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David Castillo

“Guardo luto a ‘Breaking Bad’ antes de decidir
mi próxima novia”
 

Este madrileño de 21 años lleva media vida dedicado a la interpretación. Hospital Central, que le dio un papel episódico en 2003, marcó el inicio de su andadura televisiva. Encarnó a Alberto, flamante ganador del Campeonato de España de Ajedrez, que se desplomaba tras su exitosa partida. Llevaba una semana con dolor de cabeza y fiebre, pero su exigente padre le había obligado a jugar. ¿Cuál era el diagnóstico? Sufría meningitis y olvidaba los movimientos básicos sobre el tablero. El hombre culpaba a los médicos de tan preocupante estado, cuando fue él quien ignoró los síntomas. Ese mismo año pasó de puntillas por la otra serie médica de Telecinco, Una nueva vida, centrada en las dificultades que tenía una ginecóloga para conciliar el triunfo profesional y la armonía familiar. A principios de 2004 logró su primer personaje importante gracias a Manolito Gafotas, cuyo elenco congregó a Adriana Ozores, Manuel Manquiña o Vicky Peña. Los trece capítulos que emitió Antena 3, dirigidos por el mismísimo Antonio Mercero, rescataban las peripecias con que ese famoso niño de Carabanchel cautivó a los lectores de Elvira Lindo. Él puso cara a Yihad, el gamberro del barrio, aficionado a romperle las gafas al protagonista. Poco más tarde le esperaba en TVE Ana y los siete, la ficción familiar en la que Ana Obregón mimaba a un banquero y sus hijos. Ejerció entonces como portero de garito que, pese a su corta edad, se hacía respetar entre clientes más mayores. Por eso le llamaban Terminator. Grabó el piloto de Maneras de sobrevivir, que solo engrosó la parrilla de Telecinco durante dos meses. Presentaba a un grupo de treintañeros que, tras no haber hecho nada especial con sus vidas, mantenían el sueño de formar un grupo musical.
 

 
 
   Empezó 2005 con un reto llamado Aída, la comedia dominical encargada por la cadena de Vasile para dar continuidad a la inolvidable 7 vidas. Hoy, diez temporadas después, son pocos los españoles que no conocen a su conflictivo Jonathan García. El hijo de Carmen Machi en esa ficción ha madurado, incluso a base de disciplina militar, aunque aún cultiva su pasatiempo favorito: las gamberradas que comete indiscriminadamente contra sus vecinos y que tantas veces le han conducido hasta los juzgados de menores. A lo largo de este tiempo ha aprovechado sus estancias fuera de Esperanza Sur para grabar otras producciones. Una es Camping, un telefilme de 2006 inspirado en la protesta de Sintel, donde acompañó a María Barranco o Joaquín Climent. Un trabajador y su familia se instalaban frente a la fábrica que le había despedido, pero la acampada a favor de los derechos laborales se alargaba y la convivencia ‘doméstica’ se resentía. Supervillanos, la primera serie española difundida mediante telefonía móvil, lanzó su talento a una pantalla todavía más reducida. Los cuarenta microepisodios seguían a unos traviesos alienígenas que aterrizaban accidentalmente en nuestro planeta y se hacían pasar por terrícolas mientras reparaban su nave espacial. Dotados de poderes sobrenaturales, complicaban la vida de cualquier humano que se les pusiese delante. Al margen de su faceta actoral, también tiene experiencia como monologuista, pues El club de la comedia contó con él hace apenas un año. Y fueron muchas las carcajadas que provocó su parlamento sobre las ventajas e inconvenientes de ser famoso a la hora de ligar.
 
   Al contrario que la pequeña pantalla, el celuloide le recibió en 2004 a lo grande, con uno de los papeles principales de Cachorro. Los espectadores de esa película quizás le recuerden como el pequeño Bernardo, cuya madre se iba de viaje y le dejaba a cargo de su tío, un dentista gay aficionado al sexo y las drogas. Ante la nueva responsabilidad de una paternidad temporal, el hombre buscaba la manera de poner freno a esos malos hábitos, aunque el niño mostraba una madurez impropia de su edad. Pronto surgía una relación que trascendía el simple parentesco para transformarse en amistad. ¿Cuál era la conclusión que perseguía el director Miguel Albaladejo? Ser buen padre no depende de la orientación sexual ni el estilo de vida. El mismísimo Carlos Saura le reservó una breve colaboración en El séptimo día, una reconstrucción de la matanza de Puerto Hurraco, que dejó nueve muertos y doce heridos por las calles de ese pueblo extremeño a principios de los noventa. La brutalidad de los asesinatos, resultado de las incesantes rencillas entre dos familias, contrastaba con la imagen de modernidad que España proyectaba de cara a los Juegos Olímpicos y la Expo. Tras un lustro de ausencia, regresó a las salas con El diario de Carlota, una comedia en torno a los problemas (fundamentalmente sexuales) de una adolescente. Él puso cara al cinéfilo Sergio, con quien la chica perdía su virginidad. A pesar de que estaba enamoradísimo de ella, le dejaba de mala manera por su anterior novio, mucho menos recomendable que él.
 

 
 
   El debutante Mariano Jiménez le escogió en 2010 como único actor del cortometraje @Wendy, un planteamiento realista del mito de Peter Pan, donde reflexionaba durante nueve minutos sobre el complicado paso de la niñez a la adolescencia. “Me atrajo mucho la idea de un monólogo filmado que abordase las pérdidas irreparables, el paso del tiempo, la soledad… Acepté sin pensar”, señala Castillo. Santiago Segura le reclutó luego para Lethal Crisis, la cuarta película de la saga Torrente, plagada de pseudoestrellas televisivas: Kiko Rivera, Belén Esteban, Risto Mejide, Carmen de Mairena… Quizá por eso fue, con una recaudación de casi 20 millones, la más taquillera de 2011. Él dio forma a Chancletas, un chaval atolondrado que trabajaba al servicio del retrógrado policía en su enésima misión. Sin perder la costumbre, varias secuencias trataban con humor grueso temas delicados, desde el racismo o la homofobia. Es posible que se incorpore a la inminente Torrente 5, de la que solo se saben dos datos: se titulará Operación Eurovegas y su coprotagonista será Jesulín de Ubrique.   
 
   La trágica Münchhausen, una propuesta del Centro Dramático Nacional (CDN) estrenada a finales de 2011 en el Teatro Valle-Inclán, supuso su debut sobre las tablas. Suyo fue el papel principal, el de Nik, un niño enfermo que crecía en un hogar destruido por el odio. Ese odio resultante de unas relaciones infelices perpetuadas sin fin. De hecho, era su propia madre quien le causaba silenciosamente la dolencia para luego cuidar de él y llamar la atención de los demás, en una desesperada búsqueda de afecto. Con el CDN montó un año más tarde el thriller policíaco Naturaleza muerta en una cuneta, cuyas escenas mostraban la trepidante persecución del asesino de una joven y el agudo dolor de una madre al descubrir el delictivo entorno de su difunta (y aparentemente modélica) hija. El público recibió entonces un mensaje crítico: los crímenes más mediáticos golpean a los bajos fondos, pero también a las familias de clase media, pese al tupido velo que estas se empeñan en correr. Ahora surca España de la mano de Emilia, escrita y dirigida por el argentino Claudio Tolcachir para subrayar la creciente indiferencia hacia el dolor ajeno. El texto surgió a partir de una vivencia personal, el reencuentro del dramaturgo con la que fue su niñera, ya envejecida entre carencias de todo tipo. Habla sobre el amor no profesado desde las entrañas, sino a cambio de algo, y denuncia una solidaridad que no es tal: la que se practica solo como alivio de la propia conciencia.
 

 
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Mi enamoramiento de este oficio ha sido progresivo. Entré de muy pequeño en una serie muy grande y a esa edad no tenía las cosas claras: me encantaba la música, la televisión, el cine, el teatro, las chicas… ¡Todo! Es un amor sano que ha crecido con los años, ahora mismo no podría vivir sin él.
 
− ¿A quién se lo contó primero?
− A las personas más cercanas a mí, las de mi familia, que me han apoyado sin presionar y me han dado libertad para escoger (a veces también para equivocarme).
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido en su carrera?
− Disfrutar de un director como Claudio Tolcachir y de unos magníficos compañeros de reparto en el montaje Emilia.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le guarda especial cariño?
− Tengo dos favoritos: el Nik de la obra Münchhausen, mi primer papel en teatro profesional, y el Bernardo de la película Cachorro. Aún los siento cerca.
 

 
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Me adapto a la vida: yo le digo lo que me gusta y ella me responde a su manera. ¡Siempre tiene la última palabra!
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Una vez. Tenía 17 años y el cerebro con sobredosis de hormonas.
 
− ¿En cuál de sus trabajos pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En algunos rodajes nocturnos con mucho frío y poco chocolate caliente.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español?
− Recibe continuos ataques de los políticos, que no son precisamente sus más fieles espectadores. Pero flota con elegancia, originalidad y mucha pasión.
 

 
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Al que antes se haya equivocado de número [Risas]. Es imposible elegir. ¡Ojalá llamase alguno!
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− John Hurt en El hombre elefante.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “La lentitud es la clave para ser feliz”. Pertenece a El señor Ibrahim y las flores del Corán.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
El club de los poetas muertos.
 
¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final? (si es que ha habido alguna).
− Se titulaba El profesor, su protagonista era Adrien Brody y me pareció una copia de El club de los poetas muertos. No quería romper la magia, así que acabé quitándola.
 

 
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− Guardo luto a Breaking Bad antes de decidir cuál será mi próxima novia [Risas].
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Toca la palabra, muévela en el escenario”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Mi entrega.
 
− ¿Y débil?
− La excesiva relajación.
  
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− De momento sigo con la gira de Emilia, dirigida por Claudio Tolcachir, que llegará a Madrid el 9 de enero. Después me dedicaré a aprender todo lo que pueda y a trabajar en lo que venga.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Tener la suerte y experimentar la emoción de estrenar una bonita obra teatral como director.
 
− ¿Qué canción elegiría para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
B4 the night is thru, de Jesse Boykins III. Este es el enlace al videoclip: http://www.youtube.com/watch?v=4JHZvzeH0lA
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− “El pueblo vence”.
 
− ¿Qué otra época de la historia elegiría para nacer?
− En pleno Imperio Romano.
 
 
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