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28-06-2019


Fotograma de 'A mi madre le gustan las mujeres'. De izquierda a derecha: María Pujalte, Silvia Abascal, Leonor Watling, Rosa Maria Sardà y Natalia Verbeke

CINE LGTBI


Antes de que nos casáramos

En los años que precedieron a la victoria de Zapatero desembarcaron en el cine español los cantos a la diversidad sexual. Aunque antes habían estado presentes, esencialmente en las piezas de autor, los relatos sobre amores homosexuales pudieron colarse también en títulos de vocación comercial


FRANCISCO PASTOR

España aún estaba asimilando la huelga general que había ocurrido dos semanas atrás, y la única que vivió como presidente José María Aznar, cuando se estrenó El otro lado de la cama. Era el 5 de julio de 2002. Ni Alberto San Juan ni Willy Toledo, actores de la cinta, eran por entonces los grandes rostros de la izquierda en que se convertirían luego. El Prestige no se había hundido. Las ciudades de España desconocían aquel “No a la guerra” que entonarían medio año después. Y el matrimonio entre personas del mismo sexo jamás había entrado en un programa electoral del socialismo. Pero arrancaba el exitoso filme de Martínez-Lázaro y ahí estaban, también Ernesto Alterio, Paz Vega o Natalia Verbeke, clamando aquellas líneas que ya forman parte de nuestra memoria reciente: “Todos somos bisexuales”.

   Nathalie Poza interpretó a una mujer abiertamente lesbiana en esta historia coral que figuró incluso entre las nominadas al Goya a la mejor película. Por aquella ceremonia los premios de la Academia, en febrero de 2003, desfiló el equipo de A mi madre le gustan las mujeres: Leonor Watling optaba al galardón de mejor actriz protagonista. Coincidían aquella noche dos cintas, cómicas y de vocación comercial, que reivindicaban ante el público la diversidad sexual. Daba la impresión, no solo por estas obras, sino también por el antecedente de largometrajes como Amor de hombre (1997) o Segunda piel (1999), de que las producciones españolas llevaban tiempo mostrando sexualidades que la clase política desoía.



En primer plano, José Luis García Pérez en 'Cachorro'


   “Claro que el cine se adelantó a las Cortes. Las instituciones solo abordaron esas carencias cuando vieron que dicha realidad estaba por todas partes y que los homosexuales votaban”, reflexiona el director Jota Linares. Él era un adolescente cuando quedó marcado por la comedia Sobreviviré (1999), en la que Juan Diego Botto vivía su sexualidad con alegría y viveza, sin esconderse de las cámaras. El realizador también menta el cine elaborado mano a mano por Félix Sabroso y Dunia Ayaso. Los protagonistas de sus historias eran a menudo hombres homosexuales, descaradamente afeminados, haciendo gala de la pluma. Así ocurría con Pepón Nieto y Jordi Mollá en Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mí (1996).

   A esa madre a la que le gustaban las mujeres, por cierto, le daba vida Rosa Maria Sardà. Y bien acompañada en el reparto por Silvia Abascal y María Pujalte. Entre todas resolverían cómo hacer feliz a la veterana del grupo, que se había enamorado de una mujer inmigrante. Y en algún momento acabarían separándoles las fronteras. En la ficción, desde luego, no pareció haber mayor problema: aunque en España el matrimonio era todavía un privilegio para los heterosexuales, el filme acababa con una boda entre dos mujeres. En opinión de Gerjo Pérez, director del festival audiovisual LesGaiCineMad, dedicado a la ficción arcoíris, tal circunstancia ya se había visto antes en la norteamericana El banquete de boda (1993). “Creo que nuestro certamen, en el que se proyectaban películas de todo el mundo, triunfó porque en España apenas se nos veía en el cine. Y cuando aparecíamos, siempre éramos personajes torturados, dolidos. Estábamos fuera de la sociedad”, reflexiona el activista.

   “Matrimonio, sí. Adopción, ya veremos”, declaró Rodríguez Zapatero en una entrevista dos años antes de las elecciones que le llevarían al poder. Pero poco importó ese titubeo sobre que las parejas homosexuales adoptasen en el largometraje Cachorro. Presentado semanas antes de que el PSOE alcanzara el Gobierno, delante de la cámara de Miguel Albaladejo actuaban José Luis García Pérez y un jovencísimo David Castillo en los papeles de tío y sobrino. El primero, un hombre gay, acogía en su casa y tutelaba al segundo. Cachorro pareció traer consigo un buen augurio porque, cuando se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo un año después, la adopción venía contemplada bajo premisas idénticas a las que atañen a cualquier familia heterosexual. Se aplicó a los cónyuges homosexuales la misma ley que a los demás: bastó con borrar las palabras ‘hombre’ y ‘mujer’ del Código Civil para poder equiparar los derechos de unos con los de todos.



Fernando Ramallo (izquierda) y Jordi Vilches (derecha) se abrazan en 'Krámpack'


   De mirar más allá de los sexos trataba Krámpack (2000), dirigido por Cesc Gay con unos adolescentes Fernando Ramallo y Jordi Vilches al frente del elenco. “El cine independiente siempre nos ha representado más y mejor que el orientado al gran público”, anota Gerjo Pérez, muy acostumbrado a mostrar títulos de este tipo en el festival que coordina. En efecto, la comedia iniciática firmada por Gay apenas había contado con presupuesto. Cuando este director decidió, tres años después, hablar sobre el amor entre personas del mismo género, lo hizo desde el drama. Por las calles de En la ciudad vimos a Mónica López rendirse ante los encantos de otra mujer. Aunque ello le trajera quebraderos de cabeza por el marido que le esperaba en casa. Su interpretación llevó el deseo homosexual otra vez hasta la gala de los Goya, pues López optaba a la estatuilla en calidad de mejor actriz de reparto. También aquel año aspiraban al cabezón Ariadna Gil y María Botto, cuyos desencuentros afectivos en Soldados de Salamina se anticipaban no ya al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales, sino a las conversaciones sobre memoria histórica.

   “La población arcoíris no le debe nada al cine ni a la política. Al contrario. Nosotros hemos aportado con nuestras propias realidades historias interesantes, relatos que merecen ser contados y merecen provocar una reflexión en los demás”, sentencia Jota Linares. El gaditano acaba de rodar su segundo largometraje. El año pasado, casi a las dos décadas de aquel Sobreviviré que tanto le conmovió, el cineasta se casó con su pareja. Otro hombre, claro.



Daniel Hendler y Unax Ugalde fueron dos de los protagonistas masculinos de 'Reinas'



‘Reinas’: la resaca tras la victoria

Aunque el socialismo había ganado los comicios y ocupaba el Gobierno, la reforma del Código Civil no se había acometido cuando se estrenó Reinas (2005). El título aludía al talento y las tablas de sus protagonistas: Carmen Maura, Mercedes Sampietro, Marisa Paredes y Verónica Forqué. Pero también hacía referencia a la trama planteada, donde diferentes parejas de hombres se casarían en una gran boda en grupo. Entre los novios se encontraban Unax Ugalde, Hugo Silva, Paco León o Gustavo Salmerón. La comedia celebraba así los derechos de que disfrutarían las minorías sexuales. Pero Reinas dejaba caer alguna otra petición de orden económico y laboral al Ejecutivo: en la historia acompañamos a los trabajadores de un hotel a lo largo de una jornada de huelga. “¿Pero no teníamos un Gobierno de derechas?”, pregunta Maura, en calidad de patrona, al ver que la policía no sofoca las concentraciones en la misma puerta de su negocio. Y Ugalde, que encarna a su retoño, le responde: “No, mamá. Ya no”.

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