twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Noticias
28-02-2017 Versión imprimir

 

Réquiem por el Palafox (y van 50 en Madrid)

El adiós de la mítica sala de la calle Luchana ahonda en la desaparición de salas madrileñas, con un primer autocine como esperanza de renovación


 
PEDRO DEL CORRAL
Imágenes: Archivo de Juan Ramón Gómez
Desde el comienzo de la crisis, más de 50 cines han cerrado o cambiado su uso en Madrid. La lista es dolorosa –desde los Renoir de Cuatro Caminos a los Luchana, pasando por los Roxy B– y la cifra parece ir en aumento a pesar de la reciente reapertura de los Cines Conde Duque Auditorio Morasol o la inauguración del novedoso Autocine Madrid. El último en caer tiene resonancias particularmente míticas: el Palafox. Gestionado durante más de 50 años por una empresa familiar, todo parece indicar que será la empresa Yelmo la que se hará con el espacio, para el que prevé una amplia reforma interior. “Es ley de vida. Nuestra compañía se creó en 1933 y de alguna forma hemos tenido que reciclarnos, aunque eso sea algo realmente complicado. Las nuevas corporaciones están capitalizadas, en el camino te dejas muchas ilusiones y los resultados, al final, no son tan brillantes como antes”, explica Ramón Juan Ramón Gómez Fabra, propietario y director del cine.
 
   El Palafox abrió en 1962 sus proyecciones con la película Barrabás, de Richard Fleischer. Ahora se despide con Au Revoir, Palafox, un ciclo de cine con el que ha repasado en su Sala 1, hasta este lunes 27 de febrero, un total de 14 obras maestras. “El Palafox cierra sus puertas a finales del mes de febrero”, había anunciado el 2 de febrero Jesús Mateos, organizador del ciclo, ante una sala llena de público. A lo largo de estos ocho días, los espectadores han podido hacer memoria cinéfila gracias a Cantando bajo la lluvia, Memorias de África, Pulp Fiction o Casablanca, que cerró ayer el maratón.
 
 

 
 
 
   “Los últimos años han sido un ejercicio de supervivencia”, apunta Gómez, haciendo mención a la bajada continua de espectadores hasta los 73 millones en 2013, cifra que en los últimos años ha repuntado hasta los 100 millones. “Hemos acusamos principalmente la falta de vigilancia ante el robo por internet y el incremento abusivo de la fiscalidad. Necesitaríamos un IVA que se normalizara con la media europea”. Todo ello ha provocado que solo sobrevivan en la capital una treintena de cines, frente a los 500 que había en los años setenta.
 
   De esta forma se pone fin a la historia de la segunda sala más grande de Madrid, solo por detrás del Cine Capitol: 856 butacas y un primoroso órgano que han visto pasar a centenares de estrellas nacionales e internacionales para la presentación de sus largometrajes. “El Palafox”, recuerda Gómez Fabra, “supuso una explosión en una época en la que la gente se movía en torno a dos ejes, Fuencarral y Gran Vía. Con un diseño rompedor y su gran comodidad gozó de un éxito inmediato”. Con el paso de los años, la sala se erigió en punto de encuentro para distintas generaciones. Y, aunque en los últimos tiempos se hubiese consolidado entre un público más veterano, estos últimos días se ha llenado de gente joven.
 
   Aun así, en los últimos meses Madrid ha asistido a la reapertura e inauguración de dos nuevos espacios dedicados al cine. Los Cines Morasol, localizados a medio camino entre la plaza de la Prosperidad y la de Cataluña, retomaban el pasado octubre su misión cinéfila gracias a la pasión de Iñaki Núñez, dueño del grupo Conde Duque, convirtiéndose así en la primera sala que se abría desde el inicio de la crisis. “Se puede decir, salvo excepciones, que estamos muy bien cubiertos”, afirma. Si en 2013 los 150.000 vecinos de Chamartín perdieron su único cine del barrio, ahora disponen de seis salas con un aforo para 1.300 personas y una cartelera en la que convivirán desde estrenos comerciales a títulos en versión original, así como retrospectivas y pases de ópera y ballet.
 
 
Una panorámica del recién inaugurado Autocine Madrid
Una panorámica del recién inaugurado Autocine Madrid
 
 
 
   Por su parte, el pasado viernes se inauguraba –con todas las entradas agotadas– el Autocine Madrid, el octavo de España, con un pase del musical Grease. Un ejemplo de que las renovaciones suponen una de las motivaciones principales para atraer a nuevo público: “Hay que mejorar las instalaciones por regla general, haciendo reparaciones, incluidas las tecnológicas, pero también garantizar una buena atención. Así, al cine le auguro un buen futuro”. 27.000 metros cuadrados, 350 vehículos, 1.500 personas y una pantalla de 250 metros cuadrados constituyen los alicientes de este proyecto, que llevaba más de un año fraguándose.
 
   El último pase del Palafox, esta noche de martes, es la ópera La bella durmiente de Tchaikovsky, un fugaz letargo para recordar a uno de los cines históricos de Madrid. Porque, a fin de cuentas, el Palafox seguirá siendo un cine, sí, pero dejará de ser aquel cine familiar con más de cinco décadas de historia. Y porque, además, concluye Gómez, “la mejor forma de ver una película siempre será una sala de cine”.
 
28-02-2017 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio