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30-01-2013 Versión imprimir
Foto: Martí Fradera
CESC GELABERT
“Construir cultura lleva años; destruirla, solo un instante”
El artista barcelonés sigue soñando con aplicar la danza en la escuela o los hospitales
 

BEATRIZ PORTINARI
Si hay algo que le gustaría ser al bailarín y coreógrafo Cesc Gelabert (Barcelona, 1953) es “famoso” o, por lo menos, “más famoso”. No por los grandes premios –que los tiene– ni por conseguir mejores subvenciones y productores, que también llegan de tarde en tarde, sino por su vocación didáctica en aras de la danza. “Si fuera tan famoso como Messi podría influir más con las cosas que digo”, ironiza. Asegura que si las instituciones o la sociedad apoyaran más la danza se podría mejorar la salud física y mental del público, mejorar el aprendizaje en la escuela e incluso ahorrar gastos innecesarios al erario público en atención geriátrica. ¿Todo eso solo con el baile? Sus sueños indican que sí.

   En el momento de estas conversaciones, Gelabert preparaba su último proyecto cooperativo, Tranç, para abrir la temporada en el Mercat de les Flors con motivo del décimo aniversario del Institut Ramón Llull. El artista apenas dispone de diez minutos de descanso al día entre ensayos, quehaceres, dirigir sus propios proyectos y asegurarse de que cada pieza encaja. En uno de esos tramos de diez minutos describe rápido en qué consiste su último trabajo: “Tranç es un espectáculo que dirijo con Isaki Lacuesta y trata de la transmisión, del viaje, cómo se va pasando el conocimiento de una generación a otra. Empezamos con la proyección de imágenes de grandes figuras del pasado, como Carmen Amaya o Joan Magriñá, que bailamos Roser López Espinosa, Lorena Nogal y yo, y finalmente pasamos el testigo a jóvenes alumnos de la compañía IT Dansa del Institut del Teatre y del IEA Oriol Martorell. Es como un viaje en el tiempo que pasa de una generación a otra”. Treinta y cinco minutos de imágenes fantasmagóricas proyectadas sobre metacrilatos transparentes, ráfagas de movimiento y bailarines en vivo componen esta pieza sobre una posible antorcha dancística que pasa de veteranos a jóvenes.

   Desde sus primeros pasos coreográficos, a finales de los años sesenta, Gelabert se ha distinguido por ser un referente conceptual de la danza contemporánea tanto en solitario como con su compañía Gelabert-Azzopardi Companyia de Dansa, que codirige con Lydia Azzopardi desde 1985. Pionero en la experimentación audiovisual, atrevido con la ópera y teatro, ahora su planteamiento coreográfico tiene más de pedagogía que de grandes producciones, quizás también influido por el contexto económico. “Hasta hace dos años era posible mantener y pagar a los bailarines de la compañía, preparar un repertorio y girar con él. Ahora solo les puedo hacer contratos para las funciones que salen. Mi sueño era crear una compañía instrumento que sirviera para otros coreógrafos, pero, de seguir las cosas así, tendré que descartar la contratación y seguir trabajando en solitario, coreografiar para otros o plantearme una retirada, por mi propia salud mental”, afirma el bailarín con voz grave.

   Después de Tranç, que solo se representa durante un fin de semana, su intención es girar con Cesc Gelabert. V.O.+, su más reciente creación, que estrenó el pasado mayo en el Teatro Lliure de Barcelona con gran éxito de crítica y público. Se trata de un recopilatorio de solos y tres inéditos: Gelabert en estado puro, contemporáneo y reflexivo, que confirma en el escenario su teoría de que la danza es “una simbiosis del cuerpo, mente y corazón”.
 
Mayores que bailan
Precisamente en esa línea discurre uno de sus proyectos personales al margen de los grandes teatros, que consiste en sacar el lado bailarín a los ancianos. “Desde el año pasado imparto un curso para personas de 60 a 90 años, no profesionales de la danza, a quienes enseño cómo bailar para que nos sintamos mejor. A partir de cierta edad tenemos dolores y molestias que nos asustan. Las personas mayores van reduciendo movimientos, toman pastillas y se van quedando quietos, por lo que luego requieren atenciones y terapeutas. Creo que si se introdujera la danza mucho antes, el Estado se ahorraría dinero en pastillas, sillas de ruedas y cuidados paliativos”, asegura, persuasivo.

   Si por él fuera, la danza no sería un “producto de lujo”, como en estos tiempos nos hacen creer con la subida del precio en los espectáculos y el recorte en las subvenciones, sino un elemento que debería integrarse en la sociedad incluso desde la enseñanza pública. “Sé que el sistema educativo está en contra, pero mi gran sueño habría sido que en la escuela no se estudiase sentado, sino en movimiento, porque está comprobado que así se aprende mejor. No se trata solo de enseñar danza, sino de aprovechar la danza para explicar otras materias, como geometría y matemáticas a través de la concepción del cuerpo en el espacio”.

   Como pensador y visionario, Gelabert sigue lanzando propuestas innovadoras a pesar de encontrarse día a día con la cruda realidad. “Construir cultura lleva años y es muy difícil, pero destruirla lleva solo un instante. Hace falta un trabajo de todos: artistas, pedagogos, empresarios, políticos, medios de comunicación y público. Si tienes un gran artista, pero no acude el público, no sirve. Si un medio de comunicación no informa y el público no se entera, tampoco sirve. Normalmente la cultura avanza cuando hay valores en común y todos trabajamos en la misma línea. En nuestro país hemos hecho muchos avances desde el franquismo gracias a todos esos elementos, pero, si no lo mantenemos, se perderá”, pronostica.

   Ante la evidencia de que las arcas públicas están en números rojos y que los recortes en cultura se incrementan con el paso de los años, solo queda una alternativa para presentar nuevas creaciones: el mecenazgo. Sin embargo, podría decirse que ni la sociedad ni las leyes españolas parecen preparadas para un sistema de financiación muy extendido en otros países. “Antes que nada, habría que cambiar las leyes y la mentalidad, porque no hay tradición y porque los responsables de Hacienda tienden a pensar que siempre se hace trampas. No hay mecenazgo en España, solo alguna iniciativa privada que se quiere implicar con un proyecto determinado. Lo ideal sería caminar hacia un modelo mixto al 50 por ciento de financiación pública y privada”, afirma Gelabert. Y sigue hilando quimeras: sobre el escenario y fuera de él.


 
PERFIL
Treinta años de premios y emoción
Con más de treinta años de vida dedicada a la danza, Cesc Gelabert fue galardonado el año pasado con el Premio AISGE Actúa 2011 por el conjunto de su trayectoria artística. El también Premio Nacional de Danza 1996, varios Premios Max y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes pasará a la historia de la danza española por coreografías como Belmonte (1988), Salomé o Viene regando flores desde La Habana a Morón (2003). Su éxito ha traspasado fronteras desde Shangai a Zurich, coreografiando óperas y teatro, e incluso recibiendo la petición del mítico bailarín Mikhail Baryshnikov para que crease un solo para él. Así nació In the landscape, rotundo éxito de crítica y público en 2003.
 
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