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Christian Escuredo


“Usaría el teatro o la danza como instrumentos terapéuticos para gente en momentos difíciles”


Gallego de 1984. Tanto le apasiona este oficio que, además de licenciarse en la Escuela Superior de Arte Dramático de Galicia, estudió luego Pedagogía Teatral. Es precisamente encima del escenario donde más trabaja, como ahora con Priscilla, reina del desierto, pero no puede quejarse de poca experiencia en el audiovisual.
 
   Su salto a la gran pantalla de mano del largometraje Assalto ao Santa Maria le trasladó al año 1961, cuando se ejecutó una operación de protesta contra el régimen dictatorial de Salazar. Un emigrante luso en Venezuela se sumaba a exiliados políticos para secuestrar el principal trasatlántico de una naviera portuguesa, el Santa Maria, a cuyo mando permanecieron durante 11 largos días sin temer la persecución de la marina estadounidense. Figuró entre los miembros de ese comando armado, a las órdenes del capitán revolucionario Henrique Galvão.
 
   El resto de sus películas no se han exhibido en salas comerciales, sino a través de la cadena autonómica TVG, pues todas ellas se han concebido en forma de telefilmes. A principios de 2011 se estrenó la medieval As reliquias do santo, ambientada en un remoto monasterio donde en el siglo XII habitaban monjes y monjas, una convivencia inaceptable a ojos de las autoridades del Vaticano. Allí se presentaba un enviado del Papa con el encargo de separar a hombres y mujeres, aunque pronto moría en extrañas circunstancias y cualquier religioso resultaba sospechoso en la investigación emprendida por un soldado. Incluso el cocinero a quien él daba vida, el musulmán Ahmed, tenía motivos para el asesinato: todo el mundo le trataba bien pese a ser esclavo y el emisario papal le expulsaría si no se convertía al cristianismo. De aquel reparto también formaron parte Mariana Expósito o Javier Rey.
 
 
 

 
 
 
   Semejante misterio dejó paso meses más tarde al drama plasmado en A pesar de todo, quérote, uno de los retos interpretativos más importantes en su carrera. Su Vítor era un mecánico atrapado en una depresión después de que su novia y un amigo falleciesen tras un accidente a bordo del coche que conducía él. En el cuarto aniversario de tan trágico acontecimiento seguía sintiéndose culpable, se entregaba a la bebida, pedía perdón por lo sucedido y barajaba la idea del suicidio.    
 
   La audiencia volvió a verle a los dos años como protagonista de Eduardo Barreiros, o Henry Ford español, un filme biográfico sobre ese exitoso empresario. Se puso en la piel del Barreiros adolescente, una época en la que el ourensano soñaba con el imperio automovilístico que finalmente levantaría, capaz de emplear 25.000 personas. Hasta que su fusión con la multinacional norteamericana Chrysler condujo su hazaña a la ruina.
 
   Más larga es la lista de cortometrajes que inició en 2008 con Baixo as augas, al que siguió luego Amor ansioso, sobre la amargura de un chico adinerado desde que sus padres se divorciaron. Y su entorno solo le ponía zancadillas: la jefa le cargaba de horas extras esbozando siempre una sonrisa, en la oficina le envidiaban por considerarle un enchufado, se obsesionaba con la nueva empleada cuando un compañero le cambiaba a escondidas la medicación… El autor de tan aviesa misión era precisamente su personaje, el chulo y futbolero Borja, contratado por el padre del chaval para provocar su suicidio. ¿Por qué? Porque quitárselo de en medio era la única forma de poder dar rienda suelta a su romance con una jovencita. Pero al final el plan fracasaba. Ese rodaje le permitió codearse con actores gallegos tan populares como Lucía Regueiro, Xosé Manuel Olveira ‘Pico’, Belén Constenla… Su última aparición en el formato breve se la debe a Día de visita.
 
 

 
 
 
   V Televisión, el canal del grupo La Voz, le recibió en 2009 entre carcajadas con el programa humorístico Para mariñeiros, nós. Ante la cámara bordó sketches cargados de retranca y surrealismo. Ya en 2010 intervino en el espacio divulgativo Actualizad@s, que mostraba la realidad de su tierra mediante historias cotidianas de ciudadanos anónimos. Justo antes de que finalizara el año pasó como actor por un capítulo de la longeva Libro de familia, esa ficción ambientada en los sesenta que TVG estuvo emitiendo cada semana desde 2005 a 2013. Su espabilado Carlos viajaba de A Coruña a Santalla, el pueblo natal de su apocado amigo Senén, para bajarle los humos a la intransigente esposa de este. Estaba iracunda a causa de una infidelidad, y aunque él intentaba convencerla de que no había existido tal engaño, disponía de las fotos realizadas por un detective. A pesar de no cumplir su objetivo, la excursión le cundía de sobra: casi moría asfixiado a base de desinfectante en un baño y sembraba discordia en otra pareja de la localidad.
 
   Su prolongada andadura teatral ha discurrido pegada al género musical. Ya había participado en varios espectáculos de ese estilo con Teatro do Noroeste, como el amoroso El rapto en el serrallo o Viva el teatro, cuando esa compañía le fichó en 2007 para presentar en Santiago de Compostela una versión actualizada del clásico por excelencia: Romeo y Julieta. Tuvo entonces el privilegio de liderar un amplio elenco junto a la popular Sara Casasnovas.
 
 
 

 
 
 
   En su ajetreado 2008 abordó con las canciones y coreografías de Game Over el aislamiento infantil que provoca la adicción a los videojuegos, mientras que en As dunas retrató la desazón de algunos artistas ante el afán por sepultar su comarca bajo complejos turísticos. Y es que los personajes eran cantantes, músicos y danzantes de la costa lucense que ensayaban números para la inauguración de un moderno balneario, un proyecto con el que constructores y políticos pretendían dinamizar la zona. A esa primera obra junto al Centro Dramático Galego en 2009 se sumó luego Glass City, sobre la agitación veraniega de A Coruña mientras Franco pasaba allí las vacaciones rodeado de su séquito. Los vecinos avezados aprovechaban aquellos meses de calor para desplumar a los altos cargos en partidas de cartas, los jovencitos empezaban a frecuentar discotecas con jukebox, los disidentes urdían un atentado en la ciudad para matar al caudillo…
 
   A los espectadores más pequeños ofreció A horta animada, una propuesta musical de la aclamada compañía Acontrabutaca. Tras el telón aparecían insectos residentes en un bosque de hortalizas y con ganas de montar una ópera: un grillo de voz prodigiosa, dos hormigas cabareteras, un saltamontes capaz de componer… Desde el Atlántico al Mediterráneo representó durante 2010 el intrigante Érase una vez, que partía de una premisa curiosa: ¿Qué ocurriría si los malos de los cuentos reescribieran sus desenlaces a su gusto? A él le tocó defender las tropelías del Capitán Garfio, pero no tenía fácil eso de salirse con la suya al acabar su historia, pues en el Gran Libro de los Cuentos solo podían escribir humanos. Y ninguno estaba por la labor de poner en riesgo a los buenos… También recorrió el país con Sábado 3:30, un popurrí de sintonías pertenecientes a célebres series infantiles de televisión que entonaban sus queridos personajes, entre quienes sobresalía David el Gnomo. Ya en 2011 le contrataron para un montaje inspirado en la cinta Toy Story 3 y centrado en la sublevación de unos juguetes que siempre pagaban los platos rotos de las peleas entre dos hermanos. 
 
   Su gran salto a la primera fila del musical llevó por título Sonrisas y lágrimas, dirigido por Jaime Azpilicueta y estrenado en el Teatro Coliseum de Madrid. Entonces retrocedió hasta los primeros treinta como yerno del intransigente capitán von Trapp, que nunca habría imaginado su romance con la cándida novicia María después de viudo. El pasado septiembre se subió a las tablas con el esperado musical Priscilla, reina del desierto, cuya desternillante historia abarrota aún hoy el Teatro Nuevo Alcalá madrileño. Su Adam es el más joven de los tres amigos que atraviesan el desierto de Australia a bordo de un destartalado autobús para representar su espectáculo de drag queens en una pequeña ciudad. Su carácter amanerado le convierte en víctima de críticas e incluso una agresión homófoba, pero cuenta con el respaldo de la veterana transexual Bernadette (Mariano Peña) y su propia disposición para pasárselo bien. Ese optimismo y el hambre de experiencias le empujan a buscar, además del éxito profesional, la amistad y el amor a lo largo de la travesía. Dean Bryant dirige una llamativa puesta en escena que incluye 40 artistas, 500 trajes, 200 pelucas, exitazos de la música disco… Tantísimo despliegue sirve de incomparable escaparate a su talento, que ha sido reconocido con una candidatura a actor revelación en los Premios del Teatro Musical.
 

 
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Siempre tuve muy clara mi vocación. “Artista o profesor”, dicen mis padres que respondía cuando alguien me preguntaba qué quería ser de mayor. Con el paso del tiempo me he convencido de ambas oficios, ya que mi formación y mis empleos siempre han estado vinculados con las artes escénicas y la pedagogía. 
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− A mis familiares. Ellos han sido los mecenas de mis estudios y han apoyado mis decisiones.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Cada uno de mis trabajos como actor lo ha sido. No es fácil vivir de esta profesión, y hasta ahora no me puedo quejar.
 
− ¿A cuál de los papeles que ha defendido le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− A todos, pero mentiría si no citase a aquel Romeo que encarné para la compañía Teatro do Noroeste o al Vítor del telefilme A pesar de todo, quérote, dirigido por Jorge Algora. Ambos personajes me dieron la oportunidad de despertar y madurar  muchas partes de mí que quizás no estaba atendiendo con suficiente cariño. Lo mismo me ocurre en este momento con la Felicia del musical Priscilla, reina del Desierto, con la que tanto me divierto.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Optaría por enseñar interpretación: me encanta compartir lo aprendido y lo experimentado. También trataría de acompañar a gente que atravesara momentos difíciles utilizando el teatro o la danza como instrumentos terapéuticos. ¡Alguna vez ya he organizado talleres de crecimiento personal!
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Todavía no. Soy muy perseverante…
 
¿En qué momento llegó a pensar: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En el rodaje de mi primer filme, Assalto ao Santa Maria, de Francisco Manso. Me pilló muy joven: aún cursaba Arte Dramático y no tenía experiencia ante la cámara. Recuerdo que hubo numerosos cambios en varias secuencias que me exigían estudiar sobre la marcha, con poco tiempo, con la dificultad añadida de estar actuando en portugués. Al final todo salió bien, pero fue un comienzo más que propicio para ser consciente del esfuerzo que hay detrás de un proyecto.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Que buena parte del público generaliza a la hora de hablar sobre cine español, sin saber lo amplio que es. Al margen de eso, y aplicable a cualquier manifestación cultural, nuestro gran problema es el escaso apoyo existente. Para muestra, el IVA al 21%.
 
− ¿Cuál fue el primer intérprete que le conmovió hasta la lágrima?
− Henry Thomas, el Elliott de E. T., durante casi toda la película. Y también personajes animados: Disney ha marcado a muchas generaciones [Risas].
 
 
 
 

 
 
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “Todo lo que está determinado a pasar, pasa” (American Beauty) y “No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo” (En busca de la felicidad).
 
− ¿Qué filme ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
E. T. ¡De pequeño llegaba a rayar el VHS! 
 
− ¿Nos cuenta alguna anécdota que haya vivido como espectador en un teatro?
− Una en Nueva York. ¡Me volví loco cuando terminó el primer acto del musical Wicked! Estaba tan excitado que no podía parar de chillar, los que estaban a mi lado me tomarían por friki. Ahora lo recuerdo y me parto de risa.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− Actualmente a ninguna: la rutina diaria me impide ver los capítulos con regularidad. ¡Me da mucha rabia! He sido fan de Homeland y sigo siéndolo de A dos metros bajo tierra. Eso sí, siempre saco tiempo para ir al cine o al teatro, una vez a la semana como mínimo.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Intenta disfrutar siempre cuando estés trabajando. Lo demás ya llegará”.
 
¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy muy trabajador.
 
¿Y débil?
− El perfeccionismo a veces me juega malas pasadas.
 
 
 

 
 
 
− ¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
Abriendo puertas. E insistiendo a quien no me las abre… [Risas].
 
− ¿A qué lugar del planeta le gustaría teletransportarse mañana?
− A una aldea de Valdeorras, en Ourense, para que me despierten los pájaros.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Estoy en la ópera prima de Iván Rojas, El silencio de los objetos, cuyo rodaje comienza a finales de mayo. Ya os contaré…
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Seguir disfrutando de todos mis trabajos con salud y buen humor.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
I will survive [Risas]. Justo ahora estoy escuchando una versión de los CAKE.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Cualquiera que no tenga que ver con corruptos, terrorismo, discriminaciones…
 
− ¿A qué otra época histórica le gustaría regresar?
− A mediados del siglo XX. Así habría presenciado el apogeo del Actor’s Studio de Nueva York. Pero me encantaría curiosear la Historia a lo Ministerio del Tiempo y poder asomar la cabeza en la Grecia clásica, en un monasterio o castillo de la Edad Media, en un teatro del Siglo de Oro, en el movimiento hippy de los sesenta por San Francisco, en los años ochenta madrileños… Y también seguir el hilo generacional de mis antepasados.  
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecho?
− Aunque destacan mi sonrisa, yo me quedo con los ojos.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Sois cercanos, trabajadores, imprescindibles. ¡Gracias!
 
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