrocediendo ahora al principio, o incluso antes, ¿cómo ha llevado lo de pertenecer una familia de artistas?

– Como algo natural que he mamado desde muy niña, yendo mucho al teatro y a la zarzuela y viendo muchas películas, en casa o en el cine. Mis abuelos eran cómicos de los de toda la vida, de aquellos que hacían giras tanto por España como por América. Mi bisabuelo, Sebastián Gessa, había sido un pintor muy reconocido. Aún se conservan murales pintados por él en la Casa de América. Y mi padre, Fernando, es escritor. Con él sigo descubriendo historias de mi familia. Cuando eres más joven te dispersas, atraviesas etapas de rebeldía en las que no prestas demasiada atención a todo eso. Y luego lo aprecias mucho más. Sobre todo con un padre como el mío, que sabe narrar tan bien las historias, recordando todos los nombres y todas las fechas. No me canso de escucharle.

 

Por las inevitables comparaciones y expectativas que se crean, ¿proceder de un entorno artístico así es un estímulo o un lastre?

– La verdad es que yo desperté un poco tarde. Durante mucho tiempo no estuve por la labor. Hasta que de pronto algo me enganchó, me sentí arrastrada por la interpretación. No sé si fue el tirón familiar, pero lo cierto es que lo vi todo de repente… y lo tuve claro.

 

Y pasó de cero a cien, porque casi desde el principio conjugó simultáneamente la actuación, la dirección y la producción. ¿Por qué?

– He sido siempre una persona inquieta. Me he formado, y como digo, con la edad tuve las cosas más claras. Una de ellas era que no me quedaría quieta. Nadie me llamaba ni me ofrecía trabajo, así que fui yo la que me moví. Llevé una productora de eventos y organicé un festival de cortos, y eso me dio experiencia a la hora de gestionar. Un día me ofrecieron en el espacio Microteatro por Dinero el texto Animales salvajes que requieren atención, en colaboración con ALMA, el sindicato de directoras, por si me apetecía dirigirlo. Probé, lo levanté… y me entusiasmé. De repente me di cuenta de que era lo mío, que me siento muy cómoda dirigiendo.

 

¿Más que interpretando?

– También me encanta interpretar. Pero cuando dirijo no actúo. Me entrego al 200 por cien y pongo toda mi energía en eso. Porque actuar también requiere muchísima energía, y hay que elegir para cumplir y ser productivo. Me fascina dirigir porque me gusta ahondar en el texto, seleccionar a los actores que más convienen a la historia, modelar los personajes, marcar el ritmo… Mi experiencia como actriz también me ayuda en esta tarea. Y además me apasiona el teatro porque creo que permite transmitir las emociones y las ideas de una manera única. Y soy de la opinión de que nuestra profesión debe servir para decir mucho: es un hecho cultural y ha de tener un trasfondo.



En televisión hizo un papel en La embajada y apariciones en otras series, como un cameo en Paquita Salas. ¿Ahí sí es necesario esperar la llamada?

– Me gustaría hacer más cosas, claro que sí, pero en ese medio dependo de que cuenten conmigo o no. Es cierto que se produce mucho actualmente, pero también lo es que se cuenta siempre con la misma gente. Y no lo critico. Aunque no siempre lo entienda, lo asumo porque el sistema está así montado, en función de criterios de imagen y de popularidad.

 

¿Y cómo compatibiliza esas facetas con la producción?

– Con mucho orden. Soy una persona muy inquieta y cabezona, pero también soy muy organizada. He evolucionado y he aprendido que hay que centrarse en una tarea y acabarla antes de pasar a otra si quieres hacerlo bien. No es prudente solapar los proyectos y abarcar más de lo que puedes. Y eso que en el último año me ha costado, puesto que he manejado muchas cosas, pero hay que seguir un orden.

 

¿Cuál es la mayor dificultad que encuentra a la hora de autogestionar un proyecto escénico o audiovisual?

– La primera es que soy actriz, y eso hace que en ocasiones no me tomen en serio, pues no creen que esté capacitada. También está el hecho de ser mujer, porque siguen quedando muchos prejuicios. Y luego están los obstáculos económicos. Tanto por la financiación como por los impuestos. Porque aunque te vayan bien las cosas, aunque tus producciones den dinero, Hacienda te deja luego a cuadros.

 

Pero ninguna de esas dificultades le quita las ganas de seguir en ‘modo multitarea’.

– Ya tengo asumido el sobreesfuerzo. Y el hecho de luchar por hacer lo que me gusta me ilusiona. Además, aunque el mercado está muy saturado, se abren muchas oportunidades, una imagina que está cada vez más cerca un mundo ideal en el que los gobernantes den facilidades y respeten derechos y pequeñas empresas culturales como la mía puedan prosperar. Porque yo creo que a todos nos beneficia que haya una gran industria en torno a la cultura: a la Administración, a nuestro sector, a la ciudadanía…



Pero no siempre se ven correspondidos el esfuerzo y los desvelos con el resultado final. ¿Cómo maneja esa frustración?

– Esta es una profesión dura. Y muchas veces cruel. Hay que estar preparado para todo y conseguir mantener la ilusión. En el éxito intervienen muchos factores. Y todos deben encajar. A veces ves una serie o una función de teatro maravillosa y que no tiene público. Quizá sea porque ha fallado la distribución, porque no se ha programado bien, porque no se eligió bien al elenco… O puede suceder lo contrario: un producto malo tiene éxito porque todo se conjura a su favor. Es un misterio. Nunca sabes cómo va a funcionar lo que tienes entre manos. Estás permanentemente en la cuerda floja. Y te fascina y te aterra casi a la vez, aunque pueda sonar un poco masoca [risas].

 

¿En qué genero se siente más a gusto?

Como productora o directora cada vez me siento más cómoda en todo lo que tenga una perspectiva social. Me quedo con el realismo, me da igual que sea con tintes de comedia o de drama. Aunque le tengo mucho respeto a la comedia, es dificilísima de hacer. Como intérprete me encantaría hacer personajes de acción, drama, comedia. Si el papel es bueno, lo que haga falta.

 

¿Qué proyectos está manejando para el futuro cercano, ahora que se puedan contar?

– Seguiremos con Extafadas en el Teatro Lara, que se ajusta muy bien a nuestro montaje. También vamos a afrontar en formato largo dos obras de teatro que ya hemos hecho: Fahrenheit 108 y Así se escribió tu vida. Y también estamos produciendo una serie, pero no puedo dar detalles… Como actriz tengo pendientes de estreno la ópera prima Loca Olivia, de Mariu Bárcena, y Un mundo salvaje, de David Santamaría y Rodrigo Marini.

 

¿Algún sueño en particular?

– Muchos. Pero me conformo con seguir produciendo y abordar desde una obra de teatro o desde una película temas universales como la reivindicación de la mujer, los derechos de la infancia o la marginación de colectivos. Y hacerlo a través de historias atractivas y trabajando en equipo con personas que compartan mi misma ilusión, que es lo más bonito de este trabajo. En fin, que me conformo con poder enseñar lo que soy mediante del arte.



El test: de la autogestión a la historia propia

 

Un actor: los Bardem.

Una actriz: Cate Blanchett.

Un personaje de teatro: la Laurencia de Fuenteovejuna

Una película: Blue Jasmine y Vivir su vida.

La serie a la que se hizo adicta: Girls y Shameless.

Una historia por contar: la mía.

No quiere: maldad, rencor y/o envidia.

Lo que busca: seguir evolucionando como hasta ahora. Sentirme realizada.

¿Quién es Cecilia Gessa en una frase? Una mujer sensible, creativa, emprendedora, trabajadora y fuerte.

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