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DÁMASO CONDE
“Con siete años cantaba
a mis vecinos a cambio de pasteles”
 
 
Este sevillano de Triana, diplomado en Dirección Escénica por el Centro Andaluz de Teatro, no imaginaba que su trayectoria acabaría forjándose sobre los escenarios. Aunque en 1999 ayudó a dirigir La casa de Bernarda Alba, cuya gira internacional le llevó hasta Cuba, ese mismo año debutó como actor con Farsas maravillosas y Alicia en el país de las maravillas. Gracias al monólogo Mi primera vez, finalista entre las setenta obras representadas durante el III Maratón de Teatro Joven de la Comunidad de Madrid, vio que su labor interpretativa prometía. Desdramatizó el lucrativo negocio de la prostitución en Al otro lado del tabique y abordó el racismo ante los espectadores bonaerenses con Olor a pobre. Paco Cabezas, al que conoció mientras estudiaba, es artífice de casi todo su currículo cinematográfico. Le fichó para el musical Invasión travesti, que retrataba una rara conquista del mundo a base de pelucas y vestidos llamativos, pero su gran hazaña conjunta se titula Carne de neón. Aquel disparatado cortometraje de 2005 –donde actuaba junto a Victoria Abril y Óscar Jaenada– cosechó tal éxito que un lustro después llegó a las salas como película. Su personaje de La Infantita, un transexual soñador que aseguraba ser el hijo bastardo del rey, le valió excelentes críticas en ambas entregas. Entre tanta carcajada sufrió los sustos de la terrorífica Aparecidos y dio vida al reportero que cubría los asesinatos de Sexykiller. Ya ha pasado por cuatro largometrajes, pero son los cortometrajistas quienes más han aprovechado su talento: dio la misma credibilidad al soberbio tertuliano televisivo de Mariquita con perro que al atormentado guionista de M, ¿nunca seré nadie? Y su última pieza, La niña, sigue recogiendo premios. Benito Zambrano le concedió un papel secundario para Padre Coraje, su salto a la pequeña pantalla, y recientemente le hemos visto a través de Internet con la glamurosa serie Runaway.
 
 
RUBÉN DEL PALACIO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor, y por qué?
− Con siete años. A esa edad ya representaba teatro en el colegio y también cantaba a mis vecinos a cambio de pasteles.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− Mi madre, que me animó en todo momento a seguir adelante. Dijo que la interpretación era un mundo de locos donde yo encajaría. [Risas]
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Cuando no suena el teléfono intento autogestionar mis propios proyectos. Hay que tirar del hemisferio derecho del cerebro, en el que está la creatividad, ¿no?
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En uno de los monólogos de Carne de Neón. Sentí una gran responsabilidad caminando del brazo de Mario Casas, con mucho frío y muchísima figuración. Fue un alivio cuando el director lo dio por bueno.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español, si es que ve alguno?
− La falta de identidad en la mayoría de las propuestas que hace nuestro cine. Muchos de los taquillazos realizados en este país durante los últimos años no parecen españoles. Son impecables técnicamente, pero se miran en un espejo que no devuelve una imagen acorde con nuestra idiosincrasia. La debilidad financiera del sector perjudica a los autores que no pretenden dirigir la cuarta parte de Matrix.
 
− ¿Se le ocurre alguna solución imaginativa para paliarlo?
− Apostar por formas diferentes a la hora de contar las historias sin que el contenido pierda fuerza. El cine francés es un buen ejemplo.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Spielberg o a Woody Allen?
− Ya que soñamos, hagámoslo a mi manera: ¡A Lars Von Trier!
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde mismo de la lágrima?
− De niño me impactó ver a Anna Magnani en la demoledora Roma, ciudad abierta.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “¿Dé que sirve confesarme si no me arrepiento?” La pronunció Al Pacino en El Padrino III. O la mítica “Mañana será otro día”, de Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
El exorcista y Show girls. Aunque no tienen nada que ver, sus diálogos son muy delirantes. ¡Me encantan!
 
− ¿Le gusta volver a ver los filmes o series en los que ha participado?
− Sí, ¿por qué no? Cuando una película se mueve por varios festivales cada proyección es distinta y también la respuesta de cada público.
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
Sacrificio, de Tarkovski.
 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− “Esta profesión no la eliges tú, te escoge ella a ti”. Me lo dijo Terele Pávez cuando todavía estaba estudiando en Sevilla.   
 
− ¿Intuitivo o metódico? ¿En qué porcentaje?
− Un 70% de intuición y otro 30% de método, aunque depende mucho de lo que me permitan en cada proyecto: siempre manda el director.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
When I grow up, de Fever Ray, una sueca que está muy loca. [Risas]
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el próximo trabajo que se va a traer entre manos?
− Rodaré en París con el mismo equipo de La niña, un cortometraje que nos está dando muchas alegrías. ¡Me muero de ganas!
 
− ¿Qué le gustaría hacer dentro de cinco minutos?
Contactar con mi amiga Victoria a través de Skype.
 
− ¿Y dentro de cinco años?
− Me gustaría estar tan preparado como para defender una obra teatral similar a 4.48 Psicosis: yo solito sobre el escenario durante más de una hora y sin parar.
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− La actual está bien, pero lo que realmente me hubiera gustado es nacer en el planeta que David Bowie inventó para su personaje Ziggy Stardust.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE (si es que hay algo) y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos (si es que hay alguno).
− Lo que hacéis, lo hacéis bastante bien. Siempre hay cosas que mejorar, pero estoy muy agradecido por vuestra labor: alguien tiene que defender nuestros derechos.
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