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29-04-2016 Versión imprimir
Los profesores del curso, en el centro, rodeados de los actores y actrices que han sido sus alumnos
Los profesores del curso, en el centro, rodeados de los actores y actrices que han sido sus alumnos
 

Escribir, actuar y otras terapias de grupo


Fernando Colomo y Jorge Naranjo revolucionan  el Centro Actúa con sus clases de guion y dirección para intérpretes
 


FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Es la mañana de un lunes cualquiera, pero las puertas del madrileño Centro Actúa de la Fundación AISGE (calle de Cavanilles, 15) están, contra todo pronóstico, cerradas. Los alumnos se arremolinan en la entrada, ataviados con tres cámaras y en pleno rodaje, y alguien podría cruzar el plano. Son intérpretes, aunque esa mañana también ejercen como directores de fotografía, claquetistas, sonidistas y hasta script. Entre ellos, quien más ganas tiene de seguir rodando, toma tras toma, se llama Fernando Colomo. Quedan pocos días para que acabe el curso con el que, durante cuatro semanas, 13 actores han aprendido a escribir y dirigir ficción por sí mismos, y no hay tiempo que perder: del curso debe salir el capítulo piloto de una serie.
 
   El que mantienen junto a Colomo es un rodaje en toda regla, y no hay más traspiés que los que aparecerían en cualquier producción: un sonido que, de forma inesperada, se ha colado en el micrófono de pértiga o un cámara reflejado en el cristal. Los estudiantes de otros cursos del centro esperan a que acabe la toma para pedir paso, aunque se distraen al ver al director madrileño, que ya cumple los 70 años, como uno más del grupo. Cuando el veterano da el “¡corten!”, el guionista Jorge Naranjo aprovecha para entrar en la escuela y saludar al equipo. Los alumnos dejan de ser actores y técnicos al tiempo y le reciben con aplausos. Llevan diez días sin verle y eso, para quienes han compartido espacio en el cuarto de los guionistas, es mucho tiempo.
 
 
Fernando Colomo supervisa el rodaje de una de las escenas
Fernando Colomo supervisa el rodaje de una de las escenas
 
 
 
   Porque así se ha estructurado uno de los últimos cursos del Actúa: dos semanas junto a Naranjo, escribiendo, y otras dos junto a Colomo, rodando. El guionista y el director coincidieron en la presentación y, a mitad de la travesía, en la transición entre una parte y otra. El ejercicio de la redacción ha unido al grupo: a los actores se les ve felices y, cuando sueltan la claqueta para entregarse a cualquier otra tarea, se les escapa algún canturreo, desde las bandas sonoras de Disney hasta el repertorio de Mecano.
 
   Durante su tramo del curso, apunta Naranjo, hablaban de los personajes y creaban tramas hasta en los descansos del café. El sevillano, cosecha de 1976, se proclama “un enamorado de los actores” y, tras años como profesor de guion, ha desarrollado una técnica concreta para los intérpretes: “Algunos de ellos son muy tímidos a la hora de escribir, como me ocurriría a mí si me pusiera ante una cámara, y eso es lo que hay que trabajar”.
 
 
Jorge Naranjo, montando la escaleta de 'In-vulnerables' (foto: Patricia López)
Jorge Naranjo, montando la escaleta de 'In-vulnerables' (foto: Patricia López)
 
 
 
   Para ello, una regla que el firmante de los guiones de Impares lleva a rajatabla: lo que se cuenta y lo que ocurre en el cuarto de los guionistas se queda allí. Porque la lluvia de ideas es el fundamento y nadie debe frustrarlo. “El primer día nadie decía nada”, recuerda la actriz Erika Quintana. Poco a poco, la terapia se fue abriendo camino. Los intérpretes fueron hablando de los desplantes con los que se han topado en sus años de carrera. Lo hacían frente a un buen confesor: Naranjo es el director de la coral Casting (Biznaga colectiva al mejor reparto en el Festival de Málaga, 2013), en la que las dificultades del oficio quedaban plasmadas en la peripecia de actores como Raúl Arévalo, Teresa Hurtado de Ory o Beatriz Arjona. Así las cosas, los alumnos del Centro Actúa decidieron hablar del arte dramático y de las pruebas que el gremio les imponía cada día, desde trabarse en el trato con los directores o verse metidos en papeles con los que no casaban en absoluto.
 
   La teoría duró poco, pero estuvo bien condimentada. Algunas secuencias de Breaking Bad, The Wire, El lado oeste de la Casa Blanca, Cómo conocí a vuestra madre o Perdidos acercarían a los intérpretes a las ideas del tono, el ritmo y a la llamada biblia: el trabajo escrito en el que se recoge la subjuntiva trama de una serie, acompañada de un repertorio de personajes y de los que serán sus conflictos y sus puntos de giro. “Puestos a ir, fuimos a lo bueno. Son ficciones retorcidas, pero ayudan a coger las ideas con rapidez”, anota Naranjo. El guionista ensalza que ninguno de los actores faltó un solo día de clase; y ellos mencionan que no había un minuto que perder. Una vez conocidas las premisas teóricas y desnudados los corazones –también el de Naranjo– frente al resto del grupo, tocó cortar, cortar y, de nuevo… volver a cortar.
 
Al grano
“Hemos aprendido a ser efectivos, a ir al grano. A veces queremos contar mucho y nos hacemos unos líos que luego no sabemos por dónde coger”, menciona la actriz Raquel Vazme. Los grandes soliloquios elaborados por algunos de los alumnos, así, quedaron concretados en unas pequeñas tarjetas en las que apenas debían figurar algunas palabras: alguien aparece y hace algo a alguien. Fin de la cita, que diría aquel. Por parejas, los actores debían escribir las siete tramas que ellos mismos interpretarían. No hubo problema en que los alumnos fueran impares: completaron el reparto con Colomo, que hace un par de meses había estado nominado al premio Goya como actor revelación por Isla bonita, que él mismo había dirigido. 
 
 
Los dos profesores, junto a los participantes en el curso
Los dos profesores, junto a los participantes en el curso
 
 
 
   “¡Claqueta, cuadro, sonido grabando, acción!”, repite el director, para llevar a la cámara el guion trabajado, durante dos semanas, por el grupo. Cuando es él quien actúa, son los alumnos quienes opinan sobre lo captado por el objetivo. In-vulnerables, como han decidido titular su trabajo, en honor al diletante estado de ánimo de los intérpretes, es una comedia con toques de drama. La timidez que Naranjo vio durante la escritura, según Colomo, estuvo también frente a la cámara: muchos eran artistas con una vasta experiencia en teatro, pero se sentían algo más pequeños al verse encuadrados por el objetivo. También por la presencia, según los alumnos, del director de Bajarse al moro (1989), El efecto mariposa (1995) y Al sur de Granada (2003). Pero no había tiempo para remilgos, y lo que más sorprendió al realizador fue la fluidez con la que unos y otros podían pasar de actores a técnicos en cualquier momento: “Más que un profesor, he sido parte del equipo. El primer día hablamos un poco de teoría de la interpretación, pero siempre fuimos a lo práctico”.
 
   Porque los profesores han trabajado con un grupo de actores que, aunque de todas las edades, comparten una experiencia. Están saliendo adelante grabándose a sí mismos, dándose trabajo los unos a los otros y cultivando sus propios proyectos. “Me gusta la gente como ellos. Esperar no sirve para nada, ¡hay que coger la cámara!”, reivindica Naranjo. “Hemos ido mucho más rápido que en los grandes rodajes, porque todo el mundo habla el mismo lenguaje. El trabajo de guion y el de la interpretación están mucho más unidos de lo que la gente cree. Involucrar a los actores en la escritura les ayuda a trabajar el personaje, a dar juego y llevárselo hasta sí mismos”, apunta Colomo. Cinco tomas bastan para que Vazme logre hacer reír, siempre en silencio, al resto del equipo. “Venga, otro plano por aquí”, reclama el director. Llegó a la producción con el guion escrito y el reparto elegido, pero Colomo quiere apurar, rodando, hasta el último minuto.
Fernando y Jorge. Colomo y Naranjo
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