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14-03-2019


Foto: Sergio Lardiez

 

“Claro que quiero llegar a Hollywood, pero antes hay que hacer méritos”

 

Christian López empieza a despuntar como actor: lleva cinco años viviendo y trabajando en Nueva York y ahora le llegan sus primeros papeles. ¿Hasta dónde llegará esta joven promesa?


JAVIER BLÁNQUEZ

Todavía es pronto para que conozcan a Christian López (Barcelona, 1994). Tiene 25 años recién cumplidos, lleva poco tiempo abriéndose camino y, como aquél que dice, es ahora cuando ha empezado a dar sus primeros pasos en el mundo de la interpretación. Pero cada avance en su carrera es firme –su último papel ha sido en televisión gracias al papel del arquitecto José Luis Sert en Genius: Picasso, la serie de National Geographic sobre el pintor malagueño, donde comparte una escena con Antonio Banderas– y tiene identificado su objetivo final: triunfar. Lo sorprendente del caso de López es que no ha querido iniciar su carrera en España, sino directamente en Nueva York. Algunos dirán que construye la casa por el tejado, pero a él siempre le ha guiado una idea: si uno quiere vivir de su trabajo, donde más y mejores oportunidades hay es en EEUU.

 

   Se define como tenaz y metódico. Y tiene don de gentes. No es fácil buscarse la vida en la capital del mundo, y menos aún adentrarse en la escena off de Broadway, pero se van abriendo puertas, llegan llamadas de directores de casting… y está cerca el día en que veamos a este joven catalán en papeles más grandes. Y entonces nos preguntaremos: “¿De dónde sale? ¿Cómo comenzó todo?”. Aprovechando una visita familiar a Barcelona, quedamos con Christian para conocer mejor su historia.

 

¿Cómo se despertó en usted el interés por ser actor?

– Cuando tenía nueve años mi canguro me pilló jugando con unas pinzas como si fueran figuras. Estaba montando una historia con ellas. Así que hace tiempo que tenía dentro la idea. Estudiando la ESO ya tenía claro que quería hacer esto. De hecho, de pequeño no me gustaba el inglés, pero me lo empecé a tomar en serio porque sabía que era importante para poder trabajar como actor. En cuarto curso de ESO presenté una fiesta escolar con un amigo, fue una de mis primeras veces sobre un escenario. Una amiga de mis padres tenía una productora y me consiguió trabajos en publicidad, en anuncios de El Corte Inglés o firmas de moda.

 

– ¿Cuándo emprendió su formación interpretativa?

– Mis padres me han apoyado en todo momento. Hicieron un curso de crecimiento personal y siempre han sido conscientes de que uno tiene que hacer lo que ama de verdad. Yo también fui alumno del curso: ahí te recomiendan estar lo más sano posible en el aspecto psicológico, y en el oficio de actor es importante, porque cuando vas saltando de personaje en personaje al final no sabes ya quién eres. Hice un pacto con mis padres tras decirles que quería dedicarme a la interpretación: yo aprobaría la Selectividad y entonces ya podría apuntarme a una escuela. Estuve tres años en la de Nancy Tuñón y Jordi Oliver.

 

– Terminaría con 21 o 22 años. ¿Se marchó inmediatamente a Nueva York?

– El salto lo di a lo loco. También había estudiado música, desde los seis años estaba estudiando piano. Después de la Selectividad todavía me quedaban tres años para terminar el grado profesional en el conservatorio del Liceu, así que concluí los estudios de piano en paralelo a la formación que recibía con Nancy Tuñón. En ese tiempo me puse a hacer todos los cortometrajes posibles, me prestaba si un estudiante de la ESCAC o la escuela Blanquerna necesitaba a un actor, hice webseries… No dije que no a nada. Por entonces opté a una plaza en la escuela de Stella Adler y me gradué a los dos años. Como me apetecía seguir en el ambiente americano, decidí quedarme.



Foto: Kim Hardy


– ¿Qué es lo más complicado de trabajar en Nueva York?

El papeleo. La burocracia es muy estricta. Si vas allí con una visa de estudiante, como hice yo, en teoría no puedes trabajar. Necesitas acreditar que te está manteniendo alguien. Di el salto porque un amigo mío invitó a un director de la compañía de teatro Repertorio Español a que viera nuestra obra de graduación en Stella Adler. Me preguntó si venía de España. Necesitaba actores para interpretar obras clásicas españolas, y allí había estudiantes peruanos y mexicanos, muchos acentos distintos, pero él siempre buscaba voces españolas para darle más autenticidad. La primera obra que hice fue La gran Semíramis [Cristóbal de Virués], durante un verano, y me invitaron a formar parte de la compañía de manera estable.

 

– ¿En qué momento le llegaron los primeros papeles televisivos?

– Estuve dos años y medio con Repertorio Español, y tuve una nominación a mejor actor en los premios del teatro indieen Nueva York. Ellos me ayudaron con los papeles, fueron muy amables, pero sabían que a mí me interesaba el cine y la televisión, a lo que es complicadísimo acceder si no tienes visa. Necesitas una O1 o una Green Card. En 2017 firmé con un mánager en Los Ángeles y a comienzos de 2018 me llegó una primera audición para Genius: Picasso. Me tocó el personaje de Alfonso XIII, pero al final no salió. Así que me puse a hacer mi primer cortometraje, Croquetas, y después de terminarlo me llamaron de nuevo de la serie Genius porque había surgido la posibilidad de otro personaje. Era el de Sert. Me aprendí el papel rápido y mandé mi prueba esa misma noche.

 

– ¿Qué tal fue la experiencia en Genius?

– Fue un regalo con el que no contaba. La segunda temporada estaba casi terminada y Kenneth Biller, el showrunner, se dio cuenta en montaje de que le hacía falta un par de escenas más para el primer capítulo. Ahí surgió el papel de Sert, con el que yo entré. Finalmente fue un minuto y medio de diálogo con Banderas que el director escribió sobre la marcha. Yo quería aportar alguna idea propia, pero no sabía si era lo mejor, hasta que una directora de castingme recomendó que no tuviera miedo. Se me ocurrió una idea al final de la escena que al director le gustó, y con eso me llevé un primer plano que se repitió en las siguientes recapitulaciones de episodios.

 

– ¿Pudo hablar largo y tendido con Antonio Banderas?

– Sí. Compartimos el mismo tráiler de maquillaje y peluquería. Estuvimos todo el rato bromeando. Como yo soy catalán, él es andaluz y Gonzalo Ramos, otro amigo mío que participaba en la serie, es madrileño, le decía que nuestra escena parecía el comienzo de un chiste. Cuando terminamos nos enseñó el estudio. Me sentí como un niño.



Foto: Kim Hardy


– ¿Cómo es el día a día del artista que busca trabajo?

Estoy siempre pegado al email. Tengo una prioridad: si llega una audición, lo dejo todo. Es importante responder lo más rápidamente posible. Entre septiembre y diciembre del año pasado me llegaron tres, y ya este mes de enero tuve incluso series. Cuando más posibilidades surgen es entre mayo y junio, que es cuando se trabajan la mayoría de pilotos para las nuevas series. Mientras tanto voy al gimnasio, mantengo contacto con gente de la industria, escribo guiones. Algo que intento hacer cada día es tomarme un café con alguien del mundillo, porque hay que tener el mayor número de contactos por si los necesitas. Por eso hay que ir a eventos…Mantengo la obsesión de dar un paso adelante cada día. Y para relajarme, sigo con mis estudios de piano.

 

– En su Instagram muestra una foto con Martin Scorsese. ¿Cómo le conoció?

Me gusta el budismo y tomo clases en un centro tibetano de Nueva York. Una vez organizaron una cena de gala con inversores y me recomendaron que asistiera porque a ese centro donan dinero Hugh Jackman o Uma Thurman. Me dijeron que Scorsese estaba en la cena y que fuera a hablar con él. Como era un evento privado, lejos de la industria, no le iba a molestar. Así que le saludé y le pedí consejos. En su opinión, ser actor es durísimo porque buena parte de nuestro trabajo consiste en digerir el rechazo. Yo no estoy de acuerdo: poder conocer a cierta gente, aunque luego no llegues a trabajar con ella, no deja de ser una forma de inversión.

 

– ¿Tiene la sensación de avanzar?

– El año pasado, gracias a la escena que tengo con Banderas en Genius, me invitaron a asistir a la première de la segunda temporada en Málaga y en Nueva York. Y ya noté que se estaba produciendo un cambio. Ahora mis agentes me ofrecen cosas más chulas y estoy en el radar de varios directores de casting. Lo que me transmiten es que les gusto, y que les gustaría volverme a ver. Entre las pruebas que hice el pasado enero había una serie para Antena 3. No me cogieron, pero sí fui finalista. Estoy en ese punto en el que me falta poco para obtener un buen papel y trabajar de manera más constante.

 

– ¿Piensa que, habiendo trabajado en España, su carrera iría más rápida?

– Creo que sí. Ya estaría trabajando. Tengo unos agentes en Madrid y vengo siempre que me llaman porque me hace ilusión poder trabajar aquí. Mi objetivo es ir y venir continuamente.

 

– ¿Está Hollywood en el horizonte o todavía es pronto?

– Tengo clarísimo que quiero llegar allí, pero antes hay que hacer méritos. Antes debo conseguir cosas en productoras que hagan que los agentes de más nivel se puedan fijar en mí. No llegas de la noche a la mañana.



Foto: Sergio Lardiez


– Ha dirigido cortos. ¿Le apetecería probar con películas?

– Me gustaría escribir, actuar, dirigir, componer… Todo eso me flipa. De mayor me gustaría ser una especie de Clint Eastwood. Pero claro, hay que rodearse de gente talentosa. Hice Croquetas porque me propuse que antes de los 25 tenía que dirigir un corto. Quiero hacer otro antes de los 28, y si puede ser, mi primera película antes de los 30. Empecé con la actuación porque es lo más duro. No digo que no sea necesario estudiar para ser director, pero trabajando en un plató se aprenden muchas cosas. No voy a dejar de estudiar ni de aprender.

 

– Cuenta que también compone música. ¿Es muy cinematográfico lo que hace?

– Como estudiante he trabajado el repertorio clásico: Chopin, Debussy, Mozart… Pero lo que compongo suena mucho a cine. Me lo planteo como un proyecto de futuro y como un desengrasante en mi vida diaria. La música para mí es terapéutica. En Nueva York vives con mucha soledad: aunque haya millones de personas, casi siempre estás solo. Y tocar el piano ayuda. Empecé a componer con 16 años, cuando me rompieron el corazón, y desde aquel momento necesito hacerlo. Y si algún día hago películas, eso estará ahí.

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