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21-05-2019


Fotografía: Celia de Coca

“Lo que se está haciendo con la danza española es un genocidio”

 

 

El bailarín y coreógrafo granadino se armó de valor ante la crisis y su compañía cumple ya un lustro. Porque no quería crear a la carta, solo bailar lo que sintiera. Y el resultado son espectáculos de vanguardia donde está presente la tradición


BEATRIZ PORTINARI

El bailarín Daniel Doña (Granada, 1977) pensó durante algún tiempo que su pasión por la danza había nacido al contemplar a su hermana mayor bailando en la academia de Maite Galán. Tenía seis años, pero sabía que las palabras se le quedaban cortas para expresarse, así que él también se lanzó al baile.

 

   “Llegué a la danza por casualidad y me quedé por amor. No conozco otro arte que me permita tanta libertad. En aquella escuelita de barrio de Granada enseñaban la diversidad de la danza española –escuela bolera, danza estilizada, folclore, flamenco– desde la verdad. No desde el negocio. Allí fui consciente de mi deseo de dedicarme profesionalmente a esto”, cuenta el bailarín con cierta nostalgia.

 

Fandangos en familia

Curiosamente, su vinculación con el cante y el baile no se limita a aquel primer encuentro con la disciplina de una academia, tal como pensaba. Ese idilio se remonta a sus recuerdos más antiguos. “Hace dos años cayó en mis manos de forma casual un material sonoro que no sabía ni que existía, aunque sí había estado presente en su creación. Mi familia iba a todas las fiestas con un magnetófono portátil bajo el brazo para dedicarse cantes unos a otros… Lo grababan y después lo reproducían en casa para que lo escuchase quien no había asistido a la fiesta en cuestión. Mi abuelo le cantaba serranas a mi madre, mi abuela le dedicaba fandangos a mi padre cuando estaba de novio con mi madre, mi bisabuelo también le cantaba fandangos para darle la bienvenida a la familia, diciéndole que cuidara bien a su mujer… En vez de hablarse, cantaban. Son casi dos horas de grabación con cantes que no eran profesionales, a veces desafinados, pero constituyen un origen que me inspiró para el espectáculo Cuerpo a cuerpo. Lo presenté en los Teatros del Canal el pasado septiembre y su formato sirve de diálogo con artistas de distintas disciplinas: un artesano, escultor, artista de circo… La idea es que el espectáculo siga su crecimiento”.

 

   La pieza Cuerpo a cuerpo resume de alguna forma la meteórica carrera de Doña. En 2016 ganó el Premio El Ojo Crítico en la categoría de danza y también el Premio HEBE de Honor en la modalidad de artes escénicas; y además fue coreógrafo finalista en varias convocatorias de los Premios MAX. Hasta que definitivamente se alzó con el galardón a la mejor coreografía por De cabeza. El bailarín ha llevado su talento a la Ópera de París, la Ópera House de Sidney, el Teatro Mella de La Habana o el Festival Tanzaus de Düsseldorf. En 2013 empezó a dirigir su propia compañía, entre la genialidad y la supervivencia de quien se atreve a renombrar la danza española con acento flamenco y tildes contemporáneas.

 

   “Me considero un bailarín curioso. Siempre investigo un paso más allá. Mientras otras disciplinas han evolucionado mucho en los últimos años, la danza española está muy encorsetada. Tenemos miedo a experimentar, como si pudiéramos perder el lenguaje… Eso es como tener miedo a perder las raíces, algo que no puede pasar, pues nuestra esencia va a seguir siendo siendo la danza española. Dicen que el arte de vanguardia es aquel que va hacia el futuro con zapatos viejos”, reflexiona Doña.

 

   En esa búsqueda y defensa de un lenguaje propio, el bailarín y coreógrafo ha defendido –con el apoyo de público y crítica– piezas como A pie, A pie de calle, Black Box, No pausa, Nada personal y Hábitat.

 

De Chanta la Mui a ‘Psique’

Precisamente su último espectáculo, Hábitat, ahora en gira, ha acaparado nominaciones a tres categorías en los Premios Lorca del Teatro Andaluz. “Lo más difícil para una compañía como la mía es mantenerse. Sobrevivir. Llegó un punto en mi vida en que decidí que me iba a escuchar más y bailaría solo lo que sintiera. No pausa era un espectáculo más tradicional porque necesitaba contar de dónde vengo… y a partir de ahí, ir acercándome a otras disciplinas. Black Box me sirvió para comprobar la ductilidad del equipo que había formado: técnicos, vestuaristas, músicos… Somos una gran familia. Cuerpo a cuerpo fue el germen de Hábitat, que en realidad es una declaración de intenciones para expresar quién soy, cuál es mi lenguaje y cómo quiero hacer mi danza desde la libertad, porque no bailo a la carta”, confiesa el artista.

 

   ¿Qué fue de aquel laboratorio de ideas que creó con Olga Pericet y Marco Flores bajo el nombre Chanta la Mui (Calla la Boca, en caló)? Doña sonríe como quien recuerda un viejo amor. “Igual que mi paso por el Ballet Nacional de España fue breve y supe que en aquel momento no era mi lugar por mi condición de bailarín curioso, también puedo decir que el laboratorio Chanta la Mui me marcó. Creo que nos marcó hondamente a los tres, a una generación de bailarines que ahora vemos ciertas propuestas y pensamos con orgullo: “Eso se parece mucho a Chanta la Mui”.

 

   Los tres mantienen la amistad y las ganas de trabajar juntos, aunque la economía no se lo haya permitido todavía. “Hablando y nos reunimos porque nos gustaría subir de nuevo juntos a un escenario. El problema está en ver si podríamos aparcar durante un año nuestras respectivas compañías, si es sostenible económicamente, porque todos estamos peleando con uñas y dientes para mantenernos y tener una viabilidad”, afirma.

 

   No puede decirse que los bailarines no hayan dado el 100 por cien en este país. En plena crisis han fundado compañías, como la de Doña en 2013, para seguir llevando adelante la creación. Como si la tormenta no fuera con ellos. “Lo del IVA cultural, la falta de programación, de visibilidad, de noticias… Lo que se está haciendo con la danza española es un genocidio. Ahora necesitaríamos que los políticos, programadores y agitadores culturales apostasen por nosotros. ¿Cómo es posible que en nuestro país tengamos un festival de tango y no tengamos un certamen de danza española? ¿Por qué todos los niños quieren ser de repente cocineros? ¿Qué haría falta para que su vocación fuera el baile? El gran público no demanda lo que desconoce, y si no existe una apuesta por propuestas contemporáneas y actuales, no podemos ofrecer la pluralidad necesaria en la danza”.

 

   Doña ha vuelto a encerrarse en su estudio y ya trabaja en su próximo estreno: Psique. Trata sobre los “espacios dormidos de la memoria” y tiende puentes desde el folclore y la tradición hacia el presente. “En Psique vamos a recuperar danzas casi olvidadas que entre nuestros antepasados eran una forma de comunicarse, como los bailes de desafío entre hombres o las nanas para niños. Ahí tenemos también a los trovadores, que fueron los raperos de su época y podían ser encarcelados por lo que cantaban, como ahora… Si te paras a pensarlo, tampoco hemos cambiado tanto”.

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