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01-10-2018

Inyección de autoestima para cimentar la dirección de escena

 

Carlos Tuñón ofrece en AISGE Sevilla un taller sobre “poética personal” para la creación de un proyecto totalmente acabado

 


 

LUIS MIGUEL ROJAS (@luismirrojas)

(Texto y fotos)

Salir del teatro catalogando positiva o negativamente la obra a la que acabamos de asistir resulta bien sencillo. Lo que ya implica más trabajo es tomar conciencia de que tras ese espectáculo existen un sin fin de eslabones que pasan inadvertidos, porque ninguna casa se construye por el tejado. Y es que toda obra (teatral o arquitectónica, bien pensado) tiene su fase inicial y su periodo de cimentación, y solo a partir de ahí se modela el resultado final. 


   En la gestación de una obra teatral ha puesto el énfasis el director de escena Carlos Tuñón durante una semana en la delegación sevillana de la Fundación AISGE. 12 alumnos del mundo de la interpretación realizaban un curso intensivo de dirección en escena con el objetivo de adentrarse en la práctica escénica y asimilar las herramientas necesarias para encontrar su propio proceso de creación. Y todo ello, partiendo de una base esencial en la que Tuñón ha hecho hincapié: la autoestima. Para este creador, ayudante de dirección en Historias de Userao la serie televisiva Allí abajo, esta palabra encarna un elevado porcentaje para un buen proceso de creación, pero se reveló como el auténtico talón de Aquiles del grupo sevillano. 


   Los diez días de taller intensivo dieron para mucho aprendizaje teórico-práctico, que puede resumirse en cuatro claves fundamentales. En primer lugar, los participantes repararon en la poética personal como punto de partida ineludible. El profesor se refería con esta expresión a que el alumno se mire a sí mismo y al mundo que le rodea, que reflexionara en torno a sus influencias actuales y sobre todo qué aspectos le interesan hoy desde la perspectiva de la creación.


   Esta introspección va ligada a la necesidad de crear un discurso personal que destaque lo que para el artista es esencial. “Debéis dejar a un lado el sentido de montar una pieza con una motivación banal. Lo que debe ganar peso en el discurso es el porqué”, resume Tuñón. 


   Durante el curso, los alumnos también han reflexionado en profundidad sobre el concepto dispositivo; esto es, la manera de colocar al público en el espacio: a la italiana, a dos bandas, alrededor de la escena… 

   Por último, con este director de intensa carrera (ha puesto en escena La cena del rey BaltasarHamlet entre todosLa última noche de Don Juan)han aprendido a desgranar un sistema de signos. El resultado final es: espacio, objeto, elemento poético, luz, sonido, cuerpos, texto… Ante todo ello, cada alumno ha aprendido a afrontar el trabajo de aislar los sistemas para aprender a comunicar la obra solo con la luz o con el sonido, por ejemplo.  


   Con estos cuatro principios generales, los pupilos confeccionaron piezas de cinco y diez minutos como proyecto final, para presentarlas ante sus compañeros y el público invitado. Unos y otros eran los encargados de enjuiciar lo que ese producto acabado les había sugerido. 

 

Cambiar de camino

Antes de empezar el taller, cada uno debía asistir con los deberes hechos y llevar en mente una idea, tema o proyecto. “La sorpresa que me encuentro siempre es que algunos, cuando empezamos a hablar sobre su lugar en el mundo como creador, cambian a los dos días lo que tenían planteado y tiran por otro camino”, desvela Tuñón. Las modificaciones son impredecibles: unos afianzan sus ideas, otros las modifican e incluso hay quienes revalorizan lo que anteriormente han hecho. “Acaban desarrollando ideas que para ellos son importantes, todos terminan agarrando el núcleo”, asegura el director, preocupado por la baja autoestima que se encontró en el grupo sevillano a la hora de crear. 

   Bien sea por el poco apoyo institucional y social o por la frustración propia, Carlos Tuñón ve claro que uno de los mayores conflictos que afronta en sus talleres es la poca confianza de los alumnos en su propia poética. “El problema real se traduce de forma clara en no saber si esto es interesante o no, en materializarlo”, explica. “Yo desactivo esa idea y pregunto qué es lo que le interesa al creador. En dos semanas ha habido diez alumnos que se han expresado de una forma excepcional, sin comparaciones. Aquí, más allá de que pueda mejorarse, de tener más tiempo o no, lo que se ha buscado es que el alumno se convenza de que puede comunicar y comunicarse”. 


   El taller no solo se ha reducido al aula. Otra de las claves del curso ha sido tender puentes entre el director de escena y el resto de profesionales que participan en el proceso creativo, ofreciendo a cada alumno la posibilidad de investigar sobre un tema en concreto. El seguimiento de esta fase se realizaba online fuera del horario lectivo.  Además, cada pieza de producción propia ha contado con un seguimiento presencial del tutor fuera del horario del taller. 


   A propósito del despunte del talento andaluz que se viene dando en los últimos años, Carlos Tuñón –que nació en la capital hispalense y guarda estrecho vínculo con Andalucía– defiende con ahínco las “grandes ideas” que afloran de esta comunidad. “Hay compañías de creación colectiva fuera de la capital, como las andaluzas y las gallegas, que realizan muy buen trabajo, con niveles de calidad y cantidad superiores a los de otras regiones de España. Hablo desde mi experiencia personal, pero la percepción es esa”.


   Como el director no ha cesado durante el taller de ensalzar las cualidades y capacidades que ve en Andalucía, se sorprende una vez más con la poca explotación de esos dones. “Es sorprendente que un grupo entero tenga la autoestima por el suelo. Les he intentado trasmitir que confíen en mí, pero que se den cuenta que solo soy un paso en el camino y que ellos pueden crear. Para ellos es costoso creérselo y creerse que pueden realizar un trabajo sensible, inteligente”.

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