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03-05-2018

Coco Reyes

 

“Con un director y un productor valiente, los gitanos dejaremos de ser marginales en el cine”

 

La actriz granadina recibe el premio Joven Creadora del Instituto de Cultura Gitana mientras prepara su primera ópera flamenca

 

 

LUIS MIGUEL ROJAS (@luismirrojas)

(Texto y fotos)

Coco Reyes apenas tiene en mente que en su DNI figura como Antonia. Desde pequeña su padre le decía –quizás por su menudita apariencia– que parecía un coco, y es esa la seña de identidad que le acompaña en su día a día. Esta risueña mujer presume con su discurso de ser una “bomba de amor” por su entorno, por su profesión y por su cultura. Una pizpireta granaínaque lleva por bandera la etnia gitana y no duda en calificarse como “muy mujer, muy gitana y muy actriz”.

 

   Con una envidiable actitud jovial, Reyes se atiene a la tradición familiar y no es partidaria de revelar su edad. Según ella, guardar ese secreto evita el “encasillamiento” impuesto por una sociedad que necesita marcar con etiquetas a cada persona. “La edad te define a los ojos de los demás, pero a mí me define mi actitud y mi comportamiento ante la vida, mi energía. No soy partidaria de que se pregunte la edad; hay que sentarse delante de una persona y ver qué tienes. Yo me he sentado con personas de 20 años y te da verdadera tristeza. En otras ocasiones, hombres y mujeres de 70 me han transmitido ganas y energía para vivir”.

 

   Este amor por la vida y por las personas se fragua a partir de las muchas experiencias que esta actriz sureña ha recolectado en su maleta viajando por toda la geografía española, América y Europa. Coco Reyes tiene fe en el arte y da buena cuenta de ello con la amplia formación artística que reza en su cartilla. No bastan una sesión de fotos y una distendida sobremesa en el entorno de la Alhambra para repasar la larga trayectoria de esta gitana que siempre soñó con ser actriz. Pero hay una excusa: el Instituto de Cultura Gitana, perteneciente al Ministerio de Educación y Cultura, acaba de concederle el premio a la joven creadora gitana. Y ella se afana en que todos comprobemos cómo su pueblo, sin perder la fidelidad a la cultura de los ancestros, también evoluciona. 

 

 

– ¿Por qué le conceden este premio?

– Es una fusión de mi perfil profesional y saber conjugar el ser gitana, muy gitana y ser actriz y muy actriz. En mi mundo es muy difícil que te acepten con cariño y con amor siendo actriz y gitana, porque se cree que ejerciendo esta profesión no eres afín a tu cultura. Pero he sido valiente y he tratado de proyectarlo con amor hacia mi cultura, mi familia, mi profesión y mi raza. 

 

– ¿Qué es ser buena gitana? 

– Ser buena persona, respetar a tu prójimo y respetar el mundo en el que se vive. También es cierto que nuestra cultura en el mundo de la mujer está unos pasos atrás de la mujer actual, hay una parte muy clasista que se mantiene férrea. O quizás la había, porque en este caso ha sido el Instituto de Cultura Gitana a través del Ministerio de Cultura quien me ha premiado. Es decir, mi propio pueblo ha reconocido mi labor como joven creadora. El clasicismo es miedo abrir puertas y en este sentido yo soy ejemplo de una puerta abierta. 

 

 – ¿Carece el pueblo gitano de reconocimiento por parte de las instituciones?

– Hace falta un reconocimiento real hacia mi cultura. No creo que esto se arregle con premios. Lo que se debería conseguir es que se pueda andar tranquilamente. Lo que hace más falta es que España reconozca que los gitanos llevamos muchísimos siglos en este país y que amamos esta tierra. Los gitanos hemos contribuido al crecimiento de la cultura española y es momento de dejar de lado los tópicos.

 – Pero algunos medios alimentan esos clichés…

– No dicen que somos gente honrada, que no todos sabemos cantar y bailar. Los gitanos también somos empresarios, médicos, bomberos, policías, informáticos, ingenieros… Eso somos los gitanos y eso no se dice. Entonces, basta ya, porque no somos los Gipsy Kings. 

 

– Pero en la calle también se ven realidades como las que alimenta el reality show.

– Sí, claro. Eso existe porque es una parte de la sociedad. Todas las sociedades están creadas por diferentes personas. En España hay personas que no son gitanas y viven de esa manera. Aun así yo confío en que la cultura española algún día va a presentar al gitano como verdaderamente es. Igual que en Hollywood los negros dejaron de ser esclavos en el cine y empezaron a ser presidentes de los Estados Unidos. Es beneficioso para los creadores de estos realities presentar esa parte, pero es mínima. 

 

 

– Hablemos un poco de su arte. ¿Cómo heredó ese gusto por la cultura?

– En mi casa siempre se ha amado mucho el arte. Se ha vivido incluso como un ritual espiritual. En mi familia se trabaja con antigüedades entonces desde pequeña he estado muy vinculada a los museos y a los libros de historia del arte. Incluso en mi casa hay libros de cómo hacer jabón [risas]. En mi casa se me ha inculcado siempre el respeto al arte y al artista. 

 

– ¿Por eso decide estudiar Bellas Artes?

– Sí. De pequeña yo tenía dos metas, ser actriz o ser monja [risas]. Mi madre me dijo que si me metía a monja no me iban a ver más y que si era actriz tenía que enseñar el culo. A esta anécdota se une la mentalidad conservadora de mi familia. No obstante, creo que todos los que nos queremos dedicar a la interpretación tenemos ese enfrentamiento con la familia, por el hecho de que no es una vida sencilla. Mi hermano quería ser torero y valía para ello, pero la protección de tus padres muchas veces te hace plantearte otros caminos. 

 

– ¿Esa mentalidad conservadora hizo mella en su infancia y adolescencia?

– Mi padre siempre ha querido que estudiásemos. Pero por la educación de mujer conservadora, más que gitana, nos educan para que el objetivo máximo sea casarte y tener hijos. Eso es bonito y debe ser una bendición, pero no es lo único que hay en la vida. Yo lo he vivido con aceptación, porque yo desde pequeña sabía que quería ser actriz y dedicarme al arte. Empecé por aceptarme a mí misma y así los demás te aceptan. Yo he vivido el rechazo por ser diferente. No hay actrices gitanas, hay gitanas en profesiones más tradicionales. 

 

– ¿Ha sufrido bullying

– Cuando éramos pequeñas estábamos en un colegio privado e íbamos super bien peinadas, con los zapatos hiperlimpios como quería mi padre y había niñas que nos pegaban por ser gitanas. Aquello fue breve, porque mi padre habló con la directora y esta hizo algo muy bonito. Fue contando clase por clase que la virgen María era gitana. Tengo mucha sensibilidad con el bullying. Es producto de no aceptar a lo diferente, queremos que todo sea homogéneo, pero la naturaleza es la primera que no lo es y eso la hace bonita

 

– Esa negativa a aceptar lo diferente es la base también del racismo. 

– Fíjate que yo no creo que exista el racismo. Existe el clasismo, que es el rechazo hacia las clases sociales más bajas. Yo soy una persona de la época que vivo. Se cree que el gitano es la imagen falseada que nos han vendido. Yo soy gitana por los cuatro costaos, gitana y judía, pero me ven y me dicen que no lo soy. Entonces me siento comprometida a dar este mensaje para desmontar la imagen arquetípica. 

 

– Volviendo al tema académico. No solo se conformó con Bellas Artes, sino que también le picó el gusanillo pisar las aulas de la facultad de Historia del Arte. 

– Fue al revés. Primero estudié Historia del Arte y luego Bellas Artes. Aquí no había escuela de Arte Dramático y era muy difícil irme fuera a estudiar, por ser mujer y ser gitana. Así que, como me gusta tanto el arte, me metí en Historia. Una vez dentro, necesitaba materializar y expresar todo lo que estaba aprendiendo. Entonces fue mi madre la que me animó a estudiar Bellas Artes y me cambié de carrera, sin terminar la primera. 

 

– ¿Y cómo empieza a formarse en la interpretación?

– Estudiando Bellas Artes, me pedí una beca que ofrecía el Teatro Alhambra por parte de la Comunidad Europea y seleccionaban a 12 actores. No tenía formación como actriz, pero era el sueño de mi vida. Tuve suerte y me escogieron. Nos impartieron un curso de formación muy bueno durante nueve meses y lo fui compaginando con la carrera. 

 

– Pero no solo quedó ahí, ya que su trayectoria académica interpretativa es rica.

– Bueno, tras estos meses, de esos 12 actores nos cogieron a cinco para hacer una gira de teatro por toda Andalucía, representando La historia del soldado de Stravinski. Ahí volví a entrar en crisis con la familia, porque ninguno apoyaba que yo siguiera mi sueño. Aun así yo he seguido con mi formación porque, bueno, son momentos por los que hay que pasar y en los que hay que reafirmarse. Me fui a Madrid, con la excusa de que allí terminaría mi proyecto fin de carrera [risas]. Ahí empecé a formarme en interpretación y lo he hecho con grandes maestros. 

 

– Entre otras muchas cualidades, destaca por la facilidad de poner acentos.

– Eso se adquiere por la observación. En mi casa trabajaban mujeres de muchas partes del mundo y gitanas que eran de barrios más marginales y tenían un acento granaíno muy arraigado [pone ejemplos de conversaciones que tenía con estas mujeres imitando su acento]. Es muy gracioso y muy divertido observar, escuchar y luego intentar proyectarlo. Desde pequeña he convivido con gente de muchas culturas y países y los he escuchado [sigue imitando a amigos suyos franceses mientras ríe]. 

 

 

– ¿El actor necesita renovarse constantemente o solo necesita una técnica base y ya tiene todo hecho?

– El actor ama la vida, el actor está ansioso por conocer cada vez más. No conozco una receta fija, pero si la hubiera, creo que sería el ansia por abrazar la vida, por conocerla, por tener interés por el ser humano y sobre todo, por leer. Nos conocemos a través de la lectura, con ella podemos imaginar y la imaginación es el mayor poder que podemos tener las personas. La lectura es muy beneficiosa a nivel individual y global. Nos hace entendernos mejor y conocernos de la mejor manera para juzgarnos menos. 

 

– Se le nota mucho que es mujer observadora. Seguro que eso le lleva a admirar a no pocos compañeros de profesión.

– Admiro a muchas actrices y actores, sí. Pero desde pequeña me da fuerzas Lola Flores. Era un genio. De Lola Flores recojo toda la fuerza que puede tener una mujer, porque en su época era super transgresora y no le tenía miedo a nada y todo el mundo la quería. Todo lo que ella hiciera era bueno y eso ha quedado hasta día de hoy. Y si me voy a otro polo te digo Meryl Streep, porque las dos tienen mucha verdad de vida. Son actrices valientes delante y detrás de las cámaras. También tengo referentes como Javier Bardem, Al Pacino… Son personas que me dan fuerza. 

 

 

– ¿Y del panorama nacional actual?

– Sin duda, Eva Ugarte. Me parece que está abriendo nuevos caminos. Porque hasta ahora las series y la interpretación en España han estado muy contenidas, muy al modelo americano. Nuestra cultura es más amplia, entonces Ugarte es una mujer de verdad que está transmitiendo la realidad en la que estamos viviendo. 

 

– ¿Quiere decir que el cine español tiene mucho más que aportar que el americano? 

– Correcto. Europa es un continente con mucha más tradición y con las raíces más profundas, entonces lo que no hay es una industria que permita hablar de realidades, de raíces. No tenemos una industria que permita contar la grandeza que tiene nuestro país. 

 

– Con producciones como La pesteLas chicas del cable, parece que España está rompiendo redes. 

– Sí, pero creo que hay que centrarse en el presente un poco más para que podamos avanzar. Estoy cansada un poco de la época. Está muy bien, ojo, pero hay historias actuales con las que se puede arreglar el hoy. Yo soy mucho de raíces, por supuesto, pero también de arreglar la situación que tenemos. Antes hablábamos del bullying, ¿por qué no se hace una serie sobre eso? ¿Por qué no se hace una serie de lo que realmente somos los gitanos? Hemos construido la cultura española. Vas al extranjero y lo primero que te dicen es un ‘ole’. ¿Por qué no contamos eso? El presente nos hace avanzar al futuro. ¿Por qué las series americanas tienen éxito? Porque, por ejemplo han sido las primeras en poner en pantalla a una pareja homosexual, sin miedo. Y han hecho mucho bien. En cuanto haya un director y un productor valiente en España, los gitanos dejarán de ser gente marginal en el cine.

 

– Usted también ha tenido oportunidad de trabajar en series españolas de éxito como Hospital CentralLos hombres de PacoLa que se avecina. ¿Por qué se acabó esa racha? 

– Porque los directores de casting empezaron a conocerme y ya me conocían como gitana, así que no doy ese perfil típico de gitana. Como se fijan en el estereotipo marcado, no me han llamado. Aparte, yo no quiero alimentar tópicos. Me han llamado para hacer de gitana marginal, drogodependiente, incluso puta, y yo no apoyo eso. Estoy comprometida con mi vida, con la de mi pueblo y no voy a trabajar en series o películas donde tenga que alimentar un tópico. Yo puedo hacer de médico, de enfermera, de rockera. También puedo hacer de drogadicta, claro, pero no de drogadicta gitana. Con este panorama me decanté por el teatro, que hay mayor amplitud de mente. 

 

 

– ¿Ve diferencia entre el discurso que se da en las galas de entregas de premios y lo que luego se plasma en la pantalla? 

– Lo estamos viendo, ¿no? Solo hay que observar. Se alimentan los clichés. Si en las galas del cine español se habla de la aceptación al ser humano, de valores positivos, ¿por qué luego se buscan tópicos? Que existen, pero también existen otras muchas historias. Si una actriz gitana se presenta a un casting, que tenga posibilidad de encarnar a un amplio espectro de personajes. 

 

– A sus espaldas luce una mochila en la que guarda muchos viajes. ¿Por qué ha vuelto a Granada?

– En este momento estoy escribiendo una ópera flamenca y Granada es tierra de escritores y de médicos. No hay mejor tierra para inspirarte y escribir que Granada. De aquí han salido grandes escritores y yo no puedo estar en mejor sitio. 

 

– ¿Qué sueño persigue con esa obra?

– Exportarla. Los frutos, cuando no se exportan, se pudren. Pues mi obra va a ser igual. Lo más importante es dar un mensaje y que la gente se sienta más reconciliada con el mundo, que es lo que pretendo con esta ópera. Estamos en un momento en el que necesitamos reconciliación con nosotros y con lo que nos rodea. 

 

– Somos muy individualistas.

– Sí. Yo veía a mi abuela que hablaba con la vecina, con el lechero, con el huevero… Ahora la vida la llevamos enfocada en el móvil. Estamos forzados a ser individualistas. Le agradezco mucho esta conversación cara a cara, porque no crecemos siendo tan individualistas. Las grandes cosas en mi vida me han pasado con gente. Un orgasmo te lo puedes provocar, pero es infinitamente mejor con otra persona; es mucho más bonito. 

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