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Fotografía: Bernardo Doral
Fotografía: Bernardo Doral
 
Cristina Alarcón
 

“A los actores podrían considerarnos deportistas de élite por los numerosos obstáculos”
 
 
 
Esta granadina no llega a la treintena y lleva la mitad de su vida ante la cámara. Con apenas 15 añitos se estrenó como presentadora del popular programa infantil Club Megatrix, emitido para toda España por Antena 3, pero sus pasos televisivos la llevaron después de vuelta a su Granada natal. Allí condujo los espacios Factor 21 o Aquí opinamos todos para la veterana cadena local Canal 21. Su salto a la parrilla en calidad de actriz se lo brindó la longeva serie Arrayán, que de 2001 a 2013 fue el máximo emblema de Canal Sur, donde bordó a una adolescente conflictiva de nombre Paula Villar. Lideraba una pandilla de estudiantes de instituto, y aprovechaba ese rol para acosar a compañeros débiles, entre quienes figuraba Alba (Rocío Peláez).   
   
   Cuando estaba a punto de finalizar 2013 regresó a la televisión de ámbito estatal gracias a un episodio de la última temporada de Aída en el que Mauricio (Mariano Peña), Simón (Dani Martínez) y Jonathan (David Castillo) montaban una empresa de organización de bodas para quedarse con los 2.000 euros que adelantaban las parejas como fianza. ¿Cómo lo hacían? Rompiendo las relaciones con las galanterías del más atractivo de los tres, Simón, ante quien caían rendidas todas las clientas. Ella encarnó a la encantadora Blanca Gómez: aficionada a los tatuajes y los perros, lectora empedernida de Romeo y Julieta… Y también se acostaba con el timador mientras preparaba su ceremonia, pero el novio no la dejaba al enterarse de la infidelidad, más bien quería matar a tiros al joven.

 
   Su romance con la pequeña pantalla continuó a comienzos de 2014 en Telecinco, aunque cambió la miseria del barrio periférico de Esperanza Sur por el glamur de la redacción de B&b, cuya segunda temporada está todavía pendiente de emisión. Durante 16 capítulos ya la vimos en la piel de Clara Bornay, la jefa de estilismo en la revista que da nombre a la serie y que pertenece precisamente a su acaudalada familia, de la cual ella es la primogénita. Sus aliados a la hora de elegir los atuendos de las modelos para las sesiones fotográficas son el sofisticado Lucas (Jorge Usón) y la atormentada Vero (Cristina Brondo), aunque en el estudio también suele encontrarse con compañeros tan talentosos como el mujeriego Mario (Fran Perea) o el tímido Juan (Dani Rovira).
 
   En Buenos Aires conoce al periodista Pablo Balboa (Gonzalo de Castro), y tras facilitarle el puesto de director, el noviazgo entre ambos avanzaba hacia al altar pese a la diferencia de edad. Hasta que él se reencuentra por casualidad con su antigua novia Candela (Belén Rueda), redactora de la publicación, con la que tuvo una hija llamada Sonia (Macarena García). Tan agitado pasado desata fuertes celos en ella, que incluso recurre a los antidepresivos, pero su amor permanece firme contra otras adversidades: la desaprobación de su padre ante el enlace, las amenazas de muerte que recibe su prometido y que se traducen en un brutal tiroteo a la puerta de la iglesia… Al final, por suerte, todos consiguen salir vivos.
 
   También en la mansión del clan Bornay sufre continuos disgustos, desde el divorcio de sus progenitores tras la aventura del magnate editorial con su secretaria al idilio prohibido entre su hermana Cayetana (Sara Sálamo) y el chófer, sin olvidar el despido de la abnegada asistenta (Luisa Martín).

 
   Mucho más reciente es su debut en la gran pantalla con la cinta El país del miedo, del director novel Francisco Espada, que vio la luz en Málaga durante la última edición de su célebre festival. Pero todavía habrá que esperar hasta su llegada a los cines. Inspirada en la novela homónima de Isaac Rosa, esta historia de intriga reflexiona sobre cómo el temor afecta a nuestro comportamiento. El punto de partida es la extorsión que un adolescente y su padre (José Luis García Pérez) padecen por parte de una alumna, autora de tales tropelías que el cabeza de familia llega a una reacción desmedida. Y su mujer permanece ajena al asunto tanto por la sobrecarga de trabajo que trae consigo la crisis como por las mentiras que él le cuenta para no quedar como un cobarde. "Es una metáfora de la sociedad violenta y competitiva en la que vivimos, con poca empatía y donde prima ser el ganador, lo que solo sirve para generar frustraciones", señala el cineasta de origen extremeño, curtido hasta ahora a base de cortometrajes, aunque también conoce a fondo el mundo escénico como cofundador de la sala Cuarta Pared.
Fotografía: Bernardo Doral
Fotografía: Bernardo Doral
 
   Su currículum teatral tiene el privilegio de albergar “una de las joyas más brillantes del circuito alternativo, un auténtico baluarte del buen teatro”, según ha calificado gran parte de la crítica a Iván-Off. En 2012 inauguró ese espacio minúsculo que es La Casa de la Portera, decorado con detalle al estilo de una vieja casa de gente pudiente, sin saber que allí ofrecería casi 400 funciones del montaje durante tres años. Esa versión actualizada del famoso texto de Chejov ha sobrecogido al público con un hombre (Raúl Tejón) en plena depresión que iba arrastrando hacia el precipicio a todo su entorno. En el origen de su amargura estaba la podredumbre moral de la sociedad y de sí mismo. ¿Por qué? Porque desatendía a su mujer enferma al rendirse a la belleza de una muchacha bastante menor que él, Sara Leyva, a la que ella se encargó de poner cara magistralmente. Era la hija de un matrimonio basado en la hipocresía, empeñado en ocultar su ruina emocional bajo una aparente opulencia y una existencia ejemplar, cuando en realidad el marido obedecía gracias al alcohol las órdenes de la superficial esposa. Poco antes de que su jovencita Sara se casase por conveniencia con el protagonista, ya viudo, el creciente remordimiento de este le empujaba al suicidio. En aquel reparto coincidió con otros nombres prometedores de la escena, como Germán Torres, Javier Delgado Tocho

 
RUBÉN DEL PALACIO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz?
− Cuando aún era muy pequeñita, si en casa veíamos una película o alguna serie, le decía a mi madre: “¡Yo quiero estar ahí, poder hacer eso!”. A lo cual ella respondía: “¡Qué teatrera eres!”. El momento decisivo fue mi primera prueba, la de Arrayán, emitida por Canal Sur. Allí encarné el personaje de Paula Villar. Todo tomó entonces un matiz muy diferente en mi vida. Tuve clarísimo que esto era lo mío y empecé a dedicarme a esta maravillosa profesión de la que me enorgullece formar parte.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− La verdad es que me he sentido muy apoyada por toda mi familia, especialmente por mi madre, que ha sido y es mi mejor amiga. Fue la primera en conocer mi vocación y reaccionó bien desde el principio: “Si realmente lo deseas, lucha por ello, nosotros siempre estaremos aquí”. Como dije antes, soy muy afortunada.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Creo que la suerte existe, pero también hay que crearla. Quizás mi gran sorpresa fue cuando me ofrecieron la serie B&b. Luis San Narciso vino a La Casa de la Portera para ver Ivan-Off, un texto de Chéjov dirigido por José Martret. Aunque ese día nos felicitó a todos los actores, la semana siguiente me llamaron para una prueba con el papel de Clara Bornay… y comenzó mi aventura con Globomedia. ¡Uno de los mejores regalos de mi vida!
 
− ¿A cuál de sus personajes le guarda especial cariño?
− Es una pregunta difícil. Ahora mismo estoy sintiendo una avalancha de imágenes de todos los que he encarnado. Les tengo cariño casi por igual, pero ahora me quedo con Clara Bornay, a quien doy vida en B&b. Aún está por estrenarse la segunda temporada en Telecinco, y estoy como loca por ver la evolución de mi Clara. Es un personaje muy completo, como una montaña rusa, tiene una vida llena de contradicciones. Y ella las encaja con una sonrisa y actitud positiva. ¡Me encanta! Me da además la oportunidad de estar rodeada de fantásticos compañeros.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Decidí ser actriz porque pensaba que en esta vida no me daría tiempo a hacer todas las cosas que deseaba. La interpretación me permite al menos fantasear con muchas de ellas. Si llegase ese momento, buscaría una solución, pero antes agotaría todas las posibilidades. Nunca me ha gustado quedarme sentada esperando una llamada…
 
− ¿Alguna vez ha pensado en tirar la toalla?
− Nunca pienso en tirarla por completo. Tengo mis desencuentros, digamos ‘amorosos’ [risas], con el oficio. Pero son enfados de esos que sabes que acabarán arreglándose. Porque la pasión es mutua. Puedo seguir por caminos paralelos, aunque sin perder de vista este para cruzar en cualquier momento. Desde mi debut nunca he dejado de ser ni de sentirme actriz.
Fotografía: Máximo Arroyo. Revista 'We are one'
Fotografía: Máximo Arroyo. Revista 'We are one'
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− ¡En mi primera jornada de grabación de Arrayán estaba aterrada! Me sonaban a chino palabras como set, combo, atrezo… Cuando decían “Cinco y acción” pensaba justamente eso [risas]. Era una adrenalina muy agradable, de la cual me declaro adicta.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español, si es que ve alguno?
− Que está lleno de obstáculos. A todos los profesionales del sector nos podrían considerar deportistas de élite. Son pocas las facilidades que le dan a alguien con un buen proyecto, y muchas las barreras que ha de saltar. Es injusto también que la gente quiera ver una película u otro tipo de espectáculo y no pueda porque su economía no permite pagar los elevados precios actuales. La cultura no es un bien de lujo, sino un tesoro al cual todos todos tenemos derecho. Nosotros somos los primeros que debemos apoyar nuestro celuloide, pero el público tiene que darle otro un empujón. Todos estamos en el mismo barco. En eso vamos por muy buen camino, los datos de taquilla de filmes españoles son una gozada últimamente. ¡Enhorabuena! ¿La solución a los problemas? No dejar de hacer lo que hacemos, no cesar nunca en la lucha por lo que amamos, seguir reivindicándolo como algo necesario que nos pertenece.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Creo que gasté un paquete entero de pañuelos con Meryl Streep en Los puentes de Madison.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− La verdad es que no aplico ninguna del mundo cinematográfico, aunque me he identificado con muchas en distintos momentos. Pablo Picasso es un gran referente para mí, por eso me quedo con unas palabras suyas: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”.
 
− ¿Nos cuenta alguna anécdota divertida como espectadora?
− Fui a ver un espectáculo del Cirque du Soleil en Málaga con algunos compañeros de la serie Arrayán, mi hermana, mi cuñado… Uno de los personajes interactuaba con el público y sacaba a varios espectadores para una pequeña escena de desengaño amoroso. Entonces llegó ese momento en que gritaba para mis adentros: “¡Yo no! ¡Yo no!”. Y efectivamente, yo fui la elegida. La improvisación nos salió estupenda, quedó muy divertida, recibimos aplausos de todo el público. Pero todo se torció al saludar. Incliné la espalda antes de bajar la cabeza y descubrí uno de mis pechos fuera del precioso vestido largo de flores que llevaba. ¡Me quería morir! Luego concluí que tal vez no lo había hecho tan bien y que la ovación era por otro motivo…
 
¿A qué serie está enganchada?
− Intento ver todas las españolas, tanto en televisión como en las páginas web de las cadenas. Además de disfrutar mucho con nuestra ficción, me gusta saber qué se está haciendo en cada momento, contemplar el trabajo de mis compañeros… Así puedo aprender de ellos y tener un juicio fundamentado cuando hablo. También sigo muchas producciones internacionales, de entre las cuales destaco Carnivàle como mi favorita.

 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− Hay algunos que siempre resuenan en mí. “El talento sin trabajo no es nada”. “Da a tu compañero para recibir después”. “Siempre sé tú misma”. “Fórmate continuamente”. Los mejores y más generosos consejos que he escuchado en lo personal y lo profesional han sido los de mis padres. Y tengo también la suerte de estar acompañada por maravillosas personas de esta profesión, de las cuales voy aprendiendo un montón, desde mi pareja a mis maestros o directores.
 
¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Disfruto al máximo viviendo como mi personaje, sintiendo de verdad cada cosa que le ocurre en una escena o secuencia, mirándole sin juzgar.
 
− ¿Y débil?
− Por mi físico me cuesta acceder a papeles más duros. En muchas ocasiones me encuentro con el prejuicio de que “no las quieren guapas”… [risas]. Y yo no estoy de acuerdo, no me considero especialmente guapa. La realidad es que la belleza o la fealdad no están reñidas con sentimientos ni con cosas vividas para poder construir un personaje. Otra de mis flaquezas son los nervios, que me llevan a asustarme, a hacerme pequeñita.
 
− ¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
Los sueños se cumplen uno por uno. Pero hay que currárselos…
 
− ¿Cuáles son esos sueños profesionales que le gustaría hacer realidad?
Soy de ir pasito a pasito y peldaño a peldaño. Voy cumpliéndolos poco a poco. Por eso me encantaría que salieran adelante los proyectos que ahora tengo. Y si miramos un poquito hacia el futuro, me veo como protagonista de una película, pero con un papel del que me enamorara inmediatamente. Lo del Goya y el Óscar lo dejo para mientras duermo.
 
Fotografía: Bernardo Doral
Fotografía: Bernardo Doral
 
¿A qué lugar del planeta se teletransportaría mañana mismo?
− A Granada. Así me comería a besos a mis seis sobrinos, mis tres hermanas y mis padres. Aunque si estuvieran en Calahonda, mejor todavía, que así me daría un baño en la playa.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Me quedo con Mediterráneo (de Joan Manuel Serrat), Wake me up (Avicii) y Entre dos aguas (Paco de Lucía).
 
− Adelántenos, aprovechando que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el próximo trabajo que se va a traer entre manos?
− Tengo muchas ganas de disfrutar de la emisión de la segunda temporada de B&b en Telecinco. Ahora estoy trabajando junto a José Luis García Pérez en una versión teatral de La señorita Julia y esperando alguna buena noticia más…
 
− ¿Qué titular le gustaría leer mañana en el periódico?
− Cualquiera de estos tres: “Se ha acabado el hambre en el mundo”, “La violencia se ha extinguido” o “Aumentan el amor y la generosidad”.
 
− ¿Qué otra época histórica elegiría para nacer?
− El Imperio Egipcio, aquellos siglos XV y XVI de Juana la Loca o Isabel la Católica, la lucha de las sufragistas desde mediados del XIX… ¡Siempre cerca de mujeres valientes!
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecha?
− Me gustan mis piernas y mis ojos.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Hacéis cosas fantásticas para apoyar al oficio en todos los sentidos: las ayudas a los artistas que lo necesitan, la recaudación de nuestros derechos, el alquiler de salas para ensayos, los encuentros que organizáis con profesionales del sector… Aunque me consta que ya trabajáis en ello, me encantaría que hubiese más cursos. La formación nos hace más fuertes.
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