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Cristian Valencia



“Los actores transmitimos casi todo con los ojos”



El rostro de este barcelonés de 29 años se hizo popular a raíz de su papel fijo en la reciente serie de Telecinco Aquí Paz y después Gloria, donde daba vida al tatuador Moss, cuya chulería y atractivo físico cautivaban a todas las muchachas del barrio de La Vega. La única que tenía ocasión de despertar su interés era la despistada aprendiz de peluquera Melany (María Hervás), que al menos podía compensar con su desparpajo las escabechinas causadas a las comprensivas clientas. El flirteo entre ambos desataba la envidia de la tercera en discordia, otra peluquera bastante menos agraciada de nombre Saray (Lucía González), dispuesta a cualquier cosa con tal de dejar en evidencia a su compañera ante los ojos del chaval. Ninguna de ellas sospechaba durante la pugna que él escondía un secreto: era hijo de un condenado por corrupción y huía de ese turbio episodio.
 
   El inicio de la andadura televisiva del actor se remonta, sin embargo, a hace casi una década. En 2008 su perturbado Pedro llegó herido a aquel Hospital Central de Telecinco tras apuñalar a su exnovia embarazada y enfrentarse cuchillo en mano al marido de esta. Aunque desde el ingreso permanecía esposado para evitar su fuga, conseguía unas tijeras con las que amenazaba a la psiquiatra Verónica Solé (Carolina Cerezuela) como modo desesperado de huir. Su actitud dominante también hacia la doctora evidenciaba que las denuncias interpuestas anteriormente contra él por malos tratos eran ciertas. Al final le aplicaban un paralizante con la excusa de curarle un corte en el brazo y lograban salvar la vida del bebé. Al año siguiente pasó de refilón por el capítulo final de Sin tetas no hay paraíso para culpar a Vanessa (Xenia Tostado) de la muerte de su amigo José Moreno (Álex García), uno de los secuaces del narcotraficante Rafael Duque (Miguel Ángel Silvestre), con quien ella había mantenido un tortuoso idilio marcado por la droga. Todo el barrio la trataba como una traidora, y razones no le faltaban para delatar a tan monstruoso delincuente, pero no guardaba relación alguna con el asesinato.
 
 
 

 
 
 
   Su racha de personajes episódicos avanzó en 2010 con la comedia agridulce y urbana que José Corbacho y Juan Cruz idearon para TVE, Pelotas, donde no se ponía de acuerdo con su novia a la hora de comprar preservativos en una farmacia. Menos pegada a la actualidad transcurría la telenovela de Antena 3 El secreto de Puente Viejo, para la cual se enfundó el uniforme de un soldado contrario a la libertad de expresión en aquella España oscura de principios del siglo XX. Gracias a esa cadena retrocedió aún más en el tiempo, pues la producción de época Toledo le zambulló en la corte del rey medieval Alfonso X el Sabio.
 
   Solo la audiencia catalana ha presenciado su última aparición en la pequeña pantalla gracias a la romántica Cites, con la que TV3 ha emulado este 2015 el modelo de la exitosa serie británica Dates. Presenta a personajes que se ven por primera vez en persona tras haberse conocido mediante una página de contactos y relata cómo los encuentros evolucionan hacia pareja o sexo. El suyo no llegaba ni a una ni a otra. Dio vida a Miguel, un bombero fanfarrón que quedaba en un restaurante con Ona (Júlia Molins) sin sospechar que le utilizaría para dar celos al apocado camarero (Biel Durán) que la rondaba, aunque ese plan se iba a pique. ¿Por qué? Porque el narcisismo del heroico funcionario la hastiaba y le dejaba plantado en la mesa, lo que la obligaba después a reconocer el error ante su otro pretendiente y proponerle un paseo nocturno. Pese a tratarse de una ficción autonómica, el elenco reúne a nombres consagrados: Eduardo Noriega, Leticia Dolera, Miki Esparbé, Aida Folch, Álex Monner, Nausicaa Bonnín, Jordi Sánchez, Eva Santolaria, Ricard Sales, Íngrid Rubio…
 
   Anterior es su prometedora relación con el celuloide, que comenzó en 2006 gracias a un discreto papel en la superproducción alemana El perfume, en torno a la turbia figura de quien llegó a lo más alto en el mundo de las fragancias allá por el siglo XVIII: Jean Baptiste Grenouille. Para su creación más perfecta había atrapado los olores de mujeres asesinadas por él, lo que terminaba costándole una condena a muerte. ¿Cómo era posible que detrás de semejante genio se escondiera un monstruo? Porque su vida no había sido fácil. Nació junto a los restos pestilentes del pescado que vendía su madre, le abandonó, estuvo a punto de morir, sus compañeros de hospicio le odiaban, un curtidor le explotó…
 
   En 2007 olvidó la parafernalia propia de un gran rodaje y descubrió el formato corto con La calle de las traiciones, al que no tardaron en sumarse Va-i-ven y Comisaría 106. Obedeció las órdenes de Àlex Lora, uno de los autores españoles más aclamados en el cine independiente por acumular un centenar de premios y competir en Sundance, para acometer Carpe Diem en 2009. Y al año siguiente derrochó chulería en Los Bravos, una pieza de aires sesenteros que tenía lugar en un bar donde su Lucas conquistaba a la clientela femenina a base de habilidad con el futbolín, aunque las trampas también le ayudaban. Ese liderazgo embelesaba al púber Sergio, deseoso de exhibir su aún discutible hombría retándole a una partida en la que se jugaba una valiosa cadena de oro, cuya propiedad mantenía tras una inesperada victoria. Pero lo cierto es que el mérito no era solo suyo, ya que durante el duelo se le unía un endeble aliado al que brindaba su amistad pese a haber obtenido con la hazaña el beneplácito de la gente más popular del barrio.
 
 
 

 
 
 
 
   Su trampolín cinematográfico fue la película de terror Atrocious, coproducida en 2010 por España y México, con un argumento capaz de convencer incluso en el mercado estadounidense. Encarnó entonces a un chaval que se dedicaba a investigar junto a su hermana sucesos paranormales de los que después daban cuenta en Internet. Hasta que en unas vacaciones pasaban de testigos a víctimas de esos fenómenos: el espíritu de una niña desaparecida años atrás habitaba en un bosque cercano a la casa del Garraf en la que se alojaban y los miembros de la familia iban muriendo sucesivamente. Al cabo del tiempo la policía hallaba los cuerpos y vídeos con grabaciones de todo lo ocurrido.
 
   Dani de la Orden le reclutó luego para una de las seis historias de aquella aventura veraniega que fue Barcelona nit d’estiu, merecedora de una repercusión nada despreciable si se tiene en cuenta que dispuso de un exiguo presupuesto. Se puso en la piel del caradura Adrián, poco dispuesto a arreglar el televisor que su compañero Oriol (Bernat Saumell) instalaba en el piso en el que convivían, aunque tampoco se prestaba a la compra de uno nuevo. Además de llevar a gala su descaro, era futbolero, charnego, algo machista… Una noche salían juntos por el centro de la ciudad con su amiga Anna (Laura de la Isla) y una estudiante de Erasmus llamada Catherine. Por culpa de esta peligraba la perfecta sintonía entre los dos chicos, pues ambos quedaban prendados de su belleza. Él trataba de cautivarla con canciones en un karaoke, sin importarle las dificultades para comunicarse debido a su pésimo nivel de inglés. Si la jugada le salía bien, se olvidaría por un tiempo de su exnovia, pero esa excusa no tenía demasiada credibilidad: en solo tres meses habían pasado por su cama seis ligues. Cuando por fin tomaba la delantera en la dura pugna su amigo le tendía trampas mientras hacía de traductor, así que la muchacha se espantaba al pensar que era un idiota. El creciente pique desataba una fuerte discusión: la envidia de Oriol por no tener un físico espectacular quedaba al descubierto y a Adrián le tocaba tragar con el sambenito del fracaso escolar. Sus golpes sobre la arena de la playa no les conducían a nada porque la extranjera era lesbiana.
 
   El año pasado interpretó al regidor de David Bisbal en el mediometraje que Kike Maíllo rodó dentro de la estrategia promocional para el nuevo disco del almeriense: Tú y yo. Su Toni llevaba seis meses sin ligar y buscaba un nuevo aspecto. Enfrascado en ese dilema descubría que en la caravana del cantante dormía una chica, Laura (María Valverde), a la que ofrecía la posibilidad de viajar a bordo durante la gira. ¡Y eso que no era fan! Unos incompetentes policías la buscaban con mucha insistencia, pero eso no impedía que los tres compartieran noches de fiesta y confesiones hasta que el momento en que ella empezaba a enamorarse del cantante, una historia solo empañada cuando se percataban de su posible pasado delictivo. ¿Qué había hecho? Simplemente huir de su prometido antes de la boda. La situación se encauzaba y la insospechada pareja seguía adelante, mientras él y la road manager (Bárbara Goenaga) terminaban paliando juntos su soledad.
 
 
 

 
 
 
   Este octubre paseará por el Festival de Sitges la necrófila El cadáver de Anna Fritz. Su personaje se cuela en la morgue de un hospital tras recibir el jugoso notición de un colega (Albert Carbó) que trabaja allí como celador y pasan un rato contemplando el cuerpo desnudo de una famosísima actriz recién fallecida (Alba Ribas). La indiscutible belleza y el hecho de que no pueda ofrecer resistencia les empuja a tomar una truculenta decisión: ser los últimos que practiquen sexo con ella. Ese es el inicio de su bajada a los infiernos. Sin fecha de estreno se encuentra todavía Barcelona nit d’hivern, la segunda parte de su predecesora estival, aunque se espera para esta Navidad. Y es que las historias se ambientan en la noche de Reyes. Adrián intentará recuperar a su antiguo amor, aunque lidiando con las dificultades derivadas de estar al cuidado de su sobrino. ¿Logrará su objetivo?


HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Se acuerda del momento particular en que decidió ser actor?
− De muy pequeño, en el año 1995. Mi madre me llevó al cine a ver una sesión doble que, además de la película infantil El guardián de las palabras, incluía otra para adultos que se titulaba El primer caballero. Recuerdo que la gente aplaudía cuando el protagonista salvaba a la chica, y eso me impactó tanto que le pregunté a mi madre cómo ser actor. Me contestó que era una profesión como cualquier otra, que necesitaba estudiar para ello. En ese momento pensé: “No me puedo creer que luchar y acabar venciendo a los malos sea un oficio” [Risas].
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− A mi madre. Como no era muy buen estudiante, se lo tomó a la ligera, no me hizo mucho caso. ¡Ya le había dicho que quería ser futbolista y bombero!
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Trabajar junto a profesionales de mi generación que han crecido conmigo y ahora son mis amigos, como Bernat Saumell o Alba Ribas, con los que llevo cinco años levantando proyectos. Hemos terminado el rodaje de El cadáver de Anna Fritz, que se podrá ver en la sección oficial del Festival de Sitges. Y también actué también acompañado por ellos en Barcelona nit d’estiu, la cinta que dirigió Dani de la Orden. Es una fortuna encontrar a gente de esa calidad humana, tan generosa, con tanto talento…
 
− ¿Cuál de los papeles que ha interpretado le ha dejado más huella?
− Mi Adrián de Barcelona nit d’estiu. Fue un filme que produjimos nosotros mismos con nuestro dinero porque el cine atravesaba un momento de crisis aguda y teníamos que hacer algo si no queríamos acabar todo aquel verano trabajando de camareros. ¡Al final fue así! [Risas]. Aunque también fuimos capaces de hacer algo bueno entre colegas y sin medios. Precisamente por eso le guardo un cariño especial al personaje: el guionista era amigo y me lo hizo a medida… Gracias a ese trabajo me conocieron muchos directores de casting. Y por si eso fuera poco, he vuelto a encarnarlo en Barcelona nit d’hivern, cuyo rodaje proporciona a la historia una segunda parte. Hasta ahora es mi papel más largo. ¡No sé cuándo podré volver a hacer una secuela!
 
 
 

 
 
 
Si el teléfono dejase de sonar definitivamente, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− El teléfono no ha sonado tanto como me gustaría, pero lejos de abandonar, me he dedicado a hacer mis propios proyectos. En ese caso tan extremo continuaría ejerciendo como productor, e incluso me animaría a dirigir. Y la verdad es que terminaría llamándome a mí mismo para que trabajase de actor, por lo que sería casi imposible dejar de hacer lo que me motiva [Risas]. No hay otra cosa que me guste más.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− No. Esta es una profesión muy dura, llena de altibajos, donde uno está a menudo en la cuerda floja. Pero no me parece motivo suficiente para dejarla. No sé qué sucederá en el futuro, aunque lo de tirar la toalla no va conmigo.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Rodamos un teaser con el propósito de lograr financiación para el largo Morlers, de Dani de la Orden, cuyo reparto iba a incluir nombres como el de Francesc Colomer. Al tratarse de un tráiler, trabajamos a partir de fragmentos inconexos. Bernat Saumell era también productor y trajo unos perros para grabarlos a cámara lenta mientras nos perseguían. ¡Algunos eran lobos! [Risas]. Me quedé impactado. Nos dijeron que llevaríamos comida en el bolsillo para que así nos siguieran y nos aconsejaron que nos subiésemos a un árbol si veíamos que en algún momento dejaban de sacar la lengua para enseñar los colmillos. Al final todo salió bien: yo no me caí y los animales estaban muy bien entrenados.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El Gobierno de Mariano Rajoy está en guerra permanente contra el sector cultural. Entre mis medidas figuraría una bajada del IVA, básicamente porque resulta imposible ir a las salas, cuando en países de nuestro entorno es mucho más asequible. También observo que nuestra cinematografía no está nada protegida. Por citar un ejemplo, un porcentaje de la recaudación obtenida por cada cinta estadounidense que se exhibe en Francia se destina a la realización de películas propias, lo cual nos vendría muy bien: aquí la gente consume mucha ficción americana y solo ve los títulos españoles más comerciales, así que con esa fórmula se abrirían puertas a esos profesionales que ya se hacen hueco poco a poco con presupuestos bajos o casi nulos. Antes se concedían subvenciones sin pensar demasiado, y aunque el grifo se cerró para todos con la crisis, cada vez encuentro proyectos de mayor calidad pese a no tener dinero detrás. Hoy la gente tiene que romperse más la cabeza si quiere que sus propuestas lleguen a algún sitio.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Recuerdo que me emocioné mucho viendo las escenas finales de Braveheart, cuando traicionan a William Wallace (Mel Gibson), que luego es torturado por haber luchado contra los ingleses. El tío aguanta que le humillen todo el rato sin decir nada y quienes están tirándole fruta piden que se le liquide sin tortura tras observar su inmenso cariño hacia su causa. Ese rato me dejó destrozado.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
− Me quedo con el mensaje global que lanza el filme Crash: no hay buenos ni malos, cada uno es víctima de sus circunstancias, tiene sus motivos y razones. Aplico ese razonamiento si a alguien se le va la pinza con algo [Risas].
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− De pequeño me volvía loco La máscara, la primera película de efectos especiales que vi. Me sabía el guion, pero también las canciones, los bailes… ¡Fue un descubrimiento!
 
− ¿Puede contarnos alguna anécdota divertida suya como espectador en un teatro o sala de cine?
− Mientras veía Prometheus viví una más impactante que divertida. En la pantalla apareció una escena similar a esa tan célebre en la que un alien sale de un estómago, una chica cayó de cabeza tras levantarse de su butaca y otra que estaba a su lado vomitó, así que fue como ver en directo una interpretación paralela a la de la película. ¡Muy sórdido! [Risas].
 
 
 

 
 
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A Peaky Blinders, emitida por la BBC. Trata sobre una familia de gitanos irlandeses que reside en el Birmingham de 1919. Me encanta su protagonista, Cillian Murphy, cuyo trabajo es espectacular: su personaje intenta hacerse con la ciudad gracias al contrabando y ello no tarda en desatar luchas de poder. Pero destaco igualmente el nivel interpretativo de todo el elenco, con actores como Tom Hardy, además de la ambientación.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− Un amigo mayor que yo que ya trabajaba en esto me dijo una vez: “Ten paciencia, la interpretación es una carrera de fondo, no tengas prisa”. Y así está siendo. Poco a poco surgen mejores oportunidades, pero a cambio de ser constante. Si te desesperas, nunca consigues tus objetivos.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Esto no lo debería contestar yo, pero puedo ser bastante versátil. Me siento cómodo en cualquier registro, tanto en la comedia como en el drama, siempre disfruto mucho. No ponerme barreras en ese sentido juega a mi favor.
 
− ¿Y débil?
− Eso me lo voy a llevar a la tumba… [Risas]. La principal flaqueza es que soy humano, no una máquina, por lo que existe la posibilidad de equivocarme. ¡Y no pasa nada!
  
¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
− “Todo es posible si se hace con amor” o “Todo es posible en 35 mm”.
 
¿A qué lugar del planeta le gustaría teletransportarse mañana y por qué?
− Si mañana fuese invierno, a un sitio muy cálido donde hubiera olas de más de dos metros para así practicar surf, que es mi gran pasión. Se me ocurre Hawai.
 
− ¿Qué canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Highway to hell, de AC/DC. ¡Es pura energía!
 
− Ahora que no nos escucha nadie, ¿cuál es el próximo proyecto que se trae entre manos?
− Ya falta poquito para concluir Barcelona nit d’hivern. He trabajado junto a artistas de la talla de Aina Clotet, Alberto San Juan, Laura Díaz… Y en septiembre estreno El cadáver de Anna Fritz en Sitges.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Aunque no soy muy mitómano, me gustaría codearme con grandes actores de España y el extranjero, pero más aún dedicarme continuamente a este oficio. Sobre todo si puedo llevar a cabo proyectos de mi cosecha…
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que todos los países dejan a un lado las guerras y se ponen de acuerdo para que a ningún niño le falte comida y educación. La infancia es el futuro. No es un objetivo imposible, simplemente no conviene por ciertos intereses.
 
− ¿Qué otro período histórico elegiría para nacer?
− Reconozco que soy muy feliz por haber nacido en esta época.
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecho? 
− Con los ojos. Aunque los míos no sean nada del otro mundo, los actores transmitimos casi todo con ellos.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Desarrolláis una labor maravillosa para los intérpretes, a quienes la esfera política da tan buen trato… [Risas]. Seguid echándole ilusión y ganas, que cada vez sois más grandes y alcanzaréis todas vuestras metas. Gracias por todo.
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